Muchísimas gracias.

Muy buenas tardes a todas y a todos los asistentes a este evento.

Saludo con gran respeto al señor Almirante Secretario de Marina.

Al señor Secretario de la Defensa Nacional.

A la señora Gobernadora del Estado de Sonora, a quien agradezco su hospitalidad, sus atenciones, sobre todo la gran disposición para hacer hoy, aquí, en su estado, el estado que gobierna, precisamente esta celebración de un año más de haberse fundado la Marina Armada de México.

Y ocasión también para reiterarle, Gobernadora, que tiene usted, en el Gobierno de la República y en el Presidente de la República, tiene su gobierno a un aliado para acompañarle en los esfuerzos para servir de mejor manera a los sonorenses. No tenga duda de ello.

Señores integrantes del Gabinete del Gobierno de la República.

Muy distinguidos Almirantes, Generales, capitanes, jefes, oficiales, tropa, clases y marinería que hoy están aquí presentes, representando a nuestras Fuerzas Armadas.

Saludo con amplio respeto a la muy distinguida concurrencia; a las distinguidas y distinguidos invitados a este evento, miembros de la sociedad civil; representantes también del sector público.

A las y los legisladores, tanto federales, como locales, que nos acompañan en esta celebración.

Señores representantes de los medios de comunicación:

Permítanme compartirles que el día de ayer visité las Islas de Revillagigedo, en el Pacífico mexicano. Ahí tuve el privilegio de recibir el certificado que acredita a todo este archipiélago como Patrimonio Mundial de la Humanidad.

En esa remota zona, situada a 720 kilómetros de la costa de Colima, ahí están presentes los marinos de la Armada de México, sirviendo a la Patria.

Así lo han hecho durante casi 60 años, superando condiciones de aislamiento y dejando constancia siempre de su inquebrantable vocación de servicio para proteger la integridad territorial y los vastos recursos naturales de estas islas.

La base naval de Revillagigedo es uno de los muchos ejemplos de la entrega sin reservas de la lealtad institucional a toda prueba y, sobre todo, del acendrado patriotismo de los integrantes de la Marina Armada de México.

Como Presidente de la República y como Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, es un honor estar hoy aquí, en Guaymas, Sonora, para conmemorar el Día de la Armada de México.

En esta fecha emblemática, envío mi más amplia felicitación a los marinos de la Patria, destacamentados en las Unidades Navales de toda la República.

El compromiso de la Armada de México con nuestra Nación tiene raíces profundas.

El 23 de noviembre de 1825, el Capitán de Fragata Pedro Sainz de Baranda, y su escuadra naval, se cubrieron de gloria, como lo mencionaba hace un momento el Almirante Secretario, al expulsar a las últimas tropas españolas de nuestro país, apoderadas del Castillo de San Juan de Ulúa.

De esta forma, nuestra Armada consolidó la Independencia Nacional. Éste es el legado de honor de Pedro Sainz de Baranda y de sus hombres.

Ésta es la lección de orgullo, coraje y dignidad que aún siguen inspirando a todos los integrantes de la Marina Armada de México.

Con esta proeza, la Armada demostró al mundo que los mexicanos somos los arquitectos de nuestro destino, que nadie puede decidir por nosotros. Somos nosotros, y nadie más, los que decidimos construir un país democrático; un país de paz y armonía; de libertades y derechos; de leyes e instituciones.

Apenas el domingo pasado, tuve el honor de entregar condecoraciones y ascensos a varios integrantes de nuestras Fuerzas Armadas.

Fue una jornada muy emotiva. Ese día felicité en especial al personal que fue promovido al grado inmediato superior, lo mismo que a sus familias, pues ese logro también les pertenece.

Además, reconocí dos elementos centrales de nuestras Fuerzas Armadas: su espíritu de cuerpo y el liderazgo positivo de quienes ejercen una responsabilidad de mando.

Ser un solo cuerpo es lo que le da sentido de cohesión y de unidad; es lo que le permite servir a México con honor y deber, con lealtad y patriotismo.

Alentado por este ejemplo, el domingo pasado convoqué a los mexicanos a cerrar filas para seguir avanzando con unidad de propósitos y de acciones.

Unidos somos más fuertes. Juntos podemos vencer cualquier adversidad y superar cualquier desafío.

Ustedes, como integrantes de nuestras Fuerzas Armadas, nos han enseñado que México es uno solo, y lo construimos entre todos diariamente.

Es nuestra casa común, nuestro proyecto mayor, nuestra misión colectiva.

