Señoras y señores.

Muy buenas tardes a todas y a todos ustedes.

     Saludo al señor Presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

         A la Vicepresidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados.

         A los integrantes, Presidentes de las Comisiones de Derechos Humanos del Senado de la República, de la Cámara de Diputados.

         A las y los Legisladores Federales que están aquí presentes.

       A distintas autoridades del orden Federal.

         De representación de organismos internacionales que están aquí presentes.

         A organizaciones de la sociedad civil que participan en este esfuerzo, realmente, para procurar realmente que en México tengamos un mayor respeto a la dignidad y a los derechos humanos de nuestros conciudadanos.

         De manera muy particular, saludo a quienes hoy han recibido este reconocimiento de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos; a quienes hoy reciben, precisamente, este reconocimiento a su tarea y a su esfuerzo tan loable y, sin duda, muy comprometido en favor de la causa que hoy nos convoca, que es la de los derechos humanos.

         A la hermana Consuelo Morales, de quien hemos escuchado su testimonio, su experiencia de vida en estos años que, ella misma nos ha compartido, no obstante que se pinte sus canas, como lo ha dicho.

         Y antes de llegar a este evento y ante ello, ofrezco una disculpa por el retraso, sólo atribuible a un servidor, porque yo platiqué antes con la hermana, claramente me dijo: no es la madre, es la hermana Consuelo; antes platiqué con ella, y yo llegué tarde al diálogo que tenía con ella antes previsto.

         Por eso, les ofrezco una disculpa.

         Pero así como lo hemos escuchado en ella y en Sandra, de quien hace una gran labor en favor de niñas, niños y adolescentes, a ambas, a dos mujeres mexicanas de talento, pero sobre todo, de una gran convicción; que no trabajan, y eso me lo dijo la hermana hace un momento, estoy seguro que no trabajan por lograr reconocimientos, colgarse medallas o estrellas a la labor que hacen. Lo hacen por una firme convicción de que México necesita sobreponerse a escenarios adversos, que nos permita tener un mayor respeto a la condición de personas y a los derechos humanos de nuestros connacionales.

         Felicidades y enhorabuena a ambas galardonadas.

         Muchas gracias y felicidades.

         Señoras y señores:

         Respetar y proteger, y aquí lo hemos escuchado ya en más de una ocasión en quienes me han antecedido en el uso de la palabra, respetar y proteger los derechos fundamentales significa respetar y proteger la vida, la dignidad y las libertades de las personas.

         Por eso, en México los derechos humanos son un asunto de Estado; son una causa que nos convoca y nos une a todos, o a eso debe llevarnos, a que trabajemos en un solo frente.

A que no partamos de suponer que estamos en lados distintos de lo que juntos buscamos, que es la protección y defensa de los derechos humanos.

         Prueba de ello es, justamente, la admirable y valiente participación de la sociedad civil mexicana en la promoción y defensa de estos valores universales.

Así lo hemos constatado este día, con la entrega del Premio Nacional de Derechos Humanos 2015, a la hermana Consuelo Morales Elizondo, y Directora de la Organización Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos.

          Y con esta elevada distinción, el Estado mexicano reconoce su incansable labor en defensa de las víctimas, y en la búsqueda de personas desaparecidas.

          Por dos décadas, como aquí nos lo compartió, usted no sólo ha dado voz a los desprotegidos y los ha acompañado en su exigencia de justicia, también ha planteado soluciones de fondo.

          Sus propuestas han contribuido a crear mejores normas para salvaguardar la dignidad humana en nuestro país.

         Y hoy también entregamos, como lo he referido ya, una mención honorífica a Sandra Jiménez Loza, por su trabajo comprometido en la defensa de los derechos de las niñas, niños y adolescentes, así como de las personas con discapacidad.

         A ambas, nuevamente, les expreso mi felicitación y mi mayor reconocimiento.

         La hermana Consuelo ha expresado en diversas ocasiones su confianza en que es posible construir un México diferente, a partir de la protección y respeto a los derechos humanos.

         Y quiero decirle, a la hermana, que coincido plenamente con usted.

         En nuestra conversación de hace un momento usted me planteó distintos temas, que hoy ha expuesto de forma pública en su interés realmente por conocer la verdad sobre estos hechos.

Pero, junto a ello, me hizo una pregunta que hoy quisiera responderle públicamente.

