JESÚS MURILLO KARAM, PROCURADOR GENERAL DE LA REPÚBLICA.- Decía, con toda razón, que es fundamental este tipo de reuniones, porque son de interés mutuo. Yo estoy convencido. He dicho muchas veces que sin duda, el problema de delincuencia agudizada y de inseguridad que vivimos en México y el de afectación de la salud de los norteamericanos están ligados por algo que se llama delincuencia organizada y que se encarga de mover, trasladar y traficar con elementos que son nocivos para la salud, pero que produce una cantidad enorme de dinero. Dinero que produce poder a quien los maneja, poder que produce corrupción, producen inestabilidad, que produce inseguridad. Y todo esto es justamente lo que tiene que combatirse en un interés común. 

De alguna manera hay un círculo de afectación en los Estados Unidos y otro círculo de afectación en México que se conoce, que tiene áreas comunes y que requieren necesariamente, necesariamente, de la acción común. Esa es la razón de mi visita a los Estados Unidos. Encontrar las mejores formas de enfrentar esas áreas comunes de interés de ambos países para encontrar también las mejores formas de que los ciudadanos de cada uno de nuestros países tengan mejores garantías de justicia y mejor certeza en cuánto a qué es lo que se puede consumir sin dañar a futuro o a las generaciones futuras de cada país. 

En un país en el que la delincuencia mayor, hasta hace muy pocos años, diez, quince, es pocos años en la historia de un país, era el abigeato, era el robo de animales, y que de repente pues se encontró, se enfrentó con una poderosísima delincuencia que generaba, insisto, su poder del manejo de grandes cantidades de dinero, enormes cantidades de dinero, cantidades de cuento, cantidades de fantasía, y que empezó a generar en ese poder divisiones internar y choques abiertos con el Estado que produjeron una violencia brutal, ante instituciones que no estaban hechas para eso, que no estaban preparadas para este tipo de delincuencia. Nosotros teníamos instituciones de justicia y de seguridad y de procuración, hechas para un país con otro tipo de delincuencia, con otro tipo de comisiones sociales y de repente nos tuvimos que ir acomodando a las comisiones nuevas. 

Hoy enfrentamos realmente retos que tienen orígenes de múltiples causas, pero el de la seguridad y efectiva aplicación de la ley, están entre las demandas más sensibles. Yo les digo que tenemos varios retos. Uno es que tenemos que atender el ayer, porque en el proceso penal no podemos dejar que las cosas se queden como están. Tenemos que atender el hoy lo que se nos enfrenta una característica de violencia inmediata; pero tenemos que atender el mañana, porque tenemos que evitar que esto siga sucediendo. Y en consecuencia, he puesto el ejemplo varias veces, que tenemos que manejar un vehículo al mismo tiempo que le vamos cambiando las llantas y no lo podemos parar. O sea que tenemos que hacer todas las reparaciones sobre la marcha; que tenemos que ir cambiando las llantas que no podemos detener. Esa es la dificultad que estamos realmente enfrentando. Sin embargo, creo que empezamos a tener resultados eficientes. 

Al principio se pensó que destinar la lucha a los blancos específicos, es decir a los jefes de cártel como le llaman, era el procedimiento más adecuado. Produjo lo que, si nos hubiéramos puesto, si hubiéramos tenido tiempo de sentamos a pensar, hubiéramos podido fácilmente ver la desaparición de jefe de un cártel genera el ascenso de quien es más violento, más fuerte en un cártel, generalmente es el sicario el que mata y hace cárteles más violentos, más fraccionados y más difíciles de enfrentar. En consecuencia se ha cambiado la estrategia en la búsqueda de la detención de organizaciones completas o por lo menos de las organizaciones en sus partes más duras y medulares. Esta es la parte final de estrategia. 

A mí me preocupa mucho cuando se habla de la ausencia de una estrategia de lucha. Si la medición de la eficiencia de una estrategia radica en los resultados, yo les diría que en nueve mese hemos detenido a la mitad de los que se habían señalado cómo los más buscados tanto por los Estados Unidos como por México; de los 120 más buscados hemos tenido a más de 60, quiere decir� y no solos, sino acompañados de su Staff. Esto ya es un buen principio, pero si lo vemos regionalmente, también veremos que regiones del país en las que era difícil establecer a la autoridad, ya se puede caminar con tranquilidad, con mayor certeza, con mayor seguridad y que sí nos quedan regiones muy difíciles en las que sí nos ha sorprendido el grado de complejidad de la instalación de la delincuencia. 

