Pues muy buenas tardes tengan todos ustedes. Estoy contento de estar aquí con la Concamin, agradecido con Manuel por la invitación, con Máximo por la presentación. Y en el ánimo de construir a través de la ponencia una invitación a que trabajemos juntos.

Hay, efectivamente como dijo Máximo, una responsabilidad constitucional del gobierno de generar no solamente condiciones de crecimiento, sino también condiciones de inclusión. Con una definición puntual de qué entendemos como inclusión, con una definición puntual también, que se traduce en una agenda, de cuál es el conjunto de derechos que tenemos que garantizar a los mexicanos por el sólo hecho de serlo, para que podamos incluir, que están efectivamente incluidos, en el proceso de desarrollo del país.

La presentación, que implica cuatro láminas, acredita que en cada una de las diferentes dimensiones que tienen impacto en la pobreza hay cosas que industriales y gobierno podemos hacer juntos. Algunas son muy obvias, prácticamente todos ustedes tienen programas de inclusión social, son empresas socialmente responsables, realizan labores cotidianas alrededor de la construcción de capital social en el entorno en el que su industria participa.

Algunas parecieran menos obvias de entrada, y sin embargo en ocasiones tienen incluso mayor impacto que la labor de responsabilidad social, en algunas podemos coparticipar y coinvertir, en algunas podemos acompañarnos para generar mejores espacios de escala, y en algunas fundamentalmente compartir propósitos.

Con esa introducción si me permiten apoyarme en estas cuatro láminas para, de manera muy gráfica semblantear la agenda.

Un primer elemento, en materia de pobreza, probablemente el elemento más importante en la definición de política pública de pobreza tiene que ver con la frontera entre quien es pobre y quien no lo es. Esto se define con una línea de pobreza: dónde ubicamos la línea de pobreza y, qué hay atrás de la línea de pobreza, nos da el primer elemento de agenda en términos de cómo podemos trabajar juntos.

¿Cuántos pobres hay en México? Depende de a quién se le pregunte, si le preguntamos al Banco Mundial nos va a dar una cifra, si le preguntamos a Naciones Unidas nos va a dar otra, si le preguntamos a la OCDE nos va a dar una tercera, si le preguntamos a Coneval, que es la instancia que en México evalúa no sólo la política pública, sino que da las cifras oficiales de pobreza, nos va a dar una adicional.

La línea de pobreza que más se conoce en el mundo era la que, por mucho tiempo, fue un dólar 25 por persona, por día. Esta línea es la que manejaba el Banco Mundial y Naciones Unidas, y se calculó tomando en consideración la línea de pobreza de los 15 países más pobres del mundo.

Se actualizó recién esta línea para ubicarse en un dólar 90, y es importante como frontera y es importante tenerla en consideración, porque cuando el mundo habla de erradicar la pobreza extrema en 2030, está pensando justamente en este umbral.

Pero qué le dice a México un umbral de un dólar 90, qué nos dice desde el punto de vista de política pública, qué nos implica como agenda el hecho de saber cuál es el promedio de las líneas de pobreza de los 15 países más pobres del mundo. Tiende a decirnos poco y tiende a darnos pocos elementos, en términos de qué podemos hacer juntos para superarlo.

En México hay dos líneas que son relevantes para efectos de la geografía de la pobreza: una es la línea mínima de bienestar y otra es la línea de bienestar. La primera calcula cuál es el monto mínimo de ingresos que debiera de tener un mexicano para poder para poder consumir una canasta alimentaria.

Esa canasta alimentaria se calculó revisando cuáles eran aquellos bienes de consumo que más importaban, que más impactaban, en la canasta de consumo de los más pobres, que aparecían con más frecuencia en esta canasta de consumo y con ese ejercicio se identificaron 35 bienes, que eran importantes para efectos de definir el umbral entre quien es pobre y quien no lo es.

Y esa es la línea mínima de bienestar y de entrada en este primer elemento apunta a dos espacios de coincidencia entre las agendas de gobierno y la agenda industrial.

Un primer elemento tiene que ver con la construcción de ingresos, con la generación de empleo, al final el único esquema que, de manera sostenible, habrá de ayudarnos a combatir pobreza, un empleo digno, un empleo bien remunerado, un empleo que permita ubicar al trabajador y a su familia por arriba, de entrada, de la línea de bienestar mínimo, por arriba de la línea de bienestar.

