Por: Enrique Peña Nieto

Hoy tengo el gusto de regresar a los Estados Unidos de América y renovar el compromiso del gobierno de México por alcanzar dos objetivos compartidos: hacer de Norteamérica la región más competitiva del mundo y consolidar a nuestra frontera común como un espacio de prosperidad para ambas naciones.

Esta visita a Texas tiene un importante significado. Además de ser una de las economías más grandes de la Unión Americana, este estado es nuestro principal socio comercial en EUA. Tan sólo en 2014, nuestros intercambios económicos superaron los 192 billones de dólares (BDD) y han sido fuente de empleo para más de 400 mil personas en territorio texano. Para acelerar el dinamismo de nuestra relación, se requiere desarrollar más infraestructura fronteriza, como el nuevo cruce ferroviario que conecta a Brownsville con Matamoros –primero en su tipo construido por ambos países en 100 años– y el Puerto Fronterizo y Puente Internacional Guadalupe-Tornillo, que inauguramos recientemente. Con estas obras se fortalecen las cadenas regionales de valor y se genera bienestar en ambos lados de la frontera.

Otro aspecto fundamental para incrementar la competitividad de México y Norteamérica, es consolidar una industria energética eficiente, abierta a la inversión competitiva a nivel global. En este sentido, la Reforma Energética que los mexicanos estamos implementando establece un nuevo paradigma que –manteniendo en manos del Estado la propiedad de los hidrocarburos y la renta petrolera– permite la participación del sector privado en toda la cadena de valor de hidrocarburos y prácticamente en la totalidad del sector eléctrico. De esta manera, México está transitando de dos monopolios estatales hacia mercados energéticos abiertos y competitivos, en beneficio de los consumidores.

Este nuevo marco legal e institucional también ofrece transparencia y plena certeza jurídica para las inversiones. Por un lado, sentó las bases para la puesta en marcha del Mercado Eléctrico Mayorista que –desde enero de este año– integra a empresas privadas para competir en igualdad de condiciones en la generación y comercialización de electricidad. Se estima que se atraerán inversiones para los próximos 15 años por más de 127 BDD, para ampliar la capacidad de generación a 60 GW y expandir nuestra red de transmisión en 25 mil kilómetros. Con esos recursos, se fortalecerá la infraestructura eléctrica transfronteriza que comparten Estados Unidos y México, favoreciendo el intercambio eficiente y mutuamente provechoso de energía eléctrica entre ambos países.

En el sector de hidrocarburos, esta reforma estructural ya ha hecho posible que 30 nuevas empresas –de siete países– se estén incorporando en las áreas de exploración y extracción, dando paso a una nueva industria petrolera en México. Adicionalmente, para 2019, la red nacional de transporte de gas natural aumentará de 11 mil a 21 mil km a partir de una inversión de alrededor de 16 BDD. Esto es de gran relevancia para la integración energética de Texas y México, porque este estado provee el 75% de las importaciones mexicanas de gas natural. En este rubro destaca el inicio de operaciones del gasoducto Los Ramones, que comunica Agua Dulce, Texas, con la región del Bajío ─en el centro de México─. También avanzamos en el desarrollo de cuatro gasoductos más, que conectarán a Texas con algunos estados del norte de México[1].

Estados Unidos y México son economías altamente complementarias. El actual contexto de incertidumbre económica y volatilidad financiera nos llama a que, lejos de aislarnos, nos integremos aún más. Para lograr hacer de Norteamérica la región más competitiva del mundo, el diálogo continuo y el entendimiento mutuo son nuestras mejores herramientas. Con apertura y un mayor acercamiento, nuestras economías alcanzarán la prosperidad compartida que nos hemos propuesto y que merecen nuestras sociedades.

[1] 1) Waha-Presidio, 2) Waha-San Elisario, 3) Nueva Era y 4) Nueces-Brownsville. 

Texto publicado en Houston Chronicle.