Licenciado Enrique Peña Nieto, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos 

Doctor José Antonio Meade, Secretario de Relaciones Exteriores 

Doctor Luis Videgaray, Secretario de Hacienda y Crédito Público 

Doctor Ildefonso Guajardo, Secretario de Economía 

Distinguidos integrantes del presídium, Señora Diputada, Señores Gobernadores y Jefe de la Oficina de la Presidencia, Señores y Señora Subsecretarios, miembros del Servicio Exterior Mexicano y funcionarios de la Cancillería, cuerpo diplomático y consular acreditado en México, representantes de instituciones y organizaciones internacionales, académicas, empresariales, políticas y sociales, colegas y amigos todos. 

Una política exterior de Estado requiere tender los puentes necesarios para alcanzar acuerdos básicos sobre las prioridades de México en el ámbito internacional. La creación de consensos implica generar acuerdos mínimos entre los diferentes actores económicos, políticos, sociales y académicos en los temas fundamentales para la nación. Por esta razón, celebro ampliamente la realización de este foro de consulta ciudadana en el marco de la elaboración del Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018 para alcanzar este importante objetivo: que México sea un actor con responsabilidad global. 

Pero, ¿cómo debe ser la política exterior de un gran país como México? Quisiera compartirles una anécdota que resulta muy ilustrativa para responder esta pregunta. Hace aproximadamente 5 años, por intersección de esta Cancillería, fui invitado por una ex-república soviética ubicada en el Cáucaso, a impartir un curso corto sobre la política exterior de México. Obviamente acepté la invitación, pero mi sorpresa fue similar a la de algunos de ustedes y me hice la misma pregunta que seguramente varios están pensando: ¿por qué le interesa tanto la política exterior de México a una ex-república soviética a la mitad del Cáucaso? 

A mi llegada, la primera pregunta que le hice a mi anfitrión, el Embajador que dirigía esta academia diplomática –quien por cierto había sido Embajador de su país en Estados Unidos y Representante Permanente ante las Naciones Unidas— fue a qué se debía su interés en nuestra política exterior, y su respuesta fue muy ilustrativa sobre cómo es visto México más allá de nuestras fronteras. Me dijo, palabras más, palabras menos: Por tres razones. 

Primero, porque aun ante la enorme asimetría de poder entre México y Estados Unidos, México ha sabido históricamente utilizar su política exterior para hacer frente a la hegemonía estadounidense, mantener su soberanía nacional y maximizar sus intereses, aprovechando además las ventajas comerciales y financieras de ser vecino de la principal economía del mundo y protegiendo los derechos de sus nacionales dentro de su territorio. 

Segundo, porque México ha entendido que para ser un actor global relevante, en primer lugar tiene que ser un líder en su propia región; México ha sabido comprometerse responsablemente con los temas Latinoamericanos, ejerciendo su liderazgo particularmente en Centroamérica y el Caribe, y esto lo hace relevante a nivel internacional, fortaleciendo su posición en el mundo, como interlocutor y puente hacia otras regiones, como Europa, Asia y el Pacífico, África y Medio Oriente. De ahí que no sea sorprendente que nuestro país cuente con una de las redes de tratados de libre comercio más extensas a nivel global. 

Tercero, porque México ha sido un constructor de instituciones internacionales que, a través de su activismo multilateral y regional, ha fomentado la codificación del Derecho Internacional, la cooperación global para el desarrollo y el fortalecimiento de los organismos internacionales; la cooperación sirve para generar un orden internacional más justo y próspero, pero también para avanzar los intereses de México en el exterior, aprovechando lo que el mundo tiene que ofrecer para promover la seguridad y el desarrollo internos. 

Así, el embajador me pidió que compartiera en este curso las estrategias de la política exterior de México para alcanzar estos tres grandes éxitos que él identificaba, los cuales creía además replicables para su país, lo cual hice con gusto de acuerdo a mis capacidades y limitaciones personales. Sin embargo, me guardé dos secretos fundamentales –que realmente no lo son tanto-- para tener una política exterior efectiva. 

