Cuando la proporción de la población en pobreza en un país es elevada, la productividad y la competitividad de la economía en su conjunto son limitadas, lo
que en consecuencia mantiene a los mercados en un funcionamiento por debajo del óptimo, traduciéndose en menores oportunidades de desarrollo y bienestar para todos.

Al respecto, una de las prioridades a nivel global es la erradicación del hambre y la pobreza. De acuerdo al Banco Mundial, el número de personas que subsiste con menos de US$1.25 al día ha disminuido en las tres últimas décadas, de la mitad de los ciudadanos pertenecientes a países en desarrollo en 1981, al 21% en 2010, a pesar de un aumento del 59% de la población en esa zona.

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