-MODERADORA: Escuchemos las palabras del Magistrado Edgar Elías Azar, Presidente del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México y Presidente de la Comisión Nacional de Tribunales Superiores de Justicia de los Estados Unidos Mexicanos.

-MGDO. EDGAR ELÍAS AZAR: Ciudadano Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, licenciado Enrique Peña Nieto; señora Patricia Mercado Castro, representante del señor licenciado Miguel Mancera, Jefe de Gobierno de la Ciudad de México; señor licenciado Humberto Castillejos, Consejero Jurídico del Ejecutivo Federal.

Señora Procuradora General de la República, señora Presidenta de la Unión Internacional de Magistrados, señor Secretario General de la Unión Internacional de Magistrados, señoras y señores Magistrados del mundo que nos acompañan.

Derecho, democracia e imperio de la ley, son las tres divisas que aquí y ahora dominan en las mentes y en los espíritus preclaros de los más de 300 señoras y señores Magistrados que nos acompañan, provenientes de todos los continentes.

No como receta definitiva, ni como códice, sino como elementos de una argumentación constante y permanente. Jueces, representantes de 66 países del mundo, que se han dado cita en nuestra hermosa capital mexicana y que comparten un mismo compromiso, que es asegurar la paz y el bienestar de las personas en el mundo, desde la protección de sus necesidades más básicas, las que permiten la sustancia biológica de los seres humanos, hasta el reclamo más angustiante sobre nuestras familias, nuestras posesiones o nuestro porvenir.

Tengo el honor muy significativo y el agrado muy señalado de dar la bienvenida a todos ustedes, a todos nuestros visitantes e invitados especiales, a todos los amigos de la Judicatura mexicana, a quienes con tanto agrado recibimos y atendemos en esta 59º Reunión Anual de la Unión Internacional de Magistrados, la primera realizada en nuestro país.

Nos honra y estimula con su presencia el señor Presidente de la República, el licenciado Enrique Peña Nieto. Un líder nacional que ha estado cerca de las funciones del Estado dedicadas a impartir justicia, un líder que ha sabido hacerlo con oportunidad, con vigor, con voluntad y con trabajo.

Al solidario Presidente con las causas de la justicia, nuestra gratitud, no sólo con su presencia, que mucho nos estimula, sino por el impulso sin precedente que le ha dado a la transformación de la Judicatura mexicana.

Gracias, señor Presidente.

Su cercanía ha sido determinante para construir juntos mejores caminos para la justicia, esa justicia para el pueblo, esa justicia cotidiana que cada ciudadano espera confiado y es, a la vez, demandante de confianza, credibilidad y honestidad.

El Presidente Peña Nieto sabe bien del respeto y de la distancia entre Poderes, pero sabe también del necesario impulso que la Judicatura requiere, de la voluntad política que a él le sobra y, con ella, del apoyo de todas las instituciones públicas y de la sociedad misma para hacer progresar los arduos trabajos de la justicia.

La relación entre justicia y política no siempre ha sido fácil, no siempre ha sido tersa, pero en el mundo en que vivimos hoy es necesaria.

Un mundo que parece estar más tironeado por posiciones extremas, que tanto daño hacen a la democracia y a la justicia; un mundo cada vez más sometido por aquellos que insisten con peligrosa necedad en la imposición de creencias a través de la violencia, violencia que daña ideales, violencia que daña principios, pero, sobre todo, violencia que daña a personas, mujeres, niños y hombres de bien.

Sigue existiendo, por más paradójico que parezca, una lucha por la democracia y la justicia que parece no terminar. La paz, aparentemente inalcanzable, aparentemente impalpable, debe seguir siendo para muchos el norte de nuestras brújulas y el sentido de nuestra existencia.

Por tradiciones que antaño sonaban plausibles, porque la historia así lo requería, se hablaba de que los jueces no tienen y no pueden tener relaciones con la política de ninguna clase.

Los jueces eran, por regla y formación, ascéticos ideológicos, ajenos a lo político. Desafortunadamente muchos de ustedes lo saben bien, quisiera que no lo supieran, que bajo regímenes autoritarios y totalitarios, los jueces son las primeras víctimas. Se les hace olvidar su papel de interpretadores de la ley, su rol de contrapeso necesario como garantía de la libertad y, por conveniencia, se convierten en simples repetidores mecánicos de la letra de la ley, de una ley no democrática, de una ley no legítima, de una ley, en suma, injusta.

