Muy buenos días tengan todos ustedes.

Antes que nada quiero decirles que para mí es un honor participar en la inauguración de este décimo séptimo Congreso Mundial de Criminología. Saludo respetuosamente al Licenciado Adrián de la Garza Santos Procurador General de Justicia del estado de Nuevo León quien representa hoy al Sr. Gobernador Rodrigo Medina, saludo también al Dr. Jesús Santos Rodríguez rector de la Universidad Autónoma de Nuevo León, como siempre por su generosidad y su amistad con nosotros, con la Procuraduría General de la República, saludo también a todos los representantes de la Sociedad Internacional de Criminología, de la Sociedad Mexicana de Criminología, senadores, diputados, presidentes municipales, procuradores presentes aquí, magistrados participantes expertos, académicos quienes vienen hoy a nutrir y a enriquecer las labores de este congreso.

Tengo muy claro que no resulta sencillo hacer coincidir en un mismo espacio y tiempo a académicos y expertos, científicos sociales y también representantes de la sociedad civil de la talla internacional de quienes hoy participan en estos congresos provenientes de más de 30 países.

Mi enorme reconocimiento a todas las instituciones y organizaciones que hoy hicieron posible la realización de este encuentro.

Quiero decirles que como mexicanos nos llena de orgullo que este evento internacional que se realiza con una periodicidad de tres o cuatro años tenga lugar por primera vez en nuestro país porque ello significa que tendremos la oportunidad de exponer nuestro desafío, de compartir nuestros retos y de aprender de las experiencias que seguramente compartirán aquellos expositores y ponentes que se dedican al estudio y análisis de los fenómenos delictivos de los que hoy somos testigos todos los ciudadanos del mundo, por ello, mi gran reconocimiento al gobierno del Estado de Nuevo León y a las autoridades universitarias de la Autónoma de Nuevo León por su esfuerzo y empelo puesto para que este importante congreso se llevara a cabo aquí precisamente en Monterrey, Nuevo León.

Como ustedes seguramente saben México vive un momento de transformaciones profundas en diversos y muy variados ámbitos. Una de estas transformaciones es el cambio profundo y de raíz por el que atraviesa nuestro sistema de justicia penal.

En toda agrupación humana existe un conjunto de normas que regulan tanto el funcionamiento de los órganos estatales, como las relaciones de los integrantes de la sociedad y las de éstos con los órganos del Estado.

En un mundo ideal, los individuos respetarían las normas establecidas por la sociedad; y por ende el derecho penal carecería de sentido. Sin embargo, todos sabemos que algunas personas trasgreden el orden jurídico y de ahí que se hace indispensable analizar y estudiar a profundidad las causas, los factores y los procesos que motivan la comisión de conductas antisociales.

Coincido completamente con el Dr. Viano en que no podemos desvincular los delitos de los fenómenos y causas sociales y es aquí donde la criminología se vuelve una herramienta fundamental para los gobiernos del mundo.

En México, las demandas por un país seguro y en paz en el que el respeto al Estado de Derecho sea el principio rector de nuestras relaciones nos ha llevado a un proceso de reflexión institucional en el que nos han surgido preguntas sobre cómo combatir con mayor eficacia el crimen, cómo prevenir el surgimiento de nuevas manifestaciones delictivas, qué hacer frente a fenómenos delictivos complejos cuyo radio de acción no se limita a nuestro territorio nacional.

A partir del proceso reflexivo que iniciamos también en la Procuraduría General de la República, hemos buscado generar estrategias y acciones encaminadas a incrementarla eficacia en nuestra principal tarea que es la persecución de los delitos.

Sin embargo, ninguna de estas metas estaría suficientemente cumplida sino hacemos un esfuerzo por analizar las causas que motivan la comisión de estos delitos, es decir, ir más allá de la simple investigación de cómo ocurrió un determinado hecho delictivo. De ahí que resulte indispensable, insisto, el apoyo y sustento que nos brinde las investigaciones académicas y científicas que hoy realiza la criminología.

Como ciencia social, la criminología aporta, entre otros, datos sobre las causas y circunstancias de los distintos delitos, brinda opciones para imponer al trasgresor las penas o las medidas de seguridad más eficaces, así como para integrar una correcta reparación del daño a la víctima y proyecta escenarios sobre las reacciones de la sociedad ante la delincuencia.

Esto convierte a la criminología en una herramienta al servicio de quienes tomamos decisiones, ya que funciona como apoyo en el establecimiento de las bases de nuevas estrategias que logren reducir la criminalidad, al tiempo que se vuelve componente indispensable para la construcción de un sistema de justicia penal en el que se privilegie la resolución de los conflictos y se restablezca el tejido social.

