-MODERADOR: Hace uso de la palabra el licenciado José Calzada Rovirosa, Gobernador del Estado de Querétaro.

-GOBERNADOR JOSÉ CALZADA ROVIROSA: Señor licenciado Enrique Peña Nieto, Presidente de los Estados Unidos Mexicanos; doctor Juan Silva Meza, Ministro Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; señor Diputado Francisco Arroyo Vieyra, Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados; Senador Ernesto Javier Cordero Arroyo, Presidente de la mesa directiva del Senado de la República; licenciado Miguel Ángel Osorio Chong, Secretario de Gobernación; licenciado César Horacio Duarte Jáquez, Presidente de la Conferencia Nacional de Gobernadores; estimadas amigas y amigos:

Bienvenidos sean todos ustedes al Estado de Querétaro, que los recibe, con gusto, en esta ocasión especial. Hace 96 años, en este recinto, tuvo lugar el primer gran pacto de nuestra vida moderna: la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Detrás del acuerdo de voluntades y coincidencias, que por casi un siglo han normado nuestras relaciones en lo social, lo económico y lo jurídico, está la convicción de quienes haciendo a un lado sus diferencias, supieron trazar un nuevo rumbo para México.

Hombres que creyeron en la libertad y los derechos fundamentales, como los valores en torno a los cuales habría que construir un sueño colectivo, que apostó por un futuro fincado en el Estado de Derecho.

Aquella lucha, aquella inspiración común, hoy, sigue vigente. La justicia social, el fortalecimiento de nuestras instituciones, el respeto a los derechos humanos y la modernización de nuestra economía, siguen siendo tareas imperativas para la construcción de un México próspero, equitativo y democrático.

Bajo la conducción del Presidente Enrique Peña Nieto, el Gobierno de la República ha transmitido que las asignaturas pendientes pasan por la unidad y por los acuerdos. Pactar por México significa elevar nuestra condición individual para pensar en los demás.

Significa ampliar la visión y compromiso alrededor de las causas que resumen la esperanza de los mexicanos; esto es, hacer de México un país de justicia y progreso. Hacer de México, un país de grandeza.

La viabilidad de este pacto nunca sería posible de manera unilateral y vertical. Requiere de apuntalarse y fortalecerse con tolerancia, aceptación de las diferencias y con la permanente y respetuosa búsqueda de los consensos.

Convencido de que el destino de México, es destino compartido. Cada día, son más los ciudadanos que, con su ejemplo, transformar el curso y la consciencia de nuestro país; mujeres y hombres con ideales, comprometidos en hacer valer la voz de quienes han permanecido marginados, de quienes gritan, pero no son escuchados.

Dispuestos a entregar su esfuerzo por el bien de la mayoría. Convencidos de que el cambio comienza con el propio ejemplo. Ciudadanos que se han cansado de proponer y de exigir, y que aún siguen en pie, esperando respuestas concretas para un México que debe pertenecer a todos los ciudadanos.

La voz de México, es la voz de nuestra gente, de las sierras y las costas, de los desiertos y de las selvas. En este espacio, hace ya 96 años, grandes patriotas se reunieron a discutir el destino de la Nación. En el debate, hablaron de un México para la gente.

Hoy, habría que preguntarnos si el sueño de ese México justo y de progreso que diseñaron justo en este recinto, es el México que queremos.

Me parece que la respuesta que no está en la valoración del pasado, sino en lo que podamos construir juntos hacia el futuro. Hagamos que la historia sea fuente de inspiración para asumir los compromisos que tenemos pendientes, para construir una Nación de oportunidades para todos.

Estimado señor Presidente de la República.

Señoras y señores:

Éste es un momento crucial en la historia de nuestro país.

En este contexto, es preciso comprometernos todos en fortalecer un proyecto de Nación, en el que como usted, señor Presidente, ha propuesto, los ciudadanos sean los grandes protagonistas del cambio.

Como gobiernos, estamos llamados a humanizar la política y a lograr un cambio real en la vida de millones de familias que, por años, han estado esperando respuestas por parte de nosotros.

