Aniversario de la Nacionalización de la Marina de Guerra y Mercante

Artículo publicado en la Revista Armas año 70 número 454

A 70 años de la creación de la Secretaría de Marina-Armada de México

Mtra. María Delta Kuri Trujeque

Lic. Rosario García González

Historiadoras del Departamento de Investigación Histórica

Unidad de Historia y Cultura Naval

Secretaría de Marina-Armada de México

93 aniversario de la nacionalización de la Marina de Guerra y Mercante

El mar en la historia de México ha sido un elemento esencial, debido a que el país cuenta con una amplia extensión de litorales que lo flanquean por ambos lados. Por esa misma causa, nuestra nación ha sufrido una condición de vulnerabilidad, dado que por él siempre se ha mancillado nuestro territorio. Por ello un país con esta importante extensión de mar, requiere necesariamente de una institución que salvaguarde la soberanía nacional y auxilie a la población en casos de desastres, actividades que los hombres de la Armada de México han desarrollado desde la creación de esta institución –en 1821- hasta nuestros días.

En este 2010 se festeja a nivel nacional el Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución; por su parte, la Secretaria de Marina-Armada de México también se encuentra de manteles largos porque el pasado 1º de junio celebró el 93 aniversario de ser una institución completamente nacional, al hacerse valer las disposiciones contenidas en el artículo 32 de la Carta Magna emitida en 1917. Otro evento relevante para esta Secretaría es que este año también se celebran los 70 años de ser una institución totalmente autónoma.

marina mercanteLa nacionalización de esta dependencia formó parte de las transformaciones y cambios que generó la Revolución Mexicana. Apenas se había logrado un poco de estabilidad cuando la revolución constitucionalista triunfó al imponerse a las demás facciones y se procedió a formular una nueva legislación que sustentara a nuestro país. Se reunió en Querétaro un Congreso Constituyente que pronto comenzó a rendir frutos, ya que de él surgió la nueva Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, promulgada el 5 de febrero de 1917, en la que quedaron plasmados los principales ideales de la revolución.

 

“Esta reforma está inspirada en el más puro y alto patriotismo. ¿A quién si no a los mexicanos debe encomendarse la vigilancia efectiva y la conservación absoluta del orden público? Con la patria están vinculados estrechamente nuestros afectos, nuestros intereses, nuestros deseos de bienestar, y somos, por consiguiente, los inmediatamente obligados a servir con entera lealtad y honradez.”

Dictamen de la primera comisión de constitución de la 46º sesión sobre el artículo 32

 

Esos ideales tenían qué ver precisamente con un rescate de lo nacional. Para el caso de la Armada, al lograr México su independencia en 1821, se carecía de escuelas propias para la formación de oficiales experimentados, por mucho tiempo hubo que recurrir a la contratación de personal extranjero para que prestaran sus servicios a la institución. Fueron pocos los marinos mexicanos que se formaron en el extranjero; sin embargo, a principios del siglo XX nuestro país ya contaba con comandantes mexicanos de amplia experiencia como el Comodoro Manuel Azueta Perillos, el Capitán de Navío Tomás Othón Pompeyo Blanco Núñez de Cáceres o el Capitán Rafael Izaguirre, por mencionar algunos. Desafortunadamente, en la práctica la mayoría de las veces eran extranjeros los que comandaban los barcos, lo que representó un serio problema de lealtad hacia los gobernantes en turno, ya que cuando fue necesario su apoyo, por los avatares de la revolución, los dueños y encargados de los buques mercantes lejos de cooperar con el gobierno ante la falta de trasportes marítimos, abanderaron sus buques con pabellones extranjeros, sin oposición alguna por parte de la tripulación, “porque siendo ellos mexicanos nacionalizados y aun extranjeros, vieron con tibieza y aun con agrado esta actitud antipatriótica”.[1]

 

“El extranjero, con raras excepciones, ni siente con nosotros las lamentaciones de la patria, ni se preocupa en nada por el bienestar y engrandecimiento de México. Por lo regular, su afán único es procurarse una fortuna que le permita vivir cómodamente y no aparta ni por un solo instante de su mente el pensamiento y el recuerdo de su país nativo”

Dictamen de la primera comisión de constitución de la 46º sesión sobre el artículo 32

 

IMPULSORES DE LA NACIONALIZACIÓN

Impulsores del Art32 Constitucional

Algunos de los principales impulsores del artículo 32 fueron el General Cándido Aguilar Múgica y el General de División Heriberto Jara Corona, junto con la comisión designada para discutirlo y que estuvo integrada por  Francisco J. Múgica, Alberto Román, Luis G. Monzón, Enrique Recio y Enrique Colunga quienes se reunieron para deliberar el contenido del artículo, hasta conseguir la aprobación del Presidente de la República Venustiano Carranza. No se trataba de un mero capricho por desplazar al personal de otras nacionalidades, porque la propuesta claramente decía que se debía prohibir que los extranjeros, en época de paz, pudieran servir en el ejército o en las fuerzas de policía y seguridad pública.

El General Aguilar propuso una reforma que constituye el cuerpo central del texto del artículo 32: “Para pertenecer a la Marina de Guerra y para desempeñar cualquier cargo o comisión en ella se requiere ser mexicano por nacimiento. Esta misma calidad será indispensable para ser capitán, piloto, patrón y primer maquinista de los buques mercantes, debiendo tenerla, además, los que compongan las dos terceras partes de su tripulación”.[2]

De esta forma, se aprobó el siguiente artículo:

Artículo 32: Los mexicanos serán preferidos a los extranjeros en igualdad de circunstancias para toda clase de concesiones y para todos los empleos, cargos o comisiones del gobierno en que no sea indispensable la calidad de ciudadano. En tiempo de paz ningún extranjero podrá servir en el Ejército ni en las fuerzas de Policía o seguridad pública.

Para pertenecer a la Marina de Guerra y para poder desempeñar cualquier otro cargo o comisión en ella, se requiere ser mexicano por nacimiento. Esa misma calidad será indispensable para ser capitán, piloto, patrón y primer maquinista en los buques mercantes, debiendo tenerla, además, los que compongan las dos terceras partes de su tripulación.

“…nuestra República, por su situación geográfica y por la considerable extensión de sus costas, así como por la rica variedad de sus productos, está llamada a desarrollar grandes intereses marítimos, y que, para vigilar efectivamente éstos, se necesita fomentar la Marina de Guerra y Mercante”

General Cándido Aguilar

Dictamen de la primera comisión de constitución de la 46º sesión sobre el artículo 32

impulsores del Artculo 32 Constitucional

El artículo entró en vigor el 1º de junio de 1917, el puerto de Veracruz fue testigo de la posesión por parte de los marinos mexicanos de los barcos que hasta ese momento habían sido comandados por extranjeros. Los buques mercantes México, Coahuila, Tamaulipas, Sonora, Jalisco, Tehuantepec y Puebla se asignaron a los Capitanes José del Carmen Solís, Armando Ascorve, Luis G. Pliego, Luis Hurtado de Mendoza, Agustín Cendreros, Alberto Pawling y Agustín Guillé Alba, respectivamente.[3]

Artculo 32 Constitucional

 

“…nuestra República, por su situación geográfica y por la considerable extensión de sus costas, así como por la rica variedad de sus productos, está llamada a desarrollar grandes intereses marítimos, y que, para vigilar efectivamente éstos, se necesita fomentar la Marina de Guerra y Mercante”

General Cándido Aguilar

Dictamen de la primera comisión de constitución de la 46º sesión sobre el artículo 32

Capitn Rafael Izaguirre Castaares

Buque de guerra Tabasco


Por su parte, el buque de guerra Tabasco fue puesto bajo las órdenes del Capitán de Rafael Izaguirre Castañares, quien realizó el primer viaje con tripulación nacional el 3 de junio de 1917, al dirigirse de Veracruz a Progreso, Yucatán.

HERIBERTO JARA, PRIMER SECRETARIO

Heriberto Jara Corona

En 1940 el Comodoro José María Liévana Ojeda y el Capitán de Altura Carlos Solano, plantearon al Alto Mando la conveniencia de establecer un día en honor de la Marina Nacional, tal proyecto se vio cristalizado hasta el 11 de abril de 1942, correspondiendo al primer Secretario de Marina, General Heriberto Jara Corona, retomar tal proposición hasta lograr la aprobación del entonces Presidente de México, General Manuel Ávila Camacho.

Para estos fines, se emitió decreto en el que se estipuló que el 1º de junio de cada año se conmemorará en todo el país el Día de la Marina Nacional, así desde hace 58 años celebramos tan memorable fecha. Entre las actividades que se llevaron a cabo, destacó la develación de una placa en donde la entonces Avenida de los Ferrocarriles cambiaba su nombre a Avenida de la Marina Nacional; además, el entonces Director de la Armada Nacional, Comodoro Luis Schaufelberger Alatorre, difundió la noticia en el programa radiofónico dominical la Hora Nacional, el cual fue dedicado exclusivamente al evento.

 

Desafortunadamente no todo era gozo, pues un mes antes, había sucedido el hundimiento de los buques petroleros Potrero del Llano y Faja de Oro, los cuales fueron torpedeados en el Canal de la Florida por submarinos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, de tal forma que con este día, también se rendían honores a aquellos marinos mexicanos muertos en cumplimiento de su deber.

En la actualidad correspondió al Presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa y al Almirante  Mariano Francisco Saynez Mendoza, Secretario de Marina, hacer patente el júbilo de rendir honores a los marinos mexicanos que con su trabajo, lealtad, entrega y patriotismo, demuestran día a día el compromiso que tienen con la nación: “en la tierra, en el aire y en el mar”.

 

Este artículo se publicó en la revista militar ARMAS Año 70 No. 454. 17-21.Pp

Nota: El presente artículo puede variar al publicado en virtud de que el editor se reserva el derecho de modificarlo conforme a la disponibilidad del espacio.


[1]“Dictamen de la primera comisión de constitución de la 46º sesión sobre el artículo 32” en Semblanza Marítima del México Independiente y Revolucionario, México, Secretaría de Marina, 1970, p. 251.

[2] Ídem, 250.

 

[3] Mario Lavalle Argudín, La Armada en el México Independiente, México, Secretaría de Marina, Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, 1985, p. 248.


Almirante Othón P. Blanco, pacificador del Sureste Mexicano

Artículo publicado en la Revista Armas año 70 número 454

Almirante Tomás Othón Pompeyo, pacificador del Sureste Mexicano

Mtra. María Delta Kuri Trujeque
Historiadora del Departamento de Investigación Histórica

Unidad de Historia y Cultura Naval
Secretaría de Marina-Armada de México

Almirante PompeyoA finales del siglo XIX, México aún no terminaba de definir y consolidar su territorio nacional. Existían zonas muy alejadas del centro de la República a las cuales no les llegaban las leyes centrales. El sur del país vivía esa situación, lo que implicaba que el gobierno no pudiera controlar sus territorios y que la soberanía nacional se viera afectada por las constantes incursiones de la colonia británica de Belice.

Estas autoridades europeas estaban muy interesadas en los bosques del sureste mexicano, sobre todo por la explotación del palo de Campeche o palo de tinte, considerado como madera preciosa de la cual se extrae una sustancia para producir un tinte de color púrpura. Además, los comerciantes beliceños tenían una posición peligrosa en el territorio mexicano porque, comisionados por el gobierno británico, estaban llevando a cabo una propaganda para lograr que los territorios de Yucatán y Quintana Roo, al sentirse tan alejados del centro del país, accedieran a anexarse al gobierno inglés, además de que ellos eran quienes vendían las armas a los rebeldes mayas.

 

FIRMAN TRATADO DE LÍMITES

Resultaba urgente que se definieran los límites territoriales entre ambas naciones. La única vía era la negociación, porque no convenía que se rompieran las relaciones entre los dos países por los muchos intereses económicos que había de por medio. Así fue como  el 8 de julio de 1893, el Secretario de Estado y del Despacho de Relaciones Exteriores, Ignacio Mariscal, firmó un tratado de límites con la Gran Bretaña e Irlanda representados por Sir Spencer St. John, enviado extraordinario y Ministro Plenipotenciario de la Reina británica en la Ciudad de México. Aunque en teoría ya se habían delimitado los territorios, era  muy necesario que se pusiera en práctica este tratado que también sentaba las bases para comenzar la pacificación de la zona, al prohibir a los dos gobiernos la distribución de armas y municiones a las tribus rebeldes del lugar. Dos años después, el gobierno mexicano ordenó que se efectuara una misión militar de servicio nacional en la costa oriental de la península de Yucatán.

La finalidad era establecer un fuerte en la Bahía de Chetumal frente a Punta Calentura, que fungiera como aduana marítima y fronteriza y al mismo tiempo fuera una estación militar a fin de hacer efectivo el tratado de límites firmado, impedir el contrabando de maderas preciosas y evitar también que los colonos ingleses de Belice continuaran armando a los indios mayas de la región, quienes se encontraban en rebeldía contra el gobierno de la República. Lo anterior formaba parte de la estrategia federal para iniciar una campaña contra los mayas sublevados que, después de la Guerra de Castas (1847-1853), formaron un estado independiente al este de Yucatán.

 

Esta importante comisión fue asignada a un marino mexicano: Tomás Othón Pompeyo Blanco Núñez de Cáceres, quien nació en el pueblo de Padilla, Tamaulipas, el 7 de marzo de 1866. Provenía del seno de una familia con ascendencia de importancia histórica, ya que su madre fue nieta del Doctor dominicano José Núñez de Cáceres, profesor y rector de la Universidad de Santo Tomás de Aquino, iniciador de la independencia de Santo Domingo.  Además, el Almirante Blanco fue primo hermano de la maestra María Brígida Consuelo Castañeda Núñez de Cáceres, conocida también como Estefanía Castañeda, quien introdujo el novedoso sistema frobeliano del jardín de niños en su comunidad.

Othón P. Blanco inició sus estudios en la Escuela Oficial de Ciudad Victoria, Tamaulipas, y posteriormente en la Escuela Nacional Preparatoria de la Ciudad de México. En el año de 1885 ingresó al Colegio Militar para estudiar la carrera de Marino de Guerra. Perteneció a una generación de importantes hombres que fueron protagonistas de la Revolución Mexicana durante los primeros años del siglo XX.

 

MARINO AUDAZ

Se distinguió siempre por ser un marino arrojado y audaz. Su experiencia en barcos la obtuvo durante sus prácticas profesionales en el cañonero Libertad, y posteriormente cuando fue nombrado integrante de la Comisión inspectora y de estudio de los trabajos de construcción de la corbeta Zaragoza, que se llevó a cabo en los astilleros Forges et Chantier en El Havre, Francia. A bordo de esta corbeta tuvo oportunidad de circunnavegar el mundo, y por su genio amable se ganó el aprecio de sus compañeros y de los comandantes que en su momento tuvo la Zaragoza: el Capitán de Navío inglés Reginald Carey Brenton y el Brigadier de Marina Ángel Ortiz Monasterio.

