Muy buenas tardes tengan todas y todos ustedes. Para el gobierno de México el evento que hoy nos congrega es de la mayor importancia. Reconoce, y nos permite hacerlo, la labor emprendida por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en favor de la promoción y protección de los derechos humanos de los pobladores de esta región. Y por ello nos congratulamos que haya aceptado la invitación de nuestro país, para sesionar en la Ciudad de México.

Invitación que ha llamado la atención de todo quienes aquí concurrimos, especialmente de muchos estudiantes de diversas carreras, que les ha llamado la atención dar seguimiento puntual a los trabajos y a las sesiones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en México. Ello explica la presencia, en la cancillería, que mucho agradecemos, del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, a quien todavía estamos en oportunidad de desearle un muy feliz cumpleaños, toda vez que fue apenas el jueves. Muchas felicidades señor secretario, feliz cumpleaños y nuestros mejores deseos.

Y agradecemos muchos a Tracy Robinson, la presidenta de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Visita por segunda ocasión México y estamos de verdad contentos de que haya aceptado la invitación para traer aquí a sesionar a la comisión.

Y agradecemos mucho la presencia a Jesús Murillo Karam, hoy procurador general de la República, pero ayer arquitecto relevante de mucho de nuestro andamiaje legal en materia de derechos humanos.

Le agradecemos muchos al senador Raúl Cervantes Andrade, presidente del Senado, con su presencia da fe de que el trabajo, y la construcción de los derechos humanos, es un trabajo que involucra al Poder Ejecutivo y al Poder Legislativo. Y por eso también nos da mucho gusto que esté la senadora Angélica de la Peña, quien preside la Comisión de Derechos Humanos del Senado de la República.

Y celebrar que esté aquí, y que participe, Raúl Plasencia, el presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, y Raúl González Pérez, abogado general de la Universidad Nacional Autónoma de México. Él viene a presentar una queja ante la comisión por lo mal que están jugando los pumas. A ver si nos puede ayudar en este proceso.

Sean bienvenidos todos ustedes a México.

México es el país, en los últimos años, que ha sido de los que más ha colaborado con los mecanismos especializados en materia de derechos humanos del sistema internacional. Nuestro nivel de apertura al escrutinio internacional, y de cooperación con la OEA y las Naciones Unidas, difícilmente se observa en otro país de este continente. De hecho, difícilmente se observa en otro país del mundo.

Del 2001 a la fecha hemos recibido la visita de 44 mecanismos internacionales de derechos humanos: entre relatores temáticos, grupos de trabajo, órganos de supervisión de tratados y representantes especiales del secretario general de ONU, la alta comisionada de derechos humanos y, por supuesto, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Estas visitas se han traducido en recomendaciones y observaciones. Éstas, a su vez, han resultado en un México que es cada vez más armónico, tanto en su marco jurídico como en sus estructuras de gobierno, no sólo por las mejores prácticas sino con las más altas aspiraciones internacionales.

Hoy, en muchos casos y en muchos temas es México quien define nuevos y más ambiciosos estándares. Como muy pocos países, México ha logrado conjuntar en pocos años una serie de reformas estructurales que afilian los derechos y las garantías de ejecución que se traducen en mayores lugares de protección a los derechos de la persona.

En lo internacional, México ha contribuido al acervo normativo con iniciativas, como por ejemplo, la Convención sobre los Derechos de los Trabajadores Migratorios, o la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad.

Como lo señaló, sin embargo, el presidente Enrique Peña Nieto el 25 de junio, cuando presentó el Programa Nacional de Derechos Humanos, nuestro objetivo es que el Estado garantice la práctica, el efectivo cumplimiento de los derechos humanos. Esa es la etapa a la que hemos transitado. Esa es nuestra obligación con la sociedad mexicana y en ella centraremos nuestros mayores esfuerzos.

