AUDIO Mensaje del C. Procurador Federal del Consumidor, Lcdo. Rogelio Cerda Pérez

Ciudad de México. – Saludo con afecto al licenciado Ildefonso Guajardo Villarreal, nuestro Jefe de Sector el Secretario de Economía

Al senador Héctor Larios Córdova, Presidente de la Comisión de Comercio y Fomento Industrial

Al diputado federal Enrique Dávila Flores, Presidente de la Comisión de Economía

Al ingeniero Enrique Solana Sentíes, Presidente de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (CONCANACO-SERVYTUR).

Hace 42 años nació la PROFECO.  Fue formalmente la primera Procuraduría de Defensa del Consumidor en América (1976).

De entonces a la fecha nuestra institución ha ido evolucionando y actualizando sus acciones en forma y fondo.  En este sentido, bien vale la pena recordar en un rápido viaje, como se fue gestando esta metamorfosis.

Antes de que Profeco naciera, los problemas de consumo se dirimían en tribunales de orden civil: prolongados, inciertos e ineficientes, el fenómeno se daba frente a una nueva dinámica que el mercado mexicano ya demandaba inaplazablemente.

En otras naciones estos diferendos se dirimían ya en tribunales especializados.

La conceptualización para el nacimiento de Profeco, según los expertos, emerge inspirada en la legislación ya vigente en la Alemania de Willy Bandt. Se buscaba crear organismos que de manera expedita impartieran justicia y buscaran la conciliación entre oferentes y demandantes de bienes y servicios. 

Era, inequívocamente, otro México y otras las ideas y visiones que del desarrollo y desenvolvimiento económico se tenía para la Nación.

Inspirado en un proteccionismo a ultranza: teníamos alrededor de 200 productos sujetos a control de precios. Nuestras fronteras estaban virtualmente cerradas a las importaciones, que además, cuando se permitían, requerían de permisos especiales.

Sólo para ubicarnos en el modelo de desarrollo que se tenía en los años 70, permítanme parafrasearles unas palabras del primer Procurador Federal del Consumidor, el licenciado Salvador Pliego Montes, de muy grata memoria para nosotros.

Decía Don Salvador:

“Es el momento oportuno para decirles a aquellos que han sufrido los excesos de los poderosos, que fuera de todo contexto moral se han enriquecido a costa de los débiles, aquellos que no tienen los medios necesarios para defenderse de costosas argucias legales y que han visto injustamente mermado y estrangulando el producto de su trabajo, que hacia ellos se encaminan nuestros quehaceres y preocupaciones.” 

Hoy, en nuestros días pudiera sospecharse que son ideas contenidas en el discurso de algún trasnochado presidente sudamericano. Era inequívocamente el sino de los tiempos, casi todo occidente tenían visiones del desarrollo parecidas, proteccionistas.

De entonces a la fecha muchos cambios se han venido gestando en la vida de los mexicanos.  En estas 42 anualidades hemos migrado del teletipo al fax, del teléfono fijo al móvil, de la vieja computadora de tarjetas perforadas a mini ordenadores, de la energía generada a base de hidrocarburos o hidráulica a la solar, del antiguo cassette a la USB.

También hemos sido testigos de la llegada de la nanotecnología.

El fenómeno del consumo también ha ido caminando de la mano de estos asombrosos avances científicos y tecnológicos. 

Hoy, por citar un referente, a las tarjetas de crédito tienen acceso millones de mexicanos, en los 70 eran sólo unos pocos los que las utilizaban, los más pudientes; actualmente la oferta de bienes y servicios es más amplia, competitiva y audaz en beneficio de la copiosa clase consumidora mexicana.

Hoy tenemos cada vez más vigente el comercio electrónico, que por cierto, nos ha traído difíciles problemas por enfrentar y resolver.  Y es que querámoslo o no la ley y el derecho siempre van a la zaga del avance tecnológico, científico y del progreso.