Ortiz Monasterio

Es precisamente el Brigadier Ortiz Monasterio, quien en su calidad de Jefe de Estado Mayor del gobierno de Porfirio Díaz, recomendó al entonces Subteniente Othón P. Blanco por considerarlo con las cualidades de inteligencia, valor, juicio, prudencia y abnegación para desempeñar la comisión que se requería en el sureste mexicano: la construcción de un fuerte para establecer la seguridad y detener el tráfico ilícito en la zona, tratar con las tribus rebeldes y salvajes de Santa Cruz e Icaiche, además de tratar con las autoridades de la Colonia británica de Belice.  Sin duda alguna, la misión se tornaba difícil por estar llena de peligros y dificultades, sobre todo el  tratar con las tribus mayas porque eran hostiles al gobierno mexicano, también resultaba de dificultad negociar con las autoridades inglesas porque a ellos les era más fácil manipular a los indios mayas para continuar con la explotación de aquellos terrenos, que con el gobierno mexicano con el que ya no sería posible hacerlo.

El tamaulipeco realizó un minucioso estudio del proyecto propuesto, concluyendo que resultaba mejor la construcción de una embarcación que pudiera situarse en la desembocadura del Río Hondo, siendo ésta menos costosa y proporcionaría mayor movilidad y menor riesgo para la tripulación, que si se creaba el fuerte en el que se tendrían que establecer destacamentos y sistemas logísticos para construirlo y mantenerlo; además que estaría siempre expuesto a los ataques de los indios mayas.

 

CONSTRUCCIÓN DEL “PONTÓN”

ponton

Procedió a elaborar el croquis y las especificaciones que se requerían, diseñando el pontón para construirlo en madera, eslora entre perpendiculares 66 pies, manga de la cuaderna maestra 24 pies, puntal 12 pies, calado medio con 30 toneladas, dos y medio pies. La Secretaría de Hacienda y Crédito Público giró instrucciones al Cónsul de México en Nueva Orleáns, Manuel Gutiérrez Zamora, para que firmara con la Casa Zuvich el contrato de la construcción de la obra, comenzándose semanas más tarde los trabajos relativos en el astillero de Walnut Street, en la ribera izquierda del Mississippi. La construcción de esta embarcación fue supervisada en todo momento por Othón P. Blanco y tuvo un costo de 10,000 dólares.

El pontón, que fue bautizado con el nombre de Chetumal, llegó a Río Hondo el 22 de enero de 1898. Para el mes de junio, el ya Segundo Teniente Othón P. Blanco había sido designado Administrador de la Aduana Marítima y Comandante del pontón.

Aunque  su personal era reducido, ante la peligrosidad de la zona por las tribus mayas rebeldes, distribuyó destacamentos en Río Hondo, Chac, Santa Lucía y Exhan, para llevar a cabo una vigilancia extrema, sobre todo en las noches. Estaban rodeados de pueblos salvajes que amenazaban constantemente con atacarlos si no abandonaban el lugar.

 

CONCILIADOR Y PACIFICADOR

 

La misión de Othón P. Blanco no fue fácil, ya que tuvo que ingeniárselas para lograr conciliar con todos estos pueblos y conseguir así la pacificación. La tarea resultaba aún más difícil si se toma en cuenta lo problemático de la comunicación, dado que ni Blanco ni su tripulación conocían la lengua maya. Un nativo de Corozal de origen mexicano, llamado Agustín Souza, auxilió como intérprete al Segundo Teniente para poder establecer comunicación con las tribus mayas

 

FUNDA CIUDAD PAYO OBISPO EN LA BAHÍA DE CHETUMAL

Payo

El Comandante del pontón sabía que sólo colonizando el lugar podían lograrse avances significativos. Inició pláticas con familias mexicanas establecidas en Belice, que eran en su mayoría descendientes de campechanos y yucatecos, a los que les planteó la necesidad de fundar una ciudad mexicana en la Bahía de Chetumal. Esta proposición fue recibida con sumo agrado, ya que pronto respondieron a la iniciativa muchos de los descendientes radicados en Consejo, Corozal, Orangewalk y Zarteneja de la Colonia británica, presentándose al pontón en sus embarcaciones menores dispuestos a emprender la magna obra. Para comenzar despejaron el terreno para trazar las primeras cuatro calles y avenidas con orientación a los cuatro puntos cardinales.

Se construyó un muelle provisional para permitir a las embarcaciones menores el desembarque a tierra de algunas familias de origen mexicano, provenientes de distintos puntos de Belice y algunas más de Yucatán y Campeche, quienes serían las primeras familias pobladoras de la ciudad que recibió el nombre de Payo Obispo; aunque la población se caracterizó por ser de nacionalidades heterogéneas, ya que en esas tierras se encontraban ingleses, alemanes, libaneses, griegos, turcos, cubanos, chinos, españoles y jamaiquinos.  La primera casa construida tenía una longitud de 15 metros y al frente de ella se izó, por primera vez, la bandera mexicana en una ceremonia pública a los acordes del Himno Nacional, haciéndose por todos los presentes la protesta de fidelidad a la misma, y la solemne declaración por parte del Comandante Tomás Othón Pompeyo Blanco Núñez de Cáceres del día 5 de mayo de 1898 como fecha oficial de la fundación de la ciudad.

 

PRIMER PLANTEL EDUCATIVO

Teniendo claro que la niñez constituía el futuro de la nación, ya que estaba imbuido por las ideas frobelianas que seguramente le había transmitido su prima María Brígida Consuelo Castañeda Núñez de Cáceres, procuró siempre que en Payo Obispo la educación de los niños fuera de buena calidad, tan es así que la primera casa construida por el personal del pontón Chetumal fue designada para establecer ahí la escuela. Siguiendo los preceptos nacionalistas, ordenó que día tras día se izara la bandera mexicana, a fin de consolidar el sentimiento patriótico entre el pueblo mexicano que ahí habitaba. Con el tiempo, esta pequeña escuela, que comenzó con 17 pequeños en edad escolar, se convirtió en un plantel educativo de mayores proporciones, albergando un crecido número de estudiantes de ambos sexos bajo la dirección de la profesora Cristina Madrid de Willougley, quien tiene el mérito de haber sido la primera docente de la nueva ciudad.

 

PAYO OBISPO CAMBIA AL NOMBRE DE CHETUMAL

othon blanco

Años más tarde, el 28 de septiembre de 1936, Payo Obispo adquirió el nombre de Chetumal. Así fue como nuestro marino mexicano fundó una ciudad, con el objetivo de pacificar el sureste mexicano. Sin duda alguna, hizo gala de sus habilidades diplomáticas para hacer entender a los británicos asentados en Belice que debían respetar la soberanía de México, además de incorporar a la población indígena maya bajo la tutela del gobierno mexicano. Este artículo constituye un sentido homenaje de la Secretaría de Marina-Armada de México con motivo de la conmemoración de los 112 años de la fundación de Chetumal, capital de Quintana Roo.

Este artículo se publicó en la revista militar

ARMAS Año 70 No. 454. 68-71.Pp

 

Nota: El presente artículo puede variar al publicado en virtud de que el editor se reserva el derecho de modificarlo conformea la disponibilidad del espacio.


La participación de los marinos en la Revolución Mexicana

Artículo publicado en la Revista Armas año 70 número 457

Participación de los marinos en la Revolución Mexicana

Alm. I.M.DEM. (Ret.) Pedro Raúl Castro Álvarez.

Historiador Mario Oscar Flores López.

Artculo 32 y Venustiano Carranza

Uno de los episodios de los que más se ha escrito de la Historia de México es sin lugar  a dudas el de la Revolución Mexicana y con motivo del Centenario de éste histórico evento se han dado a conocer infinidad de publicaciones; desde los aspectos de género, la cultura, el marco jurídico y de la historia militar, entre otros, y se tiene el conocimiento de que la Revolución Mexicana fue un movimiento eminentemente terrestre. Poco se sabe y casi nada se ha publicado acerca de la participación de la Armada Mexicana en este importante acontecimiento.

Desde el surgimiento de México como país independiente, la Armada Nacional careció de lo más elemental para cumplir con sus objetivos fundamentales: salvaguardar la soberanía en los litorales nacionales. Después de varias décadas de vivir en la zozobra con guerras civiles e intervenciones extranjeras y arrastrando la escasez constante de recursos. Durante el porfiriato, la Armada Nacional recibió un impulso poco significativo por su condición de ser simplemente una dependencia de la Secretaría de Guerra y Marina; sin embargo fueron elementales para establecer los cimientos de su infraestructura, con la creación de la Escuela Naval Militar, la adquisición de buques de guerra, el Arsenal Naval, el Varadero de Guaymas y la Estación de Torpedos entre otras obras.

Al iniciar la revolución, la Armada Nacional, independientemente de que la Escuela Naval de Veracruz ya había egresado algunas generaciones de Jefes y Oficiales, contaba con escaso personal y con una infraestructura limitada y disponía de pocos buques de guerra, los cuales, eran insuficientes para la vigilancia de las extensas costas y litorales del país. Desde 1910, los recursos para la Armada una vez más fueron austeros, básicamente por la inestabilidad política y económica que provocaron los levantamientos revolucionarios y contrarrevolucionarios. A partir de esta situación es que pudieron observarse a algunos marinos dentro del gobierno y en los distintos grupos revolucionarios.

 

MARINOS CON MADERO

Comodoro Manuel Azueta Perilllos

Al establecerse el gobierno de Francisco Ignacio Madero, algunos marinos estuvieron cerca del Presidente, tal fue el caso del Capitán de Navío Hilario Rodríguez Malpica Segovia, quien desempeñó el cargo del Estado Mayor Presidencial y se mantuvo a su lado en los momentos más delicados de su gobierno, ante los problemas ocasionados por las insurrecciones, como la encabezada por Félix Díaz, en el puerto de Veracruz, lugar en donde se encontraba fondeada la Escuadra Nacional, conformada por los cañoneros Bravo, Veracruz y Morelos; la corbeta Zaragoza y el guardacostas Melchor Ocampo, al mando del Comodoro Manuel Azueta Perillos quien hizo gala de su honor y su lealtad, cumpliendo con su deber al imponer el orden en el puerto utilizando el poder de los cañones de sus buques con la finalidad de detener la huída de los presos que se habían escapado de la cárcel de San Juan de Ulúa y  custodiando algunos sitios estratégicos, para evitar que el General Díaz tomara el puerto.

 

MARINOS LEALES AL SUPREMO GOBIERNO

Restos del Intendente de Palacio Nacional Adolfo Bass

Durante la Decena Trágica, a pesar de la influencia ejercida por el General Victoriano Huerta para poder adherir a sus fuerzas golpistas a un mayor número de elementos, los marinos permanecieron leales al Supremo Gobierno, tal fue el caso del Vicealmirante Ángel Ortiz Monasterio y del General José María de la Vega, quienes estuvieron presentes en las batallas que se libraron en Palacio Nacional y La Ciudadela, el primero de ellos, incluso fue arraigado en su casa, al mantener su postura a favor de Madero. El Intendente de Palacio Nacional Adolfo Bassó, quien fuera Capitán de Corbeta en la Armada Nacional durante algunos años, se distinguió por su valor y su arrojo durante la ofensiva rebelde; el 9 de febrero de1913, desde su posición de ataque en el palacio, ultimó a Bernardo Reyes, por lo que al triunfo de Victoriano Huerta fue solicitado por los hombres de Félix Díaz en La Ciudadela en donde fue fusilado, a manos de la sanguinaria turba que dio muerte a Gustavo A. Madero.[1]

 

 

Comodoro Hilario Rodrguez Malpica SegoviaAl establecerse el gobierno de Francisco Ignacio Madero, algunos marinos estuvieron cerca del Presidente, tal fue el caso del Capitán de Navío Hilario Rodríguez Malpica Segovia, quien desempeño el cargo del Estado Mayor Presidencial.

La conclusión de la Decena Trágica fue el artero asesinato del Presidente Madero y del Vicepresidente José María Pino Suárez, así como la polémica asunción al poder de Victoriano Huerta, lo que provocó indignación que indujo a la reorganización  de las facciones revolucionarias. En la Armada, la mayor parte de sus hombres, después de que el Congreso de la Unión aprobara la situación de Huerta en la Presidencia, cumpliendo con la doctrina y ordenanza naval asumieron una actitud de lealtad y respeto.

 

APOYO A REVOLUCIONARIOS

Caonero Tampico

En Mazatlán, Sinaloa, las tripulaciones de los cañoneros Morelos y General Guerrero, se emplearon a fondo al realizar varios desembarcos con el objetivo de que los revolucionarios tomaran las plazas de Mazatlán y Guaymas, entre ellos, el Primer Teniente Arturo Lapham, el Segundo Teniente Manuel Azueta Abad, hijo del Comodoro Manuel Azueta Perillos, y el joven marino Hilario Rodríguez Malpica Sáliva, quien pocos meses después, se adhirió al movimiento constitucionalista encabezado por Venustiano Carranza, posiblemente debido a que su padre había sido Jefe del Estado Mayor de Madero y a la forma poco ortodoxa de Huerta de tomar el poder.

En las costas del noroeste de México, el 24 de febrero de 1914, Rodríguez Malpica Sáliva, al ser oficial del cañonero Tampico, aprovechó la oportunidad para tomar el buque y defeccionar a favor de la Revolución. Al asumir el mando del cañonero estableció contactos con las autoridades del gobierno de Sinaloa, para recibir el apoyo del Primer Jefe Constitucionalista, cuyo objetivo fundamental era tomar posesión de algunas plazas como  Mazatlán. El Gobierno Federal, rápidamente ordenó a los Cañoneros Morelos y General Guerrero terminar con la sublevación; en un primer combate naval, el cañonero Tampico recibió serios daños e incluso quedó varado frente a las costas de Topolobampo, durante las obras de reparación recibió la visita del General Álvaro Obregón, Jefe del Cuerpo Constitucionalista del Noroeste, quien fue testigo de los ataques del Ejército Federal sobre el cañonero insurrecto.

Las averías del cañonero Tampico no se pudieron reparar del todo y para el segundo combate naval que se verificó el 16 de junio de 1914, fue un factor fundamental para la derrota de los marinos revolucionarios. Hilario Rodríguez Malpica Sáliva, quien fue ascendido a Capitán de Navío por el Primer Jefe Constitucionalista Venustiano Carranza, antes de ser aprehendido decidió darse un tiro y con ello, se perdió la posibilidad de que la División del Noroeste contara con presencia naval en el litoral del Pacífico.

