-MODERADOR: Hace uso de la palabra el General Salvador Cienfuegos Zepeda, Secretario de la Defensa Nacional.

-SECRETARIO SALVADOR CIENFUEGOS ZEPEDA: Ciudadano Enrique Peña Nieto, Presidente de la República y Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas; ciudadano Rubén Moreira Valdez, Gobernador del Estado de Coahuila; Diputado Eliseo Francisco Mendoza Berrueto, Presidente de la Junta de Gobierno de la LIX Legislatura del Congreso del estado; Magistrado Gregorio Alberto Pérez Mata, Presidente del Tribunal Superior de Justicia.

Almirante Vidal Francisco Soberón Sanz, Secretario de Marina; licenciado Enrique Martínez y Martínez, Secretario de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación; maestro Jesús Alfonso Navarrete Prida, Secretario del Trabajo y Previsión Social; doctor Manuel Mondragón y Kalb, Comisionado Nacional de Seguridad; ciudadano Ramón Oceguera Rodríguez, Presidente Municipal de Ramos Arizpe; señores Presidentes Municipales del Estado de Coahuila.

Distinguida familia Carranza; honorables damas y caballeros; distinguidas familias; ciudadanos Generales, jefes, oficiales, cadetes; personal de tropa, compañeros de armas.

Muy buenas tardes a todos.

Hoy, en el marco de la conmemoración del Centenario de la creación del Ejército mexicano, un acontecimiento de gran importancia para la vida nacional nos congrega. Este hecho relevante para las instituciones nacionales, tuvo como actor central a don Venustiano Carranza, cuya figura se acrecienta por su valor, lealtad y trascendencia de sus decisiones.

El acontecimiento se inscribe en los hechos ocurridos en el mes de febrero de 1913, en la Ciudad de México, donde por 10 días se dio una sublevación con la finalidad de derrocar al Presidente de la República, don Francisco I. Madero.

Muchas y bien documentadas narraciones, versiones y testimonios, han llamado a estos acontecimientos como La Decena Trágica. Lapso que culminó, con la usurpación de la Presidencia de la República, por parte de Victoriano Huerta, el 18 de febrero de 1913.

Con celeridad, el 19 de febrero, un día después, el Congreso de Coahuila, celebró Sesión Extraordinaria, emitiendo el Decreto 1421, a través del cual se desconoce a Huerta y le otorga al entonces Gobernador Carranza, facultades extraordinarias para armar fuerzas que ayudarán a restablecer el orden constitucional.

Con fundamento en el Decreto 1421, el 26 de marzo de 1913, en ésta Hacienda de Guadalupe, se suscribe el plan que amalgamó los principios políticos más elevados de aquella época, que conllevarían a dar a la Nación, el instrumento orgánico funcional para medir su presente y futuro.

En este documento, se exaltaron las aspiraciones e intereses del pueblo mexicano en torno a valores como libertad, justicia e igualdad y, al mismo tiempo, se convirtió en instrumento ejemplar para el futuro nacional.

Se desconoce a Huerta, a los Poderes y a los gobiernos estatales que hubieran reconocido su nombramiento, y establece la organización del Ejército Constitucionalista, cuya Jefatura recae en don Venustiano Carranza.

Esta naciente Fuerza Armada, surge con vocación coadyuvante para la recuperación democrática del país que, junto con las organizaciones populares y campesinas revolucionarias, buscarían restablecer un Gobierno Federal legítimo e impulsar la consolidación de un nuevo pacto social.

La firma del Plan de Guadalupe es el acontecimiento que sintetiza el patriotismo, el trabajo incansable, el espíritu emprendedor, el valor del pueblo coahuilense, y de los mexicanos todos.

La vigencia jurídica, la voluntad de constituir un Estado activo en un México en plena reconformación y su singular ímpetu cívico, dieron vida a la base ideológica que alentó la suscripción de tan importante manifiesto políticamente honesto, legítimo, legal y soberano.

Demostración histórica ejemplar para afrontar, por medio de la razón, a quienes atentaban contra el orden constitucional, el sentimiento y la conciencia nacionales.

Podemos afirmar, que una de las lecciones más valiosas que nos legó el decreto del Congreso de Coahuila y la firma del Plan de Guadalupe, fue determinar, implícitamente, que el desarrollo del país habría de sustentarse en el progreso moral y político de México, cuyas vetas de origen serían la legalidad y la constitucionalidad.

