Señoras y señores:

Muy buenas tardes a todas y a todos los asistentes a este acto.

Señor Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados.

Señor Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Senadores.

Señor General Secretario de la Defensa Nacional.

Señor Almirante Secretario de Marina.

Señoras y señores integrantes del Gabinete del Gobierno de la República.

Señor Jefe de Gobierno de la Ciudad de México.

Señores Gobernadores de diferentes entidades federativas, que hoy aquí nos acompañan.

Personal militar en situación de retiro.

Generales y Almirantes, Jefes y Capitanes, oficiales, tropa y marinería.

Muy distinguidas y distinguidos invitados a esta ceremonia.

Agradezco la presencia de los agregados militares de países acreditados diplomáticamente en México, que hoy aquí nos acompañan.

Señores representantes de los medios de comunicación.

La mañana del 10 de octubre de 1966, nuestro país enfrentó la fuerza de uno de los fenómenos naturales más devastadores hasta ese momento.

Ese día, el Huracán Inés tocó suelo mexicano, amenazando la vida, la integridad y el patrimonio de las familias de Tamaulipas y Veracruz. Fueron momentos de incertidumbre, de temor y de zozobra.

Las noticias que llegaban eran de alarma pues, a su paso, Inés había dejado muerte y destrucción en el Caribe.

En todo México había un sentimiento de consternación ante la inminencia de una tragedia.

En pocas horas, los estragos se hicieron evidentes. Vientos de más de 200 kilómetros por hora y lluvias torrenciales provocaron que miles de viviendas fueras destruidas, y que los ríos Pánuco y Tamesí se desbordaran sin control.

Fue entonces que, frente a la dificultad, aparecieron los soldados de la Patria, los aliados de los mexicanos, para poner en operación, por primera vez, el Plan DN-III-E.

Mano a mano y hombro con hombro, con la sociedad, hicieron frete a la adversidad. Con entrega y profesionalismo, respaldaron, auxiliaron y protegieron a heridos y damnificados.

En medio de la catástrofe, quedó patente el heroísmo del Ejército Mexicano.

Como quedó claro en este episodio, podemos afirmar que si algo ha permitido generar una alta estima y reconocimiento de los mexicanos hacia nuestras Fuerzas Armadas es su solidaridad y su valiente respaldo en los momentos más difíciles.

A medio siglo de distancia, hoy conmemoramos el acto que dio origen al Plan DN-III-E. Fue en ese momento, también, que se sientan las bases para el Plan Marina. Ambos se han convertido el rostro más cercano de las Fuerzas Armadas.

Desde entonces, son innumerables las actuaciones dignas de evocarse.

La respuesta inmediata ante la trágica explosión de San Juanico, en 1984; las labores de rescate y reconstrucción, luego del sismo de 1985, en la Ciudad de México; o las activas y vitales participaciones tras los huracanes Ingrid, Manuel o Patricia, durante esta Administración.

Sin importar la magnitud o la dificultad del desafío, soldados, pilotos y marinos han sabido mantener en alto su firme e indeclinable convicción de servir a México.

Ante los peligros que acechan a la población, ustedes siempre son los primeros en llegar y los últimos en irse.

En situaciones de emergencia, la presencia de nuestras Fuerzas Armadas significa aliento y alivio, consuelo y esperanza.

México está por siempre agradecido con ustedes.

Son incontables las vidas que han salvado, los apoyos que han entregado o las comunidades que han ayudado a reconstruir.

Es indescriptible la satisfacción de una familia que recupera su hogar; la tranquilidad de un herido, que es rescatado; o la felicidad de un padre que recibe a su hijo sano y salvo.

En las últimas cinco décadas, nuestro país ha enfrentado retos que han puesto a prueba nuestra fortaleza como Nación. Para superar cada uno de ellos, México siempre ha contado con el valor y la eficacia de nuestro personal militar y naval.

Frente a la fuerza impredecible de la naturaleza, la única vía para proteger vidas y mitigar los riesgos es la prevención efectiva. Y qué mejor ejemplo de ello que la planeación militar que da vida al Plan DN-III-E.

