Introducción a cargo del Embajador Ulises Canchola Gutiérrez

Palabras del Embajador Agustín García-López Loaeza

  1. Gracias, embajador, y gracias a todos por tomarse el tiempo de asistir a esta presentación—a los encargados de la cooperación técnica y científica, bajo la dirección de la doctora Martha Navarro; al equipo del Proyecto Mesoamérica, que hasta hace poco dirigió el embajador Figueroa, y ahora Sofía Hurtado; al área de cooperación y relaciones económicas, bajo la guía del embajador Ulises Canchola; a los encargados de la promoción cultural, que dirige la doctora Susana Pliego; a la Dirección General de Planeación con Máximo García y, por supuesto, a mi oficina: el área de foros multilaterales para el desarrollo que dirige Noel González, la coordinación de asesores con María Esther Pozo a la cabeza y a mi equipo más cercano.
  2. Me gustaría también expresar mi más profundo agradecimiento al señor Presidente de la República, Enrique Peña Nieto, quien, por sugerencia del señor Canciller, doctor Luis Videgaray, me encomendó dirigir y administrar nuestra joven agencia de cooperación internacional para el desarrollo.

Experiencia personal

  1. Si bien la agencia cumplió ya su primer lustro, la cooperación internacional ha sido un instrumento esencial de la política exterior mexicana desde la posguerra, como catalizador del desarrollo y como soporte de los intercambios económicos, comerciales y culturales.
  2. Esta fue la convicción del entonces Canciller Rosario Green cuando me instruyó encabezar la Dirección General de Cooperación Económica y Desarrollo, IMEXCI, Instituto Mexicano para la Cooperación Internacional, con el fin de acceder al saber científico y técnico de otros países y estimular el diálogo intercultural.
  3. Es por ello que regresar a México, precisamente a dirigir el órgano sucesor del IMEXCI, representa un privilegio indescriptible. Como lo es también ocupar el lugar de quien me sigue distinguiendo con su amistad y guía, el embajador Jorge Alberto Lozoya Legorreta.
  4. El servicio público, en donde me desempeño desde hace más de 30 años, me ha llevado—de la mano de mi maravillosa esposa Katya y mis hijos—a representar a nuestro país ante organismos dedicados al desarrollo: primero, desde el BID, con el objetivo de financiar proyectos de desarrollo económico; y más tarde desde la OCDE, repositorio de una vasta experiencia en políticas públicas. [SHCP]

AMEXCID

  1. Quiero entonces aprovechar esta ocasión para hablar brevemente de la AMEXCID. Ustedes son los autores de los numerosos logros de la agencia: la fuerza legal que sin duda le confirió el Senado mediante la Ley de 2011, la puesta en marcha de los instrumentos de cooperación, la tarea ardua de coordinar las dependencias federales y, sobre todo, la creación de una identidad propia.
  2. Es gracias a su esfuerzo que la AMEXCID no es la misma que hace 5 años. Ha materializado las aspiraciones y los compromisos políticos en cambios tangibles, posicionándonos como líder y referencia regional entre las agencias de cooperación. Sabemos cómo escoger nuestras batallas y enfocar nuestros esfuerzos. Tenemos la capacidad de sumar voluntades y crear asociaciones efectivas. Hemos comenzado a generar la evidencia que nos permite sustentar narrativas políticas y comunicar con hechos el compromiso que fijó el Presidente de la República.
  3. En este sentido, quiero reconocer el papel que desempeñaron mis antecesores, Gina Casar y Juan Manuel Valle, pero quisiera sobre todo aplaudir la entrega y la dedicación de ustedes para sostener y hacer crecer esta agencia durante los períodos de transición. A todos y cada uno, ¡felicidades por no bajar la guardia!

Retos y Acciones

  1. Obviamente existen retos. En primer lugar, la reducción de recursos financieros disponibles, no sólo en el presupuesto federal sino en los presupuestos de los cooperantes, porque la eficiencia e impacto de los proyectos queda determinada crecientemente por su factibilidad económica y financiera.
  2. Tenemos también que hacer frente a la marcada tendencia hacia la concentración de la cooperación internacional en ciertas zonas geográficas, alejándose cada vez más de los países de ingreso medio.
  3. Asimismo, el peso relativo de las actividades públicas de cooperación ha disminuido. Existen cada vez más actores del desarrollo: cooperantes emergentes, actores sociales organizados, fundaciones privadas, etcétera. Ya no tenemos el monopolio de la cooperación, a la que se suman un número cada vez mayor de actores económicos, comerciales, sociales y culturales.
  4. Existe también una resistencia al cambio en la conceptualización de la cooperación internacional, no sólo para abandonar los esquemas asistencialistas, sino para entender la cooperación internacional como un todo mayor a la suma de sus partes: el intercambio de conocimientos, más la creación de capacidades, pero también sumando las relaciones económicas y culturales. Únicamente bajo un enfoque holístico de la cooperación internacional, podremos situar al desarrollo como elemento imprescindible de la configuración del orden mundial hoy amenazado.
  5. Para enfrentar dichos retos, quisiera conminarlos a repensar nuestro papel en la instrumentación de la política exterior, dejando atrás tanto el trabajo compartimentado como las inercias heredadas de estructuras anteriores. No puede lograrse un progreso sostenible en los objetivos de la AMEXCID si persisten desequilibrios importantes en nuestras áreas.
  6. Necesitamos asegurar que, al ampliar nuestros sectores de operación, diversificar a nuestras contrapartes y generar conocimiento, nos basemos en los valores de congruencia, apertura y adaptabilidad. Para ello, debemos tener claro que todos somos AMEXCID y, por lo tanto, nuestras responsabilidades son compartidas pero diferenciadas. Todos tenemos un valor agregado
  7. Necesitamos también ser congruentes con los principios de inclusión, sostenibilidad y respeto a la diversidad. La esencia de nuestra tarea es echar mano de la evidencia empírica para promover proyectos, sin perder de vista que nuestro trabajo es primordial para la política exterior porque solamente estimulando el desarrollo económico, social y cultural, influiremos positivamente en los problemas de pobreza, desigualdad social y migración de nuestros vecinos.
  8. Quisiera aquí hacer un breve paréntesis acerca de la importancia de la cultura en la cooperación internacional para el desarrollo. México cuenta con un bagaje envidiable para ejercer mayor influencia en el orden internacional, mediante la capacitación de recursos profesionales culturales, el intercambio en legislación en la materia y la formación de públicos y mercados ávidos de la cultura mexicana. Exploremos áreas de oportunidad en este sentido.
  9. Para concluir, me gustaría destacar un último aspecto. La búsqueda constante de un equilibrio dinámico entre los derechos económicos, sociales y culturales pasa por el cuidado del medio ambiente. Al ingresar, recibieron un obsequio: lo hemos llamadoAMEXCIDlindro, una acción “pequeña” que busca reducir nuestra huella de carbono.
  10. Cada AMEXCIDlindro contiene una invitación para responder una pregunta. Ustedes que son el alma de la Agencia, quiero escucharlos y saber de su propio puño y letra. Les pido que completen la frase especificando, en su opinión y experiencia, qué característica fundamental es la que debe definir la AMEXCID al cierre de esta Administración, y qué requiere la Agencia para alcanzar dicho objetivo.

Cierre

  1. Cooperar es compartir, pero hacerlo de manera estructurada, coordinada y siempre a compás garantizará que los cinco años precedentes vislumbren la formación de un instrumento de política exterior, con miras a mejorar las condiciones de vida de nuestros conciudadanos y las áreas geográficas de interés para el país.
  2. Gracias a todos por su atención.