Sin importar los diversos matices de corrientes ideológicas, estos acontecimientos lograron unificar las tendencias revolucionarias, en aras de los intereses de la Patria; factor de equilibrio en el cimiento del proyecto nacional que regularía la convivencia de todas las personas, la manera de organizar el Gobierno, los derechos y libertades para todos, en síntesis la punta de lanza en nuestra Ley Suprema.

Coahuila vivió momentos decisorios en las diversas etapas de la revolución, los ecos de sus batallas llegan a nuestros días bajo la forma de leyes o de instituciones consolidadas. Están presentes en el pensamiento de sus mejores hombres, en la voluntad de quienes tomaron las armas, de aquellos que fueron soldados y en la filosofía de los que llegaron a ser héroes.

Distinguida concurrencia:

A 100 años de haberse promulgado el Plan de Guadalupe continúa siendo uno de los documentos políticos más importantes del Estado mexicano. Es el origen de la esencia y rasgo militar en la organización de la colectividad nacional a la que pertenecemos. Este Plan dio vida al México moderno como un Estado que identifica y define las funciones torales de las instituciones que lo conforman en beneficio de la colectividad

El Centenario del Plan de Guadalupe es un acontecimiento del que los mexicanos debemos sentirnos orgullosos. El destino con fortuna nos coloca a los soldados de la República ante la gran oportunidad de ser parte de la historia, al cumplirse 100 años del Ejército Mexicano, 100 años de lealtad institucional y de servicio a la Patria.

Aprovecho este inmejorable momento para expresar, en representación del instituto armado, nuestra gratitud a su Comandante Supremo por el apego y distinción que nos ha conferido en cada una de las actividades desarrolladas para la celebración de nuestra centuria.

Los soldados de México apreciamos, también, los significativos gestos que la sociedad coahuilense y su Gobierno nos confieren. En reciprocidad y como hemos sido instruidos, habremos de corresponder con profunda y apasionada entrega al cumplimiento del deber, colaborando siempre en la construcción del andamiaje que propicie un nuevo y perdurable desarrollo.

El Plan de Guadalupe, nos señaló el rumbo de estabilidad y desarrollo fincados en la voluntad nacional, el consenso democrático y en la pluralidad ideológica como fuerzas motrices hacia estadíos superiores de progreso.

Con este acontecimiento y senda ejemplar, las mujeres y hombres del Ejército, Armada y Fuerza Aérea, asumimos el papel que se nos ha asignado con estricto apego al Estado de Derecho y de respeto a los derechos humanos para lograr un México en paz, incluyente, con educación de calidad, próspero y con responsabilidad global.

A 100 años de su proclamación el Plan de Guadalupe, continúa siendo la directiva moral y código axiológico de la República que inspira nuestra pasión por servir a México.

Muchas gracias.

-MODERADOR: Escuchemos al licenciado Rubén Moreira Valdez, Gobernador del Estado de Coahuila.

-GOBERNADOR RUBÉN MOREIRA VALDEZ: Señor Presidente de la República, Enrique Peña Nieto. Bienvenido a Coahuila.

Y permítanme decirles a todos, que apreciamos muchísimo el gesto, fue difícil hoy la llegada, porque si bien ayer tuvimos un día esplendoroso en Saltillo, con un sol que todos disfrutamos; hoy la neblina impidió que bajara allá el avión del señor Presidente.

Lo fuimos a recibir a Monclova, a Monclova, Coahuila, apreciamos mucho su gesto de estar acá, en Ramos Arizpe.

Gracias, señor Presidente.

Señores integrantes del Gabinete del Gobierno Federal; señores Secretarios de Defensa, de Marina; señores ex Gobernadores de nuestro estado: Eliseo Mendoza Berrueto y Enrique Martínez y Martínez; señores Magistrados; Legisladores; Alcaldes; familiares de los revolucionarios que están ésta tarde con nosotros; señoras y señores:

Estoy plenamente convencido que para todos los coahuilenses la presencia este día y en este lugar del señor Presidente de la República, tiene el valor de una auténtica reivindicación, de una revaloración justísima, del momento y el sitio en que un puñado de coahuilenses, a los que pronto se unieron millares de mexicanos que se rebelaron contra la felonía y la traición.