 

HUNDIMIENTO DE BUQUES

Capitn de Navo Hilario Rodrguez Malpica Sliva

Durante el gobierno huertista, los buques de guerra de la Armada Nacional tuvieron una actividad constante por los litorales del país, en el Pacífico, el cañonero Tampico después de recibir la ofensiva de General Guerrero se hundió frente a las costas de Topolobampo; el Morelos al quedar varado cerca de Isla de piedra recibió el fuego de las fuerzas constitucionalistas, ambos prácticamente quedaron inservibles. En el litoral del Golfo de México, el cañonero Veracruz tuvo que ser echado a pique para evitar que la ofensiva revolucionaria alcanzara la retirada que emprendió el Ejército Federal al verse derrotado y en la Península de Yucatán el transporte Progreso sufrió un atentado de bomba que lo dejó varado temporalmente, atribuido presuntamente a los rebeldes locales encabezados por el General Abel Ortiz Argumedo, quien defendió los intereses oligárquicos de la región en contra del constitucionalismo. Hacia 1915, la Armada Nacional con la pérdida de tres buques de guerra y al contar con un corto número de ellos disminuyó considerablemente su presencia en los mares del país.

 

SIMPATÍAS EU-FÉLIX DÍAZ

Teniente Jos Azueta Abad

El gobierno de los Estados Unidos, desde el inicio de la Revolución manifestó su preocupación por la situación política en México y por los daños ocasionados a las propiedades de inversionistas norteamericanos en el país, por lo que simpatizó con el movimiento contrarrevolucionario de Félix Díaz y Victoriano Huerta, con el avance del Ejército Constitucionalista, poco a poco retiró su apoyo y las relaciones diplomáticas entre ambos países fueron cada vez más tensas y el estado de guerra en el país se mantuvo vigente por lo que el Presidente Taft decidió mandar a la Armada de su país, como una medida de presión al gobierno huertista, los buques de guerra se fondearon en el puerto de Tampico y posteriormente ocuparon el de Veracruz; el 21 de abril de 1914 desembarcaron y tomaron los edificios principales del puerto.

 

Cadete Virgilio Uribe

Uno de los personajes más distinguidos de la Armada Nacional durante la Intervención Norteamericana fue el Comodoro Manuel Azueta Perillos, quien se encargó de dirigir la defensa de la Escuela Naval Militar que se ubicaba en las cercanías del puerto, al llegar al plantel arengó a los Cadetes con el grito de: ¡Viva México!, ¡Viva México!, ¡Viva México!, ¡A las armas muchachos!, ¡la patria está en peligro![2]  Por su parte, los Cadetes con una actitud heroica combatieron al enemigo norteamericano. Virgilio Uribe fue víctima de dos impactos de bala, uno de ellos en la cabeza, el cual le quitó la vida horas después[3]y el Primer Teniente José Azueta Abad, uno de los hijos del Comodoro, perdió la vida al batirse con heroísmo, después de haber tomado una ametralladora en las cercanías de la escuela y disparar sobre los norteamericanos, fue herido de muerte. Durante los últimos días de su vida, como una muestra más de patriotismo, se negó a recibir ayuda médica de los marinos norteamericanos y murió el 10 de mayo de 1914.

 

Escuela Naval Militar

La presión del gobierno norteamericano con la presencia de su Armada compuesta por los buques de guerra, las tropas de Marinería y de Infantería de Marina,  en el puerto de Veracruz; así como la avanzada implacable del Ejército Constitucionalista a la Ciudad de México, fueron los motivos fundamentales de la renuncia de Victoriano Huerta a la Presidencia de la República, el 15 de julio de 1914. Al mes siguiente, en la periferia de la capital, el General Álvaro Obregón se reunió con Jefes y Oficiales del Ejército Federal para acordar el  final de las hostilidades, entre ellos se encontraba, en representación de la Armada Nacional el Vicealmirante Othón P. Blanco, quien fue uno de los que firmaron los Tratados de Teoloyucan en donde se acordó el licenciamiento del Ejército Federal. En lo que corresponde a la Armada, los buques de guerra quedaron bajo las órdenes del Jefe Constitucionalista, así como los Cadetes de la Escuela Naval Militar, los cuales estaban alojados en el Colegio Militar después de su heroica participación en la defensa de su plantel.[4]

 

 

CRISIS EN EL EJÉRCITO CONSTITUCIONALISTA

A pesar de su triunfo, el Ejército Constitucionalista manifestó serias divisiones entre sus Comandantes y tuvo como consecuencia la separación de Francisco Villa y Emiliano Zapata. Esto repercutió entre los marinos que habían sido tripulantes de los cañoneros Morelos, Guerrero y Veracruz, quienes se encontraban en las filas constitucionalistas, porque en los Tratados de Teoloyucan se había estipulado que quedarían bajo las órdenes de Venustiano Carranza, pero como no gozaban de la confianza del General Álvaro Obregón, por los enfrentamientos previos entre ellos, en Mazatlán, Topolobampo y Guaymas, salieron de la Ciudad de México y posteriormente se integraron a las filas de Francisco Villa.[5]

Francisco Villa

Almirante Othn P Blanco

Entre las filas de los ejércitos revolucionarios se encontraron algunos marinos de la Armada Nacional; con Villa integraron el Sector Marina, los Comodoros Ignacio Torres y Antonio Ortega y Medina, así como el Vicealmirante Othón P. Blanco, el Capitán de Navío Luis Izaguirre, el Capitán de Fragata Luis Hurtado de Mendoza y el Primer Maquinista Antonio B. Argudín Corro, entre otros, algunos de ellos participaron en la Batalla del Ébano y se les designó en Chihuahua la seguridad del General Villa; además de que fungieron como asesores del Centauro del Norte, concientizándolo sobre la importancia de contar con un buque de guerra, al servicio de la causa revolucionaria.[6] Uno de los marinos protagonistas, Álvaro Sandoval Paullada, afirmó  que en el movimiento zapatista también hubo presencia de algunos marinos que incluso fueron llamados “las Liebres Blancas” posiblemente porque en campaña utilizaron los uniformes blancos característicos de las tripulaciones de los barcos de guerra mexicanos. Los marinos que menciona Sandoval Paullada en su obra son: Manuel Loaeza y Antonio Medina.[7]

Las derrotas de los movimientos villista y zapatista a manos de los constitucionalistas, consolidaron el liderazgo de Venustiano Carranza, cuyos ideales reformadores le valieron acordar con el Congreso de la Unión, la realización de un Congreso Constituyente que dio como resultado la promulgación de una nueva Carta Magna, promulgada el 5 de febrero de 1917


NACIONALIZACIÓN DE LA MARINA DE GUERRA

En su contenido, en materia naval y marítima, destacó el artículo 32 constitucional, en el cual se ordenó la nacionalización de la Marina de Guerra, requisito obligatorio para desempeñar cualquier cargo o comisión  en un barco de guerra o mercante, la tripulación primera embarcación en cumplir con dicha disposición fue el buque Tabasco, al mando del Capitán de Navío Rafael Izaguirre Castañares.

Con el triunfo de la revolución Constitucionalista, se inició la organización del gobierno en su conjunto, con respecto a la Marina de Guerra, se hizo el nombramiento del Comodoro Hilario Rodríguez Malpica como Jefe del Departamento de Marina; asimismo, se restablecieron los Departamentos Marítimos del Golfo y del Pacífico y se adquirieron algunos buques de guerra, ante la necesidad de mantener la seguridad en los mares mexicanos. Aunque los problemas políticos no dejaron de ser la constante en la política mexicana, la Armada Nacional vivió un momento de reorganización durante el gobierno de Venustiano Carranza, pero conservando su estructura original, después de diez años en que la Armada prácticamente aletargó el crecimiento que se había verificado en los años anteriores a la Revolución.

Los marinos durante la revolución observaron el ambiente convulsionado que se vivió en las altas esferas políticas por la diversidad ideológica, las luchas intestinas por el poder y por consecuencia, la inestabilidad en el gobierno que se vio reflejada en los marinos, los cuales, al inicio de la Revolución se mantuvieron leales a los gobiernos constitucionalmente establecidos, pero después de los Tratados de Teoloyucan estuvieron presentes en las distintas facciones revolucionarias y su participación fue valiosa para lograr más adelante que la Armada no sufriera su disolución y una mayor representación en las tripulaciones de los buques de guerra y mercantes con la aprobación del artículo 32 de la constitución promulgada el 5 de febrero de 1917.

 

Almirante Tomás Othón Pompeyo Blanco Núñez de Cáceres, Ensayo Biográfico, México, Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México,  2009, p. 60.

Argudín Corro, Antonio B., La Cadena de mi vida en 80  eslabones,  México,  1965, 75 p.

Bonilla, Juan de Dios, Historia Marítima de México, México, Litorales, 1962, 718 p.

Cárdenas de la Peña, Enrique. Semblanza Marítima del México Independiente y Revolucionario, Vol.1, Secretaria de Marina, 1970, 319 p.

Comodoro Manuel Azueta Perillos, Ensayo Biográfico, México, Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México y Secretaría de Marina Secretaría de Marina Armada de México, 2008, 142 p.

La Decena Trágica en México, Datos verídicos tomados en el mismo teatro de los sucesos por un escritor metropolitano, León, Guanajuato, Edición de El Obrero, 1913.

Minor Carro, Esteban, Autobiografía, México, Instituto Politécnico Nacional-Instituto Mexicano de Comunicaciones, 1994, 193 p.

Sandoval Paullada, Álvaro, Remembranzas, México, SEMAR, 2002.

 

Este artículo se publicó en la revista militarARMAS Año 70 No. 457. 50 -56.Pp

Nota: El presente artículo puede variar al publicado en virtudde que el editor se reserva el derecho de modificarlo conformea la disponibilidad del espacio.

[1] La Decena Trágica en México, Datos verídicos tomados en el mismo teatro de los sucesos por un escritor metropolitano, León, Guanajuato, Edición de El Obrero, 1913.

[2]Comodoro Manuel Azueta Perillos, Ensayo Biográfico, México, Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México y Secretaría de Marina Armada de México, 2008, p. 60.

[3] Archivo General de Marina, Expediente del Cadete Virgilio  C. Uribe Robles.

[4]Almirante Tomás Othón Pompeyo Blanco Núñez de Cáceres, Ensayo Biográfico, México, Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México,  2009, p. 60.

[5]Antonio B. Argudín Corro, La Cadena de mi vida en 80 eslabones,  México,  El autor, 1965, p. 33.

[6] Esteban Minor Carro, Autobiografía, México, Instituto Politécnico Nacional-Instituto Mexicano de Comunicaciones, 1994, p. 101.

[7] Álvaro Sandoval Paullada, Remembranzas, México, 2002.


... Y la Independencia se consolidó en el mar

Artículo publicado en la Revista militar Lealtad año 1 número 3

.. Y la Independencia se consolidó en el mar

Mtra. María Delta Kuri Trujeque

Historiadora del Departamento de

Investigación Histórica

Unidad de Historia y Cultura Naval

Secretaría de Marina-Armada de México

presentacion

En los meses de septiembre y noviembre del 2010 México celebrará el Bicentenario de la Independencia de México y Centenario de la Revolución Mexicana respectivamente, y por ello la Secretaría de Marina-Armada de México ha iniciado todo un proceso de investigación para rescatar la historia de esta institución a fin de poder difundirla a todo el pueblo mexicano. Ejemplo de esto ha sido la reciente presentación del libro …y la Independencia se consolidó en el mar del extinto Almirante Miguel Carlos Arturo Carranza y Castillo, misma que se efectuó el día 23 de noviembre pasado en las instalaciones del Museo Histórico Naval de la ciudad de Veracruz, lugar que guarda una historia muy rica, pues posee un pasado glorioso que le dieron los heroicos cadetes al ofrendar su vida en defensa de la soberanía nacional el 21 de abril de 1914.

En esta presentación formaron parte del presídium el C. Vicealmirante C.G. DEM. Sergio Javier Lara Montellano, Comandante de la Tercera Zona Naval Militar; el Capitán de Fragata C.G. DEM. José Carlos Tinoco Castrejón, Subjefe de Museos Históricos Navales; Lic. Angélica Vázquez del Mercado en representación del Lic. José Manuel Villalpando César, Director del Instituto Nacional de los Estudios de las Revoluciones de México; Mtra. María Delta Kuri Trujeque y el Lic. David Granados Paredes, Historiadores de la Unidad de Historia y Cultura Naval de esta Secretaría. Asistió también a este evento la Sra. Carmina Guadalupe Amado de la Vega, viuda del Almirante Carranza y Castillo. Sin duda alguna, mejor fecha no pudo haberse escogido para la presentación de este libro, porque precisamente ese día 23 de noviembre se cumplieron 184 años de que nuestra naciente Armada logró la expulsión del territorio nacional del último reducto español que, posesionado en San Juan de Ulúa, se resistía a reconocer la independencia de nuestro país.

 

CRONISTA DE LA ARMADA DE MÉXICO

Almirante Carranza

Sin ser historiador de formación, el Almirante Carranza y Castillo supo hacer un trabajo que cualquier historiador profesional hubiera hecho. Con 49 años en el servicio activo, sus estudios y el amor a la historia de la Armada lo llevaron a convertirse en el cronista oficial de la Secretaría de Marina­Armada de México. Sus escritos en la Revista de la Secretaría de Marina y en otras publicaciones muestran una amplia preparación, gusto por la lectura y, además, el enorme interés por el pasado histórico de la Armada de México. Preocupación muy atinada, ya que desafortunadamente la historia de esta Institución ha pasado desapercibida dentro de la historiografía nacional, dejando de lado todos los acontecimientos en los que los mares mexicanos han fungido como escenario principal.

…y la independencia se consolidó en el mar es un libro escrito con palabras muy sencillas. En él se analiza el periodo que va del año de 1821 –fecha de la consumación de la Independencia- hasta el año de 1836 en que España reconoce jurídicamente que México ya no le pertenecía, a través del Tratado definitivo de paz y amistad entre la República de México y su Majestad Católica. En este trabajo, como su título lo indica, el Almirante Carranza y Castillo sostiene la teoría de que la consumación de la independencia en 1821 no significó el inmediato nacimiento de México como un país independiente, ya que ante la resistencia de España en reconocer que había perdido su colonia más valiosa, se tuvo que establecer una estado de guerra entre ambas naciones que perduró por 15 años. Nuestro autor narra de manera amena cómo a lo largo de este tiempo se libró una guerra naval en aguas del Golfo de México entre las escuadras española y mexicana. Es bajo este escenario que surge la marina de guerra mexicana, cuya participación en estos acontecimientos es de suma importancia porque en todo momento buscó la manera de asegurar la libertad de la naciente patria.

Mucha razón tenía el Ministro de Guerra y Marina José Joaquín de Herrera, cuando mencionó en la memoria de 1823 (un poco después de que la población veracruzana sufriera un bombardeó terrible e inhumano por parte de las fuerzas españolas apostadas en San Juan de Ulúa –y por el cual la ciudad de Veracruz recibió su primer galardón de Heroica-) que “habiendo cambiando el aspecto de la guerra, a la marina sólo le toca consumar esta grande obra y consolidar por siempre la independencia nacional”. Y esto es lo que precisamente trata el Almirante Carranza, las acciones de la incipiente Armada, que sin presupuesto, pocos barcos, escasa –pero aguerrida- tripulación, logró finalmente consolidar la independencia en aguas mexicanas.

