La jatropha es una planta de la familia de las Euphorbiaceae. Se conoce con más de 200 nombres en todo el mundo, entre ellos coquillo, coquito, cotoncillo, piñón, piñón de tempate, tempate, piñón de leche, crece de manera silvestre y también sembrada como cerca viva. El centro de origen de esta especie se encuentra en Mesoamérica, que incluye desde el norte de México hasta el norte de Centroamérica.

La jatropha se adapta fácilmente a suelos pobres, bajos requerimientos hídricos y el alto contenido de aceite de su semilla, es su mejor carta de presentación, este aceite se puede utilizar directamente para provisionar de combustible a lámparas y motores o se puede transformar en biodiesel, mediante el proceso de transesterificación (proceso químico a través del cual los aceites se combinan con alcohol para producir ésteres grasos).

Para países en desarrollo la producción de biocombustibles trae ventajas como la reducción de la contaminación del medio ambiente, y la creación de fuentes de trabajo en el campo, lo que por ende contribuye al desarrollo económico y social. Hoy se tiene por reto hacer del cultivo de Jatropha curcas, un negocio socialmente rentable y económicamente viable.

La Dirección General de Fibras Naturales y Biocombustibles de la SAGARPA informó que se cuentan con 250 hectáreas en Morelos y 150 más en el Estado de México para realizar el proceso de evaluación de jatropha curcas, pero en total se destinan 1,271 hectáreas para la producción en donde sobresalen Yucatán, Quintana Roo y Puebla. Cabe resaltar que a partir de los residuos de este cultivo es posible también obtener diferentes tipos de subproductos, como biogás y biochar (abono orgánico).

Existe un proyecto para poner en marcha un Centro Nacional de Innovación en Insumos para Bioenergéticos, el cual contribuirá a realizar estudios en diferentes cultivos que tienen potencial para la producción de energías verdes.