Grandes y valiosos caudillos de la Revolución maderista, estamparon su firma en el Plan de Guadalupe. Así llamaron al vértice de voluntades que decidió, por encima de banderías particulares, hacer imperar el Sufragio Efectivo.

El Batallón 1º de este ejército de combatientes, lo constituyeron los lugareños, hombres del desierto coahuilense, muchos de ellos ya templados en las batallas del maderismo originario.

Por eso, año tras año, los descendientes de aquellos valientes se reúnen aquí, para honrar, para mantener vivo, no sólo el recuerdo, sino la convicción, el compromiso interior, la promesa de aquellos viejos, tal vez más jóvenes que nosotros entonces, de que su ejemplo, sería mandato.

Mire, señor Presidente:

Si ahora usted pronunciara los apellidos de los que inicialmente engrosaron el Ejército Constitucionalista. De ahí, de entre estos hombres y estas mujeres que nos acompañan, muchas voces responderían: Presente, señor Presidente.

Son los descendientes de nuestros héroes. De nuestros héroes de entonces, de ayer y de siempre. Son los que llamaría Vallejo, nuestros abuelos instantáneos.

Se ha dicho que los individuos, como los pueblos, tienen el derecho de decidir de qué hombres, de qué principios, de qué valores nos sentimos hijos. Los coahuilenses lo tenemos muy claro: De nuestro linaje de historia.

Generaciones tras generaciones, lo nuestro ha sido la entrega a las causas de México, la lealtad a la Patria, la lealtad a nuestros héroes, la lealtad a México. Acá, tan lejos del Centro.

Cuando la Nación mexicana apenas vislumbraba en el horizonte, un cura de pueblo, letrado, valeroso, obcecado, llevó hasta lejanas tierras sus ideas de igualad y respeto.

Ningún pueblo libre, acepta federarse si no es sobre las bases de una relación equitativa e igualitaria.

El Federalismo es garantía de equidad y democracia. Por ello, fue la lucha de uno de nuestros antecesores. Antes aún de dar inicio a la vida independiente, inició el abolengo que ostentamos.

Miguel Ramos Arizpe, uno de los nuestros.

En el impresionante Palacio de las Tullerías, un mexicano humildísimamente vestido, erguido por su innata dignidad, pero también, para no mostrar los fondillos raídos de su levita, enfrenta al Emperador Napoleón III, y le dice: No luchéis contra mi Patria, porque mi Patria es invencible. Lejos estaba de ser una simple frase retórica.

En su soberbia, el Imperio no entendió el significado de esta premonición, sino hasta seis años después, en el Cerro de las Campanas.

Dos veces diputado, embajador plenipotenciario, cuatro ocasiones Ministro, gobernador de este estado, murió en la más absoluta de las pobrezas. Sí, el hombre íntegro hasta la médula que le anticipó al Imperio su destino, fue don Juan Antonio de la Fuente, uno de los nuestros.

En su lecho de muerte, en su delirio aún daba órdenes para abatir a los invasores: Adelante Berriozábal, Negrete por la izquierda, los lanceros de Toluca y Oaxaca carguen de frente, Zacapoaxtlas a la batalla cuerpo a cuerpo.

Algunos historiadores, los mismos que insisten en que El Pípila es una leyenda y nuestros Niños Héroes una fantasía, ridiculizan el valor militar de esta batalla.

Los que amamos nuestra Patria, los que queremos nuestra historia, sabemos que ese 5 de mayo incendió el espíritu mexicano, de tal manera que era ya imposible para los extranjeros del país o de alma, derrotar a la República.

Nunca entendieron que de ganar, mandarían sobre cadáveres, nunca sobre siervos. El General que hizo realidad el vaticinio de De la Fuente, el coahuilense que el 5 de mayo nos enseñó que si poco puede el espíritu contra la espada, la espada blandida por el espíritu, es invencible.

Ese hombre se llamó, se llama Ignacio Zaragoza; uno de los nuestros. Un soñador alucinado, esas eran las descalificaciones que los Conservadores y la prensa a su servicio en sus pocos meses de Gobierno, acuñaron contra él.