Y aquí, además, me convocó a que cuál sería el legado que el Presidente de la República debiera tener en materia de protección de los derechos humanos.

Yo parto, primero, de esta misma convicción, del compromiso firme y decidido que tiene el Estado mexicano, realmente por ir construyendo una sociedad que respete la dignidad de las personas y los derechos humanos.

         Y esta tarea no sólo, debo decirlo, le ocupa al Presidente de la República.

Sin duda, el Presidente de la República, como Jefe del Estado mexicano es responsable de darle cauce, de inducir, pero lo más importante es que logremos hacer converger los esfuerzos de la sociedad organizada, de las distintas organizaciones no gubernamentales, de las instituciones del Estado mexicano, varias de ellas dedicadas, precisamente, a la defensa de los derechos humanos; a las instituciones que tiene el Estado en su totalidad, para que realmente hagamos un frente común.

          No partamos de la desconfianza. Partamos de lograr entre nosotros una mayor confianza, una apertura, una mayor transparencia de cada uno de los procesos, y logremos, como usted lo ha hecho allá, en Nuevo León, a partir de lo que nos ha compartido, lo que usted testimonió de lo que ha pasado en Nuevo León, dijo, aquí nos ha compartido, ha habido avances.

Si bien faltan pasos que dar, ha habido pasos firmes que hemos logrado y hemos logrado consolidar una acción de búsqueda y de atención a las víctimas que pasan por el dolor y la pena de sus seres, por la pérdida o ausencia de sus seres queridos.

       Yo estoy convencido que el gran legado que podemos tener es, primero, una mejor normativa, instrumentos jurídicos, como los que aquí habré hoy de presentar a consideración del Congreso de la Unión, precisamente para fortalecer las capacidades, pero además, también, sancionar conductas que afecten el pleno respeto a los derechos humanos.

Y, al mismo tiempo, el hacer converger este esfuerzo para crear protocolos, instrumentos, mayores capacidades, consolidación en las áreas de procuración de justicia, de administración de justicia, para que realmente el esfuerzo no sea vano, no parezca ajeno; sino, realmente, permita el  mismo propósito, el mismo objetivo: Lograr conocer la verdad y el pleno respeto a los derechos humanos.

          A partir de diversas reformas y políticas públicas, se ha ampliado el reconocimiento de derechos fundamentales en nuestro orden constitucional, al tiempo que se han fortalecido las capacidades institucionales para asegurar su ejercicio pleno.

          Ahora, y hay que decirlo, no por ello estamos del todo satisfechos, pero sin duda hoy contamos con innovadores instrumentos jurídicos para proteger los derechos de las víctimas y facilitar la reparación del daño, así como para mejorar el acceso a la justicia.

          Si bien hay avances en la dirección correcta, también es cierto que ocurren, y esto hay que reconocerlo, hechos inaceptables, como son los casos de desaparición forzada o de tortura.

         Como país, tenemos que afrontar y superar estos episodios con toda determinación.

Tenemos que acabar con estos flagelos que atentan contra la dignidad humana y nos agravian como sociedad.

         Y con esta convicción, hoy que conmemoramos el Día Internacional de los Derechos Humanos con acciones concretas.

         Como lo he apuntado ya, el día de hoy, al término de mi intervención, habré de firmar las iniciativas que enviaré al Congreso de la Unión con dos importantes temas.

Me refiero a la Iniciativa de Ley General para Prevenir y Sancionar los Delitos en Materia de Desaparición de Personas, y la correspondiente a la Ley General para Prevenir, Investigar y Sancionar la Tortura.

          Por la trascendencia de estos proyectos, permítanme destacar algunas de las características más  relevantes.

          La propuesta de Ley General en Materia de Desaparición de Personas permitirá establecer una nueva política pública, enfocada en su búsqueda y localización. Para ello, la ley plantea la creación de  cuatro instrumentos básicos:

          Primero. El Sistema Nacional de Búsqueda, que asegure la inmediata movilización de las instancias de seguridad pública, procuración de justicia y personal especializado ante un reporte de desaparición. 

          Su objetivo es garantizar una respuesta institucional amplia, ágil y oportuna en las horas siguientes a la desaparición, las más críticas para encontrar o brindar auxilio a las víctimas de este delito. 

        Su testimonio, hermana, nos deja ver que sí es posible avanzar en este tema.

