Ciudadano ENRIQUE PEÑA NIETO, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos y Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas;

Diputado FRANCISCO AGUSTÍN ARROYO VIEYRA, Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados;

Senador ERNESTO JAVIER CORDERO ARROYO, Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Senadores;

Ministro JUAN SILVA MEZA, Presidente de la Suprema Corte De Justicia de la Nación;

Doctor ERUVIEL ÁVILA VILLEGAS, Gobernador del Estado de México;

Licenciado, ERICK VLADIMIR CEDILLO HINOJOSA, Presidente Municipal de Santa María Rayón;

Señores secretarios de estado;

Damas y caballeros;

Compañeros de la Armada, Fuerza Aérea y Ejército;

Muy buenos días.

México atesora una memoria cívica vibrante; cada etapa de su historia ha sido fraguada por las hazañas valerosas de mujeres y hombres congruentes y comprometidos con la nación; compendio de hechos, que es huella aleccionadora y noble de estos mexicanos, en la búsqueda de un país libre, democrático, justo, plural, tolerante y en paz.

Han sido luchas complejas que, en el logro de las aspiraciones, intereses y objetivos nacionales, evolucionaron para delinear una mejor arquitectura institucional, en beneficio de todos.

Un acontecimiento decisivo en este devenir histórico fue la revolución mexicana, movimiento social que estableció las bases para una nueva estructura nacional.

En ese contexto, destaca el decreto que promulgó ─hace cien años─, Don Venustiano Carranza, gobernador de Coahuila, con el respaldo del congreso del estado, como reacción legal y digna ante la usurpación de la primera magistratura de la república, dando origen a la segunda etapa de la revolución.

Este edicto en su artículo segundo refiere lo siguiente:

“Se conceden facultades extraordinarias al ejecutivo del estado en todos los ramos de la administración pública para que suprima los que crea convenientes y proceda a armar fuerzas para coadyuvar al sostenimiento del orden constitucional en la República”.

El sostenimiento del orden constitucional, es el axioma que estableció la génesis de nuestro actual Ejército; fuerza emanada del pueblo en armas, para contribuir a la estabilidad del Estado mexicano.

A la postre, el consenso entre líderes revolucionarios y buenos mexicanos de conciencia nacionalista ─resultado de la marcada voluntad nacional─, plasmada en la Constitución Política de 1917, delineó la fisonomía del Ejército Postrevolucionario:

Una organización republicana, cohesionada y con profundo arraigo social; con alto nivel de instrucción y moralidad. Un Ejército con características bien definidas: lealtad irrestricta, disciplina inquebrantable y estructura que le diera presencia territorial para garantizar el orden del país.

Esta pretensión de sólidos valores y perfil axiológico, sentó las bases para la fundación de uno de los principales bastiones de la ideología castrense mexicana: la institucionalidad.

Desde 1913 y hasta la actualidad, la evolución del Ejército Mexicano ha sido acorde y a la altura de las intrincadas circunstancias nacionales, y en consecuencia de las realidades y esquemas propios de los vertiginosos ambientes internacionales.

La institución militar ha tenido participación en todos estos procesos con una convicción patriótica, manteniendo esta esencia genérica, sin fallarle a la República; madurando como institución responsable de la defensa de la soberanía.

Al inicio de esta segunda centuria del Ejército Mexicano, continuaremos cumpliendo las misiones que nos exige la Constitución y que nos impone la Ley Orgánica vigente, las cuales cito:

1.  Defender la integridad, la independencia y la soberanía de la Nación;
2.  Garantizar la seguridad interior;
3.  Auxiliar a la población civil en caso de necesidades públicas;
4.  Realizar acciones cívicas y obras sociales que tiendan al progreso del país; y
5.  En caso de desastre prestar ayuda para el mantenimiento del orden, auxilio de las personas y sus bienes y la reconstrucción de las zonas afectadas.

Estos cometidos, nos exigen mediante un planeo conjunto de las tres Fuerzas Armadas ─Ejército, Fuerza Aérea y Armada─ y de manera integral con las demás Instituciones de la República, impulsar la elaboración de la Política de Defensa Nacional que México requiere, y en consecuencia la actualización del Plan Militar de Defensa Nacional, articulando las capacidades militares del país para confrontar los riesgos y amenazas a su soberanía y desarrollo.

Ordenamientos que fueron instruidos por nuestro Comandante Supremo, el día 15 próximo pasado, en Palacio Nacional.

Concordando con estas directrices y a fin de lograr un México en paz, incluyente, con educación de calidad para todos, próspero y con responsabilidad global, emprenderemos cuatro acciones prioritarias que incluyen ámbitos sustantivos de desarrollo del Instituto Armado.

Como primera acción, nuestro principal reto será fortalecer el perfil profesional de los integrantes del instituto armado, con una amplia base de valores éticos.

Para lo que hemos iniciado la reingeniería integral de dos grandes trabes del quehacer castrense: la doctrina y el Sistema Educativo, que sustentarán las bases profesionales de los futuros líderes que nutrirán las filas de la Institución; esta actualización tendrá un enfoque de vanguardia observado en los mejores ejércitos.