El primer “secreto” es que la política exterior ES la política pública cuya función principal es buscar, en el contexto internacional, aquellos elementos que provean respuesta a las necesidades sociales, económicas y políticas del país, con la finalidad de generar seguridad y desarrollo nacional. Siendo así, la política exterior es un medio, no un fin en sí mismo. 

Por cierto, esto no lo digo yo como académico del CIDE ni como Presidente de la Asociación Mexicana de Estudios Internacionales (AMEI); es lo que pensamos todos los mexicanos. ¿Cómo me atrevo a decir esto? Bueno, uno de los principales hallazgos de la encuesta de opinión pública y política exterior “México, las Américas y el Mundo”, que elabora el CIDE bianualmente, desde hace una década, es que, consistentemente, durante los últimos 10 años, todos los mexicanos, población en general y líderes, sin importar su edad, género, nivel educativo, ingreso, lugar de residencia o ideología política, quieren una política exterior que incremente el prestigio internacional del país, defienda los intereses de México en el exterior y sirva como instrumento para generar desarrollo y bienestar a nivel nacional. 

En particular, cerca de ¾ partes de los mexicanos consideran como muy importantes las siguientes prioridades de política externa: 1) promover la cultura mexicana; 2) combatir el narcotráfico y crimen organizado; 3) proteger el medio ambiente; 4) atraer turistas; 5) promover la venta de productos mexicanos en otros países; 6) proteger los intereses de los mexicanos en el exterior; y, 7) atraer inversión extranjera a México. Además, existe el mismo amplio grado de consenso entre los mexicanos sobre las herramientas para alcanzar estos objetivos: mayorías superiores al 85% están muy o algo de acuerdo en que México utilice el instrumento cultural, comercial y diplomático para avanzar sus intereses a nivel global, descartando el uso de la fuerza militar. Esto podría interpretarse como un claro mandato para la Cancillería y demás Secretarías de Estado con incidencia en temas internacionales. 

El segundo “secreto”, es que una política pública a la que no se le asignan suficientes recursos humanos y financieros no es una prioridad. La política externa debe estar basada en una planeación eficiente y efectiva, y debe ser proactiva para responder a los planes y las necesidades internas del país descritos anteriormente. Siendo así, los recursos asignados a la política exterior son una inversión, no un gasto. 

La presencia de México en el mundo se ha multiplicado exponencialmente en las últimas tres décadas: hoy la suma de nuestras exportaciones e importaciones representan 2/3 del PIB nacional, el éxito de nuestros empresarios nos ha convertido en un país exportador neto de capital, hay 33 millones de personas de origen mexicano viviendo más allá de nuestras fronteras (15 millones nacidas en México y 6-7 millones viviendo irregularmente en Estados Unidos), hay 200,000 migrantes en tránsito por México cuyos derechos debemos respetar y defender, y tenemos 75 embajadas en el mundo y 68 consulados (50 en un solo país, Estados Unidos). Sin embargo, el número de miembros del Servicio Exterior Mexicano es el mismo que en 1975, los recursos de la Cancillería se han mantenido constantes en términos reales en los últimos 15 años, nos resistimos a participar en Operaciones para el Mantenimiento de la Paz (aunque haya amplio apoyo de los mexicanos en general y sea la mejor prueba de que México es un actor con responsabilidad global) y los fondos para la cooperación internacional en la AMEXID son, por decir lo menos, magros. 

En suma, en un mundo crecientemente globalizado y dinámico, las prioridades de México deben ser fortalecer su presencia global, ampliar su cooperación internacional, velar por los intereses nacionales en el extranjero y promover el valor de nuestro país en el mundo. Para ello debe encontrar en el mundo las soluciones para las prioridades nacionales, generando seguridad y desarrollo interno. 

Señor Presidente, Señor Secretario, en los últimos meses hemos sido testigos de cambios en este país que en otro momento hubieran sido inimaginables; estoy seguro que hoy también es el momento de hacer grandes cambios para fortalecer la gran política exterior de México. Nuestro país merece y le conviene tener una política exterior que refleje su capacidad, prestigio e importancia internacionales de manera fidedigna, siendo, como históricamente ha sido, una gran inversión en beneficio de todos los mexicanos y un motivo de orgullo nacional. 

Muchas gracias.