Señora Presidenta de la Asamblea General.

Excelentísimas señoras y excelentísimos señores Jefes de Estado y de Gobierno.

Señoras y señores delegados.

Señoras y señores:

Como Presidente de México, es un alto honor participar, por primera ocasión, en esta Asamblea General, máximo símbolo de unidad entre las naciones.

México reitera su compromiso histórico con este foro universal de diálogo, entendimiento y cooperación.

El mundo de hoy no podría concebirse sin las Naciones Unidas. Su influencia positiva está presente en todos los ámbitos de nuestras vidas.

La ONU encabeza esfuerzos internacionales contra el hambre, las pandemias y el cambio climático; protege a nuestros niños; salvaguarda el patrimonio de la humanidad y alienta el empoderamiento y avance de las mujeres del mundo.

Esta Organización promueve el comercio y las comunicaciones globales, lo mismo que los derechos humanos y la paz.

Gracias a las Naciones Unidas, nuestro mundo es hoy más libre, más democrático y más desarrollado.

Pero así como son evidentes las contribuciones de la ONU al bienestar de millones de personas, también son innegables los múltiples desafíos que, en la actualidad, enfrentamos todos los países del planeta.

Desde la economía global, que aún no recupera su dinamismo, pasando por conflictos regionales, que han causado muerte y migraciones forzosas, hasta el cambio climático que genera desastres naturales, es claro que el mundo necesita respuestas multilaterales más eficaces.

En un mundo con tantos fenómenos que trascienden fronteras, se requiere de la cooperación internacional como nunca en nuestra historia y esa suma de esfuerzos globales sólo puede surgir aquí, en las Naciones Unidas.

Hoy, nuestro planeta confía en contar con una Organización de las Naciones Unidas más eficaz, eficiente, transparente, representativa y con mayor participación de todas las sociedades del mundo.

La ONU debe atreverse a cambiar para mejorar.

En México creemos firmemente que la ONU cuenta con todos los atributos para ser más audaz y renovarse.

En materia de cambio institucional, necesitamos un Consejo de Seguridad que evolucione y sea representativo del nuevo equilibrio mundial. Es importante reformarlo para fortalecer su transparencia, rendición de cuentas y capacidad de respuesta.

Consideramos que debe ampliarse el número de Miembros No Permanentes del Consejo; creando asientos de largo plazo, con posibilidad de reelección inmediata, en función de una representación geográfica más equitativa.

El mundo necesita una ONU donde los miembros permanentes del Consejo no utilicen el veto en casos de violaciones graves del derecho internacional humanitario.

En cuanto a la paz y la seguridad internacional:

Las Naciones Unidas deben impedir el tráfico de armamento y los graves daños que causa a nuestras sociedades.

El tratado sobre el comercio de armas nos brinda las herramientas para hacer frente a este creciente desafío. Sin embargo, es fundamental que todas las naciones lo firmen y, más aún, que lo ratifiquen.

La Primera Conferencia de los Estados Parte de este Tratado se celebrará en México, el próximo año. Será una gran oportunidad para que las naciones trabajemos juntas y evitemos que las armas dañen a los niños o a las poblaciones vulnerables del mundo.

En este mismo sentido, también debemos fortalecer a la ONU, para que pueda combatir eficazmente el terrorismo, que lacera a las sociedades del planeta.

Necesitamos, además, una ONU que renueve sus esfuerzos en favor del desarme nuclear.

Debemos impedir que más países o actores no estatales tengan al alcance esta capacidad destructiva y también exigir a los que ya la tienen que reduzcan y eliminen su armamento.

Si queremos un mundo más seguro, nadie debe utilizar o amenazar con usar el poder nuclear para poner en riesgo la supervivencia misma de la humanidad.

Respecto a la Agenda de Desarrollo:

Ahora que se aproxima la fecha para definir los Objetivos de Desarrollo Sustentable, necesitamos unas Naciones Unidas con una visión más amplia del bienestar de las personas.

La Agenda de Desarrollo Post 2015 debe reconocer que la pobreza no se determina únicamente por un ingreso insuficiente; sino, también, a partir de las demás carencias que impiden el desarrollo personal y colectivo.

Consideramos, además, que uno de los ejes rectores de esta agenda debe ser la inclusión económica y social.

Las Naciones Unidas también requieren poner al día su compromiso con los derechos de las niñas, niños y adolescentes, atendiendo las nuevas problemáticas que amenazan su integridad.

Debemos iniciar una acción conjunta a nivel mundial para combatir el acoso escolar o psicológico, como el bullying, al tiempo que reforzamos los valores entre nuestra infancia y juventud.

