Para que el agua que llega a nuestros hogares esté disponible con tan sólo abrir la llave, se creó un sistema que permitiera transportar este valioso recurso desde Michoacán, pasando por el Estado de México, hasta la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM), una de las urbes más pobladas y grandes del planeta, con 21.01 millones de habitantes en 2014, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Para entender la magnitud de las necesidades de agua de esta parte del país, es necesario conocer su historia, capacidades, datos y alcances.

Extensión geográfica

El Valle de México es una subregión de la Región Hidrológico-Administrativa XIII, Aguas del Valle de México, con una extensión territorial de 9 mil 739 kilómetros cuadrados, con tres tipos de superficies: una montañosa, otra de lomerío y una zona plana. Es en ésta última donde se concentra la mayor mancha urbana, incluyendo la zona metropolitana del Valle de México; mientras que en las dos primeras ha habido un crecimiento de población urbana importante en los últimos años.

Comprende 50 municipios del Estado de México, 15 de Hidalgo, cuatro de Tlaxcala y las 16 delegaciones de la Ciudad de México.

Abastecimiento

Existen dos fuentes principales para distribuir agua de tipo urbana al Valle de México. Las cuales están compuestas por el sistema Lerma, administrado por el Gobierno del Distrito Federal (GDF), y el sistema Cutzamala, administrado por la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA).

Actualidad

Para poder alcanzar una solución a la escasez en el abastecimiento y distribución del agua, es responsabilidad de todos generar una cultura por el cuidado del líquido y dándole un uso más eficiente a la misma.

Ante esto, la Comisión Nacional del Agua ha diseñado y puesto en marcha la Campaña de Cultura del Agua, Por un México con Agua, en el marco del Programa Nacional Hídrico 2014-2018.

Esta campaña busca, entre otras cosas, fomentar la educación y conocimiento hídrico de la población con un propósito: contribuir en la formación de una Cultura del Agua.

Para lograrlo, se han establecido cinco directrices:

1) Fomentar en la población la comprensión del ciclo hidrológico, la ocurrencia y disponibilidad de agua.

2) Reforzar la cultura del agua en el sistema educativo escolarizado.

3) Establecer un programa de formación y captación docente en materia hídrica.

4) Capacitar a los profesionales de la comunicación en temas del agua para contribuir a una sociedad mejor informada y participativa.

5) Promover la colaboración de empresas e instituciones que contribuyan con la educación y cultura del agua.

Sin embargo, es indispensable lograr una participación conjunta entre sociedad y gobierno, y pensar que el agua no se puede utilizar más como recurso renovable, pues su renovación no se da a la velocidad que la necesidad de la población actual lo demanda. 



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