Quiero, en este espacio, saludar con especial afecto y solidaridad a Mariana, esposa de Rafa; a sus hijas, a su hijo; a sus hermanos; a sus familiares.

A quienes son parte de esta comunidad cultural de nuestro país, que no sólo le acompaña a Rafael Tovar y de Teresa en este homenaje post mortem que estamos haciendo, sino que fueron parte de la comunidad de amigos que él cultivó.

Están aquí los miembros del Gabinete, del que formó parte, de quienes tuvo una entrañable y cercana amistad con cada uno de quienes son parte de este Gabinete.

De igual manera, quiero agradecer aquí la presencia de los titulares de otros dos poderes del Estado, del Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, y del Ministro Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Porque el día de hoy, los titulares de los tres Poderes del Estado venimos atributarle reconocimiento y gratitud a Rafael Tovar y de Teresa.

Señores representantes de los medios de comunicación:

En la vida de las familias, los nacimientos y aniversarios son momentos de felicidad. La enfermedad y los fallecimientos son momentos de prueba. Pero ambos convocan a la unión.

Igual ocurre en la vida de una sociedad: nos unen momentos alegres, las fiestas patrias, los reconocimientos internacionales, pero, también los momentos de adversidad y de dolor colectivo.

Hoy nos convoca a uno de los excepcionales episodios, en el que la partida de un hombre une a su familia y, también, a una sociedad.

En vida, Rafael Tovar y de Teresa nos unió en torno a la cultura, que es el legado más rico, profundo y permanente que tenemos. Su partida no podría ser de otra manera.

Siempre es muy doloroso decir adiós a un buen amigo, y más si ese amigo entrañable tenía una extraordinaria calidad humana. Y lo es todavía más, mucho más, si ese amigo hizo tanto por México.

Hoy, le reitero mis más sentidas condolencias a sus hijos: Rafael, Leonora, María y Natalia; a sus dos nietos, Leonora y Gerardo, ustedes son herederos de la pasión por México de su padre, de su carácter, de su generosidad y entrega.

Rafael hablaba siempre con amor de su familia; hablaba de sus hijos con enorme orgullo, con esa gran entrega de padre que los cuida y agradece a la vida.

Mariana:

Te reitero mi más sentido pésame, sé lo difícil y lo doloroso que han sido estos días. Rafael y tú eran grandes compañeros, y te agradecemos mucho que siempre lo apoyaras en sus responsabilidades de Estado.

Un abrazo solidario a Isabel, Lorenza, Gabriela y Josefina, así como a Fernando.

Imagino lo duro que debe ser perder a un hermano, uno de los inseparables, como Rafa decía, a quién continuamente era parte de su día a día.

A Rafael Tovar y de Teresa corresponde la autoría de uno de los capítulos más importantes de la política cultural de nuestro país.

La cultura no sólo entendida como el conjunto de las artes, las humanidades, las letras y el pensamiento, sino como el universo de expresiones de nuestro pueblo y nuestros pueblos.

Con espíritu visionario, y siempre con gran energía, desde muy joven comprendió que protegerlas y difundirlas sería su manera de honrar y servir a México.

Amó profundamente a México; amó nuestras civilizaciones milenarias, nuestra historia Virreinal, el México independiente.

Amó nuestras tradiciones, nuestro arte, literatura, música y cine.

Su extraordinaria sensibilidad, desarrollada a partir de la música, le permitió abrirse camino en las otras artes.

Diplomático, abogado, historiador y ensayista, Rafael Tovar y de Teresa comprendió que la cultura es nuestra fuente de identidad y de proyección hacia el futuro.

Por eso se propuso como misión de vida que los mexicanos y el mundo nos conociéramos mejor a través de ello.

Las políticas culturales que impulsó fueron resultado de la conjunción inusual de dos esencias: la de hombre de cultura y la de hombre de Estado.

En todo momento, Rafael Tovar y de Teresa fue un factor de unión entre la Administración Pública y la comunidad intelectual; fue conciliador de personas y corrientes de pensamiento.

Precisamente, este Centro Nacional de la Artes lo imaginó Rafael, no sólo como un espacio físico para difundir la cultura, sino como un lugar con vida propia, en donde los artistas y creadores se forman, y las familias conviven en torno al arte.

Su gran legado, lo que perdura en el tiempo, serán las instituciones que construyó. Al frente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, en tres Administraciones distintas, dejó una huella profunda en las políticas culturales que como pocos creó y enriqueció.

Promovió y estimuló a los creadores, fomentó la música y el cine. Fue fundador del Canal 22, creó el centro de la imagen, el Sistema de Fomento Musical y el programa de Desarrollo Cultural Infantil: Alas y Raíces.

La importancia de su tarea llegó a la creación de la Secretaría de Cultura, de la cual fue su primer titular.