Por ejemplo, las zonas en las que se habla de autodefensas o de que se han armado ciudadanos para defenderse. Primero rompe con cualquier estado de derecho moderno, el hecho que sea un ciudadano el que deba de plantearlo pero, segundo, las veces que hemos tenido que detener a estos grupos hemos encontrado armamento a veces más caro que el de la policía, o más complejo o más sofisticado y se mueven en vehículos que ya quisiera la Procuraduría tener, y tienen sistemas de geolocalización o de intercepción que también son la envidia de los cuerpos policiacos, en consecuencia tener una fuente de ingresos que es difícil atribuir a la sociedad civil o a ciudadanos que se van a armar para defenderse, es decir, desde mi muy personal perspectiva, son más instrumentos, porque en muchos casos hay ciudadanos que creen que están haciendo lo que deben hacer, pero son más instrumentos de otro grupo, que realmente frentes ciudadanos que estuviesen armándose para protegerse. 

Y eso es lo que el Estado no puede permitir, porque no podemos identificar el origen que puede ser muy bueno o puede ser muy malo y que tenemos la obligación como Estado de restaurar adecuadamente. Pero el conflicto, el conflicto real de esto es que la aplicación de todas estas medidas no puede salirse del marco de la ley, no puede romper con las principales garantías que tiene que tener una sociedad civilizada, aunque hay quienes lo plantean y lo solicitan que a fin de detener a los delincuentes, casi nos convirtamos en algo similar a los delincuentes, sin el marco, sin la regulación que el Estado debe de tener para poder ser garante de la ley y que es primero que nada cumplirla. En consecuencia, esa es otra cuestión que tenemos que fijar en nuestro procedimiento y en nuestra estrategia. 

La estrategia ha sido regional porque el problema es regional, lo primero que hicimos fue dividir al país con las caracterizaciones específicas que más o menos hacían similar la actividad criminal en esas regiones. Y una vez que teníamos definido las regiones y el tipo de criminalidad que se daba en ellas, empezamos por hacer una coordinación de quienes se supone que tenemos la obligación, la tarea, la asignación, de poder combatir a la delincuencia; e incorporamos a la autoridad municipal, a la autoridad estatal y, desde luego, a todas las federales. 

El simple hecho de coordinar a todas las autoridades federales, es algo inédito. Basta con abrir periódicos de hace poco tiempo para ver claramente que lo primero que había era un pleito bárbaro en las instituciones de justicia y de seguridad del país, pues que generaban deficiencias naturales o protecciones indebidas o cuestiones que no daban el resultado que se quería. Coordinar a todas estas autoridades federales fue una tarea importante, pero hacerlo con las autoridades estatales y municipales, creo, ha sido la más importante de todas, porque hoy todos vamos en el mismo sentido y los resultados pueden verse. 

Lo que llaman en México el gabinete de seguridad, es decir, los jefes de las fuerzas armadas, la Procuraduría General de la República y el equivalente del Ministerio del Interior sería la Secretaría de Gobernación, mensualmente nos reunimos con todos los gobernadores de los estados para evitar lo que pudiera convertirse en una divergencia o competencia, y hacer de esto una coordinación centrada, enfocada, definida, en función del propio análisis de las tres áreas, de las información que producen los presidentes municipales, los gobernadores y el propio gobierno federal, que se analiza, que se discute primero en reuniones estatales, a otro nivel, y que finalmente llega a la mesa donde están sentados los secretarios y los gobernadores, y se toman las decisiones que consideramos son las más adecuadas, las más correctas, y que yo creo que están dando resultado. 

Los resultados son reales, están ahí, ha bajado el nivel de la violencia de una manera impresionante, impresionante porque ha bajado, no porque todavía tenga cifras que pudiéramos aplaudir, sino por el hecho de que está bajando y eso es para nosotros es muy importante, el ritmo podrá aumentar o podrá disminuir, dependerá en mucho de las circunstancias, pero mientras mantenga la tendencia a la baja y podamos evitar la violencia, creo que empezamos a ponernos en la condición necesaria de un Estado que es capaz de preservar la paz, la paz, porque la violencia de Estado es también una violencia que no es deseable. 

