El pulgón amarillo del sorgo (Melanaphis sacchari) es considerado, por la Convención Internacional de Protección Fitosanitaria, como una plaga de importancia económica que daña a los cultivos de sorgo, avena, caña de azúcar, trigo y cebada, y tiene como hospedantes secundarios al arroz, al maíz y zacate Johnson, entre otros.

Esta especie fue identificada en México, oficialmente, en febrero del 2014, en los municipios de Jiménez, Río Bravo y San Fernando en el estado de Tamaulipas y a partir de abril de ese año, se implementó el programa Manejo fitosanitario del Sorgo, con el propósito de reducir los niveles de infestación de la plaga y mitigar el riesgo de su dispersión hacia zonas libres del territorio nacional. Para el año 2015, el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (SENASICA), a través de la Dirección General de Sanidad Vegetal (DGSV), autorizó la operación de la Campaña contra el pulgón amarillo del sorgo, con lo que se benefició a productores de sorgo en los estados de Coahuila, Chiapas, Durango, Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Morelos, Nayarit, Nuevo León, Oaxaca, Puebla, Querétaro, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tamaulipas y Veracruz.

Con base en los progresos y resultados de las investigaciones, estudios y estimaciones efectuadas sobre pulgón amarillo del sorgo, en 2016, se introdujo el uso de agentes de control biológico por inducción o incremento, liberando en campo insectos de la familia Coccinelidae (catarinas) y Chrysopidae (crisopas o león de los áfidos), con el fin de reforzar el control biológico natural y prevenir la explosión poblacional de la plaga en campo. En 2017, se implementó una estrategia operativa, bajo un esquema de Manejo Integrado de Plagas (MIP) que, como lo define el Código Internacional de conducta para el Manejo de Plaguicidas, implica una "cuidadosa consideración de todas las técnicas disponibles para combatir las plagas y la posterior integración de medidas apropiadas que disminuyen el desarrollo de poblaciones de plagas y mantienen el empleo de plaguicidas y otras intervenciones a niveles económicamente justificados y que reducen al mínimo los riesgos para la salud humana, la salud animal o el medio ambiente. Dentro del proyecto integral, se incluyeron acciones tales como monitoreo con muestreo y exploración, el uso de control biológico por incremento (reforzar el control biológico natural), control químico y cultural, teniendo como base la capacitación dirigida a productores.

Con las acciones del programa se protegerán alrededor de 900 mil hectáreas de sorgo, en comparación con el 2016, donde se atendieron 260,000 hectáreas. Anualmente se cosechan 5,198.6 millones de toneladas, cuyo valor es de aproximadamente 17,206.3 millones de pesos. (SIAP, 2016).

En el presente ejercicio 2018, las acciones programadas son: Monitoreo de la plaga (exploración y muestreo), tratamiento a la semilla, control biológico, control químico, control cultural, capacitación a técnicos y productores, con el objetivo de reducir las poblaciones en el cultivo de sorgo, para evitar daños en las plantas y reducción en la producción