La Independencia

Una de las medidas de las autoridades españolas para restar fuerza a los movimientos independentistas fue la publicación en el mes de junio de 1811, del reglamento político militar, llamado “Plan Calleja”, en el que se exigía crear cuerpos de infantería y caballería en las ciudades, conseguir que los propios habitantes de haciendas y ranchos se defendieran de los ataques insurgentes y aumentar el número de cuerpos irregulares, por lo tanto el “Plan Calleja” culminó la novohispanización del ejército. 

La Real Ordenanza de Milicias de 1767 estipuló que el ejército obtendría los remplazos a través de banderas de reclutas, levas y sorteos, además de que las milicias custodiaban los caminos, protegían la salida de los caudales por los puertos, sofocaban las rebeliones y apoyaban los cambios introducidos por las reformas borbónicas. 

En 1767, la Nueva España apoyó la política del gobierno español, que se opuso tajantemente a la educación militar de los mestizos y criollos, pues esto implicó un peligro para continuar con su dominio, los mantuvo alejados de todo puesto de importancia, se les negó la admisión al Ejército Colonial, así mismo les fueron restringidos los puestos de cadetes que era la categoría asignada a los aspirantes a oficiales, sin embargo, por los acontecimientos en la península ibérica a finales del siglo XVIII, fue necesario modificar su política de reclutamiento, permitiendo que los criollos y mestizos ingresaran al Ejército Virreinal incluyendo en la clase de cadetes. 

Felipe V admitió esta forma de reclutamiento que se instituyó formalmente en la Cédula Real del año 1776, siendo Virrey de la Nueva España José Miguel de Azanza, se permitió a los criollos y mestizos, iniciarse en la carrera de las armas, al ingresar como Cadetes a los cuerpos de tropa que formaban el Ejército Colonial. 

La noticia de las renuncias de Fernando VII y Carlos IV al trono de España se recibió en las colonia américanas el 14 de julio de 1808. Esto significó que había desaparecido la autoridad superior legítima de sus dominios en el nuevo continente, por lo que el día 19 de julio de ese año el Ayuntamiento de la Ciudad de México, "en representación de todo el reino", entregó al Virrey un memorial con los siguientes puntos: 
  • Que las reales renuncias eran nulas porque fueron "arrancadas por la violencia".
  • Que la soberanía radicaba en todo el reino y en particular en los cuerpos que llevaban la voz pública, "quienes la conservarían para devolverla al legítimo sucesor, cuando se hallase (España) libre de fuerzas extranjeras".
  • Que, en consecuencia, debía el Virrey continuar provisionalmente en el gobierno.

Los oidores objetaron este memorial y el 21 de julio y propusieron que se reuniera una junta de las principales autoridades de la ciudad —Virrey, Oidores, Arzobispos, Canónigos, prelados de religiosos, inquisidores, jefes de oficina, títulos, vecinos principales y Gobernadores de las Parcialidades de Indios— para examinar el asunto, lo cual ocurrió el día 9 de agosto de 1808. 

El licenciado Francisco Primo de Verdad y Ramos, Síndico del Ayuntamiento, planteó la necesidad de formar un gobierno provisional y propuso el desconocimiento de las juntas peninsulares, cuya creación se había conocido en México desde el 29 de julio. 

Para entonces los españoles sospechaban que el Ayuntamiento aspiraba a la independencia y los criollos suponían que la Audiencia deseaba mantener la subordinación a España, aún sometida por Napoleón. 

El 12 de agosto, Iturrigaray dispuso que no se obedeciera a ninguna junta peninsular, a menos que fuera creada por Fernando VII, con lo cual, estando el monarca prisionero, se desligaba de toda autoridad en España.

El 31 de agosto de 1808, el Alcalde de Corte Jacobo de Villaurrutia pidió al Virrey que convocase a un congreso, lo cual hizo éste al siguiente día, en este se solicitó a todos los ayuntamientos del país a que nombrasen sus representantes y mandando a la capital al Regimiento de Infantería de Celaya y al de Dragones de Aguascalientes, cuyos comandantes le eran partidiarios.