Debemos disponernos a escuchar y con sensibilidad y cercanía esas voces, de una colectividad que demande eficacia en todos nosotros, los gobernantes. Este es deber de nuestra generación.

Volvamos la mirada a quienes hicieron posible el gran acuerdo fundacional de nuestra vida moderna. Hagamos nuestro, el ejemplo de su paso por este recinto como un modelo a seguir.

En Querétaro, estamos comprometidos a sumar esfuerzos con quienes han visto en los acuerdos, la vía para avanzar hacia las grandes transformaciones, cuyo proceso ya ha iniciado.

Señoras y señores:

Ésta es la hora de México. La historia recompensa a quienes enfrentan los retos.

Hoy, los Constituyentes del 17 son un modelo de aspiraciones unitarias en aras de los intereses de la Nación.

La coincidencia de voluntades es premisa indispensable para los cambios que el país reclama. Para México, no hay mayor riesgo que permanecer estáticos y anclados en la parálisis que propicia los intereses de grupo y las discrepancias de coyuntura.

El interés nacional es el interés supremo. El dolor y el duelo de nuestra gente exige el compromiso solidario de todos. Desde nuestro lugar, asumamos la responsabilidad, ciudadanos y gobernantes, como actores de liderazgo que México necesita.

Este recinto convertido en emblema nacional, servirá como testigo fiel de las frases que hoy expresemos por refrendar nuestro compromiso por la República.

Sean, amigas y amigos, estas palabras para darles la más cordial bienvenida a este estado, el cual ha sido testigo y protagonista de episodios históricos que hoy dan identidad nacional y esperanza de futuro.

Muchas gracias.

-MODERADOR: A continuación, el licenciado Miguel Ángel Osorio Chong, Secretario de Gobernación, dará lectura del acuerdo que será firmado en esta ceremonia.

-SECRETARIO MIGUEL ÁNGEL OSORIO CHONG: Licenciado Enrique Peña Nieto, Presidente de los Estados Unidos Mexicanos; señor Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; señores presidentes de las mesas directivas de Diputados y Senadores.

Señor Gobernador del Estado de Querétaro; señores Gobernadores; Jefe de Gobierno; señoras y señores:

Me permito dar a conocer, el acuerdo al que concurren los tres Poderes de la Unión para la Conmemoración del Centenario de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, considerando que la vigencia efectiva del Estado constitucional y democrático de derecho, es requisito indispensable para la consecución de los grandes cambios que México se ha propuesto alcanzar en todos los órdenes.

Que la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, es la consolidación de su soberanía, que reside esencial y originalmente en el pueblo de México y, por tanto, la máxima expresión de su autodeterminación.

Que a lo largo de sus 96 años de vigencia, nuestra Constitución no sólo se ha limitado a estructurar y a organizar a las instituciones públicas, sino que, también, ha orientado el actuar de autoridades y ciudadanos, modulando nuestra convivencia social.

Que los principios y valores que desde su promulgación y hasta el día de hoy, han dado sustento a nuestra Nación, han permitido garantizar las libertades fundamentales y han puesto en manos de los ciudadanos, el poder para exigir una protección eficaz de sus derechos.

Que los anhelos revolucionarios del pueblo de México se concretan de manera permanente en el enriquecimiento de los derechos inherentes al ser humano. En la modernización de sus instituciones fundamentales, y en la adaptación a las necesidades y exigencias de una Nación que evoluciona constantemente, en el concierto internacional.

Y que el reconocimiento de la obra del Constituyente de 1917, así como el conocimiento de los acontecimientos históricos que dieron lugar a nuestra Constitución general, son necesarios para reafirmar los valores que hoy sustentan nuestro orden jurídico y social.

Por ello, hemos decidido suscribir el siguiente Acuerdo.

Primero. Los Poderes de la Unión acuerdan la creación del Comité para la Conmemoración del Centenario de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, con el objeto de establecer en forma coordinada, los eventos, celebraciones, homenajes, expresiones y demás acciones que serán llevados a cabo a partir de esta fecha y hasta el 5 de febrero del 2017.