Pero hay un segundo elemento que no necesariamente es igual de obvio, que tiene que ver con cuál es la estrategia, cuál es el mercado, cuáles son sus reglas atrás de cada uno de los bienes que integran la línea de bienestar mínimo.

No estamos hablando del control de precios, estamos hablando de una política pública que genere competencia, de una política agropecuaria que genere mejores espacios de abasto que se traduzca en mejores espacios de almacenamiento, que implique condiciones de sanidad, que al tiempo de ponerse en riesgo no se refleje en mayores precios de muchos de estos bienes, que implique innovación y tecnología. Innovación y tecnología desde la logística, hasta los esquemas de producción.

Y buenos precios y buen abasto tienen un impacto en la vida del más pobre, que muchas veces va más allá de lo que de manera puntual podamos hacer en los programas sociales, o de lo que de manera puntual se pueda hacer al amparo de los programas de responsabilidad social de muchas de las empresas aquí representadas.

Cuando se dispara el precio de la cebolla, cuando sube el precio del jitomate, cuando sube el precio del pollo, de la tortilla o del huevo, para las familias que viven en la frontera de la línea de bienestar, el incremento en la angustia, la reducción en sus oportunidades de consumo de bienestar, es enorme.

Y al mismo tiempo, si logramos generar mejores condiciones de abasto y de precio, la vida y la calidad de vida de las familias que se ubican en estos umbrales de ingreso cambia de manera fundamental.

Aquí hay, por lo tanto, un reto y una invitación a trabajar en el desarrollo de industria, a trabajar en el desarrollo de mercado, a construir política pública que genere, para estos bienes que son especialmente relevantes, adecuadas condiciones de abasto y de precio.

Hay un segundo umbral que va más allá de la canasta alimentaria y que incluye una serie de bienes que por arriba de los alimentos, son importantes para identificar un umbral mínimo de bienestar.

Y atrás de ese segundo conjunto de bienes hay también política pública y también espacios de reto compartidos. En este segundo grupo de bienes está el transporte público, eso quiere decir que una política de transporte público incluyente y eficiente impacta en la vida y en la calidad de vida de los más pobres.

Está un conjunto de bienes que rodean el acceso a la educación. Aquí estuvieron con Aurelio, platicando de calidad educativa y de todo lo que se está haciendo al amparo de la reforma para buscar mayor calidad de los maestros en el aula. Platicaron con Aurelio seguramente de acceso, pero acompañado a ese acceso ya en la escuela y acompañado a ese espacio de calidad que de la escuela se espera, hay una serie de bienes y servicios que condiciona la posibilidad de acceso a los más pobres, que va desde los útiles, hasta las condiciones de acceso físico a las escuelas, el costo de transporte para llegar a las mismas.

En donde, de nuevo, si generamos mejores condiciones en ese conjunto de bienes y una política pública que permita un mejor acceso a la escuela y al transporte público, habremos de estar haciendo una política pública en beneficio de más gente y en beneficio de mejores condiciones de prosperidad.

Una serie de bienes que tienen que ver con la limpieza del hogar forman parte de la canasta de consumo no alimentaria de los más pobres. Una serie de bienes que tienen que ver con el aseo personal, entran también dentro de esta canasta. Y por lo tanto, todo lo que podamos hacer para, en ese conjunto de bienes innovar, para ese conjunto de bienes competir, para en ese conjunto de bienes generar espacios de acceso, habrá de ayudarnos a construir una sociedad más incluyente, de una forma más transversal y sostenible.

En la sola definición  de la línea de pobreza, el reto (inaudible), para un subconjunto especifico de bienes que de manera cotidiana afectan las oportunidades de consumo y el bienestar de las familias más pobres del país. Y de entrada, insisto, en dónde ubiquemos la línea y qué hagamos para lograr mejor abasto y mejores precios hará una enorme diferencia en términos de pobreza.

