Canciller José Antonio Meade: Muchas gracias Alfonso, muchas gracias a los distinguidos panelistas.

No podía estar ausente en este centenario de Octavio Paz, una reflexión alrededor de la importancia que tuvo en esta cancillería, y la importancia que tuvo esta cancillería en el desarrollo de Octavio Paz. Por eso nos complace mucho, el día de hoy, sumarnos a la conmemoración del centenario de su natalicio, el natalicio de un notable mexicano, de Octavio Paz. No solamente porque su recordación ha sido prolífica en actos, exposiciones, mesas redondas, ediciones y revisiones de sus múltiples legados por instituciones públicas y privadas.

En la Secretaría de Relaciones Exteriores nos sumamos a todos estos reconocimientos por una razón particular, que ya esbozó el embajador De María, por la razón particular especial que nos hace, en la cancillería, sentir muy orgullosos; Octavio Paz un pulcro profesional e irreprochable miembro del Servicio Exterior Mexicano, un notable hombre de ideas y de letras, pero también de acciones diplomáticas a favor de nuestro país y de su acción internacional.

Nos enorgullece recordar que este hombre, una de las cimas intelectuales y literarias del siglo XX, no sólo en México, sino en el mundo, fue también un ciudadano mexicano que actuó con lealtad y con dignidad en sus encomiendas como representante de nuestro país en distintas embajadas y oficinas, donde se construyó el prestigio que hoy acompaña a nuestra política exterior.

Fueron muchas y no menores sus aportaciones en beneficio del servicio exterior y de la cancillería. Se incorpora al servicio diplomático, e incluso antes de hacerlo, durante su estancia como estudiante en los Estados Unidos, Paz tendría oportunidad de poner por escrito sus primeras percepciones de la escena internacional.

La revista mexicana Mañana le pidió a Octavio Paz que escribiera una serie de crónicas alrededor de la Conferencia de San Francisco. Seis de estas crónicas se publicaron entre abril y junio de 1945. Justo en el momento en donde se discutía, y eventualmente firmaba, la carta que dio origen a las Naciones Unidas.

Eso le permitió ver, desde la perspectiva del estudiante que escribía la crónica, las tendencias históricas y la atmósfera política que prevalecían en la conformación de un orden mundial distinto. En ese proceso México fue un actor fundamental, a veces incómodo, en un concierto mundial que no parecía entonces muy equilibrado. Sus juicios y apreciaciones conservan vigencia hoy en día. Su incursión en la diplomacia de carrera había sido motivada, al menos en parte, por la recomendación que le hiciera Alfonso Reyes de tomar esa ruta profesional.

Estuvo casi 24 años, casi un cuarto de siglo, en su estancia en el Servicio Exterior Mexicano. Arrancó desde la base y recorrió todo el escalafón. Tuvo aportaciones destacadas fuera; Francia, India, Japón, y nuevamente India. Tuvo acciones destacadas dentro, a Octavio Paz le toca crear la primera dirección encargada de los temas multilaterales. Fue un gran multilateralista, su consejo y su visión certera, permearon el criterio de quienes conducían la política exterior en momentos complejos en la evolución de la política internacional.

En la cancillería mexicana, coincidió con una generación de diplomáticos notables; Rafael De la Colina, Alfonso García Robles, Antonio Gómez Robledo y Jorge Castañeda, por mencionar solamente algunos. Sus estancias en Francia, fueron múltiples y prolijas, allá actuó como funcionario de delegación y al mismo tiempo, e informalmente, como representante cultural. Eso nos habla del modo en que Octavio Paz entendía su tarea profesional, con lealtad, generosidad y al mismo tiempo, cómo ésta se extendía, al trato entre naciones.

A Octavio Paz, que ahora nos cuesta trabajo imaginar, como decía Alfonso en su trabajo cotidiano, le tocó desde buscar un inmueble adecuado para montar una embajada, comprar automóviles, escritorios, papelería, contratar una línea telefónica e incorporar al personal local. Labores cotidianas pero que son el día a día, del trabajo del diplomático mexicano, del diplomático que nos representa fuera, y que son la base, al final, de nuestras representaciones en el exterior.

En 1962, como parte de una meritoria carrera, a Octavio Paz lo ascienden al rango de embajador y se le adscribe a la India. En un país con el que nuestra relación era un tanto incipiente y nueva, el embajador Paz logró mucho en las circunstancias que le tocó vivir. Fue un embajador, como muchos de los que ha aportado el Servicio Exterior Mexicano, que se vinculó con la clase dirigente, que comprendió el acontecer de esa enorme nación, promovió los intercambios en materia económica, discutió la pertinencia del discurso de No Alineamiento, en el marco del conflicto bilógico de la guerra fría y entendió cuál era el derrotero de un país, que como México, debía eludir la afiliación a bloques excluyentes, y por ello limitados.

Como era natural, Paz también se sumergió en la vasta cultura de la India, a la que empezó a conocer desde su primer nombramiento en ese país, a las órdenes del entonces embajador, el expresidente Emilio Portes Gil. Ya como titular, ya como reconocido poeta y ensayista, Paz se convirtió en un referente para la vida cultural India y también mundial.

Hoy recordamos y celebramos, el enorme legado de Octavio Paz, no sólo ya el de Paz poeta y Nobel de la literatura, sino el Paz como autor de “La ladera este" de “Piedra del sol”, de "Sor Juana Inés De la Cruz o las trampas de la fe". Recordamos también, al Octavio Paz promotor y defensor de México, al diplomático que engrandeció el nombre de nuestro país y trabajó con dedicación y lealtad en bien de esta patria, que es la nuestra.

Debe de ser ejemplo y estímulo, no solamente la posibilidad de la carrera en el servicio exterior permite siempre representar con dignidad a México, sino que a lo mejor da la oportunidad, a quienes son miembros del servicio, de estar en el día a día trabajando y coincidiendo con quien podía, en un futuro no lejano, volver a ser un Premio Nobel, y eso debiera de estimularnos a todos, quienes hoy estamos recordando a Octavio Paz, el diplomático de carrera.

Muchas gracias Alfonso. Muy buenos días a todos.