Para el cumplimiento de su objeto, deberán propiciarse las participaciones de los sectores público, social y privado.

Segundo. Este Acuerdo no implica la asignación de presupuesto alguno para el Comité para la Conmemoración del Centenario de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, ya que las acciones deberán realizarse con cargo a los presupuestos autorizados por la Cámara de Diputados a cada uno de los Poderes de la Unión, lo anterior sin perjuicio de que se utilicen los mecanismos legales y administrativos para que los presupuestos asignados, puedan concurrir en las acciones que se determinen por el Comité.

Tercero. El Comité, deberá velar por las acciones pendientes a la Conmemoración del Centenario de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, se realice bajo los principios de transparencia y austeridad republicana, y se orienten, primordialmente, a:

Primero. Difundir su contenido y concientizar sobre la importancia del cumplimiento cabal de sus postulados.

Segundo. Recordar su importancia histórica y su contribución al desarrollo económico, político y social del país.

Y tercero. Reflexionar sobre los mejores mecanismos para hacer efectivos los derechos fundamentales en ella consagrada.

Cuarto. El Comité estará integrado por el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, por los Presidentes de las Cámaras de Diputados y Senadores, y por el Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y del Consejo de la Judicatura Federal.

Los miembros señalados en el párrafo anterior podrán ser suplidos por los Secretarios de Gobernación y de Educación Pública; un Diputado y un Senador; y un Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y un Consejero de la Judicatura Federal, respectivamente.

El Comité, podrá invitar a los gobernadores de los estados y al Jefe de Gobierno del Distrito Federal a concurrir en las acciones para conmemorar el Centenario de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Quinto. Para el cumplimiento de su objeto, el Comité deberá: Determinar los eventos, celebraciones, homenajes, expresiones y demás acciones que serán llevados a cabo por los Poderes de la Unión.

Promover la participación de los sectores público, social y privado en acciones conmemorativas del Centenario de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Proponer acciones conmemorativas específicas en las entidades federativas y municipios, así como a instituciones educativas y culturales, y a organismos de la sociedad civil.

Promover exposiciones, estudios, obras e investigaciones que fomenten el conocimiento de la Constitución, sus principios y valores. Impulsar mecanismos de participación ciudadana en las actividades relacionadas con el objeto.

Sexto. El Comité sesionará de manera ordinaria al menos dos veces al año, y con carácter extraordinario cuando alguno de sus miembros lo solicite. Sesionará válidamente con la asistencia de la mayoría de sus integrantes, y adoptará sus resoluciones por consenso.

A las sesiones ordinarias se deberá convocar al menos 10 días hábiles de anticipación, y a las extraordinarias, con un mínimo de cinco días, acompañando, en todo caso, el orden del día.

Séptimo. El Director General del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, fungirá como Secretario Técnico del Comité y tendrá a su cargo: Convocar a las sesiones del Comité, llevar el registro de los acuerdos del Comité, y dar seguimiento a su ejecución, y al auxiliar al Comité en el cumplimiento de sus resoluciones.

Octavo. El Comité se auxiliará por un Consejo Asesor integrado por representantes del sector académico y de la sociedad civil, con reconocida experiencia en el campo de la historia, el derecho, la sociología o las ciencias políticas. Los miembros del Consejo serán invitados por el Comité y desempeñarán su encargo en forma honorífica.

Dado en la Ciudad de Querétaro, Querétaro, a 5 de febrero de 2013.

Firman: el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, Enrique Peña Nieto; el Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y del Consejo de la Judicatura Federal, Juan Silva Meza; el Presidente de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, Diputado Francisco Agustín Arroyo Vieyra; el Presidente de la Cámara de Senadores del Congreso de la Unión, Senador Ernesto Javier Cordero Arroyo.

Muchas gracias por su atención.

-MODERADOR: Toca el turno en el uso de la palabra al Senador Ernesto Javier Cordero Arroyo, Presidente de la Mesa Directiva de la Honorable Cámara de Senadores.