Estos hechos persuadieron a los españoles de las intenciones independentistas del Virrey y decidieron deponerlo. 

La noche del 15 de septiembre de 1808, Gabriel de Yermo con 300 hombres, y en complicidad de la guardia de palacio, entraron a éste e hicieron prisionero al Virrey José Joaquín Vicente de Iturrigaray, a quien enviaron a la Inquisición con sus dos hijos mayores (después fue enviado a España para que se le juzgase), Mientras tanto, los Oidores, el Arzobispo y otros notables, reunidos en la Sala de Acuerdos, declararon al Virrey separado de su cargo y nombraron para sustituirlo al Mariscal de Campo Pedro Garibay. 

Fueron también detenidos el licenciado Verdad, Juan Francisco Azcárate y Lezama, José Antonio Cristo y fray Melchor de Talamantes. Este último y Primo de Verdad murieron en prisión. 

Por sus ideas vanguardistas, y por pretender la autonomía de la colonia a fray Melchor de Talamantes se le reconoce como precursor de la Independencia de México. 

Los acontecimientos más relevantes ocurridos en el año de 1809 a 1810 en favor de la independencia de la Nueva España fueron:

El 19 de julio de 1809 el Arzobispo de México, Francisco Javier de Lizama y Beaumont, sustituyó al Virrey Pedro de Garibay en el virreinato por instrucciones de la Junta Suprema de Sevilla.

En septiembre de 1809, en Valladolid, (actual Morelia), se inició una conjura para crear una junta que gobernase en nombre del monarca prisionero, si España sucumbía; en este movimiento se encontraban comprometidos los militares José María García de Obeso, José Mariano Michelena, Mariano Quevedo, Ruperto Mier y Manuel Muñiz, los licenciados José Nicolás Michelena y Soto Saldaña; el Cura Manuel Ruiz de Chávez, de Huango; el franciscano Vicente de Santa María y Luis Correa ellos fueron denunciados por el Cura del sagrario Francisco de la Concha, lo que provocó que fueran aprehendidos el 21 de diciembre, fecha en que pensaban poner en ejecución sus planes apoyados por algunos soldados y por los indígenas michoacanos, a quienes habían prometido eximir de pagar sus tributos. 

En 1810, los franceses ocuparon la mayor parte de España, desapareció la Junta Suprema Central instalada en Cádiz y se constituyó la Regencia —gobierno de una monarquía en ausencia del rey. 

El 14 de febrero de 1810 se convocó a Cortes —Asamblea Legislativa— para darle al reino una nueva Constitución, incluyendo por vez primera la asistencia de representantes americanos. 

La figura central y el principal incitador de la Independencia de México fue Miguel Hidalgo y Costilla, Cura del pueblo de Dolores quien con un grupo de criollos, entre quienes figuraban los también Capitanes del Regimiento de Dragones Provinciales de la Reina, Ignacio Allende y Juan Aldama, conspiraban en casa del Corregidor de Querétaro, don Miguel Domínguez en esa misma ciudad de Querétaro, bajo el disfraz de reuniones con carácter literaria.

En estas reuniones de los conspiradores se proponían desconocer a las autoridades virreinales e instalar, en su lugar, una junta de gobierno provisional, hasta que fuera restablecido en el trono el monarca Fernando VII. 

La conspiración de Querétaro sería finalmente la que desataría la Revolución de Independencia de México. En ella participaban, entre otros, el Corregidor de la ciudad de Querétaro, Miguel Domínguez y su esposa doña Josefa Ortiz de Domínguez; Ignacio Allende y Juan Aldama, y el Cura Miguel Hidalgo. 

A principios del mes de septiembre de 1810, la conspiración fue delatada, por lo que el recién llegado Virrey Francisco Xavier Venegas, ordenó la captura de los implicados.

