Thomas L. Friedman

En India, las personas preguntan sobre China, y, en China, las personas preguntan sobre India: ¿qué país se convertirá en la potencia económica más dominante en el siglo XXI? Hoy, tengo la respuesta: México.

¿Imposible dice usted? Bueno, sí, México con sólo aproximadamente 110 millones de habitantes nunca podría ser rival de China o India en influencia económica total. Sin embargo, esto es lo que he aprendido de una visita al centro industrial y de innovación de México, en Monterrey. Todo lo que ha leído sobre México es verdad: los cárteles del narcotráfico, las organizaciones criminales, la corrupción gubernamental y el débil Estado de derecho merman a la nación. Sin embargo, ésa es la mitad de la historia. La realidad es que México hoy en día es más como una descabellada mezcla de las películas "Sin lugar para los débiles" y "La red social".

Algo pasó aquí. Es como si los mexicanos inconscientemente decidieran que la violencia relacionada con las drogas es una condición con la cual vivir y combatir, pero ya no algo que los defina. México ha firmado 44 acuerdos de libre comercio, más que cualquier país en el mundo, lo cual, de acuerdo con el periódico The Financial Times, es más del doble que China y cuatro veces más que Brasil. México también ha incrementado en gran medida el número de ingenieros y trabajadores calificados que se gradúan de sus escuelas. Ponga todo eso junto con hallazgos masivos de gas natural barato, y los crecientes sueldos y costos de transporte en China, y no es sorprendente que México hoy esté recuperando participación del mercado manufacturero de manos de Asia y atrayendo más inversión global que nunca en autos y productos aeroespaciales y del hogar.

"Hoy, México exporta más productos manufacturados que el resto de Latinoamérica junta", reportó The Financial Times, el 19 de septiembre del 2012. "Chrysler, por ejemplo, está utilizando a México como base para abastecer algunos de sus Fiat 500s al mercado chino". Lo que me llamó más la atención en Monterrey, sin embargo, es el número de compañías de arranque tecnológicas que están surgiendo de la población joven de México, el 50% del país tiene menos de 29 años, gracias a las baratas herramientas de innovación de código abierto y a la computación de nube.

"México no desperdició su crisis", comentó Patrick Kane Zambrano, director del Centro de Integración Ciudadana, al referirse al hecho de que cuando las compañías mexicanas perdieron ante China en los 90, no tuvieron más alternativa que volverse más productivas. El sitio de internet de Zambrano encarna el entusiasmo juvenil en Monterrey por utilizar la tecnología tanto para innovar como para estimular el activismo social. El centro acopia mensajes de Twitter de ciudadanos respecto a todo, desde luminarias rotas hasta "situaciones de riesgo", y los ubica en tiempo real en un mapa de Monterrey de una app para teléfono que advierte a los residentes qué calles evitar, alerta a la policía de balaceras y cuenta en días u horas qué tan rápido los funcionarios públicos... solucionan los problemas.

"Establece puntos de presión para obligar a un cambio", me dijo Bernardo Bichara, presidente del centro. "Una vez que un ciudadano siente que no es impotente, puede aspirar a más cambio... Primero, internet democratizó el comercio, y luego el comercio democratizó a los medios, y ahora está democratizando a la democracia".

Si John Kerry, secretario de Estado (EU), busca una nueva agenda, podría enfocarse en forjar una integración más cercana con México en lugar de golpearse la cabeza contra las piedras de Israel, Palestina, Afganistán o Siria. Una mejor integración de la habilidad manufacturera e innovadora de México con Estados Unidos es ganar-ganar. Hace más rentables y competitivas a las compañías estadounidenses, para que puedan expandirse en casa y en el extranjero, y brinda a los mexicanos una razón para permanecer en casa y reduce la violencia. Estados Unidos comercia 1.5 mil millones de dólares diarios con México, y gasta 1 mil millones de dólares diarios en Afganistán. No es algo inteligente.

Necesitamos una opinión más matizada de México. Mientras recorría el Centro de Agrobiotecnología en el Tec de Monterrey, su director Guy Cardineau, científico de Arizona, me comentó que, en 2011, "mi yerno volvió de un periodo de servicio en Afganistán y hablamos respecto a que viniera de visita en Navidad. Pero me contestó que el Ejército estadounidense dijo que él no podía venir debido a la advertencia sobre los viajes (del Departamento de Estado) respecto al país. Pensé que era muy irónico".

Particularmente, cuando las compañías de EU se están expandiendo en el país, lo cual es una razón de que México haya crecido el año pasado un 3.9% y la inversión extranjera directa alcanzara niveles récord.

"Hace 20 años, la mayoría de las compañías mexicanas no eran globales", explicó Blanca Treviño, presidenta y fundadora de Softtek, uno de los principales proveedores de servicios de informática de México. La compañía se concentró en el mercado nacional y la mano de obra barata para Estados Unidos. "Hoy, entendemos que tenemos que competir mundialmente" y eso significa "volverse eficiente. Tenemos un centro de desarrollo (de software) en Wuxi, China. Sin embargo, hoy somos más eficientes al hacer lo mismo en nuestro centro en Aguascalientes, de lo que somos en nuestro centro en Wuxi".

México aún tiene enormes problemas de gobierno que solucionar, pero lo que es interesante es que, después de 15 años de parálisis económica, los tres principales partidos del país acaban de firmar "un gran acuerdo", también conocido como "Pacto por México", bajo el nuevo presidente, Enrique Peña Nieto, para trabajar juntos en la lucha contra los monopolios de la energía, las telecomunicaciones y la educación que han sido un lastre para México. Si tienen éxito, quizá México nos enseñará algo sobre democracia.

Los mexicanos han comenzado a preguntarse sobre Estados Unidos últimamente, señaló Bichara, del Centro de Integración Ciudadana. "Siempre creímos que debíamos hacer que nuestros partidos se comportaran como los de Estados Unidos, ya no. Siempre creímos que debíamos hacer que el gobierno trabajara como el de Estados Unidos, ya no".

Fuente: The New York Times