Invariablemente, las normas nacen después de que la tecnología impone sus avances.

En buena parte esto explica las postergadas reformas que la actual administración impulsó y logró materializar.  Fueron 13 reformas estructurales que el Presidente Enrique Peña Nieto, con su tenacidad, perseverancia y empeño logró sacar avante.

En opinión de los expertos estos cambios se demoraron cinco lustros en alcanzarse. Se rompieron modelos y conceptualizaciones ya anacrónicas y perniciosas para el desarrollo de la Nación.  No hablamos de reformas caprichosas, producto de ocurrencias coyunturales.  Todas ellas están concatenadas con el Plan Nacional de Desarrollo, puntualmente definidas en el eje cuatro “México Próspero” y el eje quinto: “México con responsabilidad global”. Se requirieron 82 modificaciones a la Constitución de la República y adecuaciones a más de 110 leyes secundarias, así como emitir 37 nuevas leyes.

Repito, estos cambios se lograron gracias a la tenacidad del señor Presidente Peña Nieto y su equipo, y a la discusión dialéctica y científica de quienes integraban entonces el Poder Legislativo.

El único exceso permisible a los hombres de Estado es aquel que les licencia a porfiar por el bien común, acordado por todos y para todos, no obstante que tal insistencia quebrante e inoportune enraizados privilegios.

No se puede conducir el destino de una Nación con titubeos y vacilaciones.  En ocasiones, las circunstancias conspiran y obligan a los estadistas a reflexionar, cavilar y tomar audaces decisiones, donde incluso aventuran su prestigio y destino.  Eso hicieron en su tiempo Cárdenas y López Mateos, mexicanos de excelsa estatura moral y denodado patriotismo.  Y no erró si consideramos que tanto el Banco Mundial como el Fondo Monetario Internacional han calificado estos cambios como “el plan más ambicioso de los países miembros de la Organización Económica para la Cooperación y el Desarrollo, según ha puntualizado su Secretario General José Angel Gurría”.

Esto ha permitido, y podemos afirmarlo sin titubeos, que no haya actualmente ni un solo monopolio en la economía mexicana. Estas transformaciones audaces e imprescindibles, gestaron el surgimiento de mercados competitivos en sectores antes impensables.

En los actuales tiempos, afortunadamente, no existe ningún bien de consumo que no esté inmerso en el juego de oferta y demanda al que el libre mercado los constriñe.

Muchos de estos cambios ya hoy brindan beneficios tangibles a los consumidores mexicanos.

En unos años más, en el corto y mediano plazo, México estará más capacitado para enfrentar a un mundo repleto de Naciones que compiten económicamente con dureza y sin contemplaciones.

Por ello, permítanme con absoluto respeto emplazarlos al fiel cumplimiento de una tarea que a todos nos corresponde como generación  realizar: unámonos todos en la custodia y salvaguarda de él legado que el señor Presidente Peña Nieto nos deja a los mexicanos con estas 13 grandes reformas estructurales y sus correspondientes referentes secundarios.

Es pertinente afirmar  que este nuevo marco regulatorio, genera un monto de libertades a los agentes que participan en los diferentes mercados de competencia.  Los juristas puntualizan que no puede, ni debe haber libertades, sin sus correspondientes corresponsabilidades.  Esto explica, entre otras, la reciente reforma a la Ley Federal de Protección al Consumidor.

Decía recién, que en las reformas estructurales entrañaron 110 cambios legislativos y la creación de 37 leyes secundarias. 

Las recientes reformas que modifican sustancialmente nuestra Ley Federal de Protección al Consumidor las entendemos como eco y consecuencia de las que emergieron a propósito de las llamadas estructurales. 

Hoy nuestra institución tiene más capacidad para equilibrar y hacer converger las asimétricas relaciones entre proveedores y consumidores.  Tenemos, sin duda, mejor sustentadas y legalmente formalizadas figuras y herramientas que en el pasado se aplicaban en vía de hecho, ejemplo de ello son los alertas que emitiremos motu propio frente a bienes de consumo que pongan en peligro la salud o la vida del consumidor, ó el llamado “copy advice”, en la publicidad comercial.