La dinámica de pobreza en México está muy fundamentada, está muy basada, en lo que pase con los ingresos y en lo que pase por los precios. Un contexto donde generemos ingresos que crezcan por arriba de los precios es un contexto en donde habremos de tener menos pobres en el país. Un contexto en donde tengamos una dinámica de precios que vaya por arriba de la dinámica de ingresos, es un contexto en donde habremos de generar más pobreza en el país.

Y por lo tanto, de entrada, toda la agenda de competitividad del sector industrial, en particular la vinculada con estos sectores, es una política pública de desarrollo incluyente que va a fortalecer ingresos, que va a fortalecer precios, que va a combatir pobreza y que va a permitir mejores condiciones de acceso.

Pongo acento en acceso antes de pasar a la siguiente parte, porque la realidad de la pobreza es muy distinta para el mexicano que ya tiene acceso a los mercados. De ahí la preocupación es fundamentalmente el precio, pero sigue habiendo muchos mexicanos para los que el acceso es un reto.

El mexicano que no tiene agua entubada en su hogar, para ellos el precio no es de 6 pesos por metro cubico de agua, para ellos el precio implica salir de su hogar con cubetas y desplazarse hasta un río o un lago, regresar  de un pozo, regresar a su hogar y calentar esa agua para poder cocinar o lavar la ropa.

El precio, por lo tanto, no es ya el que tiene acceso a un mercado, la pobreza extrema en México sigue teniendo en ocasiones un rostro que se explica por no tener acceso. Porque no nos llega la luz, porque no nos llega el agua, porque no tenemos drenaje,  porque nuestra vivienda no es digna, porque no tenemos acceso a la educación, porque estamos preocupados por nuestra salud, porque no tenemos un entorno de protección social, porque estamos preocupados de nuestra capacidad de alimentarnos y de alimentar a nuestra familia.

Para muchas de esas familias, entonces, el reto no es ni siquiera un reto de precios o de ingresos, es un reto liso llenamente de acceso que tenemos que trabajar juntos para ir superando.

¿De qué tamaño es el reto? Ya definimos, ya identificamos que hay dos líneas que son importantes y que es un punto de partida para identificar cuál es el reto de pobreza en México: la línea de bienestar y la línea de bienestar mínimo.

Quienes tienen ingreso por arriba de esos umbrales siguen enfrentando retos, siguen enfrentando el reto de la educación, de la alimentación, de la salud, de la seguridad social, en ocasiones de la vivienda y sus servicios. Pero tienen una capacidad de generación de ingreso que les permitirá en el tiempo ir teniendo acceso a ese conjunto de derechos.

Pero si se está por abajo de esa línea de ingreso, hay un reto importante de inclusión que nos determina un primer espacio para entender la pobreza y los retos que enfrenta el pobre en el mundo, pero el pobre en particular en México.

No es la única variable que en México utilizamos para medir pobreza. En México identificamos, como aquí comenté, que hay seis derechos fundamentales que tienen que poderse ejercer a plenitud. Quien tiene cualquier carencia en el acceso a estos derechos tiene una dimensión de pobreza que tendríamos que trabajar juntos para atender.

En particular, si no se puede acceder a tres o más de esos derechos y si se tiene un ingreso por abajo de la línea de bienestar mínimo, en México se está en pobreza extrema. Ese es el 11.4 millones de mexicanos que decía Máximo al principio.

A esos habría que sumarles a quienes no pueden ejercer uno o dos de estos derechos fundamentales y que al mismo tiempo están por abajo de la línea de bienestar, quienes en México se estimaría enfrentan condiciones de pobreza moderada.

Una buena política pública debiera de llevarnos a que tuviéramos cada vez más mexicanos en la parte en donde no tienen carencias y, por lo tanto, pueden ejercer plenamente sus derechos y al mismo tiempo tienen ingresos suficientes.

Un empleo formal, un empleo bien remunerado es un empleo que permite no solamente abatir la pobreza, sino ejercer con mayor capacidad y a mayor plenitud estos derechos.

¿Son, o no, estos derechos en donde debiéramos de concentrarnos? Tiene sentido el que trabajemos en estas dimensiones de derechos para efectos de generar condiciones que nos permitan combatir pobreza.

En México hay medio millón de mexicanos que no pueden ejercer ninguno de estos seis derechos. Son medio millón de mexicanos que tienen entre 13 y 15 años y que no están yendo a la escuela, o que tienen más de 16 y no terminaron primaria o secundaria.

