-MODERADOR: Hace uso de la palabra el Secretario de Hacienda y Crédito Público, el doctor Luis Videgaray Caso.

-SECRETARIO LUIS VIDEGARAY CASO: Con el permiso del ciudadano Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, el licenciado Enrique Peña Nieto.

Muy buenos días a todos y a todas.

Señor Gobernador del Banco de México, doctor Agustín Carstens; señores Subgobernadores integrantes de la Junta de Gobierno; señor Presidente de la Asociación de Bancos de México.

Es un privilegio compartir con ustedes esta ocasión tan especial. Y nos da mucho gusto a todos quienes integramos a la Secretaría de Hacienda participar en esta Conferencia Internacional para conmemorar el Vigésimo Aniversario de la Autonomía de nuestro Banco Central.

Enhorabuena y la más calurosa de las felicitaciones al Gobernador Carstens y a todos los funcionarios de tan distinguido instituto, por estos 20 años de autonomía institucional.

Si se me permite, no quiero desaprovechar esta oportunidad para felicitar al doctor Agustín Carstens por el reconocimiento que acaba de recibir hace unos días de la revista Euromoney como banquero central del año.

Señor Gobernador:

Es un gran privilegio para todos los mexicanos contar con alguien como usted al frente del Banco Central. Y déjeme decirle que, además, es para todos una gran tranquilidad.

Hoy, celebramos 20 años de Autonomía del Banco de México. Gracias a las modificaciones al Artículo 28 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y la consecuente Ley Orgánica del Banco de México en el año de 1993, hemos podido consolidar como país una institución autónoma y moderna, respaldada en el mundo por su solidez, compromiso y, sobre todo, por su credibilidad.

Con dicha reforma, cabe recordar, se creó el primer organismo constitucional autónomo en nuestro país. Y en adición a la autonomía, se le otorgó al Banco de México un mandato claro y preciso a nivel constitucional.

Creo que vale la pena recordar el texto literal del Artículo 28 Constitucional. Y si me permite, lo quiero leer textualmente.

Dice el Artículo 28 Constitucional respecto al Banco de México:

El Estado tendrá un Banco Central, que será autónomo en el ejercicio de sus funciones y en su Administración. Su objetivo prioritario será procurar la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda nacional, fortaleciendo con ello la rectoría del desarrollo nacional que corresponde al Estado. Ninguna autoridad podrá ordenar al Banco conceder financiamiento. Fin de la cita.

Esto quiere decir que hace 20 años, un grupo de economistas responsables de la política pública en México tomó una decisión de gran alcance, que iba a transformar las perspectivas económicas de México.

En primer lugar. Establecer la autonomía en un sentido explícito, dejando muy claro que ninguna autoridad, trátese de quien se trate, podrá ordenar al Banco conceder financiamiento.

Y segundo. Un mandato explícito, dirigido a la estabilidad de precios, es decir, al combate inflacionario.

En esta ocasión quiero expresar que es opinión de la Secretaría de Hacienda, que ése es el mandato correcto y debe seguir siendo el mandato del Banco de México.

Es cierto que en otras latitudes, en otras economías, los Bancos Centrales tienen mandatos rivales, donde al tiempo, que se les ordena el procurar la estabilidad de precios, también, se les ordena procurar el crecimiento económico.

Ese mandato, el mandato que tiene hoy el Banco de México es el apropiado para una economía emergente, plenamente integrada a los mercados de capital, donde requerimos más que otras economías con mercados más grandes o con mayor profundidad requerimos un ancla nominal adecuada.

Y esa ancla nominal ha sido, precisamente, la conducción de la política del Banco de México apegada a un objetivo Constitucional explícito.

Quiero reconocer no solamente a quien hoy, a la Junta de Gobierno encabezada por el doctor Carstens, sino también, a quienes han conducido la política monetaria de este país a partir de la autonomía del Banco de México y me da mucho gusto saludar aquí a don Miguel Mancera y a don Guillermo Ortiz, quienes han sido, también, en estos 20 años y a quienes les han acompañado en la integración de la Junta de Gobierno, pilares para que se haya logrado algo que durante muchos años parecía imposible, lograr la estabilidad de precios y convertir a México en un país de inflación baja.