Ese pequeño gran hombre, revivió la dignidad y el orgullo ciudadano, encendió los corazones e incendió campos y ciudades.

Apóstol y mártir me resultan palabras que no lo contienen, fue siempre un guerrero, sereno y firme hasta el final. Afrontó la muerte, sin que jamás nada hubiera mancillado su vida, Francisco I. Madero, uno de los nuestros.

Seguramente, la fría noche del 18 de febrero de aquel 1913, el año crucial de México, cuando recibió el telegrama que le anunciaba la Toma del Poder por Victoriano Huerta, no hubo resquicio para la duda.

Lo imagino dando vueltas por los pasillos de la casa solariega que habitaba, o en torno de la imprescindible chimenea de esos inviernos del desierto. Empañadas las pequeñas gafas que apenas le permitían ver de cerca, pero que le resultaban innecesarias cuando su mente rebasaba el horizonte.

La decisión no le fue difícil, estaba genéticamente predispuesto para la lucha por sus ideas. Por eso, escasos 36 días le fueron suficientes para convocar a los mejores hombres de México y comprometerlos en la rebelión contra la ignominia.

De hecho, hace hoy apenas un siglo la semilla de entonces, que sembró, ahora está dando frutos. La Constitución que nos rige, lo sabemos, se firmó en Querétaro. Yo me atrevo a sostener, con todo respeto, señor Presidente, que se concibió aquí, en éste sitio, en éste desierto que en sus días de calor, purifica el alma, y en sus noches de frío, templa el carácter de los coahuilenses. Que se fijó aquí el 26 de marzo de 1913.

No fue sencillo que los caudillos signaran el Plan de Guadalupe, renunciaron a plasmar en él, las urgentes demandas de los pueblos que representaban, y por las que en 1910 se habían levantado en armas.

Eran asignaturas pendientes que cargaban con rabia y remordimiento, pero ni el más huraño y escéptico de estos correosos militares, se atrevió a dudar de la palabra del Gobernador Carranza.

Sólo la unión de nuestras fuerzas, es capaz de vencer a quien asesinó a mansalva al más limpio y noble de los hombres, dijo Carranza. Y le creyeron, confiaron en su palabra, avalada por una historia personal de reciedumbre, de señorío, de hombría de bien, en una rústica mesa que aún conservamos como altar los coahuilenses, están las firmas de los caudillos que reencauzaron el rumbo de los destinos nacionales.

Y honró su palabra, dos días antes de que se cumplieran seis meses de firmado el Plan de Guadalupe, con sensibilidad política escogió la capital de Sonora, para pronunciar una arenga que respondía con creces a las aspiraciones ideológicas y políticas que se le demandaban.

Dijo: No es la lucha armada y el triunfo sobre el ejército contrario, lo principal de esta contienda nacional, hay algo más hondo en ella y es el desequilibrio de cuatro siglos, tres de opresión y uno de luchas intestinas, que nos han venido precipitando al abismo.

Dijo, El pueblo se encontró durante 30 años sin escuelas, sin higiene, sin alimentación y, lo que es peor, sin libertad. Ya es tiempo, de no hacer falsas promesas al pueblo.

Y adelantó el Barón, El pueblo ha vivido ficticiamente, famélico y desgraciado, con un puñado de leyes que en nada le favorece, tendremos que removerlo todo, crear una nueva Constitución, cuya acción benéfica sobre las masas nada ni nadie pueda evitar.

Ese es el discurso que se hizo realidad en el 17, cuando la Revolución se convirtió en ley, los anhelos en reivindicación y las vidas segadas en el edificio de una nueva Patria.

Su profundo nacionalismo y amor patrio siguieron por años iluminando el sendero de la Nación, pero la perfidia y la traición, siempre acechan a los grandes.

El 21 de mayo de 1920, al decir de Raymundo Ramos, en Tlaxcalantongo, el primer jefe cayó como quien se levanta, ese era Venustiano Carranza, uno de los nuestros.

Para honrar a sus forjadores, los pueblos escogen diversas maneras, estatuas, bronces, himnos, monumentos, avenidas.

Usted, señor Presidente, ha escogido el camino de los hechos, el de las acciones contundentes que funden el homenaje, con la ratificación de los principios y la vigencia de las aspiraciones inconclusas.

