El albergue D’Corazón, para familiares de menores con discapacidad que reciben tratamiento en el Centro de Rehabilitación Infantil, construido con recursos del Programa 3x1 para Migrantes y el trabajo comprometido de la sociedad civil organizada, fue inaugurado oficialmente por la secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles Berlanga.

El albergue permitirá a niñas y niños con alguna discapacidad, así como a sus familias, contar con servicios de hospedaje y alimentación sin costo. En su construcción se invirtieron 5 millones de pesos y en él se han hospedado ya familias de Sonora, Sinaloa, Baja California y Baja California Sur.

Acompañada del gobernador Guillermo Padrés Elías, del representante del Comité de Migrantes en Hermosillo, Pedro Ortega, y del presidente de la Fundación D’Corazón, Ricardo Barrón, la titular de la Sedesol destacó el empuje los migrantes sonorenses organizados para sacar adelante proyectos innovadores en beneficio de sus familias y de sus comunidades de origen.
"Esta obra es muestra del empuje y del gran corazón de la sociedad civil y de los migrantes organizados en los Estados Unidos, quienes así demuestran la importancia de servir a los demás; sin su apoyo, esto no hubiera sido posible. Es una muestra de su compromiso: siempre cercanos y solidarios con sus familias y a sus comunidades", enfatizó la funcionaria federal.

Al explicar el trabajo coordinado que se ha realizado a través del Programa 3x1 para Migrantes, Robles Berlanga informó que tan sólo en 2013 se implementaron once proyectos en Sonora, de los cuales nueve fueron de infraestructura y dos de asistencia social, en beneficio de 35 mi sonorenses, con una inversión de 5.8 millones de pesos.

Durante el recorrido por las instalaciones del albergue, el presidente de la Fundación D’Corazón, Ricardo Barrón Morales, explicó que el objetivo es apoyar y fortalecer a las familias que tienen niños con discapacidad, al otorgarles becas escolares y de transporte; servicios médicos y autoempleo, para hacer más digna su estancia y menos costosos los traslados al CRIT, ya que muchos proceden de comunidades lejanas de Sonora, de Sinaloa, Baja California y Baja California Sur.

"EL objetivo es que el albergue sea un espacio digno. Aquí hay 20 habitaciones, área de esparcimiento, cocina, estacionamiento, seis baños completos y dos medios baños, para que las familias y sus hijos puedan estar cómodos, en un espacio digno, mientras realizan sus terapias", enfatizó.

A la inauguración y recorrido por el albergue asistieron el subsecretario de Desarrollo Social y Humano de la Sedesol, Ernesto Nemer Álvarez; el representante del Comité de Migrantes en Nogales, Arizona, Rodolfo Joffroy; el presidente municipal de Hermosillo, Alejandro López Caballero; el secretario estatal de Desarrollo Social, Luis Alberto Plascencia Osuna; el delegado de la Sedesol, Rosario Rodríguez Quiñones, y el coordinador de gerencias de Liconsa y responsable de la Cruzada Nacional Contra el Hambre en la entidad, Alejandro Olivares Monterrubio.

Taponcito y toda una gran familia

En el albergue se ven y se viven a diario historias diferentes. Todas son escenificadas por personas que hacen su mejor esfuerzo por sacar adelante a sus hijos. Aquí se ven no solamente asuntos de discapacidad, sino muchas veces historias de desintegración familiar: madres que se quedan solas y tienen que luchar diariamente para poder traer a sus hijos a las terapias. A veces no hay terapia ni dinero que alcance, pero eso nos compromete a seguir adelante, a luchar juntos como una gran familia, dice la directora del albergue, Norma Valenzuela Zepeda.

Mientras anota los datos de un beneficiario, Don Jesús María Grijalva Martínez, de 65 años de edad, cuenta que, de lunes a viernes, el albergue recibe a familias foráneas, que permanecen varios días o toda la semana, dependiendo de sus citas. En este momento hay familias de Ciudad Obregón, Mexicali, Ensenada y Nogales, principalmente.