Tal vez, haya una generación entera que ya no recuerda lo que es la inflación, afortunadamente gracias al Banco de México hoy hay muchos mexicanos jóvenes que no han vivido, no recuerdan lo que es la alta inflación.

La inflación, como la vivimos en México hace alguna décadas es una causa de redistribución regresiva del ingreso y la riqueza. Cuando la inflación es elevada como fue, por ejemplo, en México en los años 80, los precios tienden a crecer más rápido que los salarios llevando una pérdida real del poder adquisitivo de los trabajadores. Además, la gente de escasos recursos rara vez toma en cuenta los instrumentos, rara vez cuenta con instrumentos financieros para proteger sus ahorros de la erosión inflacionaria.

La inflación, como la vivimos en México, fue una gran fábrica de pobreza. En los años 80, la inflación anual promedio fue de casi 70 por ciento al año. Esto quiere decir que si en 1980 un litro de leche hubiera costado un peso, en 1990 ya costaría 150 pesos.

Afortunadamente, gracias a la acción decidida y autónoma del Banco de México, tenemos ya más de 12 años donde la inflación no alcanza los dos dígitos. Tenemos inflación por debajo de un dígito, y hoy tenemos una inflación, según la última cifra del Banco de México, anualizada, de apenas del 3.4 por ciento anual.

Los beneficios de la baja inflación son evidentes.

Por ejemplo, el desarrollo de un mercado de deuda local. Hace algunos años hubiera sido impensable que México pudiera emitir papel a 30 años a tasas fijas en pesos. Y hoy lo hacemos cotidianamente, ya ni siquiera es noticia cuando lo hacemos.

Esto permite que el costo de fondeo del Gobierno mexicano, por ejemplo, los CETES, hoy esté por debajo de cuatro por ciento, cuando apenas en 1995 llegó a estar por arriba del 100 por ciento.

Gracias a esta baja inflación y a permitir estas condiciones de fondeo, hoy los recursos de los mexicanos, los recursos del Estado mexicano pueden dedicarse más a infraestructura, a combate a la pobreza, a la seguridad social, y menos al pago de los intereses de la deuda.

Quiero resaltar que la autonomía del Banco de México no ha sido entendida por la Junta de Gobierno como un aislamiento del resto de las instituciones de Gobierno. En particular, yo quiero destacar que con la Secretaría de Hacienda existe una comunicación cotidiana y fluida entre el gobernador Carstens y un servidor, y entre las distintas áreas de la Secretaría y el Banco de México.

Colaboración que, además, es parte del diseño institucional al existir distintas instancias formales en las que trabajamos juntos de manera cotidiana, desde la participación sin voto, pero con voz del Secretario de Hacienda y el Subsecretario de Hacienda en la Junta de Gobierno del Banco, hasta la participación conjunta en la Comisión de Cambios o en el Consejo de Estabilidad Financiera.

Esta colaboración ha resultado, sin duda, en beneficios importantes para los mexicanos. Y quiero destacar como un ejemplo la Reforma Financiera.

Si bien la Reforma Financiera es una reforma elaborada por el Ejecutivo Federal y el Ejecutivo asume la responsabilidad política sobre la misma, quiero reconocer aquí que muchas de las mejores ideas que están contenidas en esta reforma, emanan del Banco de México.

Ésta es una reforma que está ya, ha sido ya aprobada por la Cámara de Diputados, está en discusión en la Cámara de Senadores y, sin duda alguna, contribuirá, primero, a que en México haya más crédito y más barato; y segundo, para seguir consolidando la fortaleza y solidez de nuestro sistema bancario.

Señor Presidente.

Señoras y señores:

Como lo dijera usted, señor Presidente, desde el 1 de diciembre de 2012, esta Administración está comprometida con la estabilidad macroeconómica. Y el conjunto de reformas estructurales que se han planteado giran en torno al fortalecimiento de nuestros fundamentos.

