Acerca de la obra

La experiencia que se sintetiza en este documento tiene mucho que aportar a las comunidades rurales de México, como a América Latina y a la esfera del agua a nivel mundial. Este aprendizaje se ha desarrollado en el municipio de Amealco, comunidad de Chitejé de Garabato, Querétaro.

En la actualidad, el grupo se ha escalado a setenta familias y se ha posicionado como un referente a nivel nacional e internacional como un modelo alternativo y descentralizado de la gestión del agua a nivel local.

El eje central del modelo es la gestión y el manejo del agua a nivel domiciliario, dado que el agua es un potente catalizador para avanzar hacia el desarrollo humano sustentable. Los recursos hídricos propician el bienestar de la población y juegan un papel clave en la reducción de la pobreza, al incidir en cuestiones relacionadas con la salud ambiental y humana, la seguridad alimentaria y el crecimiento económico.

Al rescatar esta experiencia, se apuesta a una nueva lógica en el diseño de la política pública en el sector agua con un enfoque de fortalecimiento de capacidades locales, y la generación de una organización social en torno a las obras, impulsando a las comunidades rurales a adoptar las tecnologías y promover la sustentabilidad en el uso del agua.

El documento se estructura en cinco apartados:

1) Es una caracterización de la zona de estudio para ofrecer información de contexto;

2) Síntesis del modelo de intervención para la adopción social de tecnologías de agua y saneamiento;

3) La experiencia desde la perspectiva de la comunidad;

4 y 5) Las lecciones aprendidas y las recomendaciones de política pública.

Los instrumentos para la colecta de la información en la comunidad pueden consultarse en los anexos, así como algunas notas de prensa que han dado difusión a los logros en Chitejé de Garabato.

Consulta en el enlace la publicación: Mujeres trabajando por una gestión sustentable del agua en comunidades rurales: Chitejé de Garabato, Querétaro

Contexto de la relación “agua y género”

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha reconocido el agua y el saneamiento como derechos humanos. A partir de entonces viene incrementándose el número de países que están incorporando dichos derechos explícitamente en sus legislaciones.

En el 2012, México promovió una reforma al artículo cuarto constitucional, quedando plasmado el derecho humano al agua y el saneamiento en los siguientes términos: “toda persona tiene el derecho al acceso, disposición y saneamiento de agua para consumo personal y doméstico en forma suficiente, salubre, aceptable y asequible. El Estado garantizará este derecho”.

Al respecto, el tercer principio de la Conferencia Internacional sobre el Agua y el Ambiente, realizada en Dublín, en enero de 1992, señala: Las mujeres tienen una mayor responsabilidad con respecto a la provisión, el manejo y el cuidado del agua. Este papel esencial de las mujeres como proveedoras y usuarias del agua y guardianas del medio ambiente muy pocas veces se ha reflejado en los planes institucionales para el desarrollo y manejo de los recursos hídricos. La aceptación e implementación de este principio requiere políticas positivas que consideren las necesidades específicas de las mujeres y proporcionen equipo y liderazgo a las mujeres para que participen en todos los niveles de los programas relacionados a los recursos hídricos, incluyendo la toma de decisiones y la implementación, en los términos que ellas definan.

En 1945, la Carta de las Naciones Unidas se instaló como el primer acuerdo internacional para consolidar el principio de igualdad entre mujeres y hombres. Con esta convicción, la ONU celebró de manera oficial el primer Día Internacional de la Mujer en 1975, hace casi 41 años.

Cada vez se acepta más que la mujer tiene un importante papel que desempeñar en materia de gestión del agua y que este papel se vería reforzado a través de la estrategia de transversalización del enfoque de género. La importancia de implicar tanto al hombre como a la mujer en la gestión del agua y el saneamiento ha sido reconocida a todos los niveles, empezando por la Conferencia de las Naciones Unidas de Mar del Plata en 1977, el Decenio Internacional del Agua Potable y del Saneamiento (1981-1990) y la Conferencia Internacional de Agua y Medio Ambiente de Dublín en enero de 1992, donde se reconoce explícitamente la labor fundamental de la mujer en la provisión, gestión y protección del agua. Se vuelve a hacer referencia a este punto en la Agenda 21 (capítulo 18) y en el Plan de Implementación de Johannesburgo. Más aún, con la declaración del Decenio Internacional para la Acción «El Agua, Fuente de Vida» 2005-2015, hace un llamamiento a la participación e implicación de la mujer en las iniciativas de desarrollo en materia de agua.

Las diferencias y desigualdades entre hombres y mujeres determinan cómo los individuos responden a los cambios en la gestión de los recursos hídricos. Comprender los roles de los géneros, las relaciones y las desigualdades permitirán explicar las opciones disponibles y las elecciones de los individuos. Implicar a ambos, mujeres y hombres, en las iniciativas de gestión integrada de los recursos hídricos puede aumentar la efectividad y eficiencia de los proyectos.