Desde el descubrimiento de la penicilina, la sífilis no sólo puede prevenirse, si no también tratarse. A pesar de ello, aún constituye un problema mundial, con una incidencia estimada de 12 millones de infecciones al año. Las mujeres gestantes infectadas por sífilis pueden transmitir la infección al feto, provocándole sífilis congénita (SC), lo que puede asociarse a eventos adversos graves para el embarazo hasta en 80% de los casos. No obstante, existen opciones para su detección y tratamiento que son sencillas, relativamente baratas y muy efectivas que contribuirían positivamente en los esfuerzos para la eliminación de la SC.