Al saberse descubierto, el corregidor Domínguez encerró a su esposa en una habitación, buscando evitar que diera aviso a los demás conjurados. Sin embargo, doña Josefa logró comunicar al Alcaide Pérez quien a su vez hizo llegar la noticia a Hidalgo y Allende.

La noche del sábado 15 al domingo 16 de septiembre de 1810, notificado Miguel Hidalgo de que las reuniones de Querétaro habían sido descubiertas decidió iniciar la rebelión contra las autoridades novohispanas y arengó al pueblo, que se congregaba en el atrio parroquial. 

Después, Hidalgo y los demás jefes de la rebelión, seguidos por quienes respondieron a su llamado, se dirigieron a Atotonilco, con lo que inició la Guerra de Independencia.

En esta etapa, las fuerzas se conformaron por voluntarios, entre los que podemos destacar a los sirvientes de Hidalgo, los presos liberados de la prisión de Dolores (menos de 100), una parte (probablemente dos compañía) de Dragones del Regimiento Provincial de la Reina, leales a Allende y unos centenares de campesinos, empleados y artesanos. 

Así tenemos que el Ejército Insurgente se formó el 16 de septiembre de 1810, dentro de las características de estas fuerzas sobresale que fue un conglomerado de agricultores, mineros y trabajadores de las haciendas con nulos conocimientos castrenses entre los que se puede incluir al Cura Miguel Hidalgo, sólo un porcentaje reducido fueron militares entre ellos los Capitanes Ignacio Allende e Ignacio Aldama, que carecieron de oficiales y cuadros de clases suficientes que les permitieran dirigir a la muchedumbre que se les unía y agrandaba sus fuerzas haciéndolas una masa de heterogénea.

Sin una estructura definida, el ejército insurgente creció con rapidez, a su paso por San Miguel El Grande, Celaya y Guanajuato, los seguridores lograron contar con un efectivo aproximado de 80,000 insurgentes, entre hombres y mujeres de todas las edades.

Tras varias victorias, entre las que destacan la toma de Guanajuato, Valladolid, y Monte de las Cruces, los insurgentes fueron derrotados en la Batalla del Puente de Calderón por el brigadier Félix María Calleja, a partir de esta fase las tropas realistas intensificaron la persecución contra los lideres insurgentes hasta apresarlos en Acatita de Baján, Coahuila e inmediatamente conducidos a Chihuahua, donde se les juzgó y fusiló. Sus cabezas fueron separadas de sus cuerpos y exhibidas en las cuatro esquinas de la Alhóndiga de Granaditas, en Guanajuato. 

Cuando fueron fusilados Hidalgo, Aldama, Allende y Jiménez, la insurgencia ya era fuerte en el sur de la Intendencia de México, al frente del Cura José María Morelos y Pavón, quien en 1810 había recibido la orden directamente de Hidalgo de llevar a cabo la lucha independentista en el sur.

Morelos convocó al primer congreso americano en 1813, en Chilpancingo, donde se firmó el Acta de Independencia de la América Septentrional, por los diputados de las provincias del naciente país que acudieron y además promulgaron la Constitución de Apatzingán un año más tarde, sobre la base del documento escrito por Morelos, titulado “Sentimientos de la Nación”. 

El Cura Morelos fue hecho prisionero en Temalaca y conducido al poblado de San Cristóbal Ecatepec, al norte de la Ciudad de México, donde fue enjuiciado, degradado, excomulgado y fusilado el 22 de diciembre de 1815. 

Con la muerte del Generalísimo José María Morelos, el Ejército Insurgente entró en una etapa en que se creyó que había sido dominada la insurrección, solo quedaban los focos guerrilleros de Guadalupe Victoria, en Veracruz y Vicente Guerrero, en el sur de México. En el norte, continuaban la lucha Pedro Moreno y Francisco Javier Mina que había desembarcado de España.

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