Reconozco a la Secretaría de la Defensa Nacional por su visión para fortalecerlo y adaptarlo a las necesidades de un país que, por su ubicación y diversidad geográfica, es particularmente vulnerable a fenómenos naturales.

Justamente, gracias a la preparación de excelencia que reciben durante su formación y a la experiencia en campo, soldados y marinos mexicanos han acudido también en auxilio a naciones hermanas en situación de desastre.

Han sido auténticos emisarios de paz, llevando un mensaje de fraternidad y solidaridad a otros pueblos del mundo.

México lamenta profundamente el dolor y las pérdidas humanas que está sufriendo nuestro hermano pueblo haitiano, a causa de los estragos ocasionados por el paso del Huracán Matthew.

He dado indicaciones para ofrecer al Gobierno de la República de Haití el apoyo y la ayuda humanitaria de México durante las etapas de auxilio y recuperación.

Hoy, el Plan DN-III-E y el Plan Marina conjuntan sus fortalezas y complementan sus acciones al integrarse en el Plan Nacional de Respuesta MX, un modelo que permite concentrar en una sola fuerza nacional toda la capacidad de respuesta del Estado mexicano en materia de protección civil.

Esto significa mayor rapidez para atender emergencias; mayor eficacia en los operativos y más vidas a salvo.

Por todo ello, estos 50 años de operación del Plan DN-III-E, en los que han respaldado a millones de mexicanos, han reafirmado al Ejército, Armada y Fuerza Aérea como los grandes aliados de México.

Nuestras instituciones militares representan una fuerza de orden, de paz y de estabilidad, donde se forman mexicanas y mexicanos de bien; mujeres y hombres que por tierra, mar o aire se desempeñan siempre bajo los más altos principios y valores de honor, deber, lealtad y patriotismo.

Nuestro país tiene, en cada uno de ustedes, aquí presentes, y en sus compañeros de armas, desplegados en toda nuestra geografía, mujeres y hombres valerosos, a mexicanas y mexicanos ejemplares.

Ahí, donde se son requeridos, los integrantes de nuestras Fuerzas Armadas están listos para defender a sus compatriotas, ante cualquier amenaza, incluso a costa de su vida.

Así sucedió el pasado 30 de septiembre, cuando integrantes de esta gran institución fueron atacados en Culiacán, Sinaloa, ocasionando que 10 compañeros fueran heridos y provocando la irreparable pérdida de cinco soldados leales a México.

En esta emotiva ceremonia, los recordamos con profundo respeto y admiración.

Hoy honramos a 114 soldados y marinos que lamentablemente han perdido la vida en el cumplimiento de su deber durante esta Administración, lo mismo que a cada uno de los integrantes de nuestras Fuerzas Armadas, que han dado su vida por México.

Más allá de su rango o especialidad, este día quiero que los recordemos como personas que han dejado a hijos que crecerán sin su padre, a esposas que enfrentarán solas la responsabilidad familiar y a padres que soportaron el peor de los dolores: tener que despedir a su hijo.

A sus familiares y amigos, y a sus compañeros de armas, les reitero mi más sentido pésame y solidaridad.

El sacrificio por la Patria, que a lo largo de su historia han ofrendado soldados y marinos, siempre será recordado como un acto heroico.

Para todos ellos, para todos los que han honrado lo mejor de nuestras instituciones, quiero pedirles a los presentes, y ahora, que les tributemos un respetuoso y solemne minuto de silencio.

(MINUTO DE SILENCIO)

Muchas gracias.

Soldados y marinos de México:

Tengan presente que cada vez que se active el Plan DN-III y el Plan Marina, habrá mexicanos en riesgo, preocupados por su vida y la de los suyos.

Mexicanos que tendrán la confianza de que ustedes llegarán para auxiliarlos y protegerlos.

Tal como ocurrió en octubre de 1966, ustedes serán el brazo solidario para enfrentar y superar la adversidad.

Hoy, como hace 50 años, nuestras Fuerzas Armadas están con México.

Como siempre, su espíritu es imbatible y su corazón es invencible.

Muchas gracias.