Señor Presidente de los Estados Unidos Mexicanos.

Señor Presidente del Senado.

Señorías.

Señoras y señores:

Sean mis primeras palabras para expresarle, Presidente, con el aprecio más sincero, la más cordial y calurosa bienvenida del Congreso de los Diputados de las Cortes Generales que albergan la suprema representación del pueblo español.

Porque su visita a las Cortes Generales de España revela la profunda amistad entre México y España, dos países unidos por sólidos vínculos históricos y culturales, y lo que es más importante, por lazos de verdadero afecto entre sus pueblos.

Esta amistad y cariño hacen que hoy resulte difícil entender que haya habido un largo periodo durante el cual nuestras relaciones estuvieron interrumpidas y, sin embargo, así fue.

Y fue sólo con una España democrática cuando se reestablecieron nuestros vínculos diplomáticos el 28 de marzo de 1977, hace ahora 37 años.

Merece la pena echar la vista atrás y comprobar el profundo cambio experimentado por nuestros dos países, desde entonces.

Hoy, México y España son democracias consolidadas.

Hoy, México y España tienen sólido peso en la sociedad internacional.

Los últimos 37 años, México y España han multiplicado por más de cinco su renta per cápita, convirtiéndose en naciones prósperas y con extraordinario potencial, y ello a pesar de la crisis económica que nos ha golpeado en la etapa más reciente.

En el ámbito económico nuestros intercambios comerciales se han multiplicado por 50 desde 1977, viéndose especialmente favorecidos desde la entrada en vigor, hace 14 años, del Tratado de Libre Comercio entre México y la Unión Europea.

Y en estos 37 años nuestras relaciones se han incrementado y profundizado, como lo demuestra, entre otros aspectos, los múltiples viajes, Visitas Oficiales y las seis Visitas de Estado efectuadas a México por Sus Majestades, los Reyes, desde 1976.

Como, también, que hoy participe por tercera vez en una sesión solemne de las Cortes Generales de España un Presidente de México.

Nuestra historia común es compleja.

Ha habido encuentros y desencuentros, pero como los hay siempre en las relaciones de familia.

Y en nuestras semejanzas y diferencias siempre hemos sabido encontrar complicidad; porque siempre la hubo entre mexicanos y españoles.

Porque la relación está basada en el afecto profundo. Los españoles queremos profundamente a México, y los mexicanos quieren profundamente a España.

No debe ser, por tanto, casualidad que hoy la historia haya querido que el Presidente de los Estados Unidos de México esté en España.

Y que al Presidente del país con el que restablecimos relaciones con la llegada de la democracia, y bajo el mandato del Presidente Suárez, esté en España en el mismo entorno en el que hace tan sólo unos meses, le dimos nuestra última despedida.

Como tampoco debe serlo que sea la última Visita de Estado en vísperas de proclamar un nuevo Rey.

Me alegra profundamente. Su visita, Presidente, tiene lugar en un momento histórico, porque su visita constituye, también, un hito histórico en nuestras relaciones bilaterales.

Y llega en el momento propicio para hacer nuestra la frase de uno de los más celebres literatos mexicanos, Octavio Paz, de cuyo nacimiento celebramos, precisamente, este año, su centenario, cuando escribió que América no es tanto una tradición que continuar como un futuro que realizar.

Es el momento de mirar hacia el futuro y de continuar tejiendo nuestras relaciones sobre ese sólido transado, que juntos hemos desarrollado y cuidado.

Sé que esta ilusión por el futuro es la que está guiando la actuación del Presidente Peña Nieto desde su Toma de Posesión, en diciembre de 2012.

Y que esa ilusión es la que le ha permitido lograr que al día siguiente de firmar la Presidencia, pudiese firmarse el Pacto por México, y aunar a los tres principales partidos políticos mexicanos para la consecución de medidas de muy distinto ámbito, pero con el fin de hacer frente a los retos del país.

Presidente.

Señorías:

Vivimos tiempos difíciles, complejos y distintos de los que nos han precedido. Pero la historia común de nuestros dos países nos demuestra que el cariño y la hermandad, la generosidad y la complicidad, nos han permitido llegar hasta aquí, y nos permiten asegurar que esos mismos valores nos servirán para avanzar juntos hacia un futuro mejor.

Señor Presidente:

Las Cortes Generales de España están esperando escuchar sus palabras.

Muchas gracias.