México, D. F., a 9 de mayo de 2014
Mensaje de Rosario Robles Berlanga, secretaria de Desarrollo Social, durante la conmemoración del Día de las Madres, en la Residencia Oficial de Los Pinos.
Muchas gracias, muy buenas tardes a todas, todos; todos los que aquí nos acompañan.
Señor presidente Enrique Peña Nieto; estimados integrantes del presidium; mujeres madres de familia: cada 10 de mayo es un día especial para nosotras porque se nos festeja y reconoce lo que significa ser madre.
Sin embargo, es importante decir que a pesar de este reconocimiento, en este México del siglo XXI hay lugares en los que todavía se despide a una mujer por estar embarazada o se le exige un certificado de ingravidez para ingresar a trabajar, lo que atenta contra el principio constitucional que garantiza el empleo a todos los mexicanos, sin excepción alguna.
Ser madre representa, entonces, un factor de discriminación o de exclusión porque, incluso por su condición de madre, muchas mujeres se ven obligadas a aceptar empleos mal remunerados, precarios, informales o, muchas veces, de tiempo parcial, para poder hacer compatible el trabajo con el cuidado de los hijos. Y del lado de los empleadores, no siempre hay la mejor disposición para contratar a mujeres que son madres, porque se considera que las responsabilidades familiares perjudican la productividad, la disponibilidad y dedicación al trabajo, lo que es totalmente falso, porque si alguien es cumplidora, es la mujer mexicana.
De ahí la necesidad de que en estos casos se haga justicia, por lo que es muy importante reconocer lo que en este aspecto la Secretaría del Trabajo del Gobierno Federal está impulsando.
Por otro lado, aún no se ha entendido lo que ha implicado que una gran cantidad de mujeres se haya incorporado a las filas del mercado laboral. Las mujeres tuvimos que salir de la casa a trabajar para complementar el salario de la pareja, porque somos muchas de nosotras el único sostén del hogar, y la familia depende de nuestro trabajo, o sencillamente porque nos preparamos mejor, porque tuvimos  acceso a una mejor educación y quisimos ejercer nuestro derecho al trabajo. De acuerdo al INEGI, el 33 por ciento de la población económicamente activa femenina tiene de uno a dos hijos y el 28 por ciento entre tres y cinco hijos; es decir, siete de cada diez mujeres que trabajan son madres.
El caso es que este proceso ha significado una gran transformación que trastocó las bases sobre las que estaba organizada la sociedad. El rol tradicional hombre-proveedor, mujer-cuidadora cambió porque ahora las mujeres también somos proveedoras, pero la parte del binomio que se refiere al cuidado sigue recayendo básicamente en nosotras.
De acuerdo a datos de la CEPAL, las mujeres aportan el 85 por ciento del trabajo doméstico y el 15 por ciento lo hacen los hombres. Las mujeres seguimos siendo prácticamente las únicas responsables de las tareas familiares, en condiciones cada vez más difíciles por el desgaste que significa asumir esta doble responsabilidad, derivada de la doble jornada de trabajo.
Por ello, la importancia de que se nos apoye para aligerar esta carga y, sobre todo, para que nuestros hijos no queden desprotegidos ni corran riesgos. Es necesario que, como la Organización Internacional del Trabajo recomienda, se distribuyan las responsabilidades familiares entre la mujer, la pareja y el Estado. Estamos muy contentas, señor presidente, porque usted ha tenido muy claro desde el principio de su gobierno que, para la tranquilidad de las madres y la protección de los niños y las niñas, el Estado también debe ser un Estado cuidador.
El haberse olvidado de ello en los años pasados llevó al país a pagar facturas muy caras, pero los programas que usted ha impulsado van en la línea de compartir esta responsabilidad y de entender que el cuidado es una tarea fundamental que, por ningún motivo, sociedad y gobierno debemos olvidar. Las escuelas de tiempo completo, el Seguro de Vida para Jefas de Familia y otras iniciativas impulsadas por su Gobierno, hablan de eso. Puedo decirle frente a estas mujeres, la mayoría que viene de las 16 delegaciones del Distrito Federal, que aquí en la Ciudad de México, gracias a su Gobierno, ya son 241 mil mujeres las que pertenecen al Seguro de Vida para Jefas de Familia y más de la mitad de los 227 mil adultos mayores que se han incorporado al programa 65 y Más son mujeres. Estamos cumpliendo con las mujeres del Distrito  Federal, señor presidente.
Usted ha entendido también que es injusto que una madre se quite la comida de la boca para que sus hijos tengan algo qué comer; que el derecho a la alimentación debe ejercerse plenamente por todos y por todas. Por eso la importancia de la Cruzada Nacional Contra el Hambre; gracias a esta iniciativa, no sólo niños y niñas, sino también muchas madres, hoy comen mejor.
Deseo terminar con un último aspecto.
Es realmente importante que se celebre el día 10 de mayo, pero a la par de estas conmemoraciones necesitamos que se reconozca el trabajo que las mujeres realizamos en la casa.
Tenemos que empezar por nosotras mismas. Muchas veces, cuando nos preguntan si trabajamos respondemos que no, que somos amas de casa; como si lavar, cocinar, limpiar, planchar, cuidar a los hijos y a los esposos, no fuera un trabajo.
La única diferencia con los otros es que éste no es un trabajo pagado ni tiene horario ni fecha en el calendario, como dice la canción.
Pero este trabajo, señor presidente, es el motor de la sociedad. No podría avanzar, no podría caminar el país si nosotras, todos los días, desde muy temprano en la mañana, no echáramos a andar la maquinaria que lo mueve.
Nosotras estamos moviendo a México y por eso es indispensable que se valore y reconozca.
Pero estamos tranquilas, porque sabemos que en usted tenemos un gran aliado; que usted, todos los días, trabaja para tener un México incluyente, que no puede entenderse sin un pacto de igualdad con las mujeres.
Las mujeres también, como usted, y sobre todo las que somos madres, queremos transformar a México por nuestros hijos y por nosotras; por nuestras familias; por nuestras comunidades; porque queremos a nuestro país; porque, al igual que usted, anhelamos la prosperidad y la felicidad de todos.
Cuente para ello con nosotras, presidente, porque, como cantara hace un rato Tania Libertad: nosotras todos los días deseamos honrar la vida.
Muchas gracias.