Muy buenos días a todos ustedes. Muy bienvenidos sean a este edificio de la Secretaría de Relaciones Exteriores para sesionar sobre la Consulta Regional para América Latina y el Caribe, previo al 58° periodo de sesiones de la comisión de la ONU sobre la mujer.

Damos la bienvenida a la Secretaría a Lorena Cruz Sánchez, quien preside con gran vigor, con entusiasmo y pasión el Instituto Nacional de las Mujeres. También contentos de que esté aquí con nosotros John Hendra, director ejecutivo adjunto de ONU Mujeres, y agradecemos la participación y el reporte profundo y amplio que hiciera la señora presidenta de la Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y El Caribe, Alejandrina Germán.

Le damos la bienvenida a todas las jefas de delegaciones y ministras de mujeres de la región, cuerpo diplomático acreditado en México. De manera muy particular destaco la presencia, hoy con nosotros, de la senadora Vida Gastelli, gran aliada de la temática de igualdad de género, preside la Comisión de Igualdad de Género en el Senado, quien ha acompañado muchos de los esfuerzos de desarrollo y de desahogo de la agenda legislativa del presidente Enrique Peña Nieto.

La igualdad de género, como lo dijo bien John Hendra, el empoderamiento de las mujeres es un objetivo en sí mismo. No requiere calificación, no requiere defensa y no requiere de ninguna argumentación, pero sí requiere de un entorno habilitante. Y la construcción de este entorno habilitante es complicado, es retante. Implica la revisión de marcos jurídicos, de políticas públicas, de recursos financieros, de compromiso político, como el que hoy en México tiene el presidente Enrique Peña Nieto, y eso da fortaleza y razón de ser, a las deliberaciones que aquí nos tienen.

La amplitud de temas que se realizará en el seminario, el desarrollo exhaustivo, que hiciera Alejandrina Germán, sobre los temas que se han venido tratando en materia de igualdad de género y empoderamiento de las mujeres, dan cuenta de que, si bien este es un objetivo compartido, en la ausencia de definiciones específicas, de métricas puntuales, de inhibiciones concretas que se traduzcan en un entorno habilitante que permita que la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres, siendo asimismo un objetivo, nos permita también alcanzar.

Y esto lo hacemos en la convicción de que sólo alcanzan a ser modernas y democráticas las sociedades que aprovechan plenamente el talento y la contribución de toda su población, sin distinción de género. Al impulsar el respeto a los derechos de la mujer, al promover y ampliar su capacidad de crecer y desarrollarse, estamos también impulsando el desarrollo de nuestros países.

En el ámbito económico, por solamente citar uno, hay evidencia clara e indiscutible de que la participación de las mujeres trae consigo ganancias significativas a nivel macroeconómico. Según datos de la Organización Internacional de Trabajo; la incorporación de la mujer, a niveles iguales a los de la fuerza laboral masculina, se traduce en ganancias sustanciales en la capacidad productiva de sus economías.

Esta es una realidad, todavía hoy, en prácticamente todas las economías del mundo. En aquellas economías que han construido un mejor entorno habilitante, y en donde la participación de las mujeres son una explicación relevante en su desarrollo, las ganancias son menores. En Estados Unidos, por ejemplo, si se niega esta participación equivalente la ganancia en el PIB sería equivalente a 5%, 9 % más alto en Japón, 34% superior en Egipto.

En América Latina hemos logrado avances importantes. En 1980, la participación de las mujeres sólo alcanzaba el 36%, frente a una participación promedio a nivel mundial del 50%. Hoy la participación de la mujer en América Latina se acerca mucho al promedio de participación que se observa a nivel global. Y, si bien eso nos permite estar contentos, estar satisfechos de que mucho hemos evolucionado respecto a nuestro pasado, queda claro que mucho tenemos que evolucionar respecto a los objetivos que tenemos que alcanzar para hacer que esta participación, para hacer que esta igualdad y este apoderamiento sea cierto.

Un estudio reciente del Fondo Monetario Internacional, señala que en nuestra región tenemos un PIB per cápita de al menos 17% menor del que podríamos tener, si no hubiera las brechas de género que todavía hoy prevalecen en América Latina. En Europa, esta pérdida, calcula el Fondo,  es de al rededor del 14% y en África y Medio Oriente alrededor del 27%.

Los objetivos del milenio, han sido, han representado un aliciente, un gran instrumento para  concentrar la atención de la política pública en objetivos medibles, en objetivos importantes. Y de ahí la relevancia de que en este proceso de reflexión, adaptado a este seminario y las conclusiones que aquí se alcancen, avancemos en interiorizar como parte del proceso de construcción de esta Agenda del Milenio, las lecciones aprendidas y los retos que podamos avizorar, que construyamos una nueva agenda de desarrollo más ambiciosa, que exige incorporar igualdad de género, la sostenibilidad y los derechos humanos como elementos transversales de toda estrategia de desarrollo.

México, en la definición de la Agenda de Desarrollo Post 2015, ha promovido y puesto sobre la mesa la importancia de que tengamos en ese trabajo una perspectiva de generar inclusión social y económica, que contribuya al logro de la igualdad y oportunidades para todas las personas.

En esta lógica, en este objetivo, la igualdad de género es central para esta perspectiva, buscamos generar las condiciones sociales, económicas e institucionales, que hagan efectiva la plena inclusión de las mujeres en los distintos ámbitos de la vida pública modificando los marcos legales y las prácticas sociales que limitan dicha participación.

Debemos abogar juntos, de ahí la importancia de ese seminario, porque en la definición de la agenda Post 2015 se conciba la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres como palancas efectivas para el desarrollo.

Desarrollo implica inclusión, suma de talentos y esfuerzos, contribución generalizada para el logro de objetivos comunes.

Amigas y amigos, esta Secretaría se complace en albergar hoy, junto con el Instituto Nacional de las Mujeres y ONU Mujeres, el inicio de esta consulta regional para América Latina y el Caribe, previo al 58 periodo de sesiones de la Comisión de la ONU sobre la Condición Jurídica y Social de las Mujeres.

Estoy seguro de que nuestra región logrará consolidar una visión común en torno a la importancia de lograr que la Agenda de Desarrollo Post 2015 incorpore a las mujeres como un actor fundamental y logremos establecer metas y mecanismos concretos para lograr elevar las condiciones de vida de nuestras niñas y mujeres, cuando menos a los mismos niveles que gozan los varones.

Por su contribución al empoderamiento de la mujer y su trabajo en favor del desarrollo le doy a ustedes la más cumplida bienvenida. Gracias.