Todas estas características y muchas más que no puedo decirles, sobre todo el uso de inteligencia para decirlo en términos generales, nos han permitido tener una, primero, una información más adecuada y correcta de la realidad, cambiante, versátil, de movimientos. Yo les diría que cada región de las determinadas tiene características que pueden ser a veces diametralmente distintas, pero para cada una de ellas hay una receta y para cada una de ellas hay una estrategia, y para todas las nuevas que nos encontramos empezamos a trabajar en una estrategia nueva, y esto es real, tiene una movilidad enorme, tiene un dinamismo impresionante, pero que nos ha obligado a tener sistemas y a mantener y crear sistemas de inteligencia también muy versátiles y también muy dinámicos, la información es revolvente, todos los días está generando condiciones nuevas y estrategias nuevas, o diría yo tácticas nuevas para hacer estrategias nuevas y esto ha dado un camino que tiene que complementarse con muchas cosas más. 

La primera, que a ustedes les interesa muchísimo, es decir, han sido partícipes fundamentales, miembros del Wilson Center, es la reconstrucción de nuestro sistema de justicia. Estamos optando por utilizar el sistema que prácticamente en todo América se ha venido instaurando, que es el acusatorio, a cambio de un sistema mixto que tenía el país, a veces es fácil calificarlo de inquisitorio simplemente, pero yo creo que era un sistema mixto y estamos haciendo el traslado de ese sistema mixto hacia un sistema acusatorio. 

¿Qué significa? Significa que vamos a generar un proceso distinto fundamentalmente en el área de investigación, fundamentalmente. Porque las características de este sistema, sobre todo la adversalidad, implican necesariamente que ante el juez haya la misma capacidad de las partes para poder presentar sus argumentos y el juez pueda tomar una decisión sobre inocencia o culpabilidad mucho más precisa, y esto requiere de que los órganos que aportan las evidencias que permiten llegar al juicio le den a las partes las mismas condiciones. 

En el sistema anterior todo el peso de la investigación, toda la información la tenía el fiscal, quien presenta la acusación, dejando realmente de una manera un poco desprotegida a la otra parte, a la defensa. Hoy la presencia de la evidencia de ambas partes en igualdad de circunstancias, que es a lo que vamos, el acusatorio, nos va a permitir una adversalidad real. 

El acercamiento del juez a la causa, el conocimiento directo de los participantes, le da, en esa inmediatez, una posibilidad mejor de definir o de resolver sobre culpabilidades y la expedites, es decir, la ausencia de estorbos y la rapidez del procedimiento, yo lo pongo entre comillas porque es la experiencia que hemos tenido de varios países de Centroamérica, a veces resulta que el procedimiento se hace más lento en lugar de hacer más pronto, pero es justamente nuestra ventaja de ser casi los últimos de entrar al acusatorio, es que podemos ver las ventajas y las desventajas de todos los procedimientos para tratar de no cometer los errores ya cometidos y poder actuar más en los que son más eficientes y adecuados. 

Y esto nos ha permitido estar construyendo un sistema que la primera gran reforma que plantea es la creación de un solo Código Procesal para todo el país, algo difícil de hacer en un país de corte federal como el nuestro, pero que va a facilitar enormemente las cosas. 

Primero, evitará que la diferencia de 33 códigos procesales sea un estorbo para la especialización de nuestros penalistas. La segunda, el conocimiento preciso de un solo procedimiento va a darnos a todos muchas más garantías de que las reglas de aplicación son más homogéneas, son más comunes, son más generales y, sobre todo, nos permitirá que todos los recursos que tienen que ver con la vigilancia y con las garantías de procedimiento estén mucho más claros en razón de que hay un solo procedimiento. 

El Congreso de la República ya aprobó la reforma constitucional que le permite hacer una ley en este sentido, es decir, el paso más difícil está dado, y ahora está en proyecto, en una de las comisiones del Senado, en dos de las comisiones del Senado, un código procesal único para todo el país, con las reglas ya del acusatorio, con la instrumentación del acusatorio y esta será la base de la transformación de nuestra justicia penal. 

Lo que sigue es más difícil, hay que implementarlo. Hay que empezar por modificar hasta los lugares en los que esto debe darse, pero con modificar los criterios, las formaciones, la academia y, lo más difícil de todo, la mentalidad y las actitudes, esos son cambios que no se hacen de la noche a la mañana, que requieren de tiempo, que requieren de inteligencia, que requieren de paciencia, que requieren de constancia, y para ello se ha integrado un sistema nacional que tendrá que ver la implementación de este proyecto. 

Repito, tenemos al mismo tiempo a algunos de nuestros especialistas enfocados en el estudio de los fracasos y las ventajas que se han dado en los diferentes sistemas acusatorios, sobre todo en Latinoamérica son los que más se asimilan a nuestro modo de pensar y de actuar. 