El Almirante Carranza dedicó los últimos años de su vida a esta fascinante investigación para sacar a la luz este tema que resulta desconocido para la mayoría de nosotros. Entre las múltiples virtudes que tiene este libro se encuentra la riqueza documental con la que fue conformado. Por años, nuestro autor se convirtió en un insaciable historiador, cuyo apetito satisfizo “dialogando con los muertos” en cada uno de los documentos que leyó e interpretó, y que como eslabones, los fue uniendo poco a poco hasta formar la historia que hoy nos ha dejado como legado.

 

PARIENTE DE DON VENUSTIANO CARRANZA

La calidad de este trabajo, confirma el compromiso que el Almirante Miguel C. Carranza y Castillo tenía con sus ascendientes, ya que por línea paterna estaba emparentado directamente con el ilustre “Varón de Cuatro Ciénegas”, don Venustiano Carranza, y por línea materna, con el Comodoro Carlos Castillo Bretón, otro ilustre marino mexicano que sirvió en nuestra Armada. Su carácter histórico ya lo traía en la sangre, su pasó por esta vida no podía darse de manera anónima.

Cabe destacar el enorme interés que el señor Almirante Secretario de Marina Mariano Francisco Saynez Mendoza ha tenido por la historia de nuestra institución, ya que en estos últimos años se le ha dado un impulso mayúsculo al rescate y difusión de esta historia, que contribuye a acrecentar cada vez más la riqueza del pasado mexicano. También quisiera hacer mención de la valiosa labor en materia histórica que lleva a cabo de manera incansable el Almirante Pedro Raúl Castro Álvarez, Jefe de la Unidad de Historia y Cultura Naval, quien sobre su uniforme ha portado también la vestimenta del historiador, lo que le ha llevado a sufrir una enfermedad que difícilmente se cura: el amor a la historia.

presentacion

Es justo agradecer también al Lic. José Manuel Villapando César, quien dirige el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, por colaborar en la edición no sólo de este libro, sino de otros más, porque ha estrechado relaciones con esta Secretaría –y cito textualmente sus palabras- “con el común denominador de servir a México dando a conocer su pasado”.

Sea pues …y la independencia se consolidó en el mar un digno representante de esta Secretaría de Marina-Armada de México en los festejos del Bicentenario de la Independencia Nacional, ya que los marinos mexicanos hicieron la parte que les correspondía en este acontecimiento, respetando las ordenanzas que los rigen, cumpliendo con su deber y con su respectiva cuota de sangre.

 

Este artículo se publicó en la revista militar LEALTAD Año 01 No.03  59-61.Pp

 

Nota: El presente artículo puede variar al publicado en virtud de que el editor se reserva el derecho de modificarlo conforme a la disponibilidad del espacio.



La lucha por la Independencia en los Litorales Mexicanos

Segunda Parte

Artículo publicado en la Revista militar Lealtad año 1 número 4


La lucha por la Independencia en los Litorales Mexicanos II

El Pacífico mexicano  Segunda parte

 

Mtra. María Delta Kuri Trujeque*

Historiadora del Departamento de

Investigación Histórica

Unidad de Historia y Cultura Naval

Secretaría de Marina-Armada de México 

francisco xavier mina

EL PÁCIFICO MEXICANO

En el litoral del Pacífico y en la Laguna de Chapala las acciones ya se habían dado, el turno tocaba ahora al litoral del Golfo de México, específicamente a Veracruz, lugar que desde 1812 había cobijado la germinación del movimiento rebelde encabezado por Antonio Merino, Manuel Serapio Calvo, Pablo Melgarejo, Francisco Montoya, Juan García, entre otros.

Esta parte del Golfo resultó estratégica, porque además de que constituía el punto de comunicación entre la metrópoli española y la Ciudad de México, también era un sitio desde el cual se podía tener contacto con relativa facilidad hacia Baltimore, Nueva Orleáns y Galveston en Estados Unidos, pudiendo el movimiento independentista enviar un plenipotenciario para conseguir armas y pertrechos, además de armar en corso algunos buques para apoyar la causa.

 

NAUTLA: CENTRO INSURGENTE

 

Las fuerzas entonces se dirigieron hacia los puertos del Golfo de México. A partir de 1814 la insurgencia ocupó algunas zonas desde Veracruz hasta Tampico, sin embargo, su debilidad al no contar con una marina y una fuerza naval los hizo ir perdiendo los puntos que ya se habían ganado. La mayor resistencia rebelde se centró al norte de Veracruz, siendo los dos principales Nautla y Boquilla de Piedras. En Nautla, los insurgentes tuvieron contacto con embarcaciones de corsarios que provenían de Nueva Orleáns. El 19 de junio de 1814 fue avistada una embarcación por el corsario Pedro Elías Bean, de la que dos días después el fraile franciscano José Antonio Pedrosa informó al jefe insurgente Ignacio López Rayón que se trataba de la goleta angloamericana llamada El Tigre capitaneada por el francés Dominique You. El Tigre, que pertenecía a la famosa banda de corsarios Lafitte, contaba con una tripulación de 125 hombres,traía entre su cargamento 3,000 arrobas de pólvora y le acompañaban las fragatas Dorada, Filantro y Surprise, comandadas por los Capitanes Lansing, Calivot y Mark, respectivamente.

En la goleta El Tigre venía también el General Humbert, a quien contactó el secretario de Morelos, Juan Nepomuceno Rosains, a través de Juan Pablo Anaya. Entraron en negociaciones y con su compañía penetró en el país. Poco tiempo duró la estancia de Humbert en territorio mexicano, pues al enterarse de los constantes enfrentamientos entre insurgentes y realistas (como el de San Hipólito, en el que Rosains fue derrotado), decidió regresar a Nueva Orleáns, llevándose consigo el armamento que traía para los insurgentes, el dinero recibido, al mismo Anaya y a Pedrosa. Este hecho hizo que Rayón comunicara a Morelos el hurto del que habían sido objeto.

La llegada de estos barcos extranjeros alentaban las ilusiones de los insurgentes con respecto a la ayuda que del exterior pudieran recibir. Los corsarios fueron de suma importancia para el movimiento independentista. Para el caso de Nautla y Boquilla de Piedras los hermanos Juan y Pedro Lafitte tuvieron una participación relevante, así como Pedro Elías Bean, y los Comodoros corsarios Juan Galván y Luis d´Aury.

 

A PARTIR DE 1817 LA INSURGENCIA OCUPÓ ALGUNAS ZONAS DESDE VERACRUZ HASTA TAMPICO, SIN EMBARGO, SU DEBILIDAD, PROVOCADA POR LA AUSENCIA DE UNA MARINA Y UNA FUERZA NAVAL, LOS HIZO IR PERDIENDO LOS PUNTOS GANADOS. ANTE ELLO, LA MAYOR RESISTENCIA REBELDE SE CENTRÓ AL NORTE DE VERACRUZ, SIENDO LOS DOS PRINCIPALES NAUTLA Y BOQUILLA DE PIEDRAS.

 

Nautla se situó como centro insurgente en la costa del Golfo y, enterado el gobierno virreinal de que agentes de los rebeldes se encontraban en Estados Unidos incitando para conseguir apoyos, ordenó la ocupación de la Barra de Nautla. El Comandante del Rey, Manuel González de la Vega, recibió la comisión de llevar a cabo las diligencias necesarias para apoderarse del apostadero. La toma realista se dio por tierra y por mar entre el 21 de noviembre y el 2 de diciembre de 1814, con cuatro piraguas que cargaban 54 hombres comandados por el Teniente Pedro Blasco y con 40 infantes dirigidos por el Teniente de Patriotas Juan Vidal, de manera simultánea se atacó la Barra de Nautla el 1º de diciembre de 1814.

Este enfrentamiento dejo claro a los insurgentes que la defensa era ya insostenible. Al finalizar diciembre, los realistas ya habían logrado el control total de la zona, haciendo que los rebeldes se vieran en la necesidad de resguardarse en Boquilla de Piedras para continuar asegurando la comunicación con el extranjero. En diferentes momentos Nautla volvió a caer en manos de los insurgentes. En 1815, José Álvarez de Toledo[1] invitó al Coronel Pedro Elías Bean para iniciar una expedición con la que se pudiera recuperar Nautla.

En 1816 al perderse Boquilla de Piedras, el General Guadalupe Victoria ocupó nuevamente Nautla, y mantuvieron su control hasta el 24 de febrero de 1817 en que el Teniente Coronel realista Carlos María Llorente volvió a dominarla. La vigilancia realista sobre la barra de Nautla va a ser mayor, debido a los informes que se comenzaron a recibir a cerca de la posible llega del General español Francisco Javier Mina, partidario de la causa independentista, a algún puerto del Golfo de México.

 

 

BOQUILLA DE PIEDRAS, REFUGIO DE INSURGENTES

Cuando los insurgentes pierden Nautla a finales de 1814, se refugiaron en otro apostadero muy cercano ubicado también en el norte de Veracruz: Boquilla de Piedras. Las autoridades virreinales seguían viendo como un peligro la presencia de los rebeldes en esa zona, por lo que enviaron al Teniente Coronel Llorente al mando de las fuerzas provenientes de Perote y de Jalapa. A estos efectivos se les unió la escuadrilla formada en Tampico y desde Veracruz el bergantín Saeta y la goleta Cantabria comandada por el Teniente de Navío Francisco Murias, a quien se le asignó la dirección de las fuerzas navales de Llorente.

El 4 de septiembre de 1815 se suscitó un combate naval entre buques de guerra españoles y los corsarios, que llegaban a dicho puerto cargados de armamento y víveres para la insurgencia. El 6 de octubre de 1815, llegó a Boquilla de Piedras el recién nombrado Mariscal de Campo José Álvarez de Toledo con 4 cañones, armas y provisiones para apoyar a Guadalupe Victoria que se encontraba ahí. Con experiencia en las comunicaciones marítimas, Toledo tenía la misión de trasladar a Estados Unidos al Ministro José Manuel de Herrera, con quien partió el 15 de octubre en la goleta Presidente, arribando a Nueva Orleáns el 25 de noviembre del mismo año. El objetivo de esta visita era muy ambicioso, pues resultaba preciso que Herrera lograra establecer negociaciones para conseguir apoyos para los rebeldes, y lograr formar una marina para el corso y el comercio. Ahí se hizo del barco de guerra Fire Brand, perteneciente al gobierno norteamericano y cuyas funciones serían las de transportar las comunicaciones de la insurgencia mexicana a Nueva Orleáns y viceversa.

Los rumores de que el gobierno norteamericano apoyaba a los insurgentes eran muy fuertes, se decía que en Nueva York y Baltimore agentes mexicanos se estaban preparando para dar un fuerte golpe a la Nueva España, y para ello se necesitaba establecer un puerto propiamente rebelde en Boquilla de Piedras. De ahí que los realistas, que habían reducido su actividad a la simple vigilancia de la zona, hayan agilizado el cuidado de la costa con la goleta Galga y el San Fernando, uniéndoseles posteriormente el bergantín Saeta, la goleta Proserpina, la balandra Isabel y la goleta Carmen.

 

LOS CORSARIOS FUERON DE SUMA IMPORTANCIA PARA EL MOVIMIENTO INDEPENDENTISTA. PARA EL CASO DE NAUTLA Y BOQUILLA DE PIEDRAS, LOS HERMANOS JUAN Y PEDRO LAFITTE PARTICIPARON DE MANERA RELEVANTE, ASÍ COMO PEDRO ELÍAS BEAM Y LOS COMODOROS CORSARIOS JUAN GALVÁN Y LUIS D’AURY.

 

PIERDEN BOQUILLA DE PIEDRAS

En el penúltimo mes de 1816 se logró arrebatar a los insurgentes Boquilla de Piedras. Al Teniente Coronel de Milicias José Antonio Rincón se le designó la comisión de estudiar la zona en manos de los rebeldes y tomarla. Acompañado de 200 hombres de Infantería y 100 de caballería, además de una lancha con un cañón de a 4 libras con 2 esmeriles por banda, realizó el reconocimiento por tierra y por la orilla del mar. Llegando a la Antigua, Veracruz, el Teniente mandó construir más lanchas y logró fortalecer el volumen de la tropa. El 23 de noviembre de 1816 se acercó a Boquilla de Piedras y dispuso el ataque dividiendo sus fuerzas en tres partes, que situó alrededor del lugar. Al amanecer del día siguiente se ejecutó el asalto, a los rebeldes no les quedó más remedio que huir dejando tras de sí un gran número de pérdidas.

De esta manera, el movimiento insurgente perdió la oportunidad de manejar un puerto de la costa del Golfo, muy necesario y de suma importancia para el fortalecimiento de la causa. La pérdida de Nautla y Boquilla de Piedras provocó que el liberal español Francisco Javier Mina cambiara sus planes de arribo a la Nueva España, y en lugar de desembarcar en estos apostaderos lo hiciera en Soto La Marina, Tamaulipas.

 

PATENTES DE CORSO PRO INDEPENDENCIA

El corso jugó un papel importante durante el movimiento de independencia. Los insurgentes sabían que resultaba primordial establecer una marina de guerra para combatir al enemigo español, que a su vez se dedicara al corso y comercio. Constituir una armada como tal aún estaba fuera del alcance de los rebeldes porque la agitación del levantamiento no lo permitía, además de que no contaban con los recursos económicos para hacerse de barcos. Sin embargo, respondiendo a esto último y, siendo necesario conseguir víveres, pertrechos e implementos para continuar la causa, el Congreso Constituyente encabezado por José María Morelos y Pavón decretó en la sesión del 3 de julio de 1815, el permiso y las instrucciones para establecer la actividad del corso sólo contra la nación española, a fin de estrechar sus recursos lo que más se pudiera.

Para ello se comenzaron a expedir patentes a todos aquellos interesados en armar un corso. José Manuel de Herrera fue nombrado Embajador Plenipotenciario de México en Estados Unidos y, en ese carácter, tuvo la facultad de autorizar patentes en el país del norte. Estos documentos establecían que los comandantes generales de los diferentes intendencias de la Nueva España, los comandantes principales de Marina, oficiales de bajeles del estado, capitanes de navíos mercantes, ministros de marina, capitanes de puerto, bahías, castillos, puestos militares, corregidores, alcaldes ordinarios y pedáneos, tenían la obligación de auxiliar al corsario y permitirle carenar y proveerse de todo lo necesario.

Tan de forma masiva comenzó esta actividad que el ministro Herrera durante uno de sus viajes a Estados Unidos llevó 1000 ejemplares en blanco para todos aquellos que solicitaran una patente para armar el corso. Mucho cuidaron los insurgentes de que la actividad de los corsarios no decayera en piratería, estableciendo como una de las reglamentaciones para otorgar las patentes el que se cuidara de que los solicitantes fueran gente conocida. De ahí que quedara establecido un pago (tipo fianza) para asegurar que los corsarios no cayeran en excesos.