Lo que usted ha vivido en Nuevo León, sin duda, contribuye a darle forma y, sobre todo, a enriquecer la propuesta que estoy haciendo en esta iniciativa.

          El segundo elemento es el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizables.

      A partir de esta base de datos, los familiares podrán dar seguimiento a su denuncia de desaparición.

       Se trata de un registro con información actualizada y confiable, proporcionada por hospitales, centros de detención y servicios médicos forenses, tanto Federales como locales.

        El tercer instrumento es el Registro Nacional Forense, que utilizará los últimos adelantos de la ciencia y la tecnología, para facilitar la localización e identificación de personas desaparecidas.

       Y, finalmente, el cuarto instrumento se refiere al Consejo Nacional Ciudadano, integrado por defensores de derechos humanos, especialistas y familiares de las víctimas, cuyo objetivo será asesorar y emitir opiniones al Sistema Nacional de Búsqueda.

          Por su parte, la Propuesta de Ley General contra la Tortura tiene un objetivo muy claro: erradicar esta práctica.

          A fin de acabar con esta y otras formas de trato inhumano, la iniciativa propone crear las siguientes instancias:

         La primera, son las Unidades Especializadas de Investigación, tanto a nivel Federal, como en las entidades federativas, para combatir con mayor eficacia este delito.

        La segunda instancia es el Mecanismo Nacional de Prevención, conformado por la propia Comisión Nacional de los Derechos Humanos y los ombudsman estatales, en los que participan representantes de organizaciones internacionales, sociedad civil, académicos y expertos.

         Su misión será de la mayor importancia: aplicar en el país las mejores prácticas internacionales para evitar actos de esta naturaleza.

        Y la tercera, es el Registro Nacional de los Delitos de Tortura y otros Tratos Inhumanos y Degradantes, integrado por las bases de datos de la PGR y de las Procuradurías de Justicia locales.

          Este Registro pondrá al alcance de la ciudadanía la información pertinente para evaluar los avances en este esfuerzo nacional en contra de la tortura.

         Quiero destacar que ambos proyectos de ley son producto de un amplio proceso de consulta, en el que participaron Legisladores, autoridades, académicos, especialistas, organizaciones de la sociedad civil, representantes de víctimas y la ciudadanía en general.

          Estas iniciativas, además  fueron enriquecidas por las valiosas aportaciones de organismos internacionales, como el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y el Comité Internacional de la Cruz Roja.

         Como Presidente de la República expreso mi más amplio reconocimiento a todas y todos los participantes de este ejercicio abierto y plural, en favor de los derechos humanos.

         Reitero que el Gobierno de la República es un Gobierno que está siempre dispuesto a escuchar la voz, las ideas y las propuestas de la sociedad, y que se traduzcan éstas en iniciativas de ley y acciones que beneficien a todos los mexicanos.

         De ser aprobadas, por primera vez se definirán a nivel nacional, con claridad y precisión, las competencias y las formas de coordinación entre los tres órdenes de Gobierno, y ello será clave para combatir con eficacia y contundencia estas inaceptables violaciones a los derechos fundamentales.

          Igualmente, serán considerados como delitos permanentes por lo que jamás prescribirán y se perseguirán de oficio.

          Insisto, con base en estas nuevas leyes, dichas conductas serán investigadas, perseguidas y sancionadas, a partir de un marco jurídico homologado para todo el país.

          En el Gobierno de la República creemos firmemente que combatir frontalmente la desaparición forzada y la tortura es una condición básica para lograr la plena vigencia del Estado de Derecho en nuestro país.

          Hoy quiero aquí, ante ustedes, ratificar mi compromiso que es invariable, que es indeclinable con la dignidad humana, y con el fortalecimiento permanente de las capacidades institucionales en favor de la defensa de los derechos fundamentales.

          Nuevamente, mi más amplio reconocimiento a nuestras galardonadas.

Gracias por ser parte de una sociedad que está de pie, que está con una misión muy clara frente así, y que con enorme compromiso contribuye, realmente, a que en México vayamos transitando a una sociedad plena de derechos, y dentro de ellos una sociedad que respete la dignidad de la persona, que respete sus derechos humanos.

         Felicidades, hermana Consuelo.

         Felicidades Sandra.

          Muchas felicidades y mi mayor reconocimiento.

         Muchas gracias.