El primer paso de la tiranía es siempre y será el de someter la independencia y la autonomía judicial, en aras de fortalecer el poder de un gobierno político de facto.

Creo que debemos continuar con el discurso, con el mensaje, y lamento mucho el ruido, pero espero que se oiga y se entienda bien.

Se oye bien atrás, verdad. Ya.

Señor Presidente de la República:

Tiene usted la oportunidad de ver los rostros de los integrantes de la Judicatura del mundo reunidos aquí, en nuestro país, en nuestro México querido.

Todos hemos venido a enseñar y aprender; pero, también, venimos a manifestar nuestra indignación por sucesos que en este momento acontecen, pues hoy mismo hay países que tienen privados de la libertad a jueces y funcionarios judiciales, por el único pecado de haber sido valientes en la defensa de la independencia judicial.

Nuestra lucha, señor Presidente de la República, la de los jueces y la suya, desde la política, es la misma, la constante y perpetua defensa por la democracia. Hoy por hoy nuestra ausencia en el quehacer político ya no cobra ningún sentido.

Los jueces somos, definitivamente, parte del Estado y, por ello, nuestra lucha es, también, por la consolidación de la libertad, la igualdad y el bienestar social. El Estado mexicano lo ha sabido entender bien, y ha sabido respetar y reconocer el papel de la Judicatura en su más cabal definición: autónoma por decisión; independiente frente a factores externos; comprometida con la justicia y la libertad, y respetuosa de la ley y del derecho.

El verdadero estadista es, como dijera Bolívar, aquél que sabe fraguar proyectos. Frente a usted, señor Presidente, complementaría la idea diciendo, que un verdadero estadista es, también, aquél que no renuncia nunca a sus principios ni frente a los injustos ataques, ni ante las adversidades que las circunstancias presentan.

La Judicatura del mundo está presente en este momento y en este salón frente a usted, y estamos todos conscientes de que todos los jueces, sin excepción, debemos librar la batalla para vencer y convencer en democracia, pero que no lo podemos hacer solos y que nuestra responsabilidad está en entender y revalorar los principios ideológicos de la libertad, de la igualdad, aunque estos no terminen por permear en todos los rincones del mundo.

Los jueces ya no debemos temerle al debate ni a la construcción de consensos. Ya no debemos temerle a nuestra cercanía con la ciudadanía, ni a mostrar nuestro compromiso por la justicia.

Si queremos que la paz y la democracia triunfen, ya no debemos seguir guardando nuestros ideales detrás de una toga que nos representa. Sin traicionar nuestra esencia, tenemos y debemos de llevar nuestros ideales al mundo de lo posible.

Nuestra presencia, nuestra toga y nuestros martillos deben ser recordatorios de que hagamos lo que hagamos y digamos lo que digamos, siempre debe ser en favor de las causas correctas, por los principios adecuados.

Nuestra labor en el mundo es cada vez más compleja y por ello requerimos de mayor compromiso, de mayor presencia en la configuración democrática del Estado, ya no en contra, ya no debajo, sino siempre a un lado, hombro con hombro.

No existe dilema alguno entre el rigor de la ley y la flexibilidad para la solución de problemas. El diálogo y la concertación son legítimos, en tanto se preserva el bien público y se mantienen las potestades del Estado.

La labor de un Estado requiere de instituciones, requiere de legislación, de administración y de jueces fuertes e independientes, pero también requiere de ideología para marcar el rumbo, para explicarle a los ciudadanos dónde queremos ir y por qué y para qué, y para invitarlos a que nos acompañen en el camino de la democracia y la justicia.

No se pueden soltar velas y permitir que el viento las hinche sin rumbo y sin tregua. Los Estados modernos y democráticos, como el que usted impulsa requieren quilla y timón, ideología y voluntad política, pensamiento y acción para obrar en consecuencia, sin descuidar principios y memoria.

A la Judicatura del mundo los tribunales mexicanos le decimos que cuando regresen a sus estrados judiciales, digan con absoluta confianza y veracidad sobre el camino de la justicia, en México, que ha sido impulsado por el Estado mexicano, que comenten que en nuestro nombre sobre los cambios paradigmáticos que el Gobierno de la República ha impulsado en el sistema de justicia que no han sido fáciles, que no han sido tersos, pero que han comenzado a rendir esos frutos que nos abren al optimismo y a la esperanza, que los cambios ya permean en México, en todas las materias, no solamente en la penal, sino en la civil, en la mercantil y en el derecho familiar.