Con respecto a la Reforma Hacendaria son alentadores los comentarios de las calificadoras, por ejemplo, Standard and Poor’s, que recientemente reafirmó la calificación y la perspectiva positiva a partir de la oportunidad que tenemos de consolidar las Reformas Hacendaria y Energética.

Y también son alentadores los comentarios de la Directora General del Fondo Monetario Internacional, en el que se resalta la solidez de la economía mexicana y cómo las reformas habrán de fortalecer los fundamentos de nuestra economía.

Es alentador escuchar y conocer del progreso que está teniendo la aprobación de la Reforma Hacendaria en la Cámara de Diputados, donde ayer se dictaminaron ya en Comisión de Hacienda las dos primeras iniciativas y confiamos que antes de la fecha establecida en la ley, del 20 de octubre, habrá de aprobarse esta reforma que tiene como objetivo en primer lugar, fortalecer la capacidad financiera del estado para cumplir con sus obligaciones y, segundo, establecer una reforma realmente progresiva de carácter social.

La Reforma Fiscal, junto con el resto de las reformas planteadas contribuirán a una mayor estabilidad macroeconómica, no como un fin en sí mismo, sino como una forma de contribuir al único indicador de éxito de la política económica que realmente importa: el bienestar de las familias mexicanas, el bienestar duradero de las familias mexicanas.

Señor Gobernador, señores integrantes de la Junta de Gobierno:

Nuevamente muchas felicidades por estos 20 años en los que el Banco de México se ha consolidado como una institución pilar del Estado mexicano y de la estabilidad macroeconómica.

Es un orgullo y es una gran tranquilidad para todos los mexicanos contar con el Banco de México.

Muchas felicidades.

-MODERADOR: Interviene a continuación el Gobernador del Banco de México, el doctor Agustín Carstens Carstens.

-DR. AGUSTÍN CARSTENS CARSTENS: Señor Presidente de la República, licenciado Enrique Peña Nieto; señor Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Senadores, doctor Raúl Cervantes Andrade; señor Secretario de Hacienda y Crédito Público, doctor Luis Videgaray Caso; distinguidos Gobernadores de Bancos Centrales; legisladores y expositores; señor licenciado Javier Arrigunaga, Presidente de la Asociación de Bancos de México; representantes de los medios de comunicación; señoras y señores:

Hoy México está inmerso en un profundo y ambicioso esfuerzo de transformación institucional. Lo mismo se trata de reformas ya promulgadas, como la Educativa, que de grandes reformas que son motivo de intensos debates, como la que se refiere al promisorio sector de la energía. La voluntad de cambio salta a la vista.

Todos sabemos que la Administración que encabeza el Presidente Enrique Peña Nieto se ha caracterizado, tanto por su talante modernizador, como por su búsqueda afanosa de consensos. Nadie podría poner en duda que ese anhelado sentido de urgencia, indispensable para la consecución de transformaciones profundas y provechosas, hoy está presente.

Como he mencionado en otras ocasiones, la estabilidad macroeconómica alcanzada por México, sustentada en muchos años de políticas fiscales, financieras y monetarias responsables, es la plataforma ideal para impulsar reformas estructurales, que eleven el crecimiento potencial de México a tasas mucho más aceleradas que las actuales y de forma sostenida. Sólo así el país logrará superar múltiples rezagos.

Este entorno de transformación institucional que estamos viviendo, resulta particularmente afortunado para conmemorar el Vigésimo Aniversario de una de las reformas estructurales más sólidas y provechosas que se han realizado en la historia moderna de México: El otorgamiento de autonomía a nivel constitucional al Banco.

La historia, no sólo de México, sino de múltiples naciones nos demuestra que las reformas duraderas que transforman a un país, son aquellas que se traducen en resultados palpables y contundentes a lo largo del tiempo.

