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Desde hace décadas, México crece en dos velocidades. Hay una parte del país que compite y gana en la economía global, con índices crecientes de ingreso, desarrollo y bienestar. Pero hay otra que se ha quedado rezagada; que no ha podido aprovechar su enorme potencial productivo y que sufre carencias sociales inaceptables en pleno siglo XXI. 

Este contraste es más evidente si comparamos a las entidades del norte, el Bajío y el centro del país, con los estados del sur y el sureste de la nación. Resulta paradójico que, a pesar de los vastos recursos naturales, energéticos y, sobre todo, humanos del sur-sureste, millones de familias aún vivan en condiciones de pobreza y marginación. 

Como sociedad, no podemos permitir estas diferencias sociales y económicas entre los mexicanos. Para cambiar esta historia de desigualdad y rezago, es indispensable elevar la productividad del sur-sureste, es decir, establecer las condiciones estructurales para generar mayor riqueza y oportunidades de desarrollo para la población. 

Sin duda, las reformas económicas logradas en los primeros años de este sexenio han dotado al país de una plataforma más sólida para impulsar su desarrollo. Sin embargo, para que esta fortaleza pueda ser aprovechada plenamente en las zonas más atrasadas del país, se requieren esfuerzos adicionales. 

Con esta convicción, el Gobierno de la República impulsó un modelo de desarrollo especial para el sur-sureste, que ya había sido implementado con éxito en diversos países desde hace tiempo, pero que nunca antes se había intentado en México. 

Las Zonas Económicas Especiales son la respuesta del Estado Mexicano para cerrar las brechas de desigualdad regional; para impulsar un desarrollo equilibrado, sostenido, sustentable e incluyente. Son la estrategia para crear nuevos polos industriales en las entidades con mayores rezagos, a partir de una política pública innovadora, moderna y progresista, enfocada en atraer inversiones, elevar la productividad y generar empleos bien remunerados. 

Gracias al compromiso y la voluntad política de legisladores, gobernadores y presidentes municipales; al interés y el respaldo de empresarios, académicos y representantes de la sociedad civil; lo mismo que a la cooperación y asistencia de diversos organismos internacionales, el 28 de septiembre de 2017 hicimos realidad este nuevo modelo de crecimiento regional con la declaratoria de las tres primeras Zonas Económicas Especiales del país. 

A partir de esa fecha, Puerto Chiapas, en Chiapas; Lázaro Cárdenas-La Unión, en los límites de Michoacán y Guerrero; y Coatzacoalcos, en Veracruz, cuentan con el andamiaje legal e institucional para ofrecer el paquete de estímulos a la inversión productiva más amplio, más atractivo y de mayor impacto social en la historia económica de México. Los incentivos fiscales, aduanales y económicos permitirán aprovechar cabalmente las vocaciones económicas de cada región, así como integrar cadenas productivas de alto valor agregado. Esto lo saben muy bien empresarios nacionales e internacionales, que ya han manifestado su interés de realizar las primeras inversiones. 

A las primeras tres Zonas Económicas Especiales le seguirán otras, que ya están en puerta. México sólo podrá alcanzar un crecimiento sostenido, sustentable e incluyente, en la medida que todas sus regiones, entidades y municipios se incorporen plenamente al desarrollo nacional. 

 

La única solución permanente al desafío de la pobreza es el desarrollo económico. 

Precisamente, para impulsar el bienestar de la población y el crecimiento regional, estamos transitando de una estrategia asistencialista, centrada en la entrega de subsidios, a una política moderna e innovadora, enfocada en el acceso a incentivos productivos. Esta es la trascendencia del nuevo modelo de desarrollo regional. Por sus repercusiones en el mediano y largo plazos, se trata de una de las decisiones gubernamentales más importantes en el profundo proceso de transformación nacional que iniciamos en diciembre de 2012. El cambio de paradigma en el desarrollo del sur-sureste es una causa que nos ha unido y nos ha comprometido a todos. Por encima de posiciones ideológicas, banderas partidistas y coyunturas políticas, hemos trabajado para asegurar que las Zonas Económicas Especiales no se conviertan en islas de prosperidad y desarrollo, desconectadas de las comunidades aledañas. 

Las autoridades federales, estatales y municipales, así como la iniciativa privada, la sociedad civil y la academia, estamos decididos a hacer la parte que nos corresponde para contribuir al desarrollo integral de cada región. Estamos determinados a poner en sintonía el avance económico, con el bienestar de la población. 

Para hacer realidad esta transformación, se han diseñado planes de desarrollo para cada zona. En ellos no sólo se establecen compromisos en materia de incentivos productivos, fomento empresarial, capacitación laboral y cadenas de abasto, sino también acciones de mejora educativa, protección ambiental, seguridad pública, construcción de viviendas y, de manera especial, desarrollo de infraestructura. A partir de esta plataforma y de las alianzas que hemos creado, estoy convencido de la viabilidad de esta iniciativa en nuestro país. Hoy, existen más de 4 mil Zonas Económicas Especiales en el mundo, las cuales generan alrededor de 70 millones de empleos, atraen 21% de la Inversión Extranjera Directa y producen 41% de las exportaciones globales. 

En este entorno altamente competitivo, México cuenta con todo lo necesario para escribir su propia historia de éxito. Tenemos la arquitectura legal e institucional; el territorio y los recursos naturales; y, sobre todo, el capital humano para lograrlo. 

A ello se suman otras muchas ventajas competitivas, como condiciones de estabilidad política y económica; una posición geográfica estratégica y privilegiada; y una amplia red de tratados de libre comercio, que nos dan acceso preferencial a 46 países, con más de mil 160 millones de consumidores. 

En esta administración, nos atrevimos a abrir una nueva ruta para potenciar el desarrollo del sur-sureste, y lo conseguimos. La implementación de las Zonas Económicas Especiales será un cambio de fondo, que trascenderá este sexenio, marcando un hito en la evolución económica de la nación. Con ello, sembramos la semilla de un México mejor: un país más incluyente, más igualitario y más próspero; un país en el nadie se quede atrás. 

Lic. Enrique Peña Nieto Presidente de los Estados Unidos Mexicanos 

Ciudad de México, 17 de noviembre de 2017