Son medio millón de mexicanos que no tienen acceso ni a salud ni a seguridad social, que viven en una casa que no tiene estructura firme en su piso, muro o techo, o que encuentran condiciones de hacinamiento en la vivienda.

Medio millón de mexicanos que no tienen servicios básicos en la vivienda y que están preocupados por su alimentación.

Quienes tienen esa condición, al mismo tiempo, en la mayor parte de los casos, tienen ingresos por abajo de la línea de bienestar mínimo. Eso quiere decir que tenemos medio millón de mexicanos de los cuales el 60 por ciento, además, tiene ingresos por abajo de los necesarios para adquirir la canasta alimentaria.

Solamente diez de cada 100 mexicanos que no están ejerciendo ninguno de sus seis derechos tiene capacidad de generar ingresos por arriba de la línea de bienestar.

En el otro extremo tenemos 33 millones de mexicanos que pueden ejercer a plenitud cada uno de estos seis derechos. Treinta y tres millones de mexicanos que o están en la escuela o la terminaron, por lo menos primaria y secundaria, que tienen una vivienda digna y con servicios, que tienen salud y seguridad social, que no están preocupados por su alimentación.

En esas condiciones, 75 de cada 100 generan ingresos por arriba de la línea de bienestar. Esto permite intuir un círculo virtuoso en la construcción de la política, en donde mientras más inclusión generemos mayor capacidad tendremos de fortalecer los ingresos. Y mientras mayores sean nuestros ingresos, mayor capacidad tendremos de ejercer plenamente estos derechos.

Y así se ve efectivamente cómo, cuando nos movemos de un entorno de menor ejercicio de derechos a un entorno de mayor ejercicio de derechos, nos movemos al mismo tiempo de un entorno en donde los ingresos están por abajo de la línea de bienestar a un entorno en donde los ingresos están por arriba de la línea de bienestar.

Y termino antes de pasar a la sesión de preguntas y respuestas con la última lámina, que lo que pretende es hacer una reflexión de cómo vamos. Es decir, si nos estamos moviendo o no en la dirección correcta.

En 2008, que es cuando por primera vez se mide la pobreza multidimensional, encontramos que había un millón de mexicanos que no podían ejercer ninguno de estos seis derechos. Seis años después encontramos que este número se redujo a la mitad.

Lo que vemos que nos permite acreditar que estamos moviéndonos en la dirección correcta es que nos hemos movido cada vez más hacia un entorno en donde son más los mexicanos que pueden ejercer sus derechos.

En el extremo, quienes pueden ya ejercer sus seis derechos a cabalidad hace seis años, en el 2008, eran 26 millones de mexicanos y ahora son 33. Eran 22 millones de mexicanos quienes tenían una carencia y ahora hay 31.

Eso quiere decir que hemos venido moviendo al país hacia una condición de menor intensidad de pobreza, de mayor ejercicio de derechos, en donde son cada vez más los mexicanos que en su vida cotidiana pueden ejercer, pueden acceder a cada uno de los elementos fundamentales.

El reto es hacerlo más rápido. El reto es que incluyamos en este espacio de desarrollo a cada vez más mexicanos, para que sean cada vez más los que estén en condición de ejercer sus derechos, de tener ingresos remuneradores y que la condición que en México generemos una condición cada vez de mayor prosperidad y de menor pobreza.

De nuevo, esta síntesis permite que trabajemos juntos cada quien en su ámbito. Este análisis que se hace para México en su conjunto se puede hacer alrededor de cada una de las familias o de cada uno de los clientes o de cada uno de los trabajadores, cuyas vidas tocan ustedes a diario.

Con sus programas sociales y en el desempeño de su actividad industrial afectan la vida de mexicanos todos los días y lo que sería deseable es que, cada vez que la vida del mexicano fuera tocada por el gobierno o por un industrial, esa transacción, esa interacción, resulte en un mexicano más pleno, en un mexicano más próspero y en un mexicano que participe de manera cada vez más plena en el desarrollo que este país está construyendo y que habrá de construir cada vez más hacia el futuro.

Muchas gracias.