La sanidad vegetal, se entiende como las acciones que permiten asegurar que las plantas estén protegidas frente a enfermedades y plagas, de tal forma que puedan prosperar de forma sana y sostenible, en beneficio de todos nosotros. No olvidemos que las plantas, conforman el 80% de los alimentos que comemos y producen 98% del oxígeno que respiramos. De ahí la necesidad de mantenerlas sanas.

La larga lucha entre la humanidad y las enfermedades y plagas que afectan a las plantas, es tan antigua como la agricultura. Sin embargo, el aumento de actividades humanas como el comercio diversificado y el turismo, han incrementado de manera exponencial este riesgo, al contribuir al movimiento global de plantas. La introducción de productos de origen vegetal a un país, conlleva la posibilidad de que surjan problemas de sanidad en lugares inesperados y a un ritmo no previsto.          

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Es importante que reconozcamos que la seguridad alimentaria mundial es uno de los principales desafíos sociales del siglo XXI  y que solo podrá abordarse, si consideramos su complejidad: una población humana en aumento y con hábitos alimentarios cambiantes, una producción en suelos con algún grado de degradación, bajo condiciones climáticas cambiantes y sujeta además, a las amenazas que representan las plagas y enfermedades de los cultivos.

Los dos mecanismos utilizados en el mundo para afrontar el tema de la sanidad son: la vigilancia y la investigación. En el caso del primero, evitar la propagación o la introducción de plagas y enfermedades en nuevos países y regiones resulta más eficaz en función del costo, que el mantenimiento del control a largo plazo, la contención, la erradicación o las consecuencias del impacto sin control. Mientras que en el caso de la investigación, dotar a la producción vegetal de algún tipo de resistencia y adaptabilidad, también será en el largo plazo más valioso.

Nuestro país es un importante productor agrícola en el mundo. En 2021, generó una producción 268.4 millones de toneladas, que incluyen: granos, frutas, hortalizas, forrajes e industriales. Esta actividad que se realiza en cerca de 21.7 millones de hectáreas a lo largo del país, es vigilada y monitoreada de manera continua a través del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (SENASICA), que es el organismo encargado de ejecutar los proyectos de vigilancia epidemiológica, campañas fitozoosanitarias, acuícolas y pesqueras, así como acciones de sistemas de reducción de riesgos de contaminación, e inspección en la importación, exportación y movilización de la producción agropecuaria, con el fin de preservar y mejorar las condiciones sanitarias y de inocuidad agroalimentaria del país.

Gracias a su labor, México ha adquirido un estatus sanitario de enorme valía. Un ejemplo, de entre muchos, es que en fechas recientes –el 25 de junio pasado– se declaró a seis municipios de Tamaulipas como zona libre del gusano rosado del algodonero, plaga que puede dañar hasta 40% de bellotas, semillas y fibra, inutilizándolas para su comercialización.

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De igual forma, este estatus se reconoce a nivel internacional, tal como lo señaló en mayo pasado el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), al resaltar el compromiso de nuestro país con la sanidad agropecuaria, la que juega un papel fundamental para garantizar la seguridad alimentaria y preservar su estatus sanitario, por lo que la consideró un referente para replicar sus experiencias en la región. Como consecuencia de este esfuerzo –en donde se destaca el compromiso de los productores– además de garantizar el abasto interno, se exportaron productos sanos y seguros a 191 países del mundo.  

Por lo que respecta a la investigación, una gran cantidad de científicos mexicanos de diversos organismos públicos y privados, así como de universidades, han estado trabajando en múltiples estudios sobre sanidad vegetal. En la más reciente Reunión Nacional de Investigación Agrícola –llevada a cabo en noviembre de 2021– se presentaron más de 50 trabajos de investigación de sanidad vegetal de diversos cultivos: mango, jitomate, cocotero, sorgo, cebada, limón mexicano, garbanzo, aguacate, higo, maíz, vainilla, mezquite y durazno, por señalar algunos. Muchos de estas investigaciones son lideradas por el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP).    

Nuestro país ha construido un estatus de sanidad vegetal durante décadas. Ha logrado reconocer que prevenir la introducción y propagación de plagas y enfermedades vegetales es mucho más eficiente y económicamente más barato que enfrentarse directamente a los brotes. Sobre todo, porque una vez establecidas, las plagas y enfermedades de las plantas a menudo son imposibles de erradicar.