Recuerdo cuando invité a Rafael Tovar y de Teresa para que asumiera la titularidad de esta Secretaría. Y también recuerdo como emocionado llegó a Palacio Nacional el día de rindió Protesta de Ley que, además, siendo la primera vez que nuestro país tenía una Secretaría de Cultura, decidí que esa protesta de Ley la hiciera en el Palacio Nacional, en la Oficina Presidencial.

A la postre, ha sido en mi Gabinete el único titular de alguna Secretaría que ha asumido su responsabilidad en esa oficina.

Envío desde aquí un abrazo solidario a cada uno de los compañeros de esta Secretaría de Cultura, y de los institutos y órganos que la integran. Los convoco a reflejar en su trabajo el cariño y merecido reconocimiento que tenían por su Secretario.

El último de los 12 sitios que él logró que fueran reconocidos por la UNESCO como Patrimonio Mundial fue el Sistema Hidráulico del Acueducto del Padre Tembleque, en los estados de México y de Hidalgo.

Era apasionante escuchar a Rafael explicando la importancia de esta obra, la combinación de técnicas tradicionales de los pueblos prehispánicos con la arquitectura romana.

De hecho, Rafael tenía un espíritu profundamente humanista. Tuvo como ejemplo al mismo Renacimiento, que vivió en carne propia cuando fue Embajador de México en Italia.

Esa pasión renacentista lo llevó a traer a México, en esta Administración, las exposiciones de Leonardo y de Miguel Ángel, así como la réplica de la Capilla Sixtina, entre muchos otros proyectos.

Rafael quería que todos los mexicanos tuvieran acceso a las máximas expresiones culturales del mundo. Su pasión por democratizar la cultura sólo era igualada por su trabajo para impulsar la creatividad de los artistas mexicanos.

Señoras y señores:

La cultura es la raíz de la unidad entre los mexicanos. La cultura crea puentes.

Rafael Tovar y de Teresa fue un puente entre el servicio público y la comunidad artística y cultural, hasta el punto de borrar las diferencias.

Fue digno heredero de la mejor y más generosa tradición cultural mexicana. Una tradición conformada por un patrimonio histórico y cultural que nos enorgullece. Por creadores e intérpretes excepcionales, por originales pensadores que han reflexionado sobre el arte y el devenir del mundo.

La cultura en México recordará a Rafael Tovar y Teresa, junto a grandes figuras, que en su momento histórico apoyaron la creatividad artística, fortalecieron nuestra identidad y defendieron nuestro patrimonio cultural.

Veo en él a un digno heredero, y lo quiero afirmar después de recoger lo que aquí expresara su hijo Rafael Tovar López Portillo, sí veo en Rafael Tovar y de Teresa a un heredero como lo es Ignacio Manuel Altamirano, de Justo Sierra, de José Vasconcelos, de Jaime Torres Bodet.

Supo poner las herramientas del Estado a favor de los creadores y de la defensa del patrimonio artístico y cultural de nuestro país.

Estoy seguro que el juicio de la historia sobre él, precisamente, lo habrá de poner en el altar de estas grandes figuras que han servido a México.

La mejor manera de honrar su memoria es mantener vivo su ejemplo de amor a México y de entrega absoluta a todas las manifestaciones de la cultura y el arte, donde Rafael Tovar aportó lo mejor de su talento.

Hoy, más que nunca, los mexicanos debemos mantener y fortalecer nuestra unidad en lo esencial; y lo esencial es nuestra cultura y nuestra identidad.

Gracias, Rafael, por haber encarnado esa unidad a lo largo de tu trayectoria como ser humano y como servidor público.

A Rafa lo vamos a extrañar.

Déjenme solo agregar en este testimonio de los que aquí se han expresado que, como Presidente de la República y como compañero de trabajo de quien fuera mi Secretario de Cultura, lamento de manera profunda su pérdida.

Pude estar cerca de él en los meses difíciles que le tocó vivir, a partir de haberle sido detectada una enfermedad, y que vivió con enorme entereza, con gran valor y con enorme optimismo.

Siempre dispuesto, resuelto a tomar solo días cuando así se demandaba, para atenderse en su salud y no dejar de lado y menos posponer la responsabilidad que tenía confiada como el primer Secretario de Cultura del Gobierno de la República.

Rafael Tovar y de Teresa fue un hombre extraordinario, más allá de su talento personal y profesional, por sus cualidades muy íntimas, por sus cualidades de ser humano: buen amigo, entregado siempre al mejor consejo.

Aquí están los miembros del Gabinete, más bien de quienes de él escucharon muchas veces en sus participaciones en las sesiones del Gabinete una visión y una óptica muy diferente, quizá, la que en su momento estuviéramos discutiendo. Siempre una visión distinta, desde otra arista, que enriquecía, precisamente, la toma de decisiones.

Rafa:

Te vamos a extrañar.

México te recordará siempre como un hombre que, desde la cultura y una entrega total y absoluta a esta vocación, sirvió a México.

Que descanse en paz, Rafael Tovar y de Teresa.