De la mano del otorgamiento de las patentes de corso también va la necesidad creciente de la insurgencia mexicana de hacerse de una Marina, comisión que José María Liceaga le encargó al corsario irlandés Juan Galván, para que en Nueva Orleáns llevara a cabo las diligencias necesarias para la adquisición de los barcos, además de que le otorgó todo el poder con carácter plenipotenciario para organizar esta Marina sujetándose a la Ordenanza de los Estados Unidos, por considerarla la más adelantada en este arte. Esto muestra lo que podría ser el intento de crear una marina de guerra –lo que constituye un antecedente de nuestra Institución Naval- y mercante dedicada también al corso, destinada a hacer la guerra a los barcos enemigos, y a conseguir de ellos lo más útil para el movimiento; todo esto amparados bajo el pabellón mexicano.

 

EL CONGRESO CONSTITUYENTE, ENCABEZADO POR JOSÉ MARÍA MORELOS Y PAVÓN, DECRETÓ, EN LA SESIÓN DEL 3 DE JULIO DE 1815, EL PERMISO Y LAS INSTRUCCIONES PARA ESTABLECER LA ACTIVIDAD DEL CORSO.

PERO SÓLO CONTRA LA NACIÓN ESPAÑOLA, A FIN DE ESTRECHAR SUS RECURSOS LO QUE MÁS SE PUDIERA

 

PRIMER EMBLEMA INSURGENTE

Si bien es cierto que al iniciar el levantamiento armado de 1810, Hidalgo utilizó la imagen de la Virgen de Guadalupe como estandarte para dar cohesión y representatividad al movimiento, es a su sucesor Morelos a quien se le debe la creación de un primer emblema insurgente, diseñándose las banderas de Guerra, Parlamentaria y de Comercio. En la misma sesión del 3 julio de 1815, el Congreso Constituyente decretó también la creación de dichos emblemas, que fueron enarbolados por los barcos insurgentes.

La primera ocasión en que se enarboló el pabellón insurgente fue septiembre de 1816, cuando el corsario irlandés Juan Galván protagonizó el combate naval entre la goleta mexicana El Patriota y la corbeta española La Numantina. Dirigiéndose al puerto de Coatzacoalcos, Ver., la goleta mexicana El Patriota, que iba armada de un cañón de a 18 y otros dos pequeños, llevando un cargamento de armas y municiones para cooperar con el General Manuel Mier y Terán a la toma de aquella plaza, se enfrentó con el buque de guerra español La Numantina, y después de una reñida acción, Juan Galván apresó a la corbeta. A los pocos días, fue interceptado por una escuadra española integrada por una fragata y dos bergantines de guerra. A pesar de las desiguales fuerzas, puesto que El Patriota tenía una tripulación de 75 hombres y se enfrentó con uno de los bergantines equipado con 18 cañones y una tripulación de 150 hombres, haciendo que huyera después de una ensangrentada disputa, y teniendo  una baja de sólo 24 hombres. Cabe mencionar que Juan Galván costeó con su propio peculio la incipiente marina de guerra insurgente hasta el año de 1823.

 

EL EMANCIPADOR FRANCISCO JAVIER MINA

 

Después de la toma de la isla de La Roqueta y del fuerte de San Diego en Acapulco, el movimiento en pro de la Independencia retomado y organizado por Morelos ya estaba en decadencia.  1815 constituyó un año difícil para los rebeldes, porque fueron perseguidos de manera implacable por los regimientos realistas. El 5 de noviembre del mismo año, Morelos fue capturado y, al igual que Hidalgo, fue juzgado y hallado culpable de herejía y traición, para ser fusilado en San Cristóbal Ecatepec el 22 de diciembre de 1815.

Tal parecía que la rebelión popular que Hidalgo comenzó estaba llegando a su fin, debido a que algunos jefes rebeldes buscaron llegar a un acuerdo con el Virrey Juan Ruiz de Apodaca para poder obtener la amnistía. De los jefes más importantes de la insurgencia sólo quedaba Guadalupe Victoria en la zona de Veracruz y Vicente Guerrero en las montañas del Guerrero, en el sur del país. Nuevos intentos por darle vida al movimiento se dieron por parte de Francisco Javier Mina, liberal español oriundo de Navarra, combatiente de la invasión francesa y del absolutismo en España. Al ser desterrado de su país, decidió continuar la campaña en contra del absolutismo apoyando a la colonia de la Nueva España en su lucha por la emancipación.

fray servandoEstando en Londres conoció al también exiliado Fray Servando Teresa de Mier, un destacado mexicano promotor del liberalismo que influyó en su pensamiento, por ello decidió iniciar su expedición en la Nueva España. En Inglaterra Mina encontró muchos simpatizantes de la causa independentista, quienes le proporcionaron dinero y armas para apoyar la expedición, como el caso de Lord Holland quien lo contactó con Winfield Scott, un General norteamericano de quien recibió ayuda en Estados Unidos para llevar a cabo la expedición libertaria.[2] En Liverpool abordó la fragata Caledonia, en la que zarpó hacia el continente americano el día 15 de mayo de 1816.

Una vez que arribó a Norteamérica por la Bahía de Chesapeak, el navarro pasó a Norflok y después a Baltimore. Ahí inició contacto con algunos partidarios de la independencia, como Dennis Smith, el venezolano Pedro Gual, Miguel Santa María, entre otros; de los que obtuvo más recursos. Sabido de la situación en el Golfo de México y que Boquilla de Piedras era un reducto insurgente, Mina hizo planes de llegar a este apostadero; sin embargo, pronto cambió de parecer al enterarse que el lugar había caído en manos de los realistas, tomando la decisión de llegar a Soto la Marina, Tamaulipas.

El Virrey Apodaca recibió el informe del cargamento que traía la fragata Caledonia, consistente en 18 cañones, 2,000 fusiles, 50 barriles de pólvora, además de ropa. Se supo también que Mina había reclutado gente para apoyar el movimiento y que a todos les había conferido algún grado, conformando sus fuerzas con oficiales de España, Italia y Francia. La Caledonia ya había sido negociada para formar parte de la marina que estaban conformando los insurgentes. Se alistaron otros barcos designados también para la expedición del navarro: las goletas Félix Cubana, capitaneada por Bonifacio Revilla; María, al mando del Capitán Stafford; Espartan y Calipso, bajo las órdenes del Capitán Boyle. Mariano Jiménez, comisionado por Hidalgo como Comandante de las Provincias Internas, tenía dominado el camino desde Coahuila hasta Texas; José María González Hermosillo, quien tomó el Rosario, Mazatlán y San Sebastián en Sinaloa; Rafael Iriarte tomó León, Guanajuato, Aguascalientes, Zacatecas y San Luis Potosí, Miguel Sánchez y los hermanos Villagrán en Querétaro y Huichapan –Hidalgo-; Tomás Ortiz y Benedicto López en Toluca –México- y Zitácuaro –Michoacán-; Ávila y Rubalcaba en Cuernavaca; José Antonio Torres –conocido como “El amo”- ocupó Colima, Sayula, Zacoalco –Jalisco- y Guadalajara. Todas ellas con cargamento de pólvora, fusiles, sables y artillería.

Una vez tomadas las medidas necesarias para la expedición, el 27 de septiembre de  1816 Mina partió de Baltimore a Puerto Príncipe –Haiti-, punto en donde se reunirían las embarcaciones para la empresa. Enterado que el Comodoro liberal Luis d´Aury se encontraba en Galveston, se dirigió hacia allá para reunirse con él esperando hacerse de su apoyo. Aury comandaba una escuadrilla con barcos de su propiedad, ofreció sus servicios al movimiento insurgente obteniendo así una patente para hacer el corso.

En noviembre Mina llegó a la isla de San Luis –en la costa de México- en donde Aury ya había comenzado a construir una fortificación, en la cual el navarro estableció su campamento. En conjunto con el Ministro José Manuel de Herrera, organizó el cuerpo expedicionario para las costas mexicanas. El ejército con el que contaba estaba conformado por aproximadamente 300 hombres entre marineros, operarios y criados, con los que partió de Galveston el 6 de abril de 1817 con la flota compuesta por los bergantines Cleopatra y Neptuno, dos bergantines más que Luis D´Aury había  capturado, el buque mercante Elena Tooker y un buque pequeño.  El 15 de abril de 1817 Mina desembarcó en Soto la Marina. Los realistas ni siquiera se imaginaban que llegaría a ese lugar, ya que estaban convencidos de que la intención de este cuerpo expedicionario era llegar a Boquilla de Piedras. Es por ello que el desembarco se verificó sin ninguna novedad importante.

 

 

FRENA APODACA AVANCE DE MINA

El Virrey Apodaca, una vez enterado de la llegada de Mina, comenzó a girar órdenes para impedir que el navarro avanzara hacia el interior del país. Al General Joaquín de Arredondo le encomendó el envío desde Veracruz de los buques armados existentes para combatir a Mina, entre los que se encontraba la fragata de guerra Sabina.A esta última embarcación, en la que venía el Mariscal de Campo Pascual Liñán, se le unieron las goletas Proserpina y Belona. Al llegar a Soto la Marina se verificó un enfrentamiento en el que la Elena Tooker huyó y fue perseguida en vano por la Belona y la Proserpina, se perdió la Cleopatra al ser cañoneada por Francisco de Beranger, Brigadier de la Real Armada, comandando a la Sabina. El Neptuno, por otro lado, quedó inutilizable al ser fuertemente afectado por el mismo mar.

El 24 de mayo Mina dejó Soto la Marina, dirigiendo a un grueso contingente para avanzar al interior de la Nueva España, a fin de entrar contacto con los liberales. Ya había noticias de que se acercaban las numerosas fuerzas realistas al mando de Arredondo, lo que hizo que algunos oficiales de la expedición –el Coronel Perry y el Mayor Gordon-, desistieran de la idea de combatir e intentaran huir hacia Matagorda. En el camino fueron interceptados y capturados por tropas españolas.

Una vez que las milicias de Arredondo llegaron a Soto la Marina, el 11 de junio de 1817 realizaron un ataque al fuerte que se prolongó hasta el día 14 y al día siguiente la fuerzas insurgentes tuvieron que rendirse. Tras esta capitulación, Fray Servando Teresa de Mier, que también estaba en el fuerte, fue encarcelado y sometido a los más graves maltratos.

Ahí terminó la participación naval del movimiento de Francisco Javier Mina. Al adentrarse al interior de la Nueva España intentó conciliar con los realistas y los insurgentes, haciendo que su actitud resultara sospechosa para ambos bandos. En un intento de revivir el movimiento, el navarro enarboló la Constitución de Cádiz. Su viaje lo continuó hacia el Bajío y Zacatecas para contactar con otros jefes insurgentes y, aunque tuvo algunas victorias importantes, pronto fue aprehendido por el ejército realista. El 27 de octubre fue hecho preso en el rancho El Venadito, y juzgado y fusilado como traidor el 11 de noviembre de 1817.

 

A MORELOS SE LE DEBE LA CREACIÓN DE UN PRIMER EMBLEMA INSURGENTE, DISEÑÁNDOSE LAS BANDERAS DE GUERRA, PARLAMENTARIA Y DE COMERCIO. EN LA MISMA SESIÓN DEL 3 DE JULIO DE 1815, EL CONGRESO CONSTITUYENTE DECRETÓ TAMBIÉN LA CREACIÓN DE DICHOS EMBLEMAS, ENARBOLADOS POR LOS BARCOS INSURGENTES.

 

SE CONSUMA LA INDEPENDENCIA

 

vicente guerreroLa expedición de Mina se convirtió en la última acción importante de la insurrección popular, ya que después de su muerte el movimiento independentista perdió totalmente el rumbo. Eran pocas las cabezas rebeldes que continuaban su lucha en algunos puntos de la Nueva España, como el caso de Vicente Guerrero, que mantuvo vivo el movimiento insurgente en el actual estado de Guerrero. El Virrey Apodaca continuaba vigilando el litoral del Pacífico porque había alerta por la posible llegada de una escuadra chilena para auxiliar el movimiento independentista.

Tras diez años de levantamiento armado, en 1820 las autoridades virreinales acordaron tomar medidas de acción para sofocar por completo la tan prolongada lucha. Se nombró al Coronel realista Agustín de Iturbide como Comandante General del Sur, con la consigna de acabar con las fuerzas de Guerrero. Lo sucedido fue que a finales de 1820 y principios de 1821, los regimientos de Iturbide fueron derrotadas en varias ocasiones por los contingentes sureños. Estas derrotas hicieron que el realista criollo en lugar de seguir combatiendo, comprendiera que lo más viable era la negociación. Inició comunicaciones con Guerrero, con el que logró negociar cerrando el pacto con el ya famoso Abrazo de Acatempan, que tuvo lugar en la población del mismo nombre, en el municipio de Teloloapan, Guerrero. A partir de ello, Iturbide se dispuso a elaborar un plan –nombrado de Iguala- en el que se conciliaron los intereses de todos los grupos en pugna.

iturbideEste plan encontró un gran número de adeptos y, aunque el Virrey Apodaca hizo todo lo posible para combatir a Iturbide, ya no tenía el apoyo para enfrentar a los contingentes armados que defendían la independencia. En Veracruz ya se encontraban fondeando algunos buques de guerra ingleses simpatizantes del movimiento emancipador. Además, Iturbide había mandado armar lanchas cañoneras en el puerto jarocho porque ahí se habían apostado los españoles, convirtiéndolo en el último bastión que dominaron.  Poco a poco algunas provincias de la Nueva España reconocieron y juraron la independencia, como el caso de San Blas, Nayarit, en donde el 26 de julio de 1821 el Teniente de Navío Gonzalo de Ulloa juró la independencia junto con la maestranza y la marinería del puerto.

Apodaca entonces fue sustituido por el General realista Francisco Novella, en espera de que llegara de la península el nuevo virrey. Las deserciones del bando realista fueron mayores cada día. Ya se estaba haciendo muy común que al cuartel de Iturbide llegaran nuevos simpatizantes de la causa independentista, a los que el futuro Emperador les otorgó nombramientos dentro del incipiente gobierno que trataba de conformar: El Brigadier Melchor Álvarez fue nombrado Jefe del Estado Mayor, los Tenientes Coroneles Joaquín Parres y Juan Davis Bradburn[3] recibieron el cargo de Primeros Ayudantes, Ramón Parres como Ayudante Mayor, los Condes de Regla y del Peñasco, el Marqués de Salvatierra y el Capitán de Fragata chileno Eugenio Cortés[4] se convirtieron en los ayudantes personales del  futuro Emperador. A todos ellos más adelante se les deberá la formación de nuestra Armada Nacional.

juan odonojuJuan de O´Donojú llegó a la Nueva España en calidad de Capitán General –erróneamente considerado el último virrey de la Nueva España-  para poner fin al movimiento insurgente, y así lo hizo. Trató de sofocar por la fuerza la insurrección, pero pronto se dio cuenta que era mejor la negociación, porque ya no podía hacer nada frente a Iturbide, quien había logrado reunir un ejército cuantioso. El Virrey accedió a reconocer el Plan de Iguala firmando con Iturbide los Tratados de Córdoba el 24 de agosto de 1821. Las fuerzas insurgentes se impusieron sobre las realistas y el 27 de septiembre de 1821, el ejército de las Tres Garantías encabezado por Iturbide y Guerrero -con un contingente de aproximadamente 16,000 hombres de las tres armas- entró triunfalmente en la Ciudad de México. Al día siguiente la Independencia era proclamada.

