La Leprosis de los cítricos (CiLV), causada por Citrus leprosis virus, es un problema fitosanitario de importancia económica y cuarentenaria, considerado una amenaza para la industria citrícola, especialmente a las naranjas y mandarinas. Esta enfermedad es transmitida por ácaros del género Brevipalpus, los cuales se encuentran distribuidos prácticamente en todas las zonas citrícolas del México.

En nuestro país, la enfermedad se detectó durante el año 2004 y actualmente está presente en zonas productoras de cítricos de Campeche, Chiapas, Guerrero, Hidalgo, Jalisco, Morelos, Nayarit, Nuevo León, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tabasco, Yucatán y Veracruz, así como en algunas poblaciones urbanas del estado de Querétaro.

Los principales síntomas de la enfermedad son: manchas cloróticas o necróticas en hojas y frutos, así como manchas cloróticas en ramas, las cuales con el tiempo se tornan rugosas y de color café obscuro.

Al ser la citricultura una actividad socioeconómica de gran importancia dentro de la fruticultura nacional, el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (SENASICA) inició en 2005 una campaña fitosanitaria que actualmente opera en 18 estados citrícolas del país. 

En 2018, el Gobierno Federal invierte 27.8 millones de pesos, a fin de lograr la reducción de los niveles de infestación del ácaro vector Brevipalpus, mediante la poda de plantas enfermas y el control químico del ácaro vector.