Hoy nuevamente tengo el gusto de honrar a los defensores y protectores de la Patria. Ha sido un privilegio entregar reconocimientos a las unidades y al personal de la Armada, que han destacado en el cumplimiento de su deber.

Agradezco sus acciones en favor de la seguridad, de quienes navegan cotidianamente las aguas nacionales, lo mismo que en la salvaguarda de nuestros puertos e instalaciones estratégicas.

Valoro, también, su valiente respaldo para recuperar la paz y la tranquilidad en las ciudades y zonas donde más se requiere su presencia.

El domingo pasado, el Almirante Vidal Francisco Soberón reiteró la demanda de las Fuerzas Armadas de avanzar hacia un marco jurídico que dé certeza a su actuar en materia de seguridad pública.

El Gobierno de la República refrenda este posicionamiento y se pronuncia por atender esta asignatura pendiente, que dará certidumbre a los solados, pilotos y marinos que velan por nuestra paz.

En esta fecha tan especial, reconozco, también, sus valiosos servicios en la protección de nuestros ríos y lagos, de nuestros litorales y mares, de nuestros archipiélagos e islas.

Precisamente, para proteger mejor nuestra extensa zona económica exclusiva, celebro que hoy estemos fortaleciendo el poder Naval de la Federación, con el Abanderamiento de la Patrulla Oceánica “Chiapas”, y del Buque de Aprovisionamiento Logístico “Isla María Madre”.

Estos impresionantes buques, vale la pena decirlo, fueron orgullosamente construidos en los astilleros de la Marina Armada de México. Ésta es la capacidad y el fortalecimiento institucional que tiene la Marina Armada de México, para construir sus propios buques, sus propias embarcaciones, para preservar la seguridad interior y cuidar de nuestros mares.

De hecho, la Armada de México eligió Guaymas para el abanderamiento para reconocer, de esta manera, a este gran puerto y las instalaciones que también tiene aquí, la Marina Armada de México.

También es una forma de agradecer a la Gobernadora Claudia Pavlovich por el aprecio que siempre ha mostrado a las labores de la Armada. La mejor muestra de ese afecto es que es madrina de uno de los buques que el día de hoy ha sido abanderado.

Otra labor en la que los marinos de la Patria han mostrado su vocación de servicio a México es en el auxilio a la población civil en casos de emergencia o de desastre.

Como bien se señaló aquí, esta celebración del Día de la Armada de México tiene un significado también, muy especial, porque se enmarca en el 50 Aniversario, 50 años del Plan Marina, la máxima expresión de solidaridad, fraternidad y generosidad de esta institución.

Desde 1966, el heroísmo de la Armada de México ha quedado patente en incontables ocasiones, auxiliando, rescatando y salvando la vida de miles de mexicanos.

De esto han sido testigos los tripulantes de embarcaciones varadas o accidentadas en el mar. Para ellos la llegada de nuestros marinos ha sido sinónimo de tranquilidad, aliento y esperanza.

Además, junto con el Ejército y la Fuerza Aérea, han participado en la mayoría de las labores de auxilio, rescate y protección a las comunidades afectadas por fenómenos naturales o accidentes de gran magnitud.

Frente a sismos, huracanes, inundaciones y deslaves, los integrantes de nuestras Fuerzas Armadas son los primeros en llegar y los últimos en retirarse.

Están presentes desde el momento en que inicia la emergencia, pasando por las etapas de limpieza y de protección al patrimonio familiar, hasta la reconstrucción.

Cruzando ríos, bosques o montañas han brindado su valiente respaldo a damnificados y heridos, en los momentos más difíciles.

Por su vocación de servicio a México, les reitero mi más amplio y sincero reconocimiento.

Señoras y señores:

Comandar a las Fuerzas Armadas es uno de los más altos honores y de las más grandes responsabilidades que he tenido como Presidente de la República.

Nunca me cansaré de reconocer su lealtad inquebrantable a la República y a las instituciones que hemos edificado los mexicanos.

Para todos ustedes servir a México es más que un trabajo, es una forma de ser.

La fuerza que los mueve son los principios y valores navales, por eso para ustedes el mérito y la gloria son sus mayores recompensas.

Desafíen vientos y tormentas, con su temple y firmeza de carácter, para llevar a nuestro país a buen puerto.

Continúen sirviendo a México con honor, deber, lealtad y patriotismo, al hacerlo, mantendrán en alto el prestigio y la grandeza de nuestros institutos armados; al hacerlo le seguirán cumpliendo a la patria y a los mexicanos.

Nuestras Fuerzas Armadas son orgullo de México entero.

Muchísimas gracias.