Muy buenos días tengan todos ustedes. Muchas gracias al cuerpo diplomático acreditado en México. Muchas gracias a los funcionarios de la secretaría, muchas gracias a la familia Tello, a Ismael Reyes Retana y a todos quienes han estudiado y seguido con interés lo que sucedió en el Chamizal. Muchas gracias de nuevo a todos los aquí presentes.

El presidente Adolfo López Mateos, al anunciar la disolución de la disputa del Chamizal, afrentó que la historia suele vincular, en su amplio devenir, nombres, seres y cosas. El dicho de esta frase fue sumamente apropiado en aquella ocasión que quizá, más que en cualquier otro espacio, las fronteras son un espacio de encuentro, amalgama y vinculación.

En un artículo publicado en la revista The New Yorker, hace un par de semanas, se hace un recuento interesante de cómo era la vida en los barrios y colonias del Chamizal. Después del cambio del cauce sufrido por el Río Bravo en 1864, en el Chamizal se asientan comunidades, literalmente, México-americanas. Comunidades que hacían indistintamente su vida de ambos lados del río.

Cuenta, en ese artículo la autora, anécdotas de familias que en la mañana compraban del lado americano cátsup y corn flakes, y regresaban luego a Ciudad Juárez a comprar carne y azúcar. Se juntaban indistintamente a ver telenovelas, en la tarde regresaban del lado americano y no era inusual visitar a familiares en México.

La gente de Chamizal en 1860, cuenta, vivía en un mundo sin divisiones, rico y políglota, que tenía una frontera que en algún lugar los surcaba en dos. Aunque con menos naturalidad, esta vida fronteriza sigue siendo una realidad. En los municipios fronterizos entre México y Estados Unidos viven hoy en día más de 15 millones de personas, cantidad que se espera se duplique para 2050.

La frontera representa para ellos su hogar, su centro de trabajo y su espacio de esparcimiento. Simbolizan sobre todo el reconocimiento al derecho de las poblaciones fronterizas a hacer vida en común, y la necesidad de que los gobiernos trabajen para facilitarla. Este trabajo, para facilitarlo, que realiza la CILA, cuyos 120 años hoy también festejamos, fue ampliamente detallado por el subsecretario Alcocer.

El trabajo conjunto construye perspectivas comunes y permite acuerdos de mutuo beneficio. México reconoce esos beneficios y por eso trabaja para construir una región cada vez más segura y competitiva, que contribuya al desarrollo y prosperidad de nuestros países.

Lo hace, con base a nuestros principios de responsabilidad compartida, confianza mutua y respeto a la jurisdicción de cada país en la observancia plena al derecho internacional.

Los acuerdos del Chamizal simbolizan, también, muchos aspectos de la labor diplomática de nuestro país, entre ellos destacan el diálogo y la negociación, la construcción en su meditación de acuerdos y la búsqueda de soluciones pacíficas a las controversias con base en el principio de la igualdad jurídica entre los estados.

Después de haber firmado la devolución del Chamizal, el presidente Johnson afirmó, que deseara que todos los problemas de nuestro hemisferio o incluso los problemas globales, fueran solucionados con igual medida de tolerancia y confianza. Vale la pena hacer un paréntesis, porque mucho hemos dicho de lo que implicó la solución del Chamizal desde el punto de vista diplomático.

El diálogo, un trabajo continuo con hace 100 años y hemos platicado, también, sobre los retos que planteó desde los puntos de vista de aterrizar este trabajo diplomático en un trabajo casi ingenieril, que implicó y que se reflejó incluso en un canal que aseguró, desde la solución del Chamizal, que el cauce del río no se volviera a desviar. Pero la reflexión y el estudio jurídico de asunto del Chamizal es interesante por sí mismo.

Estaba en juego la determinación, por ejemplo, de si en un río cuyo cauce de manera gradual se mueve a partir de cuándo se consideraba que el movimiento gradual justificaba el cambio de frontera, y cuándo se consideraba que el movimiento había sido lo suficiente abrupto como para estimar que implicara una renegociación o un replanteamiento del tratado.

