Los medios de comunicación cumplen un papel relevante para la sociedad del siglo XXI porque son los encargados de reportar lo que sucede. Mediante ellos, la población accede a uno de los derechos pilares de las sociedades democráticas: el derecho a la información. Desafortunadamente, el trato que comunicadores/as, periodistas y reporteros/as dan a las personas, y la manera en que presentan la información, no siempre es sensible, ni vela por la integridad de las mismas. 

Existen ocasiones en las que, con el fin de despertar un mayor interés entre la audiencia, se perjudica la seguridad o la privacidad de las víctimas. Es por ello que, como parte de la ética profesional y personal de quienes difunden la información, debería existir un equilibrio entre las acciones que se realizan y el bienestar de quienes han sufrido la violación de sus derechos humanos o la comisión de un delito. 

Se trate de radio, televisión o periódico, los medios buscan comunicar una historia atractiva o generar empatía con la audiencia. Es por ello que tienden a publicar aspectos emotivos o incluso íntimos de una historia. En este sentido, si los límites y alcances que debe tener un reportaje, artículo, nota o entrevista no son claros, podría llegar a afectarse a las y los involucrados. Además, la forma en la que se transmite la información puede llevar a que la sociedad interprete el suceso desde una perspectiva que perjudique a la víctima. Esto puede transformarse en una nueva forma de exclusión y violación de los derechos humanos de estos grupos. 

Lo que se expresa en los medios es un reflejo de lo que sucede en la sociedad, incluyendo sus prejuicios, estereotipos y estigmas sociales. Desafortunadamente, la violencia y la discriminación son prácticas cotidianas que muchas veces están toleradas y pasan inadvertidas. Parte de la responsabilidad de las comunicaciones consiste en identificar estas prácticas y tener cuidado para no replicarlas o amplificarlas, y con ello no seguir victimizando a los grupos más vulnerables. 

Tratar el tema de la cobertura de hechos con víctimas tiene gran relevancia en la actualidad, porque durante un suceso, es muy probable que quienes lo reportan busquen obtener información directamente de quien lo sufrió. A pesar de que esta práctica es parte fundamental de la labor de las y los profesionales de los medios de comunicación, se ha demostrado que el proceso de revictimización es bastante común y no debe pasar desapercibido. 

La Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) ha observado las consecuencias negativas que las víctimas y sus familias sufren como resultado de algunas prácticas mediáticas. Por esta razón, surgió la necesidad de contar con una guía práctica que presentara recomendaciones para los medios en relación con el trato que reciben, así como la cobertura de la información. 

En este documento se analizan los aspectos positivos y negativos de la atención mediática, se presenta una recopilación de buenas prácticas y se hacen recomendaciones específicas para abordar a los diferentes tipos de víctimas. Se espera que este manual sirva como material de apoyo que ayude a que las y los profesionales de este campo ejerzan su labor de manera sensible y responsable. 

Para integrar este manual se revisaron diferentes documentos que tratan el tema de los medios de comunicación y las víctimas. Los principales documentos revisados fueron: Ley General de Víctimas , Terrorism and the media, a cargo de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, Ciencia y Cultura (UNESCO); Victims and Media, de la Canadian Resource Center for Victims of Crime; Escrito sin discriminación: Sugerencias para un periodismo sin etiquetas, generado por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED), y Where we stand: Naming Victims in the Media, de National Alliance to End Sexual Violence.