-¿Es la primera vez que viene?, pregunta al hombre que viste camisa a cuadros color beige, pantalón negro, botas y sombrero, quien con una mano sostiene la silla de ruedas donde descansa su nieto y con la otra llena el formato.

-Sí -responde y comienza a contar para desahogarse-. Mire, nosotros venimos de Yécora, a seis horas de camino de aquí. El camión nos cobra 165 pesos. ¡Imagínese! Vivimos en la sierra y allá todo es más difícil; ahorita hace mucho frio. Somos gente sencilla; yo soy vaquero y mis hijos también. Francisco es hijo de mi hija Rubí, y dicen que al nacer le faltó oxígeno en la parte derecha del cerebro.

-Sí, tiene parálisis cerebral infantil, tercia Norma, la directora del albergue. Lo mismo tiene mi niño. Yo entré a trabajar aquí porque también tuve un caso especial, mi niño. Ahora me toca atender a otras personas y lo hago con gusto.

Don Jesús enseña su carnet y el registro se hace en menos de cinco minutos. Inmediatamente él y su nieto son conducidos a una habitación, le muestras las instalaciones y le dan el horario para la cena.

En la sala de estar hay varias madres que platican, mientras sus hijos se entretienen con juegos de mesa; entre ellos está Gabriela Esmeralda, quien nació sin un brazo y con deformaciones en los dedos en el otro.

Cerca está Jessica Karina Flores, una adolescente que sufrió lesión medular después de un accidente carretero en Puerto Peñasco. Su abuela, Aída Soto Salazar, narra que después de ese percance todo cambió en la vida familiar: la madre de Aída también está en silla de ruedas y su padre los abandonó.

Aquí están Trinidad Monzón, de Ciudad Obregón, es madre de Bertha Guadalupe, de 13 años, quien padece de agenesia cerebral del cuerpo calloso; Noemí Serna López y su hija Nancy Noemí, quien sufre mielomeningocele o espina bífida.

En la alfombra, un niño pequeñito, de un año y siete meses, gatea e intenta ponerse de pie apoyándose en una silla. Se llama Francisco Alexis, pero es conocido por el personal del CRIT como "taponcito": tiene problemas en el desarrollo de sus huesos y midió al nacer 31 centímetros. Es hijo de Irma Guadalupe Montiel Ramos, de 21 años, originaria de Nogales, Sonora.

Francisco Alexis es un niño juguetón e inquieto, que a la menor provocación comienza a bailar, por lo que las madres le aplauden y marcan el ritmo con las palmas de las manos. Irma dice no cambiar nada de lo que vive con su hijo, a quien auguraban pocos meses de vida, por lo que decidió ofrecérselo a San Francisco de Asís. De ahí su nombre: Francisco.

"Taponcito" gatea de un lugar a otro y, a pesar de que sólo lleva dos días aquí, se ha convertido en el alma del albergue, y así lo constata la titular de la Sedesol, quien convive con él, quien desde una mesa observa curioso a la funcionaria.

Irma ha tenido que soportar todo desde que nació Francisco. “Antes vivía la vida loca, pero ahora estoy dedicada a él. La vida me cambió, porque si no lo veo yo, ¿quién lo va a ver? Si no le doy cariño ¿quién se lo va a dar? He pasado todo por él, pero aquí en el albergue D´Corazón uno se siente a gusto, como en su casa, o hasta mejor, porque aquí hay convivencia, no te sientes solo".

Posteriormente, la titular de la Sedesol entregó dictámenes de protección civil a 221 estancias infantiles, así como apoyos a 10 responsables para la educación, equipamiento y operación dentro del Programa de Estancias Infantiles.

Por la tarde, en el poblado Miguel Alemán, tras la ceremonia de imposición del collar de conchas procedente de la Isla Tiburón, de la etnia seri, la secretaria Robles Berlanga entregó apoyos a los beneficiarios de los programas de la Sedesol, como el Seguro de Vida para Jefas de Familia, Pensión para Adultos Mayores, Programa de Abastoi Social de Leche Liconsa y Oportunidades, para finalmente tomar la protesta a los integrantes de los Comités Comunitarios de la Cruzada Nacional Contra el Hambre.

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