Junto con el maíz, el fríjol y la chía, el amaranto fue uno de los principales productos para la alimentación de las culturas precolombinas y la principal fuente de proteínas; además estuvo asociado a los ritos religiosos, a los dioses y a la visión cósmica de estas culturas. 

El que el amaranto haya sido tan importante en la dieta de los aztecas y del Nuevo Mundo, hace que el estudio de este cultivo sea algo extraordinario y prometedor. No obstante, es uno más de los muchos cultivos alimenticios subutilizados en América Central y del Sur.

El amaranto es una planta de la familia de los amaranthacea la cual reúne cerca de 60 géneros y más de 800 especies. Existen tres especies de amaranto que son las más apreciadas: Amaranthus caudatus; Amaranthus cruentus, originaria de México y Centroamérica, donde se cultiva principalmente para obtener grano, también se consume como vegetal y Amaranthus hipochondriacus: procedente de la parte central de México, se cultiva para obtener grano.

En México se producen alrededor de cuatro mil 600 toneladas de amaranto; las principales entidades productoras son: Puebla, Tlaxcala, Estado de México, Distrito Federal, Morelos, Oaxaca y San Luis Potosí.

El Sistema Producto Amaranto del estado de Puebla, recibió un importante apoyo con un monto de 3 millones 120 mil pesos, a través de SAGARPA y el Fideicomiso Instituido en Relación con la Agricultura (FIRA), para cultivo del amaranto en 347 hectáreas de esta entidad. Es importante resaltar que de las 4 mil 617 toneladas de amaranto que se producen a nivel nacional, Puebla aporta 2 mil 143 toneladas, casi el 40 por ciento del total.

¿Sabías qué?
Al igual que la quínoa, el amaranto fue seleccionado por la NASA para alimentar a los astronautas por su alto valor nutritivo, por su aprovechamiento integral, por la brevedad de su ciclo de cultivo y por su capacidad de crecer en condiciones adversas.