Canciller José Antonio Meade: Bienvenidos todos el día de hoy, por segunda vez, a la Cancillería mexicana, en el caso de muchos de ustedes, ya que tuvimos un evento esta mañana, un Seminario que pretende servir como un espacio de vinculación entre las entidades locales y la Cancillería para efectos del mejor desarrollo de la agenda.

Y hoy nos volvemos a congregar para presentar el Oxford Handbook of Modern Diplomacy, eso ilustra que el Embajador De María y Campos está haciendo un trabajo muy exhaustivo, cosa que celebramos y agradecemos.

Me da mucho gusto que estén hoy en la Cancillería mexicana, con la buena noticia de que el Oxford Handbook of Modern Diplomacy viene en dos formatos: el que carga Andrés y con el que hace ejercicios en la mañana, pero se puede conseguir también en Kindle para leerlo en el iPad, y eso permite un formato un poco más accesible.

Agradezco mucho la presencia esta noche de dos de los coeditores de esta obra, Andrew Cooper y Jorge Heine, ambos profesores universitarios; el primero, un distinguido académico canadiense, y el segundo, un reconocido diplomático chileno; de Jaime Zabludowsky, de Andrés Rozental,  de Alicia Buenrostro.

Todos ellos harán uso de la palabra, nos expondrán el propósito central de la obra, cómo lograron reunir en ella a tantos y tan importantes investigadores y pensadores, cómo convencieron a dos talentosos diplomáticos mexicanos de participar en ella, la Embajadora Buenrostro y el Embajador Eminente Rozental, representan ellos en la Cancillería dos experiencias y visiones individuales impulsadas por el mismo propósito.

En la versión original del discurso me habían puesto dos generaciones y visiones distintas, pensé que era mucho mejor que habláramos de dos visiones y dos experiencias diferentes. En ambos casos siempre la coincidencia puntual de la defensa de los intereses de México y de los mexicanos en el exterior.

Me da mucho gusto que nos acompañe también parte del cuerpo diplomático acreditado en México y que esté en su casa Bernardo Sepúlveda acompañándonos de nueva cuenta.

Esta obra, yo creo de gran importancia, pone lenguaje, le mete operatividad, le mete definiciones, nos da vocabulario para algo que está sucediendo en el mundo de la diplomacia moderna y que en ausencia de un manual como el que hoy se presenta, costaría trabajo categorizarlo, digerirlo, meterle teoría, meterle sistema y método.

Claramente enfrentamos hoy un mundo global, un mundo interconectado en donde compartimos responsabilidades entre quienes de manera tradicional ejercen la diplomacia y otros actores no todos ellos gubernamentales en donde las ideas y la información viaja en tiempo real, y en donde a la luz de este contexto, la práctica de la diplomacia debe irse ajustando.

Es muy probable que en su esencia, que el objetivo de la diplomacia, el objetivo de la diplomacia además como un instrumento de la política exterior, no haya cambiado. El día a día del ejercicio diplomático dentro de la política exterior de un gobierno o de un estado sigue siendo el de construir una red de relaciones internacionales propicias a construir un marco de seguridad que permita el desarrollo y bienestar de un Estado-Nación. También lo es el que junto con otros Estados-Naciones construyamos un esquema que nos permita construir un fin común.

Pero este objetivo, complicado de por sí, hoy exige o se da en un contexto muy cambiante de retos y desafíos. Y por ello la diplomacia debe de usar nuevos instrumentos, nuevas tecnologías, nuevas visiones para ponderar la realidad de nuestros días y así poderla transformar.

El objeto de la diplomacia también ha cambiado y es diferente cuando se habla de diplomacia de la salud, de diplomacia cultural, de diplomacia bilateral, de diplomacia multilateral. Yo debo de reconocer que leí solamente parte del Handbook, me lo regaló tiempo atrás Andrés, pero no me ha dado tiempo ni de cargarlo ni de leerlo todo, con la ventaja de que es una colección de ensayos que separan cada uno de ellos solos, y eso permite que pueda uno leerlo no en orden, no en secuencia, sino atendiendo a sus diferentes temáticas y permite en consecuencia una mejor digestión.

Pero, dentro de las partes que sí leí, hay datos que ciertamente llaman poderosamente la atención, o por lo menos en el caso mío así lo hicieron. Cita por ejemplo al principio para ilustrar la multiplicidad de actores hoy involucrados dentro del objeto de la diplomacia, que de 45 para acá el número de estados independientes se ha multiplicado por cuatro. De aproximadamente medio centenar a más de 190 en apenas 70 años.

En cuanto a relaciones multilaterales se refiere, a mediados del siglo pasado se reconocían 123 instituciones; el día de hoy hay más o menos 7 mil. Este es un buen argumento que la Cancillería puede usar luego para pedir más presupuesto, se ve que no había leído el Handbook o ya alguien lo hubiera utilizado. Pero ya con la herramienta de que son 7 mil instancias multilaterales las que tenemos ahora que atender ciertamente la complejidad del trabajo de los Ministerios de Relaciones Exteriores se vuelve más complicado.

Las organizaciones no gubernamentales, las que tienen impacto, las que se reconocen como instancia de estas multilaterales pasaron de ser 200 hace apenas cien años, a ser hoy más de 48,000. Instancias que hoy son actores con las que hoy se define, se discute, se revisa la agenda en materia de política exterior. Ello permite poner a buen inicio a la diversidad, a la complejidad y a los desafíos que se enfrentan desde y con la diplomacia.

