Muy buenas noches tengan todas y todos ustedes.

Oía yo a Dieter Holtz hacer un resumen de todos los avances que se han logrado en el sistema educativo de las universidades del Valle de México, el desempeño en las encuestas de egresados, el éxito que tenían en materia de empleo, de salarios. Y veía que Juan Ramón se ponía nervioso, y yo también, de pensar que estaría por anunciar que iban a tener también un equipo de fútbol y que nos compitiera a los Pumas.

Afortunadamente se quedó en el terreno académico, y eso permite que Juan Ramón y yo sigamos tranquilos de que los Pumas, por cuanto a la Universidad del Valle de México, no enfrentarán competencia.

México es un país extraordinario en sus fortalezas, y lo acredita el que un sistema universitario que tenga 200 mil estudiantes que formen parte de un grupo tan relevante, que tengan hermandad con comunidades en todo el mundo, la última vez que Dieter y yo nos vimos, estábamos platicando sobre lo que estaban haciendo en Arabia Saudita.

Esa es una realidad del país, un país con un sistema universitario pujante, un país con un sistema universitario de excelencia, un país con un sistema universitario que está en frontera en el mundo, que no solamente aporta en términos de la formación sino que es motivo de orgullo, respecto de ser mexicanos.

Pero ese país de fortalezas, ese país que puede presentarse al mundo orgulloso de lo que está haciendo con sus jóvenes, orgulloso de lo que está aportando al mundo, orgulloso de estar preparando, como diría Fernando Savater, seres humanos abiertos, capaces de inventar algo, coexiste con una realidad de un país que tiene fragilidades y que tiene vulnerabilidades.

Hoy en México hay aproximadamente 22 y medio millones de personas con rezago educativo. De esos, más o menos 2 y medio millones son niños que teniendo entre tres y 15 años, no están yendo a la escuela.

En ese universo hay diferentes historias de familia, hay algunos que no están yendo a la pre primaria, se están perdiendo en consecuencia la posibilidad de recibir un estímulo a temprana edad que los habrá de acompañar en réditos durante toda la vida. Y hay muchos, que teniendo una edad por arriba de la pre primaria, no están yendo a la escuela porque tienen que trabajar para aportar recursos a su familia.

Esa realidad, esa expresión del rezago educativo, no es compatible con el México que podemos ser, de hecho con el México que estamos obligados a ser.

20 millones de mexicanos no terminaron la primaria o la secundaria, esos son 20 millones de mexicanos que están condenados a una vida fuera del sector formal, son 20 millones de mexicanos para los que será difícil conseguir una alternativa por la vía de su certificación académica.

20 millones de mexicanos que se benefician de un programa, como el de la UVM, que los certifica en oficios y que por esa vía les permite una inserción a su entorno productivo. Pero 20 millones de mexicanos que nos reclaman que trabajemos juntos para abatir ese rezago, para abatir ese rezago que les permita no estar excluidos de las oportunidades que en el país se genera.

Y así como ese rezago educativo tenemos muchos otros, tenemos rezagos en materia de salud, tenemos rezagos en materia de vivienda, tenemos rezagos en materia de seguridad social y de alimentación.

Es sin duda estimulante, y como dijo Joe, nos llena de optimismo un concurso como este, un concurso en donde los universitarios, no solamente son capaces de inventar algo nuevo, sino que se sienten obligados a hacerlo.

Y cuando esto nuevo que están inventando es una solución que permite elevar la calidad de vida de sus prójimos, de quienes están próximos a ellos y lo hacen a través del servicio médico, de la educación, de la mejora a la vivienda, que nos enseñan y nos acreditan proyectos que ayudan a generar coerción social por medio del voluntariado, el combate a la violencia, el apoyo a jóvenes indígenas, otros más aportan ideas que van a permitir generar ingresos a través de huertos, oficios, proyectos productivos, cultivo del café, ganadería sustentable, unos más que utilizan arte y tecnología para transformar las perspectivas de vida de las personas.

Representados en los galardonados, buena parte del país, jóvenes de Campeche, de Chiapas, de Chihuahua, de Coahuila, de Morelos, de Nuevo León, de Querétaro, llama la atención de manera particular que fueron galardonados muchos de San Luis, ya vienen los Meade, y ahí en San Luis se dice “¿qué van a decir los Meade y el padre Peñaloza?”, aquí en México no les preocupa tanto lo que digamos los Meade, por eso nos sentimos tan a gusto allá en San Luis, en donde sí, lo que desde ahí se aporte, es referente, relevante.

Importante, que todos estos galardonados forman parte de una red de más de mil cien jóvenes provenientes de más de 89 países que encuentra en la UVM, como escuchamos, raíz de este estímulo, de este programa, de este esfuerzo de innovación.

Igual que Salvador, me encuentro muy contento de estar con ustedes, me encuentro muy contento del convenio que habremos de suscribir, porque nos va a permitir que la Sedesol, la UVM, y la UNITEC hablemos un idioma común, que nos preocupemos por los mismos rezagos.

Que midamos las intervenciones de la misma forma, que generemos inercias, que le demos escala a los esfuerzos que aquí estamos viendo realizar por los jóvenes, que complementemos nuestros programas de la experiencia y la visión que los jóvenes aportan.

Quisiera reconocer también lo contento que estoy de que se sume a ese esfuerzo una persona como el rector de la UVM, Bernardo Gonzáles Aréchiga, una persona a la que le tengo especial admiración. Tuvimos oportunidad de desempeñarnos profesionalmente juntos y puedo decir, sin faltar a la verdad, que somos amigos muy cercanos, por mucho tiempo fue el vecino de en frente de mi papá, entonces no solamente nos vinculaba cercanía afectiva, sino también cercanía geográfica.

Y termino esta referencia diciendo lo contento que estoy de poder ser testigo de este reconocimiento que se hace a Leonardo Curzio, el comunicador amigo de los jóvenes. Yo podría pensar, como soy amigo de Leonardo, que me ubico también en consecuencia como joven, pero sería un abuso del silogismo.

Quiero decir que me vincula, sí, una profunda amistad con Leonardo, amistad que tiene ya más de una generación, amistad que se ha vuelto bi-generacional, porque tengo el gusto de haber podido trabajar también con su hija, a quien le espera un brillante futuro diplomático.

Pero la formación de Leonardo le permite, no solamente comunicarle a los jóvenes sino comunicar en su programa, al mismo tiempo con juventud y con sentido universitario. Es de los programas de la radio que amplia, o que tiene una de las gamas más amplias temáticas, en términos de su capacidad de generar dialogo.

A mí me consta, porque las entrevistas más difíciles que tengo son las que tengo con Leonardo, quien me obliga a prepararme igualmente para hablar de energía, de temas hacendarios, de relaciones exteriores y ahora de desarrollo social.

Y en cada una de esas trincheras he encontrado en Leonardo a un comunicador culto, a un comunicador con un sentido de responsabilidad social, a un comunicador amigo de los jóvenes, respetuoso de su audiencia, a un comunicador preocupado de que el mensaje, de que la noticia de que el tema que esté siendo debatido se entienda en sus magnitud, en su profundidad, en su importancia.

Hay pocos temas que no se traten en profundidad en su programa. De él he conocido, he aprendido y me levanto en las mañanas deseoso de seguirlo escuchando, aunque sea por la aspiración de seguirme considerando como uno de sus amigos jóvenes.

Muchas gracias por este espacio y por esta oportunidad.


Ciudad de México, 25 de febrero de 2016