Por Enrique Peña Nieto

Agradezco la distinción que generosamente me han otorgado en Nueva York, líderes religiosos y empresariales, comprometidos con principios universales, como los derechos humanos, la paz entre los pueblos, la tolerancia y la fraternidad.

Recibo el Premio al Estadista Mundial en nombre de todo México, porque los avances en nuestro país NO son resultado del trabajo de un solo hombre, ni siquiera de un solo gobierno; son logros de toda una Nación, que se atrevió a cambiar.

Tengo la fortuna y la responsabilidad de encabezar los esfuerzos de una sociedad democrática, dinámica y cada vez más participativa, que está dispuesta a cambiar, porque México está en movimiento y avanza con paso firme, hacia una mayor inclusión y prosperidad.

Gracias al respaldo de los partidos políticos –tanto de derecha, centro e izquierda– y a sus legisladores, en 20 meses, se concretaron 11 reformas de fondo, que constituyen una nueva plataforma, para construir un México más moderno y más competitivo.

El Premio al Estadista Mundial es un aliciente para seguir trabajando y hacer de nuestra tierra, un espacio de oportunidades y realización personal, para todos sus habitantes.