El libro surge como inquietud en el 2008, un año especialmente complejo para la economía global y las relaciones internacionales. Se señala también en algunos de los textos del libro, uno en particular de Paul Martin que habla del G20. Pero el G20 aparece como un tema transversal en el libro, como una realidad interesante de un mecanismo de gobernanza global que se incorpora también dentro de los retos, dentro de los espacios y dentro de la misma arquitectura en la que ha de expresarse el trabajo diplomático. Ahí al tiempo de leer el libro se da uno cuenta de que el G20 como espacio de diálogo ha venido también modificando y adaptándose.

A México le tocó, y a mí en lo particular en el caso de los temas financieros, participar en el proceso del G20 y con muchos de quienes aquí  están. Andrés encabezó en ese momento las reflexiones de lo que se llamó el Think20 que hizo aportaciones valiosas. Pero permite esa reflexión complementar parte de lo que viene en el Handbook, con algunas lecciones de esa experiencia, que no necesariamente son las que de ahí se desprenden y que pone de relieve cómo conceptos como el G20 van también evolucionando.

Claramente entre 8, que eran los se reunían periódicamente, que eran pocos, y 193 que son muchos, pues había un espacio para encontrar un mejor número en términos de generar una buena interlocución y los 20 países, 19 según relata Paul Martin al principio, que es un tema que llama la atención cuando uno se da cuenta que los G20 eran solamente 19, acaba siendo un mecanismo interesante de gobernanza global y se desprende su ejercicio, se desprende su conducción a algunas lecciones valiosas.

Primero, pues el sólo hecho de que 20 parece ser un número adecuado para alcanzar consensos, sí que para ello tiene una primera lección; el diálogo que lo nutra sea un diálogo que no se concentre sólo entre los 20.

Es un diálogo que, para tener sentido y para tener legitimidad, obliga a que quien lo convoca realice procesos de consulta con países del G20 para identificar cuál debe ser la agenda que le de contenido, con países fuera del G20 para que se sientan representados en la temática, pero también un diálogo fuera delos países; un diálogo con las empresas, un diálogo con sindicatos, un diálogo con jóvenes, un diálogo con pensadores que permita que la legitimidad se vaya nutriendo de lo que todos esos gremios esperan que sean los temas globales que ahí se discutan.

El G20, y sobre eso a mi juicio vale la pena una nueva edición del Handbook, alguna reflexión, se expresa solamente a través de comunicados. Pero son comunicados, y esta es otra lección valiosa, que el mundo espera que digan algo, que espera que se constituyan en un mapa de ruta, en una guía, que permita que quienes sigan el G20 y los temas globales encuentren en el comunicado; siguientes pasos, análisis, contexto. Y en la medida que el comunicado sea vigente y que el comunicado nos transmita elementos relevantes verificables, pues el G20 irá teniendo mejor destino.

Un elemento adicional que no se desprende todavía del manual, por cuanto al tema transversal del G20, es la relación entre el G20 y otras multilaterales. En la experiencia nuestra, el año pasado, el mundo multilateral sin el G20 le cuesta trabajo encontrar foco, legitimidad, ritmo y rapidez para tomar decisiones. Pero el G20 sin expresión multilateral tiene buena retórica, comunicados interesantes, pero no tiene un vehículo específico para que esa retórica se traduzca en resultados concretos.

De allá que haya un espacio virtuoso al que vale la pena seguir dedicando tiempo y estudio entre el G20 y las multilaterales. El primero como un mecanismo que da foco, que destraba la atrofia que a veces se da en las burocracias nacionales y en las multilaterales, pero el segundo como una instancia que tiene capacidad de darle seguimiento y desahogo a los temas.

México es un actor con presencia global y, por lo tanto, tiene que reflexionar a fondo sobre los retos y oportunidades que tiene el mundo de hoy, y la Cancillería sobre cómo mejor utilizar la diplomacia para buscar esos objetivos.

El presidente Peña Nieto está decidido a lograr que sea nuestra diplomacia la que continúe encabezando la política exterior de nuestro país. Pero eso le exige a la diplomacia un mejor manejo de los términos, de los modos, de los retos, que implica la modernidad que estamos viviendo, para que efectivamente siga siendo el interlocutor y el actor al centro del cual se desarrolle nuestra política exterior.

Se constituye así en una eficaz palanca para el desarrollo de México, para una mejor defensa de los intereses de los mexicanos en el exterior y para poder así lograr una contribución responsable y solidaria al esfuerzo global.

Estoy seguro de que la obra que hoy se presenta aquí se convertirá en un libro de cabecera para muchos diplomáticos mexicanos, y estoy seguro porque las pocas cosas que puedo yo hacer es el asegurar que efectivamente lo lean, que lo consulten, que lo discutan en la siguiente reunión de embajadores. Y quienes no estén a la altura de la modernidad que en el libro se refleja, tendrán que ir a platicar con Andrés y con Alicia para que les den un curso remedial.

Quisiera yo terminar felicitando a los coeditores, a los autores, agradeciéndole mucho a Jaime Zabludovsky, a Alfonso de Maria y Campos y a todos ustedes que están aquí para escuchar sobre este tema, este enfoque y este instrumento de modernidad que hoy aquí se nos presenta.

Muchas gracias a todos.