Muy buenos días a todos. Muy buenos días al señor secretario general de gobierno, José Trinidad Espinosa Vargas.

Muy buenos días y muchas gracias a la vicepresidenta del Comité Internacional de la Cruz Roja, Christine Beerli.

Muy buenos días, con el agradecimiento y el testimonio de la participación de quienes fueron sobrevivientes de los ataques en Hiroshima y Nagasaki, el testimonios de los hibakushas.

Señoras y señores, muy buenos días a todos, y le agradezco al señor secretario de gobierno que haga extensivo al señor gobernador, Roberto Sandoval, la bienvenida que nos hiciera usted hoy a México y que nos hiciera a estas bellas costas del Pacífico mexicano.

Efectivamente, como usted dijo, a partir de hoy Nayarit será una parte fundamental de la narrativa de los esfuerzos alrededor del desarme.

Agradecemos mucho la participación de todos y cada uno de ustedes en esta que será la Segunda Conferencia sobre el Impacto Humanitario de las Armas Nucleares. No cabe duda que las armas nucleares son el medio de guerra más peligroso, más destructivo, más riesgoso y además claramente de efectos indiscriminados creado hasta ahora por el hombre.

Hay varias razones por las que es importante que el día de hoy estemos reunidos en Nayarit expertos de gobiernos, expertos de sociedad civil y expertos de organizaciones internacionales para hablar de las consecuencias humanitarias de las armas nucleares.

Primero, porque no es posible circunscribir el poder de destrucción de estas armas. Hiroshima y Nagasaki demostraron que acaban de manera indiscriminada, como da fe el testimonio y la narrativa que nos platicó Christine de la primera entrada de la Cruz roja, después de su detonación en Hiroshima y Nagasaki. Acaban con todo lo que tocan, acaban incluso con lo que no tocan y sus efectos destructores, como habremos hoy de escuchar, se prolongan por décadas.

Una segunda razón por la que es importante que estemos aquí reunidos es porque por increíble que parezca, las armas nucleares hoy son las únicas armas de destrucción en masa cuya existencia no ha sido objeto de una prohibición expresa en un tratado jurídicamente vinculante.

El desarme fue objeto de la primera resolución de la primera asamblea general de la ONU, y ésta sigue siendo hoy, a casi 70 años, una meta que no hemos podido alcanzar.

Es preocupante que a más de cuatro décadas del Tratado sobre la No Proliferación de Armas Nucleares, sus cláusulas, obligaciones y compromisos de desarme nuclear sigan sin instrumentarse.

Hoy, y esa es una espada de Damocles que pende sobre todos nosotros, más Estados tienen armas nucleares que los que las poseían en la época de la guerra fría.

La amenaza es clara y persiste, mientras las armas nucleares sigan existiendo siempre habrá quien quiera adquirirlas y siempre habrá el riesgo de que alguien quiera usarlas.

El riesgo de que este armamento sea objeto de una detonación, accidental o intencional, poco importa, o de que sea utilizado por actores no estatales, en la medida en que existan, seguirá siempre latente.

Hay quien calcula que en el mundo existen alrededor de 17 mil armas nucleares, muchas de ellas mantenidas en alta alerta operativa y los Estados que las poseen continúan destinando miles de millones de dólares al año en su modernización, recursos todos ellos perdidos para atender necesidades de verdadero valor social.

Hay quien pretende justificar su existencia en aras de la seguridad del mundo, pero la seguridad del mundo no puede depender de la amenaza de su propia destrucción.

Otros creemos, muchos de ellos aquí presentes, que una verdadera seguridad exige lo contrario, que sean prohibidas y eliminadas. No obstante, los foros de desarme en la ONU no han realizado aún trabajo sustantivo por más de tres lustros, lo que se traduce en una gran frustración por la gran mayoría de los países miembros y da origen a la inquietud de que nos juntemos, recordemos y demos testimonio de lo inaceptable que es el equilibrio actual.

Hoy, en Nayarit, México quiere reiterar su posición, que no ha cambiado, en favor de la total eliminación de las armas nucleares. Creemos, como lo expusimos ante la Corte Internacional de Justicia en 1995, que la posesión de dichas armas por unos pocos Estados sólo podrá ser interpretada en el contexto del Tratado de no Proliferación, con una circunstancia transitoria en tanto cumplía con su obligación de eliminar dicho armamento.

Tal tolerancia nunca ha significado nuestra aceptación a una posesión que no consideramos legal ni legítima del arsenal nuclear. México condena la existencia, posesión y por supuesto  el uso de la amenaza del uso de estas armas terribles. Su utilización por parte de cualquier grupo o país, se ve injustificable, inmoral y suicida para la humanidad y nuestro planeta.

En octubre pasado, en la Asamblea General de la ONU, 125 estados subrayamos que la conciencia sobre las consecuencias catastróficas de las armas nucleares, debía fortalecer y renovar nuestro imperio hacia el desarme nuclear. No podemos reunir nuestra responsabilidad histórica.

Por ello, en marzo pasado, 127 países convivieron en Oslo para dimensionar desde una óptica humanitaria los efectos de una expulsión nuclear. Entonces como hoy, gobiernos, organismos internacionales y representantes de la sociedad civil concluimos que ningún país u organismo internacional estaría en condiciones de enfrentar las consecuencias de una detonación atómica. Como dijo don Alfonso García Robles, Premio Nobel de la Paz, “los vivos envidiarían la suerte de los muertos”.

Nuestro reconocimiento al gobierno de Noruega por haber hospedado la primera conferencia y por el entusiasmo y apoyo en la preparación de esta, su segunda edición en la que continuamos el diálogo iniciado en Oslo. Analizaremos aquí el impacto humanitario de las armas nucleares desde una perspectiva global, multidisciplinaria y de mediano y largo plazo.

Para México es claro que esta reunión de representantes de más de 140 Estados miembros de las Naciones Unidas y de la sociedad civil expresan de manera firme y contundente una convicción compartida; la de que un mundo más seguro y pacífico sólo podrá lograrse a través de un mundo libre de armas nucleares.

Este gran interés y sentido de rumbo, son ya, clave indicador del éxito de esta segunda conferencia. Hoy cosechamos los logros de la reunión de Oslo y el día de mañana habremos de capitalizar el consenso y la ambición de esta reunión de Nayarit, impulsando nuestros esfuerzos hasta su consecuencia lógica.

Señoras y señores, en nombre de México los invito a que trabajemos en favor de nuestras sociedades, las de hoy y también las del futuro.

Superemos nuestro rechazo a las armas nucleares, condenemos su uso, la amenaza  de su uso, su existencia misma y hagamos de esto un pilar de la seguridad humana. Un mundo distinto y mejor es posible, un mundo por siempre libre de la amenaza que supone la mera existencia de las armas nucleares.

Por eso, y atendiendo a la invitación, exhortó, la instrucción, que me dio el subsecretario Gómez Robledo, hoy 13 de febrero del 2014, a las 10 y cuarto, declaro formalmente los trabajos inaugurados de la Segunda Conferencia del Impacto Humanitario de las Armas Nucleares.

Muchas Gracias.