El cambio climático es la modificación del clima a través del tiempo y puede ser provocado por causas naturales o por actividades humanas. Este fenómeno afecta a la biodiversidad, a los ecosistemas y a la humanidad. Su manifestación más evidente es el aumento en la temperatura promedio de la Tierra y es resultado de la excesiva emisión de gases de efecto invernadero, producto de las actividades del hombre. La pérdida de bosques y el uso de combustibles fósiles (gas y petróleo) son las principales causas del incremento de emisiones de bióxido de carbono.

Las áreas naturales protegidas son las herramientas más efectivas para conservar los ecosistemas, permitir la adaptación de la biodiversidad y enfrentar los efectos del cambio climático. Mediante las ANP se pueden ampliar corredores naturales, que permiten que las especies se adapten y ajusten sus áreas de distribución, frente a las nuevas condiciones climáticas.

Los ecosistemas naturales son un elemento fundamental para la absorción de bióxido de carbono (mitigación) y para ayudar a reducir los impactos del cambio climático (adaptación). En los bosques, selvas, humedales, arrecifes, matorrales y otros ecosistemas se almacenan grandes cantidades de carbono, se conserva la diversidad biológica y se mantienen los servicios ecosistémicos, que benefician a la población.

Las ANP no son los únicos instrumentos de conservación que cumplen estas funciones, sin embargo ofrecen ventajas únicas, ya que tienen fronteras definidas, poseen claridad legal, cuentan con un amplio respaldo nacional e internacional, además de ser instrumentos efectivos y de bajo costo.

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