• ​La construcción de presas en las cárcavas que se forman por el escurrimiento del suelo, a causa de la velocidad del agua, contribuye a la recuperación de superficie, la fertilidad de la tierra y la ampliación de áreas de cultivo.
  • La recuperación de suelo en estas áreas permite que los productores la aprovechen para la siembra de hortalizas; el acumulamiento de biomasa es utilizado para forraje, leña y materia orgánica.

La pérdida cada vez mayor de suelo fértil por precipitaciones pluviales en zonas altas del país propició que investigadores del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) desarrollen nuevas técnicas de conservación y aprovechamiento de los recursos naturales, a través de la construcción de presas filtrantes vegetativas. 


Investigadores del INIFAP indican que para contrarrestar los efectos de la pérdida de suelo por erosión en cárcavas existen varias prácticas, como la construcción de presas filtrantes de piedra y de gaviones (muy eficientes pero costosas, al ser de material y alambrón), de geocostales (funcionales pero duran poco tiempo) y vegetativas.


Aída Olivera de los Santos y Manuel Grajales Solís, especialistas del Campo Experimental Rosario Izapa, Chiapas, detallan que estas últimas se construyen con la plantación de estacas de ramas gruesas vivas o recién cortadas de arbustos de la región, entretejidas en forma de barrera que se instalan en sentido transversal de la pendiente para controlar la dirección del flujo superficial de la cárcava.


El empleo de ramas o tallos que al sembrarse retoñan y permiten retener parte del sedimento y material de biomasa, al quitar velocidad del agua, lo cual controla la erosión del suelo y evita daños a las obras de infraestructura rural y a los cultivos aledaños, explican.


En su estudio “Presas Filtrantes Vegetativas: práctica eficiente para la rehabilitación de suelos de laderas”, los investigadores aseguran que estas pequeñas presas contribuyen también a mantener la fertilidad de la tierra y amplía las áreas de cultivo, toda vez que al acumularse el suelo en las cárcavas los productores lo aprovechan para la siembra de hortalizas; el acumulamiento de biomasa es utilizado para forraje, leña y materia orgánica.


Cabe señalar que en el caso concreto de las partes medias y altas de las cuencas del Soconusco, en Chiapas, se presentan alteraciones producto de una mala planeación del uso del agua de lluvia, que al paso del tiempo provoca degradación de suelo, deforestación y sedimentación en las partes bajas.


Dada la geografía de la sierra madre occidental del estado, en pendiente, combinada con la cantidad de agua de lluvia –por arriba de los tres mil milímetros al año-, en su fluir por la fuerza cinética provoca efectos erosivos formando considerables cárcavas.


Las cárcavas que se crean son producto del escurrimiento del suelo por efecto de la velocidad del agua y la pendiente del terreno al no existir prácticas de conservación.


Esta situación provoca pérdidas de la capa protectora de la tierra y poca retención de agua, que a su vez causa disminución del espesor del suelo, de materia orgánica, y fertilidad, así como la pérdida de la cubierta vegetal y biomasa.