Alimenticia y fértil como el maíz, así es la palabra. Dulce o salada, tierna, urgente, amarilla o verde, estruendosa o amorosa, a veces amarga; pero siempre útil, nutricia, necesaria… Sin ella no se puede explicar el mundo, no se puede saber o conocer, sólo se ve un pedacito de planeta, un cuadrito de tierra sin agua: la realidad en el pequeño nivel de los animalitos.