-SEN. ERNESTO JAVIER CORDERO ARROYO: Licenciado Enrique Peña Nieto, Presidente de los Estados Unidos Mexicanos; Ministro Juan Silva Meza, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; Diputado Francisco Arroyo Vieyra, Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de los Diputados; licenciado José Calzada Rovirosa, Gobernador Constitucional del Estado de Querétaro; honorables integrantes del presídium; señores integrantes del Gabinete Presidencial; señoras y señores integrantes del Poder Judicial; señoras y señores Legisladores; señoras y señores Gobernadores y Jefe de Gobierno del Distrito Federal; señoras Presidentas y Presidentes Municipales; funcionarios públicos; invitados especiales.

Como cada 5 de febrero, México entero se une, hoy, en la conmemoración del Aniversario de la Constitución. En esta fecha, celebramos 96 años de vida de este documento fundacional que ha regido los destinos de nuestra República.

Son 96 años de lucha, de trabajo y de sacrificio de miles de mujeres y hombres valientes para hacer realidad los ideales de justicia social, democracia, libertad e igualdad ante la ley, que están contenidos en sus páginas.

Hoy, recordamos con respeto a los Constituyentes del 17, legisladores que, a pesar de sus diferentes formas de pensar y de concebir a México, supieron estar a la altura de su tiempo y de su responsabilidad histórica.

En esta fecha, rendimos homenaje a Félix Palavicini, a José Natividad Macías, a Heriberto Jara, a Cándido Aguilar, Alfonso Cravioto, Froylán Manjarrez, Francisco J. Múgica y a todos los legisladores del Congreso Constituyente, quienes brindaron a nuestro pueblo un contrato social que garantizara sus derechos y defendiera sus libertades bajo la bandera de la ley.

Reconocemos a estos grandes mexicanos por su altura de miras, por su capacidad de diálogo y por su gran patriotismo. Los reconocemos porque fueron capaces de entender que no legislaban para el momento, legislaban para el futuro, porque en cada artículo de la Carta Magna, se dibujaba el mapa que habríamos de seguir las generaciones venideras.

Con sensibilidad y visión, los Constituyentes del 17 establecieron en la Ley Suprema las garantías individuales, los principios de igualdad y libertad, el Federalismo y la división de Poderes.

Plantearon la soberanía de la Nación sobre sus recursos naturales y plasmaron los anhelos de un pueblo sediento de justicia, que acababa de romper las cadenas de la opresión y luchaba por forjar una Patria en la que todos tuvieran cabida.

En cada palabra, en cada Artículo de nuestra Constitución, estos grandes representantes de la ciudadanía supieron dejar la impronta de su profundo respeto a las instituciones y de su gran responsabilidad con los altos ideales de la República.

A 96 años de su promulgación, la Constitución y las leyes que de ella emana, son el marco en el que se debe desarrollar, invariablemente, la vida pública de nuestro país. Las circunstancias son cambiantes, pero el respeto por nuestra Constitución, por nuestras leyes y por nuestras instituciones, debe ser permanente.

Los representantes de los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial nos damos cita aquí, como una muestra clara que, en el México del Siglo XXI, la división de Poderes es una realidad. Esto significa que cualquier modificación al marco constitucional y al andamiaje legal, debe ser producto del diálogo responsable entre los Poderes de la Unión.

Es positivo y saludable que hoy exista en el ambiente político la voluntad de seguir impulsando reformas importantes en los temas que más le importan a la Nación. Pero este impulso reformador no puede, ni debe, desperdiciando, tratándose de forzar los tiempos y la agenda del Congreso.

La historia de nuestro país no deja lugar a dudas. Cuando el impulso reformador no goza de acuerdos políticos y sociales amplios, el resultado es invariablemente negativo para todos.

En cambio, cuando se actúa con verdadera generosidad, con responsabilidad, visión y espíritu genuinamente democrático y republicano, tal como lo hicieron los Constituyentes del 17, los resultados generan frutos que trascienden generaciones enteras.