Si queremos que mañana el mundo esté habitado por adultos con espíritu de comprensión, entendimiento, amistad entre los pueblos, paz y fraternidad universal, debemos actuar hoy con mayor determinación para que nuestros niños y jóvenes estén libres de cualquier tipo de maltrato.

En suma.

Para hacer frente a los desafíos del Siglo XXI, necesitamos unas Naciones Unidas con un nuevo diseño institucional, con un renovado compromiso por la paz y la seguridad; y, sobre todo, con una agenda de desarrollo amplia e incluyente.

Cambiar nunca es fácil, menos cuando se requiere una transformación de fondo que depende de la cooperación de múltiples actores, y cada uno tiene sus respectivas prioridades e intereses.

En el caso concreto de la ONU son múltiples las voces que reconocen la necesidad de un cambio, pero, al mismo tiempo, creen que es imposible lograrlo, porque nadie cederá en sus posiciones.

En México había una situación similar.

Había quienes coincidían en la urgencia de impulsar cambios estructurales al interior de nuestro país, pero que, a la vez, advertían que no sería posible concretarlos.

Esas voces aseguraban que las fuerzas políticas y el Gobierno de la República no podríamos ponernos de acuerdo para transformar a nuestra Nación.

Sin embargo, México demostró que sí es posible construir en la pluralidad; que la diversidad es una fortaleza cuando hay disposición para el diálogo constructivo.

La base para lograrlo fue el Pacto por México; un acuerdo en donde se plasmaron compromisos esenciales para impulsar una amplia agenda de reformas en distintos ámbitos de la vida nacional.

A partir de este innovador instrumento político, los mexicanos nos atrevimos a mejorar la calidad de la educación, a flexibilizar el mercado laboral, así como a combatir los monopolios y las prácticas anticompetitivas.

Nos atrevimos a modernizar el sector de las telecomunicaciones, a ampliar la oferta de créditos y reducir su costo, a fortalecer las finanzas públicas y a iniciar un nuevo modelo de desarrollo energético para el país.

Los mexicanos dialogamos y acordamos la renovación de nuestras instituciones políticas y electorales, lo mismo que de nuestro sistema de justicia y de transparencia.

Los mexicanos decidimos transformarnos.

Estos profundos cambios se habían pospuesto durante décadas en México, porque ningún partido político ha tenido la mayoría legislativa en el Congreso en los últimos años.

Sin embargo, a partir del diálogo y los consensos, fue posible concretarlos en tan sólo 20 meses.

Cuál fue la principal diferencia con el pasado.

Precisamente la voluntad de toda una Nación que se atrevió a cambiar.

México actuó con decisión y audacia. Se atrevió a transformarse y a ponerse en movimiento.

Con base en esta experiencia, estoy convencido de que la Organización de las Naciones Unidas también puede cambiar.

Señoras y señores:

A casi 70 años de su fundación, las Naciones Unidas deben evolucionar, como lo ha hecho el mundo.

Sé que no será fácil construir consensos para lograrlo, porque se tendrán que romper inercias y cambiar paradigmas, pero también sé que aquí existe el talento, la visión y la audacia para conseguirlo.

Es tiempo de construir una nueva Organización de las Naciones Unidas para un nuevo siglo.

Esto exigirá de todos los Estados, voluntad para escuchar, dialogar, tolerar e, incluso, disposición para ceder.

Pero al final de este proceso el mundo contará con una Organización de las Naciones Unidas más eficaz, que trabaje con éxito en favor de la paz y el desarrollo del planeta.

Mi país está dispuesto a ser parte activa de esta transformación. Está decidido a evolucionar con las Naciones Unidas.

México apoya y valora las operaciones para el mantenimiento de la paz, instrumento de la ONU que ayuda a los países a superar conflictos y crear condiciones para una paz duradera, mediante acciones de reconstrucción, asistencia humanitaria y seguridad.

Por eso, México ha tomado la decisión de participar en las operaciones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas, realizando labores de índole humanitaria en beneficio de la población civil.

Nuestra participación será atendiendo a un mandato claro del Consejo de Seguridad, y estará apegada a los principios normativos de política exterior establecidos en nuestra Constitución.

Con esta determinación, México, como actor responsable, da un paso histórico en su compromiso con la Organización de las Naciones Unidas.

El próximo año esta institución cumplirá sus 70 Aniversario. Será una gran oportunidad para hacer de nuestra pluralidad un activo y una fortaleza para cambiar.

Con la participación de todos, con el impulso y la audacia de los estados miembros, las Naciones Unidas pueden transformarse en beneficio de toda la humanidad.

Muchas gracias.