Factor fundamental para la cristalización de los ideales emancipadores fueron los combates en los principales apostaderos de la Nueva España. El control de ellos permitió interrumpir las comunicaciones de la Ciudad de México -centro económico, político y social de la Nueva España-, con los litorales por donde ingresaba grandes caudales económicos. La experiencia en cuestiones navales adquiridas por los protagonistas del movimiento independentista, ya fueran insurgentes o realistas, dio pie a la formación de una Marina de Guerra propia del naciente México, que contó no sólo con la cultura en cuestiones navales que dejaron los españoles, sino también con la experiencia de muchos extranjeros que apoyaron los ideales independentistas del país.

 

NUEVOS INTENTOS POR DARLE VIDA AL MOVIMIENTO INSURGENTE SE DIERON CON FRANCISCO JAVIER MINA, LIBERAL ESPAÑOL ORIUNDO DE NAVARRA, COMBATIENTE DE LA INVASIÓN FRANCESA Y DEL ABSOLUTISMO EN ESPAÑA.

AL SER DESTERRADO DE SU PAÍS DECIDIÓ CONTINUAR LA CAMPAÑA EN CONTRA DEL ABSOLUTISMO APOYANDO A LA COLONIA DE LA NUEVA ESPAÑA EN SU LUCHA POR LA EMANCIPACIÓN.

 

 

 

FUENTES

 

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Archivos

 

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Este artículo se publicó en la revista militar "LEALTAD" Año 01  No.04, 18-26.Pp

 

Nota: El presente artículo puede variar al publicado en virtud de que el editor se reserva el derecho de modificarlo conforme a la disponibilidad del espacio.

 

* Egresada de la Licenciatura en Historia del Colegio de Historia de la Facultad de Filosofía Y Letras de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), y de la Maestría en Historia por el Instituto de Estudios Históricos de la misma universidad. Ha publicado diversos artículos en el campo de la Historia Cultural y sobre la historia de la Armada de México.

[1] Ex Oficial de la Marina española a quien los rebeldes le confirieron la comisión de Marina del movimiento independentista y el mando insurgente de las provincias internas del Oriente de la Nueva España en sustitución de Bernardo Gutiérrez.

[2] Irónicamente años después, durante la Primera Intervención Norteamericana (1846-1848), el General Scott comandó las fuerzas yanquis que ocuparon Veracruz.

 

[3] Juan Davis Bradburn desde el año de 1812 abrazó la causa independentista al mando del General José Álvarez de Toledo, recibió el empleo de Capitán de Infantería en 1813 y en 1815 el de Teniente Coronel otorgado por Guadalupe Victoria. Estuvo también en las fuerzas de Francisco Javier Mina, quien  le otorgó el “coronelato” gracias a las acciones de combate en Peotillos, en donde resultó gravemente herido del cuello. A él se le puede considerar como el Padre de la Infantería de Marina, llegando a alcanzar el grado de General de Brigada en el Ejército Nacional.

 

[4] Una vez consumada la Independencia de México, Eugenio Cortés y Azúa se convirtió en asesor de asuntos navales de Agustín de Iturbide, y por ello fue comisionado para viajar a Estados Unidos a adquirir embarcaciones para formar una escuadrilla naval que fortaleciera a la naciente Armada mexicana, y al mismo tiempo hiciera frente de las fuerzas españolas que habían tomado San Juan de Ulúa y que se resistían a reconocer la Independencia de México.


Comodoro Manuel Azueta Perillos

Artículo publicado en la Revista militar Lealtad año 1 número 5

Comodoro Manuel Azueta Perillos

EL VALOR DE UNA ARENGA

Almirante I.M. DEM. (Ret.) Pedro Raúl Castro Álvarez

Jefe de la Unidad de Historia y Cultura Naval

comodoro manuel azuetaEl 21 de abril de 2010 se cumplieron 96 años en que la voz sonora y resuelta del Comodoro Manuel Azueta Perillos hizo retumbar los arcaicos muros de la Escuela Naval y estremecer de emoción y patriotismo a los jóvenes Cadetes, casi niños, cuya vida habían entregado a la Nación desde el momento de ingresar a ese plantel.

Los Jefes y Oficiales de la Escuela Naval también respetaron la autoridad del Comodoro Azueta, y de la misma manera se unieron a la arenga de defensa del puerto veracruzano.

Aquella mañana gris del 21 de abril de 1914, el Comodoro Manuel Azueta Perillos salió de casa, como todas las mañanas, para incorporarse a sus oficinas navales, cuando se dio cuenta que las tropas norteamericanas al mando del Almirante Frank Friday Fletcher se encontraban hollando suelo patrio. Nunca se imaginó que lo que había vislumbrado días antes se habría de hacer realidad.

almirante frank fridayDe hecho, mucho antes del desembarco de las tropas norteamericanas en Veracruz, el Comodoro Azueta percibió la presencia de los buques norteamericanos fondeando en aguas mexicanas, cosa que oportunamente informó a la Superioridad. Sin embargo, lejos de ser escuchado, fue reprendido porque, según el Alto Mando, existían oficinas encargadas para ese tipo de vigilancia. Ante la presencia de las fuerzas constitucionalistas en Tampico, se le despojó del mando de la flotilla que comandaba, constituida por la corbeta Zaragoza y los cañoneros Morelos, Bravo y Veracruz.

ARENGÓ POR IGUAL A LOS JEFES, OFICIALES, CADETES, MARINERÍA Y SERVIDUMBRE DE LA ESCUELA NAVAL AL GRITO DE ¡VIVA MÉXICO! ¡VIVA MÉXICO! ¡VIVA MÉXICO!, QUE FUE CONTESTADO UNO A UNO CON UN ENTUSIASMADO ¡VIVA! DE LOS CADETES

 

 

cadeve virgilio uribe

Ese día 21 de abril, sin mando alguno, bien pudo regresar a casa para reunirse con los suyos y juntos, a buen resguardo, esperar el desarrollo de los acontecimientos en la seguridad de su hogar, pero en vez de eso, atendiendo a su ética militar y gran patriotismo, tomó la determinación de hacerse presente en el escenario de guerra.

El Comodoro Azueta no se dejó llevar por otros pensamientos que no fueran los de prepararse para presentar combate, y más aún, tratándose de su Patria, de su pueblo y del crisol donde se forjaban los Oficiales de la Marina de Guerra Nacional: Su querida Escuela Naval.

 

ASUMIÓ LA DEFENSA DEL PUERTO DE VERACRUZ

Presuroso, se dirigió a la Comandancia Militar, no encontrando al Comandante, el General de Brigada, Gustavo A. Maass, ni hubo quién supiera darle informes de su paradero. Al no encontrarlo y, siendo un militar de carrera con amplia preparación y experiencia, comprendió que a pesar de ya no tener mando, siendo Comodoro y no estando presente ninguna otra autoridad militar, se convertía en el militar de mayor jerarquía y antigüedad en la plaza.

No pensó en la seguridad de su hogar, ni en la de su abnegada esposa que momentos antes dejara. Simplemente acudió a cumplir con su deber, con el sagrado deber que el servicio de las armas exige: sin dudas, miramientos o distingos a quienes prestamos el servicio de las armas.

Trató de hablar con el Cónsul de Estados Unidos en el puerto de Veracruz, William Canada, intentando evitar el desembarco norteamericano, pero todo fue inútil. Entonces, agilizó sus pasos y se encaminó a la Escuela Naval. ¿Qué pensamientos habrían cruzado por su mente en esos momentos difíciles? ¿Sopesó el riesgo, la desventaja ante tal imponente agresor? ¿Lo dominó el coraje, el pundonor, el sentimiento de amargura de saber una vez más que su Patria era mancillada?

No podemos saber con exactitud qué pasaba por la mente del Comodoro Azueta, pero si podemos afirmar, conociendo sus virtudes, que él arengaría a su personal para presentar la defensa con los escasos medios disponibles y al costo que fuera.

 

INYECTÓ EL SENTIMIENTO PATRIO

Ya en el interior de la Escuela Naval, arengó por igual a los Jefes, Oficiales, Cadetes, Marinería y Servidumbre del plantel. Al grito de ¡Viva México! ¡Viva México! ¡Viva México!, que fue contestado uno a uno con un entusiasmado ¡Viva! por parte de los Cadetes, quienes inyectados de sentimiento patrio se aprestaron a las armas. Azueta culminó su arenga con la frase: ¡A las armas muchachos, la patria está en peligro!

 

Acto seguido, el Comodoro se apresuró a organizar la defensa, asignó y conformó los puestos de combate, que fueron ocupados de inmediato por esos Cadetes, casi niños. Sorprendido vio cómo caía con el cráneo destrozado al más joven de ellos: Virgilio Uribe, a quien en su gravedad sostuvo entre sus brazos, participando así del bautizo de sangre de aquel 21 de abril.

Continuó, en desigual combate, el ataque del invasor sobre los defensores; intercambian el fuego de la fusilería contra la artillería naval. ¡Qué valor! ¡Qué bravura! ¡Qué entrega de todos los defensores! ¿En qué habrán pensado los jóvenes Cadetes? ¿En la madre, el padre, los hermanos, la novia, los amigos, en la inmensa responsabilidad que el destino y el deber les exigía? Tal vez por sus mentes pasaba la angustia de no saber qué estaba sucediendo más allá de la Escuela Naval, tal vez se preguntaban si sobrevivirían al ataque del enemigo. ¿En qué condiciones? ¿Ilesos, heridos, lisiados de por vida? ¿Caerían prisioneros? Desagraciadamente nunca podremos saber lo que pasó por sus mentes en esos momentos tan aciagos.

Cualquiera que haya sido su pensamiento, hacemos eterno reconocimiento a su entrega, ya que ninguno se opuso a que la Escuela Naval fuera defendida, ninguno abandonó su puesto de combate, no hubo murmuraciones, lloriqueos, debilidades ni tibiezas. Bautizados con el fuego artillero y de fusilería, aquellos jóvenes imberbes se convirtieron en hombres, y más que en eso, en héroes, porque para serlo no es necesario morir, lo que es indispensable es tener valor y ellos demostraron tener el suficiente.

¿De qué madera, de qué temple, de qué voluntad y coraje estaba dotado el Comodoro Azueta?, quien logró con su esfuerzo y el de las escasas tropas del Ejército, de los presos y voluntarios, la increíble defensa de nuestros palacios, de la población, de la ciudad, del puerto de Veracruz y en fin, de la Patria misma.

teniente azueta

Impetuoso, aguerrido, osado y  atrevido el Teniente de Artillería José Azueta Abad, hijo del Comodoro, cayó a escasos metros de su Alma mater, la que estaba siendo defendida por su padre. Sintió Manuel Azueta un terrible dolor que desagarraba sus entrañas, sintió el dolor de las heridas de su hijo, supo de la gravedad de las mismas, se dolió hasta lo más profundo y tal vez pensó en lo que sufrirían su esposa y familiares al saber la desgracia del joven Teniente. El Comodoro controló y venció sus sentimientos, y estoico, continuó supervisando y arengando de un puesto a otro a los heroicos defensores. Supo que su hijo era trasladado gravemente herido por tres impactos de bala y, aunque le dolía, no se inmutó.

Conocía perfectamente lo que eran los disparos de artillería pesada que los acorazados y la artillería de campaña terrestre lanzaban sobre la escuela. Estaba conciente de que con esta fuerza tarde o temprano el edificio caería demolido, que las tropas del invasor era superiores en número y terminarían por acribillarlos. Sin embargo, persistió en la defensa de la Patria, por el amor a ésta que desde niño le inculcaron sus padres, sus maestros civiles, militares y navales. Por su Patria, por sus instituciones, por su pueblo, por las fuerzas navales que comandaba

escuela naval

Todo bullía en su cerebro, es difícil conocer qué le ocurría en esos momentos de gravedad, de responsabilidad, de deber, de angustia y de dolor. No pensó en aprovecharse de la situación y pasar por héroe ante la defensa organizada, tal vez pensó en las posibles consecuencias por haber asumido el mando de la Escuela Naval. Justificando el hecho, adoptó quizá la misma postura que Vicente Guerrero casi cien años antes con su, ya famosa frase: ¡La Patria es primero!

Esta es la valía de un marino que jamás dudó en cumplir con su deber, que nunca fue reconocido por los gobiernos triunfantes de la revolución, pero que hoy la historia le otorga justo lugar al reconocer sus acciones en la defensa de la soberanía nacional, además del reconocimiento de una vida que debe ser ejemplo para todos los mexicanos.


Ensayo biográfico del padre de Chetumal


Artículo publicado en la Revista militar Lealtad año 1 número 5

Ensayo biográfico del padre de Chetumal

Almirante Tomás Othón Pompeyo Blanco Núñez de Cáceres

Mtra. María Delta Kuri Trujeque

Historiadora del Departamento de Investigación Histórica

Unidad de Historia y Cultura Naval

Secretaría de Marina-Armada de México

portada_libroLa Armada de México tiene entre su seno a hombres de gran valía, mismos que han sido protagonistas en la construcción de la historia de nuestro México. Tal es el caso del Almirante Tomás Othón Pompeyo Blanco Núñez de Cáceres, un hombre de finales del siglo XIX y principios del XX que supo enfrentar con alta dignidad y valor las circunstancias históricas que le tocaron vivir.

En homenaje a esta vida y en el marco del 144 aniversario del natalicio de nuestro ilustre tamaulipeco, la Secretaría de Marina-Armada de México presentó el pasado lunes 8 de marzo de 2010 en Chetumal, Quintana Roo, el libro: Almirante Tomás Othón Pompeyo Blanco Núñez de Cáceres. Ensayo biográfico. La presentación del libro estuvo a cargo de la Lic. María Angélica Vázquez del Mercado, distinguida representante del Lic. José Manuel Villalpando César, Director del Instituto de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, organismo con el que esta Secretaría ha estado trabajando de manera conjunta para la edición y publicación de las obras históricas con motivo de los festejos del Bicentenario de la Independencia Nacional y Centenario de la Revolución Mexicana.

El libro es un esbozo biográfico que para comodidad del lector se dividió en pequeños apartados en los que se narra la vida un hombre que coadyuvó a la delineación y consolidación de los territorios del sureste mexicano. Se incluyó también un anexo con las transcripciones de algunos escritos elaborados por el Almirante Othón P. Blanco, así como la reproducción de valiosos documentos que dan fe de la trayectoria profesional del personaje de esta biografía, para quien desee constatar o abundar más sobre este tema.