Implicaba una revisión de si los tratados en su espíritu, cuando fueron aceptados, fijan una frontera, como se hizo en 1948, o si las circunstancias geológicas sobre medición la pueden cambiar.

Quedó claro, desde la solución del Chamizal, que la frontera tiene por definición una característica fija y que no se puede estar sujeta la frontera a cambios en la interpretación, a caprichos de cauces de río a modificaciones en la fórmula de medición.

Siendo entonces un precedente jurídico, el Chamizal, que es sumamente interesante e importante. Pero más allá de eso, cuando revisa uno la historia en las comunidades que viven en el Chamizal y, también, sumamente interesante liberan espacios, por ejemplo, de arbitraje regulatorio cuando existió un Chamizal con espacios en donde estuvo vigente en Estados Unidos la prohibición y en donde no lo estuvo en México.

Se hablaba, entonces, del famoso agujero de la frontera en donde los estadounidenses, buscando el refresco de un buen trago, se cruzan a ese agujero en la frontera, que más bien parecía no un agujero sino estrictamente su ausencia, para tomar en las cantinas mexicanas.

Pero implicaba, también, una reflexión profunda de prediales y de cómo debían de compartirse entre las diferentes regiones una vez resuelto el Chamizal, valor de las propiedades de un lado y otro de la frontera, la libertad o su ausencia de tránsito entre comunidades.

Cualquier aspecto que uno escoja estudiar de El Chamizal hoy sigue siendo vigente en términos del aprendizaje que nos deviene, no sólo en lo jurídico, no sólo en lo diplomático sino en la dificultad de resolver y de atender con creatividad problemas como El Chamizal implicó, no en balde tomó 100 años en que se resolviera. Muchos mexicanos contribuyeron en diferentes épocas a construir ese ambiente propicio entre vecinos.

Rendimos hoy homenaje, lo hizo Ismael Reyes Retana al principio, al presidente Juárez, a su secretario de Relaciones Exteriores, Sebastián Lerdo de Tejada, y a su ministro en Washington, Matías Romero, por haber iniciado las reclamaciones correspondientes.

Hablamos también de rendírselo a quien 1869, como particular, presentó la primer denuncia toda vez que su propiedad mexicana se ubicaba ya en lo que se estimaba el lado americano, y habría que recordarle también por qué esa controversia permitió acreditar que México no había reconocido o cedido en su disputa de reconocer que El Chamizal era mexicano.

Recordamos también al presidente Porfirio Díaz, cuyo gobierno firmó la convención para terminar con las diferencias sobre El Chamizal. Convino a la reunión de arbitraje, arbitraje en donde Canadá fue por cierto el que resolvió el tercero en disputa, que le asignó más o menos cuatro quintas partes del territorio en disputa a México, y que se reflejó ese acuerdo en lo que eventualmente se reconociera en más de 50 años.

Por cierto, llama la atención ese encuentro entre en donde hubo que reconocer en su oportunidad que en El Chamizal no ondearan banderas ni americanas ni mexicanas.

Fue el primer encuentro de los presidentes fuera de la frontera. La segunda salida del territorio americano de un presidente, después de la de Roosevelt que cruzó para visitar el Canal de Panamá, y la primer salida de un presiente mexicano de su territorio nacional.

Con especial simbolismo hoy recordamos al presidente Adolfo López Mateos y a su canciller Manuel Tello, quienes habrían de culminar un exitoso trabajo diplomático con sus contrapartes estadunidenses para lograr que se instrumentara el laudo de 1911.

Con este evento, recordamos la destitución del Chamizal como el fruto de una diplomacia activa dispuesta a defender las causas de México y de los mexicanos en el exterior.

Hoy esa diplomacia activa se traduce en la búsqueda de una frontera con oportunidades y bienestar para sus comunidades. Una relación bilateral tan profunda, como la multiplicidad de temas que abarca de una América del Norte que estamos empeñados en construir y significar como la región más dinámica y productiva del mundo.

Muchas gracias, muy buenos días.