No me cabe duda que la reforma que hace 20 años otorgó autonomía al Banco de México, hoy puede mostrar con resultados contundentes que se trató de un cambio institucional profundamente acertado y provechoso para todos los mexicanos.

En 1993, cuando el Congreso de la Unión recibió la iniciativa presidencial para modificar tres Artículos constitucionales, con el objeto de otorgar autonomía al Banco de México, prácticamente todos los mexicanos tenían muy frescos en la memoria los daños devastadores que les habían causado episodios agudos y prologados de alta inflación, pobreza extendida, cancelación de proyectos e inversión, de empleo, penurias diarias para satisfacer necesidades básicas, patrimonios perdidos en unos cuantos meses, tras muchos años de esfuerzo constante por construirlos.

Para la población más joven de México, como ya dijo el Secretario Videgaray, puede ser difícil comprender los daños que causa un entorno de alta inflación, sobre todo si tomamos en cuenta que el próximo mes de abril se cumplirán en nuestro país 14 años ininterrumpidos de registrar mes a mes inflaciones anuales de un solo dígito.

Para establecer el contraste con la situación previa a la autonomía de nuestro Instituto emisor, basta recordar que en 1993 casi la mitad de los mexicanos en ese entonces, 45 millones de compatriotas solo habían conocido en su vida inflaciones de dos o más dígitos.

Hoy más de 32 millones de mexicanos, jamás han padecido inflaciones anuales de más de un dígito.

Hoy, miles de mexicanos tienen acceso a créditos hipotecarios para adquirir una vivienda a tasas fijas, en pesos, a plazos que pueden llegar hasta 30 años.

Eso era simplemente impensable 93, cuando el Banco de México obtuvo su autonomía.
Gracias también, a la menor inflación, como ya dijo el Secretario, el Gobierno mexicano puede colocar hoy sus CETES a las tasas de interés más bajas de la historia, tan solo 3.4 por ciento en el plazo de 28 días, como sucedió en la subasta, de valores gubernamentales de la semana pasada.

Asimismo, gracias a expectativas de inflación bien ancladas, el Gobierno mexicano ha disminuido progresivamente el costo de su deuda pública interna y externa y ha incrementado sus plazos de vencimiento.

En 1994 el plazo promedio ponderado de la deuda gubernamental en pesos de México era de 230 días y no podía colocar títulos más que a una semana a tasas no menores del 100 por ciento.

Hoy, en México el plazo promedio ponderado de la deuda gubernamental en pesos es de ocho años y como ya dijo el Secretario, podemos colocar títulos a 30 años a tasas de entre seis y siete por ciento.

Esto significa no sólo, que en estos 20 años se ha ampliado más de 12 veces el plazo de vencimiento de la deuda gubernamental en pesos, sino que ha liberado muchos recursos presupuestales para emplearse en usos alternativos de mayor beneficio social.

Por supuesto, esta genuina transformación del escenario económico en el cual transcurre la vida de México, habría sido impensable sin un Banco Central Autónomo.

De hecho, la independencia no es tanto una prerrogativa del Banco Central como una garantía para la sociedad en su conjunto y para cada individuo dentro de ella.

La garantía de que el poder adquisitivo de la moneda de curso legal no será objeto de manipulaciones ventajosas por parte de los gobiernos en detrimento del patrimonio de los ciudadanos.

Sin duda, la autonomía trae consigo el natural requerimiento de una mejor rendición de cuentas. En el caso del Banco de México, el mandato constitucional prioritario de mantener una inflación baja y estable, hace sencilla y expedita esta rendición de cuentas.

Precisamente, el Banco de México rinde cuentas ante la sociedad, a través de los periódicos, resultados en materia de inflación y ejerciendo con la mayor transparencia sus funciones.

Me refiero a la total transparencia que debe prevalecer acerca de la información, los análisis, las razones y las deliberaciones que fundamentan las decisiones de política monetaria.

Pocas políticas públicas están tan claramente expuestas al examen del público, como las políticas monetarias de aquellos bancos centrales, que difunden las minutas de sus reuniones de política monetaria, como es el caso del Banco.