Magistrados del mundo:

Cuando vuelvan a sus juzgados, inviten a sus pares a que vean y oigan a nuestros jueces resolver en pocos días lo que antes tomaba años, para que vivan nuestra transformación sin precedentes, la que solamente se ha logrado a través de la coordinación y el solidario acompañamiento de los tres Poderes del Estado, coadyuvancia que siempre ha sido en el marco de una total y absoluta independencia judicial.

Esto lo digo con enorme satisfacción. Nada en la Ciudad de México hubiera sido posible sin el trabajo coordinado que el ciudadano Presidente de la República, el Jefe de Gobierno y las respectivas Cámaras realizaran frente a los Poderes Legislativo local y federal.

Nuestra gratitud al Jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera, que alcanzó el liderazgo en esta ciudad y que entiende bien los problemas de la justicia, porque salió de aquí, de nuestro Poder Judicial de nuestra ciudad.

Los jueces del mundo creen en causas. Las defendemos con pasión en nuestras sentencias y, por ello, rechazamos el relativismo retórico por parte de quienes aspiran a gobernarlos, representarlos o juzgarlos.

La batalla para convencer y vencer en democracia pasa por discutir, por entender y revalorar la función práctica de la justicia.

Derechos humanos, democracia e imperio de la ley. Tres principios que nos unen. Tres elementos de nuestra identidad como juzgadores. Tres piezas claves que representan nuestras divisas en la lucha por la paz y en nuestra esperanza para un mundo mejor.

La Judicatura mexicana está de pie, señor Presidente. Y está de pie junto a usted para acompañarlo en la transformación de la justicia mexicana.

Gracias a nombre de los tribunales del país.

Muchas gracias a todos.

-MODERADOR: Corresponde el uso de la palabra al doctor Giacomo Oberto, Secretario General de la Unión Internacional de Magistrados.

-DR. GIACOMO OBERTO: (INTERPRETACIÓN AL ESPAÑOL): Señor Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, distinguidos miembros de la mesa, colegas.

Es un gran honor para mí el usar ahora el micrófono en este evento, que es el más importante en este año para nuestra organización y en este momento frente al Presidente de los Estados Unidos Mexicanos en mi capacidad como Secretario General de la UIM.

Ahorita quisiera agradecer al Presidente por la presencia en esta organización, en esta junta.

Muchas gracias a su excelencia, el Presidente de México, por compartir parte de su preciado tiempo con esta familia de Magistrados, en nuestro trabajo también con las oficinas mi tarea es proporcionar un punto de vista breve en cuanto a la situación actual y en el resto del mundo.

Un punto de vista que hoy en día no puede ser tan optimista.

El día de hoy, actualmente en la mayoría del mundo, la separación de los poderes ha sido incluida en las constituciones, resoluciones y declaraciones.

Sin embargo, si consideramos la práctica de la legislación en muchos países europeos y no europeos, debemos reconocer que las enseñanzas que se han proporcionado son más similares a las de Napoleón que a las de Montesquieu.

Esta tendencia a nivel de una legislación, como es organizar al Poder Judicial en una estructura piramidal más como un ejército, en lugar de un grupo de órganos que tengan el deber de realizar el mismo tipo de actividad, que es al final del día proporcionar justicia de manera independiente y autónoma.

Además, tenemos que registrar en estos últimos meses un aumento en los ataques a la independencia en muchas áreas del mundo. El problema en Turquía es un ejemplo claro de lo que está sucediendo hoy. Desde mediados de julio este año, más de tres mil jueces y fiscales han sido sacados de sus casos, algunos se encuentran en la cárcel en condiciones terribles. Esto se anunció por la prensa en julio 16. La UIM fue la primera organización judicial que actuara de la manera más fuerte posible o enérgica.

Por esta razón, el Comité ha autorizado al Comité de la UIM, así como otros jueces y organizaciones de magistrados tomar esta iniciativa sin precedentes para la creación de una plataforma para el Poder Judicial en Turquía.

La UIM trata de unir a la comunidad internacional para que cumplan con el estado de ley en Turquía y la independencia judicial. Vamos a tratar de coordinar nuestras actividades en el campo con las acciones de la oficina del Relator Especial de las Naciones Unidas. La UIM está poniendo presión al Consejo de la Unión, perdón, Turquía es parte y tener los representantes oficiales para tomar todos los pasos necesarios.