Señora presidenta Robinson, el período de sesiones de la comisión, se da en un momento en el que México cuenta con las mejores condiciones y herramientas de su historia para seguir consolidando una verdadera cultura de derechos humanos. El Estado ha aprobado reformas constitucionales de vanguardia como la de derechos humanos y la del sistema de justicia penal. Se han reformado también las leyes de amparo y migración, y retirado la mayoría de las reservas a tratados de derechos humanos.

En el acto, al que hacía referencia, en el que se presentó el Programa Nacional de Derechos Humanos, decía el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, que sería muy injusto no reconocer estos avances y sería, también, irresponsable el negar que aún hay mucho qué hacer en esta materia.

Yo agregaría que, igualmente, es justo reconocer que este proceso reformador contó con el apoyo de la labor minuciosa de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y de la Corte Interamericana. Al tiempo, que no sería tampoco justo, ni responsable, dejar de reconocer lo mucho que México ha aportado a ambas distancias.

México reconoce el papel de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en la defensa y protección de los derechos humanos en el continente. Por eso, la hemos defendido, hemos defendido su independencia, su integridad, en momentos de profunda reflexión sobre su papel y su futuro, en el contexto interamericano.

Celebramos que en ese proceso de reflexión la comisión haya mostrado un nivel de apertura sin precedentes para hacer más eficiente y transparente su labor, mediante una reforma a su reglamento. Confiamos en que dicha apertura continúe y que junto con la sociedad civil generemos avances en la consolidación en el Sistema Interamericano de Derechos Humanos.

Esta comisión tiene aún retos, y los retos son importantes. El primero de ellos, el más evidente, es la falta todavía de universalidad del sistema interamericano. Ésta sólo puede alcanzarse si todos los Estados miembros de la OEA se adhieren a la Comisión Americana sobre Derechos Humanos.

México considera que la mejor declaración de compromiso es justamente la ratificación de El Pacto de San José, que aún no es universal. Hoy sólo 24 de 35 miembros de la OEA son parte de la Convención. Para esos efectos hay que comprender que hay que atender las preocupaciones de los Estados que, reiteradamente, han manifestado sentirse lejos del sistema.

Toda vez que consideran que la tradición en el derecho romano le es más cercana a la comisión y la del Common Law les es más lejana. Nunca hay que hacer un trabajo en donde se acredite que al centro de una o de otra tradición los derechos humanos tienen cabida, y por lo tanto su ratificación a El Pacto de San José. El Convenio de San José merece la pena para lograr la universalidad de este mecanismo.

También tendríamos que trabajar en darle al sistema interamericano mayor ayuda financiera. Eso nos obliga a todos a redoblar esfuerzos para encontrar soluciones de largo plazo que aseguren las finanzas del sistema. México ha participado activamente en este proceso y ha aumentado sus cuotas voluntarias a la comisión y a la corte, de manera permanente, en los últimos años.

Otro gran reto para el sistema es que sus recomendaciones y sus fallos se observen. Ahí también México ha sido pionero y es menester así reconocer. Hemos fortalecido nuestros mecanismos de diálogo e interacción entre la administración pública federal, los poderes del Estado y las entidades federativas. Y así hemos podido progresar en calidad y tiempo en el cumplimiento de las decisiones y de la reacción pronta y precisa frente a la emisión de medias cautelares ante casos de emergencia.

En el marco de la comisión, hemos celebrado 23 acuerdos de solución amistosa para reparar a las víctimas de violaciones de derechos humanos. Esta es una vía clara que demuestra la voluntad de beneficiar principalmente a las víctimas y sobre la cual México espera lograr más acuerdos supervisados por la comisión.

Señora presidenta Robinson, señor secretario, señor procurador, son muchos los desafíos que aún enfrenta el Sistema Interamericano, pero son muchos también sus logros y fortalezas.

Quisiera, antes de terminar, destacar aquí en México la distinguida labor, la importante labor del comisionado José de Jesús Orozco y del secretario ejecutivo, Emilio Álvarez Icaza, ambos en un ánimo de fortalecer a la comisión. Y a todos les deseo el mayor de los éxitos durante sus trabajos.

Muchas gracias.