Esto va más allá, incluso, de la habitual y adecuada rendición de cuentas a la que instituciones autónomas deben estar sujetas en una sociedad democrática, porque no sólo está a la vista de todos el contenido mismo de las decisiones, sino su proceso de gestación al interior de un órgano colegiado de gobierno.

Esto es así porque se ha demostrado que esa plena transparencia en la comunicación resulta decisiva para el anclaje de las expectativas de inflación de la población.

La esencia de la autonomía es impedir que el Banco Central otorgue financiamiento directo al Gobierno, como bien lo dice el Artículo 28 leído textualmente por el Secretario.

Dicho de otra forma, la autonomía cierra la posibilidad de que los déficits fiscales se financien con crédito del Banco Central. Esta prohibición se vuelve fácil de cumplir cuando existe una relación armónica entre las políticas fiscal y monetaria, que son los dos grandes pilares de la estabilidad macroeconómica.

En este sentido, la labor del Banco de México de mantener el poder adquisitivo de la moneda nacional, ha sido facilitada por el sano manejo de las finanzas públicas que México ha mostrado ya por muchos años.

La reciente iniciativa propuesta por el Presidente Peña Nieto para reforzar la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria, constituye un importante paso adicional para asegurar la estabilidad fiscal y la sostenibilidad de la deuda pública en el mediano y largo plazos.

Por consiguiente, esta iniciativa, también, será, de aprobarse, un elemento fundamental para garantizar tasas de inflación bajas y estables en los años por venir en nuestro país, y así recrear un terreno fértil para un mayor crecimiento económico sostenible.

En otro orden de ideas, es pertinente mencionar que la Constitución también le otorga autonomía presupuestal al Banco de México, lo que le ha permitido forjar e incrementar el principal activo que tiene, me refiero a su personal altamente calificado y plenamente comprometido con las responsabilidades que la Constitución le asigna al instituto central.

Señor Presidente, señor Secretario, señores Gobernadores de Bancos Centrales, amigas y amigos:

La crisis global desatada en 2008 ha llevado a varios bancos centrales, muchos de ellos aquí representados por sus Gobernadores, al límite de sus capacidades.

Las instituciones referidas han mostrado una gran maestría para innovar en la ejecución de su política monetaria, de forma tal que han facilitado la estabilidad de los sistemas financieros y han propiciado la recuperación de sus economías, pero siempre lo han hecho sin desatender el objetivo de mantener una inflación baja y estable.

Las acciones implementadas en materia monetaria por los bancos centrales de varias economías avanzadas han abierto una ventana para que sus respectivos gobiernos pongan en marcha otra serie de reformas en materia fiscal, financiera y regulatorias para estabilizar sus economías de manera definitiva y puedan retomar la senda del crecimiento económico.

No sería presuntuoso decir que los bancos centrales de los países avanzados al abrir esa ventana de tiempo han sido el principal catalizador para superar la crisis que aún no se termina de disipar.

Pero es urgente que los países más afectados por la crisis hagan uso efectivo de esa ventana de tiempo que han ofrecido los bancos centrales, pues la política monetaria no puede resolver por sí sola los problemas que padecen las economías que representan más del 40 por ciento del PIB mundial.

En este sentido es muy afortunada esta reunión, porque podremos dialogar sobre el valor que tiene la autonomía de los bancos centrales en tiempos de crisis y acerca de cómo se puede ejercer dicha autonomía de manera responsable en momentos difíciles.

Por último, y no por ello menos importante, quisiera reconocer y agradecer el profundo respeto hacia la autonomía del Banco de México que repetidamente han manifestado el Presidente Peña Nieto y su Gobierno.

Asimismo, el Banco de México en su ámbito de competencia y acción siempre estará dispuesto a colaborar para que este impulso transformador, encabezado por usted, señor Presidente, llegue a buen puerto y produzca sus mejores frutos en beneficio de todos los mexicanos.

Muchas gracias.