Además, se van a realizar nuevas iniciativas, posiblemente con la participación de organismos como la Corte Europea de Derechos Humanos. Y personalmente me siento realmente molesto de que un representante de Turquía esté en una corte, que sea verificar y evaluar el cumplimiento de los sistemas legales en Europa, con la Convención Europea de Derechos Humanos.

Como signo de solidaridad para nuestros colegas turcos se va a reservar un lugar para Turquía en todas las reuniones aquí, en México, como si estuvieran aquí presentes.

Este lugar vacío es un tributo a la resistencia de los miembros de Yarsaw y, también, un signo afectuoso y de compasión con nuestras colegas. También va a constituir un recordatorio silente de los problemas que confrontamos para la independencia judicial; y un recordatorio silente, también, de que el estado de ley nunca debe ser considerado como una clave permanente, sino como una conquista, en donde tenemos que funcionar nuestra vida.

En este marco también debo mencionar que las actividades importantes que ha realizado la UIM estas últimas veces, la primera es la actualización de la Carta Universal de Magistrados, aprobada en 1999 en Taiwán, una comisión especial que está trabajando arduamente, y los diferentes organismos de nuestra organización que van a dar una contribución, que ha sido colaborar bajo la dirección del Primer Vicepresidente Christophe Mignon, que es muy buena, y con un fundamento excelente para un documento que trata con todos los aspectos la vida judicial, el reclutamiento, carrera, administración de los magistrados, disciplina, capacitación y eficiencia de los miembros.

Otra actividad que me gustaría mencionar, esta participación de los grupos de la (inaudible) sobre un protocolo para la Convención Europea de Derechos Humanos respecto a la independencia judicial.

Si podemos tener que está aprobado por el Consejo de la Unión Europea y abrirlo para la firma de los Estados miembros, vamos a poder tener el documento final obligatorio, que va a transferir las recomendaciones de justicia, de normas vinculantes y de trabajo de esta sesión, que en gran medida contribuirá a la creación de los documentos internacionales que nos van a ayudar a los jueces en todo el mundo a poder lidiar mejor con todos los retos de este tercer milenio.

Muchas gracias.

-MODERADOR: Realiza su intervención la doctora María Cristina Crespo Haro, Presidenta de la Unión Internacional de Magistrados.

-DRA. MARÍA CRISTINA CRESPO HARO: Su excelencia, señor Presidente de los Estados Unidos de México.

Estimados colegas, representantes de las asociaciones de magistrados pertenecientes a la Unión Internacional de Magistrados.

Invitados especiales; distinguidos integrantes de la mesa que forman el presídium de esta mañana.

Quiero darles a todos mi más sincero agradecimiento por acudir a esta reunión, y con especial referencia al señor Presidente de los Estados Unidos de México, y al señor Presidente de la Comisión Nacional de Tribunales de Justicia de México, que con esfuerzo y empeño propio de los latinoamericanos ha logrado organizar con excelencia este congreso, que hoy nos permite estar a todos en esta estupenda ciudad, en este estupendo país, que combina tradiciones originarias, tradiciones hispánicas y modernidad, que hacen del visitante un deleite.

Gracias.

Como bien dijo el Secretario de la Unión Internacional de Magistrados, nuestra organización nuclea a asociaciones de magistrados de 84 países, y el único requisito central para el ingreso a nuestra organización es la existencia de una asociación de magistrados que trabaje por la independencia judicial en sus más amplias expresiones.

Por ende, me congratulo de haber escuchado el discurso del Magistrado Elías Azar.

Agradeciendo a usted, señor Presidente de la República, su contribución para con el mejoramiento de la justicia, puesto que el mejoramiento de la justicia es un servicio no para los jueces, sino para los ciudadanos que son los destinatarios de las sentencias.

En tal sentido, como señaló el Secretario de la Unión Internacional de Magistrados, esta organización mundial que tiene por objetivo defender la independencia judicial, está convencida que la independencia judicial se logra, obviamente con una buena infraestructura, con instrumentos legislativos, pero con jueces capacitados.

De ahí que esta organización, además de las problemáticas relativas a la independencia, tristemente mencionadas aquí, sobre la situación de los colegas de Turquía, destituidos sin proceso administrativo, judicial o de ninguna otra especie, han sido destituidos, encarcelados algunos en las peores situaciones carcelarias, y se ha disuelto la Asociación de Magistrados con el solo fundamento de decretos de urgencia y bajo acusaciones certeramente infundadas de que los jueces de Turquía pertenecen a una organización  terrorista.

