Muchas gracias, antes que nada, quisiera  agradecer a Guatemala su anfitrionía y por todas las atenciones dispensadas a la delegación de México y por su liderazgo para conducir los trabajos de este relevante encuentro hemisférico. Felicidades al Canciller Carrera y a su equipo.

La convocatoria que nos ha hecho Guatemala para dialogar hoy en este alto foro hemisférico sobre un tema con profundas implicaciones sociales y de seguridad para nuestras sociedades, me permite compartir la visión y estrategia que el Presidente de México, Enrique Peña Nieto, prioriza como su primer meta nacional: el contar con un México en paz.

Estamos convencidos que en nuestro país es necesario un cambio de paradigma, en el que la justicia, la inclusión y la prevención sean los elementos fundamentales. En México, el ciudadano y su familia se encuentran en el centro de las políticas de seguridad. Las comunidades y los ámbitos de convivencia pública, deben consolidarse como espacios de tranquilidad y seguridad. Eso queremos los mexicanos, un México en paz.

Para alcanzarlo, el gobierno del Presidente Peña Nieto promueve una coordinación real y eficaz entre los distintos órdenes de gobierno. La Estrategia Nacional de Seguridad Pública se ha elevado al rango de Política de Estado, partiendo de un enfoque de seguridad multidimensional en el que se antepone el bienestar del ciudadano en todas las acciones, a través de dos pilares: la prevención y la reducción del delito.

Estos pilares están regidos por 6 ejes de acción que sustentan el correcto funcionamiento de la Estrategia: Planeación, Prevención, Promoción y Defensa de los Derechos Humanos, Coordinación; y Transformación Institucional, Evaluación y Retroalimentación.

Este enfoque no sólo está diseñado para aplicar la ley y, en su caso, ejercer la fuerza del Estado para garantizar la seguridad, sino que busca contrarrestar, a través de programas sociales, las vulnerabilidades que generan consumo y violencia. Para ello, se coordinan los esfuerzos de 9 secretarías de Estado, haciendo de la prevención, una auténtica prioridad.

El Gobierno de México ha hecho una división estratégica del país en 5 regiones operativas, buscando coordinar e implementar políticas públicas efectivas en materia de seguridad, en las que participan representantes de todos los ámbitos de gobierno, además de privilegiar la participación ciudadana. Estos esfuerzos gubernamentales están apegados al respeto irrestricto de los derechos humanos y a los principios de transparencia y apertura.

El componente de prevención del consumo de drogas parte de un enfoque de salud pública. En este sentido, se trabaja en el diseño institucional que permita incorporar modelos innovadores para garantizar el tratamiento y la rehabilitación de los consumidores, y no criminalizar el consumo en algunos casos. De igual manera, se está trabajando en generar un modelo estándar de tratamiento de adicciones y rehabilitación de consumidores.

La participación de la comunidad es parte fundamental para la instrumentación de una estrategia exitosa; no sólo es buscar la sensibilización de que la prevención debe ser un esfuerzo compartido, sino el reconocimiento de la adicción como una enfermedad, a fin de crear las estructuras de apoyo que garanticen la prevención y la rehabilitación. Especial énfasis se está poniendo en la prevención orientada a los menores de edad.

Otro componente medular es el contar con información confiable y permanente, por lo que estamos trabajando en el fortalecimiento del Observatorio Mexicano de Tabaco, Alcohol y Otras Drogas, herramienta del sector salud, que permite generar la información para el monitoreo y evaluación de las políticas públicas en la materia, y su aplicación.

A partir de estos ejes que acabo de compartir con ustedes, la nueva Estrategia del gobierno de México comparte un enfoque esencialmente preventivo, con el del Estudio presentado por el Secretario General de esta Organización de los Estados Americanos (OEA), el cual agradecemos y valoramos.

México está convencido que el Estudio es un primer acercamiento al diálogo, mismo que debía estar basado en datos probados y estudios de expertos, por lo que ahora tenemos una buena base para la discusión.

También hay que reconocer que si bien se trata de un diagnóstico basado en información probada, no podemos considerarlo como un estudio concluyente. En estos temas tan complejos y de aristas y efectos múltiples, el Estudio presenta insumos y opciones valiosas para la toma de decisiones, tanto al interior de nuestros países, como dentro de nuestra Organización y el de la propia Organización de las Naciones Unidas.

A partir de este diálogo, es necesario identificar las fórmulas más eficaces para atender con mejores resultados el problema de las drogas a nivel interno, en un marco de intensa coordinación y diálogo en el hemisferio. Debemos favorecer el flujo de cooperación, y robustecer el andamiaje institucional con el que contamos a fin de apoyar a nuestras autoridades en la atención y prevención de esta problemática.

La acción regional no puede establecerse en un vacío global. México, a través de la Resolución Ómnibus “Cooperación internacional contra el problema mundial de las drogas” presentada en el 67° Periodo de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre pasado, promovió la realización de una Sesión Extraordinaria de la Asamblea General a principios de 2016, para analizar este tema.

Buscaremos contribuir en la construcción de un consenso hemisférico que sirva de insumo esencial a los procesos programados para 2014, en el marco de la Comisión de Estupefacientes de las Naciones Unidas, y en la citada Sesión Extraordinaria de 2016.

Sobre este particular, queremos agradecer a todos los países del hemisferio por su invaluable apoyo y copatrocinio. El esquema de discusión que adoptemos en esta Asamblea General, deberá acercarnos a definiciones que los países de las Américas puedan llevar como un insumo valioso al debate a nivel mundial.

Es claro que sólo la acción coordinada y basada en la responsabilidad compartida, podrá acercarnos a esquemas que ubiquen al continente americano a la vanguardia en este tema.

Paralelamente existe la necesidad de continuar construyendo en el marco de la arquitectura institucional de la OEA, un diálogo sobre las consideraciones y planteamientos contenidos en el Estudio. Este debate debe continuar su cauce dentro de esta Organización, sin descartar ámbito de trabajo alguno, u opción disponible.

Finalmente, deseamos reconocer el liderazgo que nuestros países desplegaron en la negociación del Tratado Internacional de Comercio de Armas de la ONU. Este importante mecanismo, que no puede desligarse del tema hoy nos ocupa, será crucial para asegurar el bienestar de nuestros ciudadanos. Queremos sociedades en paz, libres de violencia y de armas ilícitas. Es por ello que conminamos a aquellos países que aún no lo han hecho, a que suscriban y se comprometan con los objetivos de dicho Tratado.

Al combatir efectivamente los flagelos de las drogas y las armas ilícitas, estaremos cumpliendo con una de las demandas más apremiantes que exigen, con debida razón, nuestros ciudadanos: quieren colonias en paz, ciudades en paz, países en paz. Sólo a partir de ello podrán hacerse de verdaderas oportunidades, y construir un futuro sano y promisorio.

Muchas gracias por su atención.