Por eso, podemos afirmar: Reformas sí, pero sólo reformas producto del diálogo franco, del debate serio, de la reflexión a fondo y del respeto a las instituciones. Esa es la esencia de la gobernabilidad democrática que, en el México del Siglo XXI, es la única ruta posible para nuestro progreso como Nación.

Señoras y señores:

El mejor homenaje que los mexicanos de nuestro tiempo podemos rendir a los Constituyentes del 17, es guiar nuestra conducta por los valores y los ideales que están plasmados en nuestra Carta Magna. En especial, quienes tenemos responsabilidades públicas estamos doblemente obligados a ser los primeros en respetar, sin cortapisas ni dobles discursos, la letra y los principios de nuestra Constitución.

Por eso, en esta fecha solemne, quiero refrendar el compromiso efectivo del Senado de la República con la construcción de un México de leyes efectivas y de instituciones fuertes.

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, es y debe ser, siempre, el eje rector de todo nuestro sistema democrático de Gobierno y el pilar fundamental de los derechos y las libertades de los ciudadanos.

Porque honrar la Constitución es respetar cada uno en sus Artículos. Es trabajar día con día para para hacer realidad los ideales que le dieron origen. Es fortalecer a las instituciones democráticas mediante la práctica de la democracia misma.

Finalizo mi intervención citando las palabras del Presidente Venustiano Carranza quien, al protestar la Constitución de 1917, dijo: Ahora, sólo queda la obligación de ir a la práctica de la ley suprema, llevándola en nuestras manos como la enseña que nos hará grandes, justos y respetados entre los demás pueblos de la tierra. Que nos traerá la paz y la prosperidad y que, acabando con todas nuestras rencillas, nos llevará a vivir la vida de tranquilidad de los pueblos libres, por el respeto a la libertad y al derecho de cada uno.

Muchas gracias.

-MODERADOR: A continuación, hará uso de la palabra el Diputado Francisco Arroyo Vieyra, Presidente de la Mesa Directiva de la Honorable Cámara de Diputados.

-DIP. FRANCISCO ARROYO VIEYRA: Señor Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos; señor Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y del Consejo de la Judicatura Federal; señor Presidente del Senado de la República; señor Gobernador del estado y anfitrión.

No fue, sino hasta que Morelos, el de Los Sentimientos de la Nación, el de la moderación de la opulencia, el de la reivindicación de la indigencia para que esta dejara de serlo. En los propios Sentimientos de la Nación, habló de la América mexicana.

México, como pueblo tiene una tradición milenaria, un cruce de culturas, de mestizajes que nos dio, finalmente, nuestra especial y gran manera de ser y de pensar.

México, como país, forma parte de una raigambre profunda y de una tradición milenaria. Pero como país independiente, paradójicamente, siendo la suma de miles, somos un país muy joven.

Somos un país muy joven que se vio, finalmente, reflejado en un Acta de Nacimiento, en la Constitución del 24. Habría que seguirle la del 57, con la genialidad de estadista del Padre Laico del Estado mexicano, don Benito Juárez.

No sería sino hasta el 17, cuando los mexicanos nos dimos para sí, la concepción del Estado moderno, en una génesis que nos dura, mediante la magia increíble del Constituyente Permanente, plasmado en el 135 de nuestra Constitución, una manera de ser y de actuar.

La Constitución no es otra cosa sino el sacramento laico de un acuerdo. En la Constitución, los mexicanos decidimos aportar una parte de nuestra libertad para garantizar las libertades del pueblo de México.

Es una buena receta seguir a pie juntillas el texto de la Constitución, porque fue un acuerdo de la sociedad imperante en aquella semana crucial, impulsada por Carranza en esta magnífica ciudad y en este bello recinto, de los Constituyentes del 17, pero, finalmente, por el mecanismo del Constituyente Permanente y de las garantías de vigencia de la propia Constitución, es un acuerdo que se renueva en un proceso dinámico que nos hace pensar hoy, más que nunca, que la Constitución no es una pieza de museo. Es un instrumento vivo y vigente, y es un acuerdo.

