Por sus hábitos costeros, la ballena gris y jorobada se han visto afectadas por actividades antropogénicas tales como la cacería de bajo impacto, los accidentes y colisiones con barcos de gran calado, la competencia por el alimento, la contaminación y las interacciones con la actividad pesquera (Pizzorno et al, 1988; Félix y Samaniego, 1994; Weinrich, 1995; Alzueta et al, 2001, Donoghue, et al, 2002). 

La actividad pesquera no controlada tiene un alto impacto en los mamíferos marinos, pues casi todas las especies de este grupo se relacionan de alguna manera con ésta actividad de forma negativa. La mortandad de mamíferos marinos causada por las operaciones pesqueras involucra una amplia gama de especies y de artes de pesca. En muchos casos, afecta a especies que están en peligro de extinción o incluso las llevan a ese punto (Northridge y Hofman, 1999, Lien, 2002). Actualmente ésta es una de las amenazas más significativas para las grandes ballenas a nivel mundial (Clapham y Mead, 1999; Northridge, 1984 y 1991, 2002 Northridge, 1984 y 1991, 2002; Pizzorno et al, 1988; Félix y Samaniego, 1994; Weinrich, 1995; Alzueta et al, 2001). 

Las grandes ballenas no son la excepción, su morfología y gran tamaño puede ocasionarles quedar atrapados en las artes de pesca, en algunos casos se dan las capturas accidentales donde los mamíferos marinos al navegar y no detectar las redes suelen enredarse en ellas lo que puede provocarles la muerte. En las ballenas las partes corporales más susceptibles a enredarse son las aletas pectorales y la aleta caudal, por ejemplo, la ballena jorobada además de unas enormes aletas pectorales, la barba y el rostro, tiene protuberancias o tubérculos, que pueden quedar fácilmente enredados. Las artes más comunes que afectan a los mamíferos marinos son las redes de cerco, de arrastre, las agalleras, palangres y las líneas fijas o a la deriva (Guerrero et al, 2006). 

Los enmallamientos suceden en las redes, ya sea fijas o a la deriva, que no sólo hieren a los animales sino que les impiden moverse y muchas veces les causan la muerte por asfixia, trauma o inanición (Medrano, 1993; Villavicencio, 2000; González-Peral, 2003; Pérez-Cortés y Rocha, 2004). Robbins y Mattila (1999) señalaron que las heridas que algunos individuos presentan son en su mayoría producidas por redes pesqueras y los enmallamientos son una causa importante de la mortalidad de las ballenas jorobadas. 

En el taller de la Comisión Ballenera Internacional (CBI) que se llevó a cabo en Maui en el 2010 se acordó que los enmallamientos ocurren donde quiera que las ballenas y los equipos pasivos de pesca se sobrelapan, la frecuencia de estos eventos es amplia y generalmente subestimada y es un evento de bienestar y conservación (Mattila, D. et al, 2012). 

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