Como segunda acción prioritaria, en amplia coordinación y colaboración con las otras Fuerzas Armadas, será imperativo modernizar al Ejército, acorde a la importancia de nuestra Nación; teniendo siempre a la vista un claro rumbo de proyección y de desarrollo nacionales.

Para lo anterior, se ha decidido planear y ejercer un presupuesto con dirección responsable y definida, basándonos en el equilibrio eficaz de la distribución del gasto de defensa, con pretensiones de capacidad operativa, generación de infraestructura y eficaz administración de los recursos humanos y materiales, en el que la transparencia y la rendición de cuentas sea nuestra norma de actuación.

El entrenamiento y la capacitación militar ─tercera acción prioritaria─ nos fortalece física, intelectual y anímicamente, para cumplir con éxito las misiones que tenemos asignadas y afianzar nuestro sentido de pertenencia.

Por ello, seguiremos orientando el adiestramiento estratégico, táctico y logístico a satisfacer la misión primordial de defensa nacional, sin menoscabo al imperativo de la estrategia para reducir la violencia.

La cuarta acción prioritaria está orientada a dar cumplimiento a las instrucciones precisas de nuestro Comandante Supremo, para lograr un México en paz; por ello:

Hemos reorientado el despliegue actual de las tropas, para apegarse a la Estrategia Nacional de Seguridad; y continuaremos en las labores de apoyo a la seguridad ciudadana, privilegiando la inteligencia que proporcionen los órganos del Estado.

Hoy en día ─nos es muy claro─ que ante los nuevos retos y riesgos, es mucho más lo que tenemos que aportar, cuidar y defender.

En todas estas prioridades, el respeto a los derechos humanos y apego a la ley, seguirán siendo los preceptos que tutelen el íntegro actuar e interacción del soldado de México con la sociedad; toda conducta que se aleje de este sendero, habrá de asumir y afrontar las consecuencias.

Nuestra vocación de servicio nos impulsa a tener una amplia voluntad hacia la cooperación y muestras de solidaridad; ese ideal, es la pasión que gobierna el empeño del soldado en la ayuda a sus semejantes; por eso, cada vez que el militar presta auxilio a las personas y protege sus bienes, vierte lo mejor de su esencia humana y ciudadana.

En coordinación con la Armada y la Fuerza Aérea, participamos con ahínco en toda acción que realicen las diversas instancias del país, contribuyendo con tropas, vehículos terrestres, aéreos y marítimos, y demás medios de la Institución, en labores que privilegien la educación; la salud; la seguridad social; la infraestructura urbana y rural, la protección de recursos naturales y la cruzada nacional contra el hambre, entre otros.

Nos encontramos prestos para cumplir las misiones asignadas, comprometidos con el sentir democrático y la prosperidad de la sociedad.

La estima que nos participa la población, es de gran significado y nos vigoriza para mantenernos con paso firme y la frente enaltecida; eso provoca que la moral del ejército se encuentre alta y en armonía con un sólido espíritu de cuerpo.

La moral de las tropas no ha pasado desapercibida para nuestro Comandante Supremo, quien ha instruido ─ a sus Secretarios de Defensa y Marina─ ejercer todas aquellas acciones que sean necesarias para mejorar el bienestar del personal militar y sus familias.

Señor presidente; compañeros de armas; distinguidos invitados:

El Ejército Mexicano cumple hoy su primer siglo de servicio institucional. Este Ejército es de México y de todos los mexicanos; ha contribuido a mantener la armonía, la paz y seguridad de la sociedad; ese es nuestro mayúsculo aporte a la estabilidad y progreso nacional.

Nuestro Ejército, en pleno siglo XXI y ante los escenarios actuales y futuros, se consolida como factor y herramienta primordial del estado para proveer un entorno de equilibrio social, que dinamice el desarrollo del país.

Todos los días hay algo que el Ejército puede hacer para que México sea cada vez mejor. Las misiones que la ley y las tareas que el Mando Supremo nos ha conferido serán cumplidas con esmero, determinación y lealtad.

Hoy, en nuestro Cien Aniversario permítanme asegurar ─sin presunción alguna─  que México tiene en su Ejército, una Institución fortalecida, porque tenemos historia, valores y Patria; una Patria de sólidas instituciones y pueblo orgulloso; Patria de esmeradas mujeres y hombres.

Somos un pueblo enérgico, laborioso y creativo; esa esencia nos conduce a tener una profunda convicción de nuestra identidad, inspirados en los grandes hombres que nos antecedieron y que en su inmenso amor a la Patria, encontraron la fuerza necesaria para entregar por ella su vida.

En esta centuria, su legado nos mostró el rumbo que la institucionalidad debe seguir. Cien años del ejército mexicano; cien años de lealtad. Esa es la entrega que hemos heredado. Esa es la entrega que México espera de nosotros y será siempre ─sin importar las circunstancias─ nuestro más elevado compromiso.

Muchas gracias.