No es cierto, señor Presidente. Porque nosotros conocemos a los jueces turcos, que han participado en reuniones como éstas, en diversos países, y es un ejemplo de asociación de magistrados que luchan por la independencia judicial.

Y hace más de dos años que venimos preocupados por la situación de los jueces turcos, que nos vienen denunciando posibles destituciones o una posible limpieza del Poder Judicial, para colocar en sus puestos a gente de confianza del Gobierno para seguir adelante un proceso que no logramos comprender, pero claramente contrario a los principios y estándares de derechos humanos y democráticos, que imperan en nuestros días.

Así es que me ha correspondido a mí, en mi calidad de Presidenta de la Unión Internacional de Magistrados, aún cuando nacional de la República Oriental del Uruguay, enfrentar esa más que difícil situación.

Hemos contactado, como declaró el Secretario, con las más diversas autoridades europeas, nacionales e internacionales, pero sin éxito.

Igualmente, los jueces, como todo ciudadano que decide ser juez, los que pertenecemos a la Unión Internacional de Magistrados sumamos a eso nuestra vocación de servicio, de manera que nada nos va a detener para seguir adelante en esta lucha, para defender y apoyar a nuestros colegas turcos, como lo venimos haciendo hace años con los Magistrados de Venezuela, que desde el año 2009 por lo menos, están todos en situación de provisariato.

El Estado venezolano ha sido condenado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos a restablecer la Sala de los Contencioso Administrativo, pero lamentablemente la única parte de la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que se ha cumplido o se ha intentado cumplir, ha sido devolver a los jueces destituidos los salarios sin pagos y la condena por daño moral.

Pero lamentablemente el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela, en una sentencia sin precedentes, que realmente es objeto de estudio por todos los profesores de derecho internacional y constitucional, ha incumplido esta sentencia sobre la base que el contenido de las decisiones de estos magistrados de la Sala Constitucional contrarían los principios de la Revolución Bolivariana.

Por si esto fuera poco, la Jueza María Lourdes Afiuni, estuvo presa cuatro años, contrajo cáncer de mama, fue muy difícil sacarla de la cárcel para asistir a tratamientos y aún no se le ha establecido un proceso disciplinario, ni administrativo, que le permita solucionar su situación.

Por manera que estamos acostumbrados. Pero como reitero, no cejamos en nuestro esfuerzo por defender la independencia judicial y apoyar a aquellos que la necesitan.

A continuación, como señaló el Secretario, estamos reunidos acá, para tratar estos temas que son críticos, atender las situaciones que las distintas asociaciones de magistrados traen a esta Asamblea General, que en la jerga de la Unión Internacional de Magistrados la denominamos Consejo Central.

Para escucharlos, intercambiar ideas y sentirnos fortalecidos al regreso a nuestro país, a nuestros respectivos países y nuestros respectivos Tribunales, que los jueces del mundo enfrentan situaciones similares y que debemos asociarnos en los ámbitos nacionales.

Y que esto no alcanza por eso, la necesidad de organizaciones como la Unión Internacional de Magistrados, que nació poco después de la Segunda Guerra Mundial.

Por tanto, cumple ya más de 60 años y creció considerablemente, particularmente en el ámbito latinoamericano, donde se incorporó un sin número de países, trayendo sus problemas hacia una organización que era particularmente europea.

También se han incorporado jueces de Oceanía y otras regiones del mundo que, con sus diferentes culturas, enriquecen los trabajos de nuestra región.

Como los jueces europeos, obviamente mayoritariamente fundadores de esta organización están en mejor relacionamiento con la Unión Europea para reclamar sus derechos, aún cuando las dificultades previamente apuntadas sobre Turquía no han dado resultado.

Desde mi posición de jueza americana y Presidenta de esta Organización, me he propuesto, y estoy en contacto con las más diversas autoridades de la Organización de Estados Americanos, dado que las situaciones que enfrentan nuestras sociedades ponen en peligro las bases democráticas bien entendidas de nuestras sociedades, requieren de la intervención de organismos supranacionales, que marquen una dirección para el respeto de los derechos humanos de los jueces, en tanto que funcionarios, y para que presten un buen servicio, y así respetar los derechos humanos de los ciudadanos de nuestros respectivos países.

Muchas gracias por recibirnos.

Estamos deleitados de recibir acá.

Quiero felicitarlos a todos por la excelente organización.

No hay ninguna falla. Estamos todos muy contentos.

Gracias.