Carranza obligó de alguna de manera con su autoridad moral y política, a los Constituyentes a acordar. Qué podría obligarnos a los mexicanos de este nuevo siglo, bajo el imperio de una sociedad civil vigente y exigente, a acordar la necesidad que Morelos tuvo en el principio de matizar la opulencia y de tratar de desterrar la indigencia; la indigencia material, la indigencia espiritual y de construir para todos un régimen de libertad.

La sociedad mexicana está viendo, hoy más que nunca, con unos ojos exigentes a su clase política, y es, precisamente, la sociedad el conjunto del cuerpo colectivo lo que hoy nos obliga a acordar, a acordar sin renunciar, a acordar para construir.

La política es un ejercicio leal de negociación para garantizar las garantías individuales y para darnos, a nosotros mismos, un sistema jurídico que rija a plenitud.

Hoy, los mexicanos nos encontramos en un espejo maravilloso de la República, en este recinto. Y en esta tesis de la representación popular, directa y democrática, es que al amparo y ante el umbral de los festejos de esta centenaria Constitución del 17, reivindicamos nuestra manera de ser, nuestra manera de estar, la vivencia de la mejor educación de la familia en la que crecimos los mexicanos, de la escuela libre, de la escuela gratuita, de la escuela laica, de la escuela obligatoria, de nuestra manera de ser, de la propiedad originaria de la Nación y de un régimen de libertad que a todos nos conviene, y conviene viene de bien, garantizar para el bienestar y para el mejor futuro de todos.

-MODERADOR: Hace uso de la palabra el Ministro Juan Silva Meza, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

-MINISTRO JUAN SILVA MEZA: Señor licenciado Enrique Peña Nieto, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos; Senador Ernesto Cordero Arroyo, Presidente de la Mesa Directiva de la Honorable Cámara de Senadores; Diputado Francisco Arroyo Vieyra, Presidente de la Mesa Directiva de la Honorable Cámara de Diputados; señor Gobernador Constitucional del Estado anfitrión; señores Gobernadores; señor Jefe de Gobierno; señoras y señores:

Conmemoramos hoy, 96 años de la promulgación de la Constitución de 1917. Celebramos que la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos haya concretado el anhelo de paz, institucionalidad y democracia que los Constituyentes que conocieron en carne propia la violencia y la guerra, quisieron para nosotros.

Conmemoramos la capacidad de los mexicanos de organizar la vida pública, el poder y las libertades, a partir de un orden constitucional.

Hoy, podemos constatar que el país ha venido cambiando para bien. El régimen constitucional que los mexicanos decidimos tener, así lo ha propiciado. Pero, acaso, lo más importante es que cambiamos sin violencia, en el marco de las instituciones.

La continuidad de nuestro régimen en paz, a casi 100 años de distancia hoy, es innegable.

Tenemos razones para celebrar la fortaleza y vigencia del legado .que los Constituyentes del 17 nos dejaron, a partir de la cimiente que, a su vez, recibieron de los Liberales de 1857.

Recordemos que la lucha entre hermanos, iniciada en 1910, derivó, en buena medida, de la inobservancia de los principios constitucionales de 1857, que buscaban hacer de la nuestra, una Nación más justa y libre para todos.

La dictadura congeló el régimen constitucional, congeló los derechos y las libertades, e incubó la violencia y la Guerra Civil. Por ello, no es casual que la Constitución de 1917 se sostenga sobre el deseo de recuperar, en un documento, las bases que, estableciendo reglas claras para todos y límites razonables para los contendientes, pacificar al país a partir de los presupuestos que sólo un Pacto Constitucional puede lograr.

Desde 1917, México ha vivido en continuidad constitucional en paz. La paz que se vive entre leyes e instituciones, y de la cual, nuestros padres, nosotros y nuestros hijos, nos hemos beneficiado.

En casi 100 años, muchos millones de mexicanos hemos gozado de la estabilidad de un régimen constitucional que, en alguna forma, sigue siendo el mismo desde 1857.

Debemos estar satisfechos de haber sabido mantener, sin rupturas, la estabilidad constitucional que nos viene desde hace casi 150 años.