No es ocioso destacar que el tránsito de la reforma a nuestra ley, se realizó superando múltiples problemas y escollos.  Ambas cámaras la de Senadores y posteriormente la de Diputados, hicieron posible que se observara un fenómeno infrecuente en ambas soberanías:

Nuestra nueva Ley Federal de Protección al Consumidor transitó con la aprobación unánime de las comisiones correspondientes y la de los plenos de ambos cuerpos legislativos.  Es preciso destacar que la férrea voluntad en el ejercicio de cabildeos con el senador Héctor Larios y el diputado federal Jorge Dávila,  que realizó el Secretario de Economía, Ildefonso Guajardo Villarreal.  Su participación resultó fundamental para que estas reformas arribaran a puerto seguro.

En este mismo orden de ideas reconocemos el involucramiento del Secretario Guajardo y su equipo, en los grupos de trabajo con cámaras y asociaciones del sector privado, donde destacan el Consejo Coordinador Empresarial, la Canacintra, indudablemente la Concanaco, la Concamin y una veintena de cámaras gremiales que estuvieron enriqueciendo la reforma con sus puntos de vista y observaciones, en largos diálogos donde intervinieron cámaras, legisladores, representantes de la Secretaría de Economía y de nuestra institución.

Señor secretario, muchas gracias por su apoyo, honor a quien honra merece, un aplauso amigas y amigos para quien ha apoyado y apoya sin titubeos a la Procuraduría Federal del Consumidor, al secretario Guajardo.  Sepa usted que no defraudaremos su confianza y su apuesta por nuestro desempeño.  Le reconocemos como un amigo de todos los trabajadores de esta institución y como un hombre preocupado por la custodia del patrimonio de todos los mexicanos, en especial por los que menos tienen.

Esta ley que nació finalmente gracias al esfuerzo de todos y de muchos, tiende a priorizar la conciliación y la convergencia de voluntades entre proveedores y consumidores y sin duda, su contenido coercitivo aplicable a los malos proveedores, que los hay sin duda, lo aplicamos a los menos, y son en ocasiones los culpables de que se juzgue injustamente a los oferentes responsables y serios, que son los más y por mucho.

Sin duda, las relaciones dentro del fenómeno de consumo se han redimensionando.  Hoy tenemos en México un consumidor más informado, más exigente, más consciente de la multiplicidad de opciones que el nuevo mercado mexicano le ofrece.  Al mismo tiempo, tenemos a un proveedor de bienes y servicios que sabe que sus productos compiten con otros en calidad y precio, donde la atención al cliente es un ángulo a valorar de igual importancia.

El proveedor mexicano sabe hoy que por cada cliente que se pierde, se multiplica el daño en su cartera respectiva.  Es pues incuestionable que el mercado y su juego de competencias están haciendo su trabajo

Eso, amigos, ayuda en mucho al desempeño de la Profeco y al mejor cumplimiento de su misión

Señoras y señores:

Hoy, ante las enormes transformaciones económicas y sociales que México ha experimentado, nuestra institución enfrenta nuevos retos.  Paradójicamente, una auténtica libertad de mercado no podría concebirse sin la oportuna, equilibrada y eficiente intervención del Estado en los ámbitos administrativo y judicial tendientes a controlar y evitar el surgimiento de prácticas desleales o abusivas que vicien ese mercado y expongan al proveedor, y por supuesto al consumidor, a un esquema de comercio desigual e inequitativo.

De esta suerte, permítanme afirmar con plena convicción que la protección al consumidor no contradice ni dificulta el desarrollo de una economía de mercado. Por el contrario resulta indispensable para eliminar prácticas contrarias a la libre y justa competencia.

Muchas gracias por el enorme favor de su atención