En la Procuraduría General de la República comprendemos que la ciencia debe ocupar un lugar privilegiado en el combate a la criminalidad. Por ello, hemos realizado esfuerzos importantes para fortalecer la investigación con sustento científico.

Con esta idea como premisa, se creó la Agencia de Investigación Criminal de la PGR como un órgano operativo y articulador que integra las funciones de análisis y procesamiento de información y generación de inteligencia, los servicios periciales y la investigación en campo.

El reto que ahora tenemos es lograr que nuestros agentes investigadores cuenten con los conocimientos necesarios para realizar precisamente investigaciones científicas, de ahí que requerimos trabajar de cerca con criminólogos y expertos en la materia para fortalecer plenamente nuestras capacidades.

Hemos avanzado por la ruta trazada por los países que son referentes en el combate a la delincuencia. Sin embargo, existen fenómenos delictivos que por su complejidad requieren de la cooperación internacional para lograr resultados positivos.

La globalización ha permitido que nuestras sociedades registren avances en el campo del conocimiento y la tecnología a una velocidad antes inimaginable y que exista una relación estrecha y continua entre las regiones del mundo.

Hoy, el éxito de un país es un éxito compartido por la comunidad internacional por las repercusiones positivas que inevitablemente habrá de tener esa acción en todo el mundo. Sin embargo, esa estrecha relación propiciada por el fenómeno globalizador tiene por consecuencia que los desafíos que enfrente un país se conviertan en desafíos compartidos globalmente.

Ante este panorama, el reto que enfrentamos es lograr un entendimiento común del problema y articular con acciones compartidas por los distintos países y regiones del mundo.

La delincuencia organizada trasnacional es un ejemplo claro de un desafío que enfrentamos todos como comunidad internacional.

Algunos datos sirven para dimensionar el tamaño del desafío que representa el fenómeno delictivo trasnacional, mismo que, por las repercusiones que tiene, enfrentamos todos los gobiernos y la sociedad.

De acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) publicados en 2012, el narcotráfico genera en todo el mundo ganancias por 320 mil millones de dólares anuales y sólo la trata de personas por 32 mil millones de dólares.

En un reporte de la misma ONUDD publicado en 2010, se señala que la ciberdelincuencia genera ingresos anuales por mil millones de dólares alrededor del mundo.

En lo que respecta al lavado de dinero, de acuerdo con datos del Fondo Monetario Internacional dados a conocer en 2012, el valor de los activos blanqueados por el crimen organizado internacional representa entre el 2% y el 5% del PIB mundial, es decir entre 800 billones y 2 trillones de dólares.

En América Latina y el Caribe, de acuerdo con datos publicados en 2012 por la Organización Internacional del Trabajo existen aproximadamente 1.8 millones de víctimas de trata de personas, representando este delito ganancias multimillonarias.

Ante este panorama lo que debemos hacer es robustecer nuestros mecanismos y esquemas de cooperación en el ámbito internacional. No podemos olvidar que los daños y afectaciones que sufre un país a causa de la delincuencia organizada trasnacional terminarán por tener repercusiones en otro, incluso de una región distinta.

Existen acciones puntuales que podemos llevar a cabo para fortalecer las vías de cooperación y participación en materia internacional. Menciono algunas de ellas:

Aumentar el intercambio de información de inteligencia entre agencias nacionales y con organismos extranjeros.

Reforzar los espacios de diálogo y colaboración entre regiones como América Latina, el Caribe, la Unión Europea y Asia, que contribuyan al establecimiento de políticas integrales contra la delincuencia.

Mantener los esfuerzos y objetivos de cada una de las instituciones hacia la formulación de propuestas orientadas a difundir la naturaleza del delito, sus medios, fines, víctimas y autores, bajo la óptica de la promoción de la cultura de la denuncia.

Fortalecer las capacidades para la protección y atención a víctimas y revisar la posibilidad de generar esquemas de capacitación unificados.

Este Foro con la participación de expertos de América Latina, Norteamérica, Europa, Asia, África y Medio Oriente nos debe hacer reflexionar sobre los alcances de las acciones que en el plano bilateral y multilateral podemos llevar a cabo para fortalecer la seguridad de nuestros ciudadanos.

Culmino mi participación extendiendo una cordial invitación a los expertos en criminología a continuar el diálogo y debate en este tipo de foros, deseando que las conclusiones y reflexiones a las que se arriben estén encaminadas a fortalecer las condiciones para lograr una comunidad en paz y mucho más segura.

Muchas gracias.