En repetidas ocasiones, usted ha dejado claro que su proyecto de la Reforma Energética parte de una premisa inalterable, inscrita en nuestra Constitución, corresponde a la Nación el dominio directo del petróleo.

Éste, su dicho, es una voz que le viene de lejos, Adolfo López Mateos en el 25 aniversario de la gesta expropiatoria, frente a todos los ex Presidentes Mexicanos pronunció una consigna histórica: En el petróleo nacionalizado ni un paso atrás.

Nos llena de orgullo oírlo a usted, reivindicar esos principios pero, también, nos entusiasma su decisión renovadora para transformar, a la luz de la ciencia y tecnología del Siglo XXI, una inmensa riqueza aprisionada bajo nuestras tierras y nuestras aguas.

Gracias a esas fuentes energéticas, y al esfuerzo, sabiduría y sacrificio de miles de trabajadores, nos hemos desarrollado en todos los órdenes, y hemos librado las peores crisis.

Pero ha llegado el momento de enfrentar la realidad, y preguntarnos: Vale la pena acumular tanta riqueza en el subsuelo y tanta miseria en la superficie.

Quienes tenemos el mandato popular de llevar bienestar individual y colectivo a nuestros pueblos, vemos con gusto y satisfacción su decisión de usar los hidrocarburos para generar riqueza que sirva para desterrar el hambre y construir una economía fuerte y competitiva.

Abrir los horizontes para una información vasta, plural, oportuna e independiente, contribuye a la ampliación del conocimiento, a la integración entre nosotros, y a la comprensión del mundo que vivimos.

Comunicar significa poner en común. Eso entendemos; es el objetivo de la nueva Ley Federal de Telecomunicaciones. Para el Estado no se trata de una opción, sino del cumplimiento de los postulados de la Carta Magna.

Educar, es trabajar con materiales de porvenir. Nuestro futuro no puede estar, en manera alguna, enajenado a los principios u objetivos de un sector, ni de partidos, gremios, confesiones o denominaciones de ninguna especie.

Corresponde al Estado, exclusivamente, la rectoría de la educación básica, que habrá de ser obligatoria, gratuita, laica, científica, democrática, desprovista de prejuicios y fanatismos.

Felicitamos, señor Presidente, su iniciativa. México, con usted, va a ser más fuerte y más grande.

Los coahuilenses entendemos que en estos 116 días de Gobierno, usted ha trabajado bajo esa consigna. Los coahuilenses de nuestra historia, que los que con ufanía tal vez excesiva, aquí he mencionado, han sido honrados por usted, a plenitud, por su conducta.

El Plan de Guadalupe representa, por encima de todo, el amor a la Patria, que supera rencillas, desencuentros; legítimas ambiciones y que, sin declinar justas, pero particulares banderías, privilegia los intereses superiores de la Nación.

Todo Plan o todo pacto que se haga por México, es una noble apuesta hacia el porvenir.

Pueblo y Gobierno de Coahuila suscriben su propuesta, señor Presidente.

Nuestro pueblo tiene la agudeza, ingenio y sabiduría para renombrar a su gente.

A Venustiano Carranza desde siempre, se le comenzó a llamar El Varón de Cuatro Ciénegas.

Hace unos días, caminando por esta hacienda, un viejo amigo me dijo: Oye, Rubén, tú sabes de dónde proviene la palabra varón. Le contesté: A ver dime. Viene del latín: vir. Así le llamaban los romanos a la viga central, que requerían los andamiajes en la edificación de una casa.

Ahí lo entendí o no es acaso El Varón de Cuatro Ciénegas, la recia viga sobre la que se ha sostenido desde hace muchos años la causa común de todos los mexicanos.

El Varón Carranza es uno de los nuestros.

Viva Coahuila.

-MODERADOR: A continuación, el Presidente de la República realizará la Cancelación de Primer Día de la Estampilla Postal Conmemorativa al Centenario de la Promulgación del Plan de Guadalupe.

(CANCELACIÓN DE ESTAMPILLA POSTAL)

-MODERADOR: La Orquesta Sinfónica de la Secretaría de la Defensa Nacional interpretará la pieza musical de Torreón a Lerdo del autor Pioquinto González.

(INTERPRETACIÓN DE PIEZA MUSICAL)