Ahora, durante los últimos dos años, el Poder Judicial de la Federación ha dado la bienvenida a la entrada en vigor de una serie de importantes reformas constitucionales en materia penal, en amparo, en política y en derechos humanos, que han cambiado, sin exagerar, el rostro al sistema jurídico mexicano, poniendo en el centro del funcionamiento del Estado los derechos y las libertades de las personas. Derechos fundamentales y libertades imprescindibles en una democracia como la nuestra.

Estas cuatro reformas parten del mismo impulso legislativo llevado a cabo por un poder reformador de la Constitución, atento a adecuar el texto fundamental a las necesidades de la sociedad mexicana del Siglo XXI. Reformas que, desde nuestro ámbito, llevaron a la Suprema Corte a decretar el inicio de la décima época jurisprudencial, y a insistir en su disposición para fortalecer la sana armonía entre los Poderes de la Unión para llevarlas a cabo.

El nuevo paradigma exige de todas las autoridades, de todos los órdenes y niveles de Gobierno, cada cual en el ámbito de sus competencias constitucionales, el mismo grado de compromiso para velar por el pleno respeto a los derechos y las libertades.

Hoy, la Constitución exige a los Poderes unidad en ese propósito. Por ello, es indispensable encontrarnos y dialogar con pleno respeto a la visión de poderes para que esos derechos sean, efectivamente, salvaguardados.

Todo ello, sin olvidar los derechos humanos que explican a cualquier Régimen Constitucional democrático, como el nuestro.

Las reformas están ahí. No cedamos ante intenciones regresivas. Nuestro Acuerdo Constitucional obliga a todos a apuntalar la nueva concepción jurídica del país.

Debemos implementar, cuanto antes, la ambiciosa Reforma Constitucional en materia Penal, que entrará en vigor, sin duda alguna, en el 2016.

Impulsemos con urgencia, también, las nuevas disposiciones secundarias en materia de amparo y la relacionada con el funcionamiento del régimen político.

No permitamos que los falsos dilemas entre libertades y responsabilidades, entre derechos y deberes, entre legalidad y justicia, nublen el entendimiento que debemos tener sobre nuestro papel histórico de cara a la Constitución que hoy celebramos.

Asumamos, aposto presente, los invaluables beneficios futuros de vivir en un país que reconoce y cumple con los valores y principios Constitucionales que le dan vida y sentido.

La historia nacional nos recuerda: la restricción de los derechos no redunda en una mayor responsabilidad individual hacia los demás. Nos recuerda que el deber de obedecer la ley no se logra sacrificando derechos.

Por el bien de todos, lo mejor que debemos hacer, es poner, con equilibrio y ponderación, la libertad y los derechos por encima de cualquier otro interés.

Non son formalismos. Son libertades y derechos fundamentales que debemos cuidar y respetar en beneficio de todos. Para nadie la arbitrariedad.

Nuestra generación tiene la responsabilidad de consolidar esta nueva etapa en la construcción constitucional de México para vivir en un país más libre y democrático, lejano al autoritarismo y a la arbitrariedad, más seguro, más armónico, ajeno a la impunidad, respetuoso de los derechos de todos.

En ese compromiso, los titulares del Poder Judicial de la Federación, jueces, magistrados y ministros, seguiremos defendiendo, con prudencia y equilibrio, los derechos y libertades de todos, con plena autonomía e independencia, sujetos a la obligación de mantener la continuidad constitucional de la Nación, sometidos sólo a la Constitución y la ley, rindiendo cuentas a la sociedad, consolidando esta nueva época mexicana de respeto irrestricto a nuestros valores y principios constitucionales.

Mantendremos nuestro compromiso por afianzar cada día más la confianza de la sociedad en su sistema de justicia, mediante un irreprochable desempeño, teniendo claro que la Constitución es el más acabado símbolo nacional, que la Constitución permite superar nuestras constituciones en un verdadero Estado de Derecho. Que la Constitución es la mejor guía para ser un país donde impere la cultural de la legalidad.

Tenemos claro que la mejor forma de honrar a la Constitución, es cumpliéndola y haciéndola cumplir.

Muchas gracias.