 

FUNDADOR DE CHETUMAL

El Almirante Tomás Othón Pompeyo Blanco Núñez de Cáceres, fundador de la ciudad de Payo Obispo, hoy Chetumal, capital del estado de Quintana Roo, proveniente de una familia culta, se caracterizó por ser un marino inteligente e instruido, que incluso estaba afiliado a la Sociedad Geográfica de Washington D. C. y a la Revista de Ciencias de Francia. Su conocimiento en cuestiones de barcos se materializó con la construcción del pontón Chetumal, ya que él fue el impulsor y diseñador de los primeros bosquejos de la embarcación. Se distinguió por su habilidad diplomática para resolver los problemas no sólo con los mayas rebeldes del Territorio de Quintana Roo quienes, al verle su tez blanca y ojos azules, le confundieron muchas veces con un comerciante inglés, sino también con las altas autoridades británicas de la colonia de Belice. Su tenacidad para la fundación de una ciudad mexicana que reafirmara el territorio nacional siempre estuvo presente, a pesar de que los inicios de ésta se dieron en condiciones difíciles y precarias.

 

EL ALMIRANTE OTHÓN P. BLANCO FORMÓ PARTE DE UNA GENERACIÓN DEL COMODORO MANUEL AZUETA PERILLOS, OTRO DE LOS MARINOS ILUSTRES A LOS QUE SE LES DEBE LA CONSTRUCCIÓN DE LA MODERNA ARMADA MEXICANA.

 

CONSTRUCTOR DE LA MODERNA ARMADA MEXICANA

presentacion libroContemporáneo del Comodoro Manuel Azueta Perillos, otro de los marinos ilustres a los que se les debe la construcción de la moderna Armada mexicana, el Almirante Othón P. Blanco formó parte de una generación que definió el derrotero de la Marina Nacional durante los últimos años del siglo XIX y la primera mitad del XX; periodo fundamental que implicó el movimiento revolucionario y, junto a él, el cisma de la Armada después de la firma de los Tratados de Teoloyucan, de la rebelión de Adolfo de la Huerta y del proceso de los Comodoros, en el que se vieron implicados algunos miembros de la Armada a quienes les formó causa un Tribunal Militar, para finalmente ser absueltos por habérseles encontrado inocentes.

Othón P. Blanco fue un hombre que toda su vida la dedicó al servicio de la Armada de México, a los 78 años de edad se retiró definitivamente del servicio activo con el grado de Vicealmirante, aunque continuó trabajando para la institución como personal civil. En 1952, al publicarse la Ley Orgánica de la Armada de México,  se le concedió, aún en el retiro, el grado que ostentó hasta el día de su muerte acaecida el 18 de octubre de 1959: Almirante del Cuerpo General de la Armada Nacional.

 

PADRE DE CHETUMAL

La Unidad de Historia y Cultura Naval de esta Secretaría de Marina-Armada de México se complace en dar a conocer la vida de este ilustre tamaulipeco, considerado padre de Chetumal, y aplaude el interés del Almirante Mariano Francisco Saynez Mendoza, Secretario de Marina, por fomentar la investigación y divulgación de la historia de esta noble institución para mayor conocimiento del pueblo mexicano. Esta difusión no podría ser posible sin el apoyo brindado por el Lic. José Manuel Villalpando César, quien ha navegado junto con nosotros en la mar de la historia naval al hacer posible estas publicaciones.

lic maria vazquez

publico chetumal

 

 

 

 

Este artículo se publicó en la revista militar“LEALTAD”  Año 01 No.05, 63-64.Pp

 

Nota: El presente artículo puede variar al publicado en virtud de que el editor se reserva el derecho de modificarlo conforme a la disponibilidad del espacio.


General Brigadier Eugenio Cortés y Azúa, forjador del Cuerpo General de la Armada de México

Artículo publicado en la Revista militar Lealtad año 2 número 6


General de Brigadier Eugenio Cortés y Azúa

FORJADOR DEL CUERPO GENERAL DE LA ARMADA DE MÉXICO

Alm. I. M. D.E.M. Pedro Raúl Castro Álvarez

Mtra. María Delta Kuri Trujeque

Lic. Rosario García González

Historiadores del Departamento de Investigación Histórica

Unidad de Historia y Cultura Naval

Secretaría de Marina-Armada de México

1810 1910 2010Este año 2010 la nación mexicana cumple doscientos años de haber iniciado su lucha por la libertad y la soberanía nacional. La Armada de México fue fruto del logro de los ideales independentistas y este año está cumpliendo 189 años de su fundación. Poco es lo que se sabe del nacimiento de nuestra noble institución, aún menos sobre los hombres que fueron sus impulsores, muchos de ellos de nacionalidad extranjera como el Capitán de Fragata José María Tosta de origen guatemalteco; Teniente Coronel de Infantería de Marina John Davis Bradburn nacido en Richmond, Virginia; de Haití figuró el Primer Teniente Francisco de Paula López, entre otros. Sin embargo, entre todos ellos existe uno que fue pieza clave para la conformación de nuestra Armada mexicana durante los inicios del México independiente: el chileno Eugenio Cortés y Azúa.

 

SUS PRIMEROS AÑOS

eugenio cortes azuaNacido en Santiago de Chile el 15 de noviembre de 1776, fue el primogénito de cinco hermanos y fue bautizado con el nombre de Eugenio Antonio Nicolás José Cortés y Azúa. Sus padres fueron José Ramón Cortés y Madariaga y María Francisca de Paula de Azúa y Marín de Poveda, quienes le otorgaron linaje por ambas líneas. Su padre fue descendiente del conquistador Hernán Cortés y su madre provenía de los Marqueses de la Cañada Hermosa de San Bartolomé; esto lo ubicó dentro de la elite criolla hispanoamericana.

 

fragata princesa

Tenía diez años cuando a bordo de la fragata correo Princesa zarpó hacia Coruña, España.[1] De ahí pasó a Bilbao para ingresar al Real Seminario Patriótico Vascongado, en donde aprendió latín, física, química, minería y matemáticas, gracias a las enseñanzas de destacados científicos y profesores de excelente reputación, como el fabulista español Félix María Samaniego, quien fue director del Seminario en esos años. Al cumplir 15 años tomó una decisión que definió el rumbo de su vida: ingresar al Ejército o a la Armada Española.

 

INICIA SU VIDA EN EL MAR

Estudió en la Real Compañía de Guardias Marinas,[2] al egresar sirvió en varios navíos como el San Ildefonso, Europa, lasfragatas Pilar, Princesa y Santa Clara; se le comisionó en diversas campañas que tenían por objeto resguardar los intereses de la Corona española en las islas Filipinas y América. A bordo de la Santa Clara, Eugenio Cortéscayó prisionero a manos de los ingleses y fue trasladado al puerto de Plytmouth, Inglaterra. A casi un año, fue puesto en libertad y entonces tuvo posibilidad de regresar al puerto de Cádiz.

Separado temporalmente de la Armada Española, incursionó junto con su primo José Antonio Lavalle y Sugasti en algunos negocios como el tráfico de esclavos de África hacia América, además de expediciones comerciales privadas. Estando en Lima durante una de estas comisiones, conoció a una linda joven de 19 años de edad, se trataba de Leandra Francisca del Carmen del Alcázar y Argudo, con quien contrajo nupcias en agosto de 1807[3] y en cuyo matrimonio procreó seis hijos: Felipe Eugenio, Eugenio Juan, Francisca de Paula, Pastora María del Carmen Jerónima, María del Carmen Francisca Josefa y Manuela Ascensión.

levantamiento 2 mayoAnte los acontecimientos ocurridos en mayo de 1808, cuando Napoleón Bonaparte invadió España e impuso a su hermano José Bonaparte como rey de los españoles, en América comenzaron a desarrollarse una serie de movimientos independentistas, que con el tiempo lograron tomar una importante fuerza. Durante los años que van de 1808 a 1820, Eugenio Cortés había recibido la orden de pasar a los territorios de América del Sur para cumplir algunas tareas tendientes a organizar la resistencia, hacer llegar a buen destino por la vía de Lima los caudales destinados para el auxilio de la metrópoli,[4] además de conducir suministros de guerra a Chile y Perú. Así fue como comenzó a relacionarse con el Almirante británico Thomas Cochrane, quien prestaba sus servicios en la Armada chilena, y fue el momento en que decidió solicitar se le incorporara a ese servicio.

 

SE ADHIERE AL MOVIMIENTO DE INDEPENDENCIA DE MÉXICO

En 1821, Eugenio Cortés fue comisionado como Segundo Comandante a bordo de la fragata Prueba, la que junto con la fragata Venganza arribó al puerto de Acapulco, del todavía virreinato de la Nueva España. A su llegada, el proceso emancipador se encontraba muy avanzado, las diversas noticias que les llegaban al respecto generaron inquietud entre la tripulación de las fragatas, lo que provocó insurrecciones al interior, así como intentos de deserción. Ante la problemática, el Comandante decidió enviarlo a la Ciudad de México a fin de pedir instrucciones y auxilio al Virrey Juan Ruiz de Apodaca, pero en su trayecto entró en contacto con el personaje que en ese momento era el principal líder del movimiento independentista: Agustín de Iturbide. Tal encuentro marcó la entrada de Eugenio Cortés en la historia nacional, ya que identificado con la causa independentista de los países americanos, se adhirió al Plan de Iguala, proclamado el 24 de febrero de 1821.[5]

ejercito trigarantePara el 27 de septiembre de 1821, el Ejército Trigarante entró triunfante a la Ciudad de México. Aunque no se ha podido confirmar con certeza, se cree que uno de los acompañantes de Agustín de Iturbide en este glorioso acto fue Eugenio Cortés, pues como es sabido Iturbide se hizo seguir por sus más allegados colaboradores, y debido a la confianza que desde el principio le inspiró al libertador, figuró como uno de sus ayudantes personales y asesor en cuestiones navales. Otro indicio es el hecho de que su nombre, junto con el de otras importantes personalidades, aparece en el armisticio celebrado entre el Ejército Trigarante y las Tropas de México el 7 de septiembre de 1821.[6] De hecho, en enero de 1822, Iturbide le otorgó a Eugenio Cortés el grado a Capitán de Navío, la más alta jerarquía de la naciente Armada mexicana.

 

 

ADQUISICIÓN DE BARCOS PARA LA ARMADA IMPERIAL

san juan de uluaLa consumación de la Independencia no trajo consigo el reconocimiento de España y fue la plaza de Veracruz la que se resistió ante este evento, ya que el Gobernador de Veracruz, Brigadier José María Dávila se hizo fuerte con sus tropas en la fortaleza de San  Juan de Ulúa. Las autoridades convinieron en que era de suma necesidad adquirir barcos para conformar una escuadra que pudiera hacer frente a los apostados. Esta importante comisión Iturbide la confió al Capitán de Navío Eugenio Cortés y Azúa, quien fue enviado a Estados Unidos a comprar los barcos que fueran necesarios.

En los planes iníciales se propuso comprar una fragata de 44 cañones y ocho corbetas de 26 cañones, pero el costo de su construcción ascendía a cerca de un millón cuatrocientos mil pesos, dinero que por supuesto no se tenían en las arcas del joven Imperio. Para subsanar el problema, entonces se decidió adquirir dos goletas y diez balandras cañoneras y, aunque el presupuesto inicial se redujo, fue necesario conseguir financiamiento para realizar la adquisición.

El norteamericano José Ranich ofreció financiar la compra y así el Capitán de Navío Cortés y Azúa salió de la Ciudad de México con rumbo a Veracruz el 13 de enero, a donde llegó diez días después. No pudo salir de manera inmediata por no haber disponible una nave que lo llevara a La Habana. El zarpe hacia la capital cubana se dio el 27 de enero de 1822, y de ahí salió hacia el puerto más importante de los Estados Unidos: Baltimore.

En tanto en México, el Almirante Generalísimo Agustín de Iturbide mandaba expedir el 8 de febrero[7] los pasaportes de los comisionados que traerían los buques, a saber: el Capitán de Navío Eugenio Cortés y el Teniente Coronel y Ayudante del Estado Mayor, John Davis Bradburn y cuatros criados que les acompañaban; mientras, en Estados Unidos José Ranich adelantaba las negociaciones que agilizarían la compra de las naves.

El primer barco que se adquirió fue la goleta de guerra Iguala,  la que una vez dispuesta para la venta, zarpó hacia Baltimore al mando de Silvestre Ituarte, quien al llegar puso la embarcación a las órdenes de Cortés.

contemporaneos de iturbide

Para el 22 de marzo, el Capitán de Navío chileno dictaba órdenes para que la goleta zarpara hacía Veracruz lo más pronto posible, cosa que no pudo ser, pues debido a una reclamación del agente consular español sobre la infracción a la neutralidad que los Estados Unidos ejercían al permitir que la goleta anclara en su puerto, la salida sufrió retraso.

Para subsanar dicha dificultad, Richard Meade, un comerciante norteamericano que simpatizaba con la lucha por la independencia mexicana, pagó una fianza para que se permitiera que la goleta fuera trasladada a su destino final.[8]

goletas iguala y anahuacLa goleta Iguala fue conducida a México en abril de 1822 al mando del Teniente Coronel John Davis Bradburn, llevando a bordo al Capitán Guillermo Thompson  y a un Cónsul enviado por el gobierno de Estados Unidos, país que estaba por reconocer la independencia no sólo de México, sino de toda América. El 24 de abril de 1822 el Congreso informaba que el día 17 se había producido la exitosa llegada al puerto de Alvarado de la goleta imperial Iguala, armada con doce cañones.[9] Mario Lavalle Argudín en su libro Bloqueo y Capitulación del Castillo de San Juan de Ulúa. La epopeya olvidada (México, Taller Gráfico de la Oficina del C. Secretario de Marina, 1984, p. 13) menciona que la Iguala tuvo el privilegio de ser el primer buque de la Armada que enarboló la bandera tricolor del México Independiente; si embargo, es algo que no ha podido comprobar, aunque por lógica al ser el primer barco con el que inicia la formación de la Marina de Guerra Nacional, es de suponerse que haya sido también el primero que fue abanderado con el pabellón tricolor.