Y es en ese sentido en el que estamos construyendo el nuevo sistema procesal que nos va a dar junto con otro proyecto que tiene el Ejecutivo, de plantearle al Congreso una Ley General Penal, que fije lo que yo llamo el piso y el techo de lo que hoy deben ser los códigos penales de cada una de las entidades federativas que esos sí se quedarán en la facultad de los congresos estatales. Pero que tengan un piso y un techo, es decir, que tengan incluido lo que llamamos durante muchos años en nuestra Constitución, las garantías fundamentales de un ciudadano, es decir, que no rebase lo que es la Constitución o los tratados internacionales que hoy forman parte de nuestra conformación legal-jurídica estén claramente dispuestas y analizadas.

Con esto vamos a tener la base jurídica. Con la implementación difícil que les planteo, podríamos tener la estructura física que se requiere para ello. Pero hay un elemento que todavía es crucial, para mí es el más importante de todos. Yo creo que no hay un solo sistema de derecho -donde el Estado se rija conforme a derecho, no hay Estado sin ello- en el que no sea fundamental la confianza. Yo creo que el gran eje del pacto social que puede hacer que un país se constituye como tal, es decir, que en un territorio determinado haya un grupo de gentes que viven en él y se pongan de acuerdo en la forma en que su propia ley lo determine, para generar un sistema normativo que los regule, eso es lo constituye el Estado, no puede darse sin el elemento de confianza. 

Reconstruir la confianza, crear un estado de confianza, es todavía más difícil que crear un estado de derecho. 

Es el origen del estado de derecho, es la posibilidad del estado de derecho. Y esa generación de confianza solamente puede darse cuando las dos partes actuantes del Estado, que son los ciudadanos y el gobierno que se constituye, tienen un cimiento de aceptación mutua, es decir, que la ley refleje lo que los ciudadanos creen que deba ser verdad, quela ley no se convierta en algo que sea un yugo o que sea una pinza que apriete a la sociedad, sino que lo que consideremos sea solo el limitante de la libertad de todos frente a la libertad individual. Que sea solo el que marque la línea frente a la libertad de cada uno y la libertad de otro que pueda ser conducir, limitar, el camino justo en el que podamos desenvolvernos con el único límite de nuestras libertades sea la de los demás. 

Esta es la constitución de un Estado legítimo, no solo legal, sino absolutamente legítimo, y es en eso en lo que vamos a tener que trabajar con mayor intensidad. Es muy importante que la autoridad sea una autoridad confiable para la población, tan importante, tan importante, como que la población pueda sentir que esa representación que tiene en el gobierno, está adecuándose a lo que ésta definió en lo que son las leyes sustanciales. 

Perdón, estoy repitiendo la base jurídica del estado de derecho, pero poniéndolo en los términos comunes, no en la de los términos de los abogados, nos hacen más difícil entenderlas. Esto es lo que tenemos que reconstruir, es este el tejido el que tenemos que estar todos los días bordando en incluso, a veces como Penélope desbordando para poder tejer al día siguiente de mejor manera, de una manera más adecuada, de una manera en que no se clame la circunstancia inmediata. 

Por eso les decía que la tarea no es fácil, tenemos el coche con las llantas ponchadas, lo que tenemos que hacer es caminar y tenemos que cambiarle las llantas a nuestro vehículo. Tenemos que atender el ayer, el hoy y el mañana al mismo tiempo. Exactamente al mismo tiempo. Tenemos que hacer valer la paz pero no con la violencia, sino con la paz y eso es más difícil. 

Tenemos que regular y reglamentar con toda claridad el ejercicio de nuestros cuerpos policiacos para que su actuación no sea solo la búsqueda de la eficiencia, sino fundamentalmente con el ejemplo del respeto a la ley. 

No podemos combatir a la delincuencia con los mismos métodos, por más que a veces dan ganas. Tenemos que hacerlo con el ejemplo de la ley, tenemos que hacerlo como tenemos que mostrar que tienen que darse las condiciones comunes de vida, como se puede regular la conducta, como se puede realmente vivir en sociedad. 

Todo esto es el propósito y me pasaría yo unas 18 horas más diciéndoselos, pero estoy seguro que se dormirían bastantes antes. En consecuencia prefiero dejarles el espacio para que me pregunten lo que les interese y yo les conteste lo que pueda.