Mientras tanto, en Estados Unidos continuaba el Capitán de Navío Eugenio Cortés negociando la compra de más barcos para hacer efectivo el sitio de San Juan de Ulúa. El segundo buque adquirido fue la goleta Anáhuac. Construida con un desplazamiento de 238 toneladas, fue trasladada a Filadelfia con un cargamento de 12 cañones de a 18 con sus cureñas, armas menores y remos. De ahí fue despachada hacia México por Mr. R. Adams, bajo las órdenes del Comandante Whigman. El 25 de junio de 1822, la corbeta Nuestra Señora de Guadalupe zarpó de Nueva York hacia Baltimore escoltando a las balandras cañoneras Tuxpan, Papaloapan, Tampico y Tlaxcalteca. Ya se esperaba su llegada a México, pero hubo problemas para que zarparan hacia Veracruz porque las cartas de crédito que habían sido giradas por Barry no fueron reconocidas, por lo que la goleta no pudo ser adquirida y las cuatro balandras retrasaron su partida por varios meses más. De la misma forma se negoció la adquisición de las balandras cañoneras Chalco y Chapala -que arribaron los días 20 y 26 de noviembre de 1822 al mando de los Segundos Tenientes Luis Seeger y Juan Barnard respectivamente-,  Orizaba, Campechana y Zumpango.[10] Éstas, junto con las dos goletas mencionadas, formaron la primera Escuadrilla Imperial de nuestro país.

El 30 de diciembre de 1822, Eugenio Cortés arribó al puerto de Alvarado en la fragata anglo-americana Fontina, para asumir el mando del Departamento de Marina y de la Escuadra Imperial,[11] además traía consigo ordenanzas, medicinas, artillería, municiones y un número considerable de pertrechos navales y de guerra para completar el armamento de los buques. Sabía Cortés que era muy necesaria la formación de una tripulación adecuada para formar las dotaciones de los buques adquiridos, por ello, el 5 de enero de 1823 envió una misiva al encargado de las operaciones militares en la plaza veracruzana, General José Antonio de Echávarri, en la que le solicitaba urgentemente artilleros e infantes para embarcarlos en los buques, además le informaba que había ordenado la salida de las goletas Iguala y Anáhuac y de las balandras Zumpango y Texcoco a las costas de Campeche y Yucatán para que reclutaran gente aclimatada al mar y completar sus tripulaciones. La contestación recibida fue en sentido negativo, pues Echavarri argumentó que sus propias unidades quedarían afectadas.

España aún tenía esperanzas de recuperar sus posesiones, y por ello el 26 de enero de 1823 llegaron a Veracruz Ramón Osés, que había sido Magistrado de la Audiencia de México, el Brigadier Santiago Irisarri y Blas Osés, quien fungía como Secretario. Todos ellos fueron comisionados por las cortes españolas para tratar con los gobiernos americanos que se habían emancipado del gobierno español. El gobierno de Iturbide nombró para tratar con ellos al Capitán de Navío Eugenio Cortés, al Coronel Francisco de Paula Álvarez, quien había sido Secretario del Almirantazgo y a Pablo de la Llave, que estuvo un tiempo como Diputado en las cortes de España.[12] El Almirante Generalísimo Agustín de Iturbide le mostró a los pocos meses su complacencia por los servicios prestados al Imperio, de tal forma que para marzo de 1823 le concedió el grado de Brigadier Graduado de la Armada Imperial.[13]  }

A pesar de que el Emperador fue destituido en mayo siguiente, Cortés permaneció en activo, debido principalmente a sus amplios conocimientos navales y al cumplimiento efectivo de sus comisiones.

Entre tanto, los peninsulares apostados en la fortaleza seguían insistiendo en no reconocer la autonomía del país, aunado a eso, en el transcurso de ese año bombardearon en varias ocasiones el puerto veracruzano. Es digno de mencionar que gracias a la valiente resistencia que libró el pueblo veracruzano en el segundo bombardeo, iniciado el 25 de septiembre de 1823 y que se prolongó hasta fines de ese año, la ciudad obtuvo la distinción de ser nombrada por primera vez heroica.

 

ESCUELA NAVAL DE TLACOTALPAN

general herreraEl entonces Secretario de Guerra y Marina José Joaquín de Herrera, visualizó el carácter estratégico que jugaría la Marina de Guerra en la consolidación definitiva de la Independencia de México, y en octubre de 1823 envió nuevamente al Brigadier Eugenio Cortés a los Estados Unidos;[14] quien en el trayecto se enteró del interés de los norteamericanos sobre tierras tejanas, por lo que alertó al gobierno de la situación. Regresó en junio de 1824 para cumplir otra importante comisión: formar una escuela náutica para preparar a los oficiales que debían tripular los barcos de la escuadra naval, ya que a pesar de que se habían girado órdenes para que desde Alvarado y Tlacotalpan se enviara a la gente de mar para conformar las tripulaciones, ésta siempre fue insuficiente.

El Capitán de Navío Eugenio Cortés y Azúa, por órdenes del General Miguel Barragán, Comandante de la plaza veracruzana se presentó en el Colegio Militar, que a la sazón se encontraba ubicado en la fortaleza de San Carlos, Perote, para comunicar a su Comandante, José Blengio,  que el gobierno federal había ordenado la creación de la Escuela Naval de Tlacotalpan. Cortés había sido ayudante del  General de División José Morán, quien había sido Jefe de Estado Mayor y estaba muy interesado en la formación del Colegio de Aspirantes de Marina y le dejó al chileno la responsabilidad de trabajar en el proyecto, es más, al parecer el mismo Capitán de Navío iba a fungir como catedrático en esa academia[15] Ya en San Carlos, Cortés argumentó que estaban por adquirirse más embarcaciones para lograr la tan anhelada capitulación de San Juan de Ulúa, y por la misma causa resultaba muy necesaria la presencia de oficiales con la suficiente preparación para comandarlas.

Junto con Blengio, el Brigadier de Marina Eugenio Cortés se encargó de examinar a los jóvenes aspirantes, eligiendo a 18 de ellos, quienes el 24 de noviembre de 1824 fueron dados de baja del Colegio Militar y de alta en la Armada Nacional como Aspirantes de Primera y Segunda Clase. Los Primeros Aspirantes fueron José María Espino, José María Anaya, Juan Heredia, José María Jiménez, Francisco Anaya, Joaquín Llanos, José Antepara, Mariano Merino, Mariano Torreblanca, Tomás Marin, Eduardo García y José Rivera; los Segundos Aspirantes fueron Francisco Manríquez, Marcos Güemes, Joaquín Morlet, Fernando Guevara, Antonio Valdés y José María Montes de Oca.[16]

Se había dispuesto que el Primer Teniente Francisco García fuera el que dirigiera a los estudiantes a Tlacotalpan, pero ante las circunstancias en las que se encontraba Veracruz con respecto a los rebeldes españoles que habían tomado San Juan de Ulúa, los servicios de García eran más necesarios en el Departamento de Alvarado. Por ello, el jefe que el Comandante del Departamento de Marina designó para esta comisión fue el Capitán de Infantería de Marina Miguel de Medina, quien condujo a los jóvenes estudiantes durante los primeros días de 1825.

Este cambio de planes hizo que Medina se convirtiera en el primer director de la nueva escuela naval. Cabe mencionar que pronto esta escuela cambió de sede al trasladarse al puerto de Alvarado el 2 de abril de 1825 bajo el nombre de Colegio de Aspirantes de Marina, y en esta ocasión el Primer Teniente de la Armada Francisco García fungió como su Director. De hecho, García no sustituyó directamente a Medina, ya que éste último había sido destituido del cargo debido a que se le formó consejo de guerra por haber provocado problemas durante las elecciones municipales de Tlacotalpan en ese mes,[17] y su lugar fue ocupado por el Teniente de Ingenieros del Ejército Mariano Alcocer. El gobierno federal estaba dando los primeros pasos para agilizar la preparación de los oficiales adecuados para las embarcaciones que aumentarían la escuadrilla nacional.

 

CONSOLIDACIÓN DE LA INDEPENDENCIA NACIONAL

escuedra mexicana

En 1825 algunas de las naves traídas por el Brigadier Cortés (Chalco, Orizaba, Papaloapan y Tampico) estuvieron incluidas en la escuadra que destacó el Comandante General del Departamento de Marina de Veracruz, Capitán de Fragata Pedro Sainz de Baranda para hacer frente a naves españolas que pretendían brindar auxilio a los apostados en el fuerte de San Juan de Ulúa. El 23 de noviembre de 1825 fue la fecha en que se expulsaron a los españoles capitulados y ha quedado grabada en la memoria de la historia nacional y de la actual Armada de México.

 

LOS ÚLTIMOS AÑOS

En febrero de 1826, Cortés recibió la orden de inspeccionar las condiciones en que se entregaba el bergantín Tancitaro, renombrado en México como Guerrero, el cual había sido construido en el astillero Henry Eckford, bajo la supervisión del Comodoro David Porter; también se encargó de contratar la construcción de la corbeta Tepeyac. En abril de 1827 fue detenido por las autoridades estadounidenses, debido al incumplimiento en algunos pagos, y nuevamente Richard Meade proporciono los recursos económicos que en esta se utilizaron para pagar la respectiva fianza por su libertad, porque al parecer el gobierno mexicano había dejado de enviarle recursos.[18] A fines de ese año regresó al país, y se estableció en la Ciudad de México hacia el mes de noviembre. En enero de 1828, Cortés solicitó licencia de dos años para atender asuntos personales en calidad de comisionado diplomático de México en Chile, Perú y Buenos Aires, la cual fue autorizada, pero como las cuentas de su última comisión presentaron incongruencias, no pudo salir del país hasta que comprobó los gastos ante las autoridades de la Contaduría Mayor de Hacienda.[19]

En compañía de su primogénito Felipe zarpó hacia Guayaquil, Ecuador, en donde transbordaron al bergantín María, su llegada al Callao se dio a mediados de 1829, y una vez instalado solicitó a la Armada y al Senado del Perú, le reconocieran el grado militar que había alcanzado, así como la ciudadanía peruana. Le fue concedido el grado de Contralmirante de la Armada peruana y se le otorgo la dirección del Colegio Militar; pero en 1833 por no apoyar un movimiento en contra del recién electo Presidente Luis Orbegoso, fue acusado por Agustín de Gamarra de deserción, desobediencia y sedición. Ante estas dificultades, en marzo de 1835 solicitó irse a Valparaíso, Chile, en donde residió con su familia hasta que en diciembre de 1849, murió a los 73 años de edad de un derrame cerebral.

A partir de estos trascendentales hechos podemos afirmar que el General de Brigada de Marina Eugenio Cortés y Azúa fue el principal impulsor y promotor de lo que hoy se conoce como Cuerpo General, al ser él quien conformó la primera escuadrilla de buques, realizó la selección de las tripulaciones para estas unidades de superficie, se abocó a traducir las Ordenanzas Navales de la Armada Norteamericana y apoyó la creación de la Escuela Naval de Tlacotalpan, entre otras comisiones relevantes dentro de la institución.


FUENTES CONSULTADAS

Documentales:

Archivo Nacional de Chile, Fondo Vicuña Mackena.

Archivo Histórico Secretaría de la Defensa Nacional, Sección de cancelados.

Archivo Histórico de la Secretaría de Relaciones Exteriores, Genaro Estrada.

Archivo-Museo Don Álvaro de Bazán

 

Bibliográficas:

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CARRANZA Castillo, Miguel Carlos, …y la Independencia se consolidó en el mar. México, Secretaría de Marina-Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, 2009.

CRAVIOTO Layzaola, Adrían, Historia documental del Heroico Colegio Militar. A través de la Historia de México, Costa-AMIC Editores, México, D.F., 2001.

DÉLANO, Luis Enrique, Pequeña Historia de Chile. Biblioteca Enciclopédica Popular, México, SEP, 1944.

IBÁNEZ de Ibero, Carlos, Historia de la Marina de Guerra Española. Desde el siglo XIII hasta nuestros días, Madrid, Espasa Calpe, 1939.

LAVALLE Argudín, Mario, La Armada en el México Independiente, México, Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, Secretaría de Marina, 1985.

LELAND Bidwell, Robert. La Escuela Naval de Tlacotalpan y Córdoba (1824-1837), trabajo recepcional, 1960.

ORTÍZ Sotelo, Jorge. “Eugenio Cortés y Azúa: de súbdito real a ciudadano americano”, en Revista de Estudios Históricos, No.45, Asociación de Historia Marítima y Naval Iberoamericana, Lima.

__________et.al, Diccionario Biográfico Marítimo Peruano. Asociación de Historia Marítima y Naval Iberoamericana, Lima, 2007.

RODRÍGUEZ, Eugenio, Constanza de Nordenflycht: La Querida de Portales. Santiago, Editorial Pehuén, 2005.

SÁNCHEZ Lamego, Miguel Ángel, El Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos, tomo I, México, Secretaría de la Defensa Nacional, 1979.

 

Este artículo se publicó en la revista militar LEALTAD Año 02 No. 06. PP. 42-47

 

Nota: El presente artículo puede variar al publicado en virtud de que el editor se reserva el derecho de modificarlo conforme a la disponibilidad del espacio.

[1]Archivo Nacional de Chile, Fondo Vicuña-Mackena (en adelante ANCH, FVM), Vol. 177, fs. 12 y 14. [2]Archivo-Museo Don Álvaro de Bazán, Sección Cuerpo General, Hoja de servicios del Contralmirante Eugenio Cortés y Azúa.

[3]ANCH, FVM, vol. 178, f. 328.

[4]Ídem, vol. 177, f. 137, 139, 160.

[5]Archivo Histórico de la Secretaria de la Defensa Nacional, Sección Cancelados, (en adelante AHSDN), Exp. personal, No. XI/III/2-175, f. s/n. 21 enero de 1828.

[6]Fondo Reservado de la Universidad Nacional Autónoma de México, Armisticio celebrado entre el Ejército Trigarante y las tropas de México, Imprenta de Juan Bautista de Arizpe, hoja 30, México, 1821.

[7]Gaceta Imperial de México, Sábado 9 de febrero de 1822, Tomo I, Núm., 64, p. 501.

[8]ANCH, FVM, vol. 178, f. 47.

[9]ANCH, FVM, vol. 178, f. 22.

[10]AHSDN, Cancelados. exp. XI/111/2.175.Tomo I, f.29.

[11]Papeles de Don Agustín de Iturbide, documentos hallados recientemente. José Gutiérrez Casillas, S. J. Editorial Tradición. México, 1977. No. 11. Documento 8. Fecha: 26 enero 1823.

[12]AHSDN, Cancelados. exp. XI/111/2-175. f. 31.

[13]Gaceta Extraordinaria del Gobierno Imperial de México, Domingo 21 de abril de 1822, Tomo II, Núm., 26, p. 201.

[14]Robert Leland Bidwell, La Escuela Naval de Tlacotalpan y Córdoba (1824-1837), trabajo recepcional, 1960, p.180.

[15]Adrían Cravioto Leyzaola, Historia documental del Heroico Colegio Militar. A través de la Historia de México, Costa-AMIC Editores, México,  2001, p. 67.

[16]Robert Leland Bidwell, op.cit., p. 181.

[17]Eugenio Cortés y Azúa: de súbdito real a ciudadano americano, Jorge Ortiz Sotelo, Revista de Estudios Históricos No. 45, Santiago, Instituto Chileno de Investigaciones Genealógicas, p. 325.

[18]ANCH, FVM, vol. 178, f. 67, 182.
 

[19]AHSDN, Cancelados. exp. XI/111/2-175, f. 79.