Casi 200 países adheridos a la Organización de las Naciones Unidas se comprometieron el 25 de septiembre de 2015 a emprender acciones para transformar nuestro mundo promoviendo “…el crecimiento económico sostenido e inclusivo, el desarrollo social y la protección del medio ambiente”.

Mediante el cumplimiento de los 17 Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) y 169 metas ambiciosas, con base en 232 indicadores, la mayoría de las naciones del mundo acordaron trabajar para que la humanidad alcance un estadio de bienestar común en 2030, por lo que restaría sólo una década para cumplirlo.

El 18 de junio de 2019 fue presentada al gobierno de la Cuarta Transformación la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible que, “se dice, tiene una visión universal, integral e indivisible, conformada por 17 objetivos centrales, a los que los gobiernos que firmaron deben adscribirse y diseñar políticas”.

Al respecto, Víctor M. Toledo escribió: “Tras 25 años de acuerdos similares que terminaron en el estancamiento o en el fracaso, a la nueva iniciativa global se le debe desear el mejor de los éxitos. Tras más de dos décadas de convenios, proyectos e iniciativas encabezados por Naciones Unidas y sus agencias el mundo está peor, no mejor, en lo social y lo ambiental, lo cual ha quedado revelado por innumerables reportes, estudios científicos y libros”.

El capital en el siglo XXI, del economista francés Thomas Piketty, y el reporte del Banco Credit Suisse (2018) sobre riqueza y desigualdad, ambos citados por Toledo Manzur, revelaron que “menos del 1% de la población mundial posee 45% de la riqueza del mundo, y junto con el estrato más rico siguiente (9%) alcanzan 85% de la riqueza, mientras el estrato más pobre (64% de la población mundial) sobrevive con solamente 2% de la riqueza mundial”.

Toledo ahonda más en el tema: La inequidad social ha aumentado, no disminuido. Hacia 2010, los 388 humanos más ricos del orbe poseían una riqueza equivalente a la de la mitad más pobre de la especie”, según un informe 2018 de Oxfam Internacional.

En el rubro ambiental, decenas de reportes, entre ellos el Global Environmental Outlook 2019 y una carta publicada por 15 mil científicos sobre la gravedad de la crisis ecológica, concluyen que la humanidad se encuentra en una situación de alta emergencia, ante la cual los gobiernos del mundo deberían estar reaccionando y, sobre todo, “comenzando a llamar a las cosas por su nombre”.

Científico con más de 40 años de labor, Toledo Manzur devela que esta nueva iniciativa reproduce una vez más conceptos fuertemente cuestionados, como el del mismo título “desarrollo sostenible, del que amplios sectores académicos, especialmente de Europa, India y América Latina han mostrado su inocuidad.

Lo mismo sucede, agrega, con el concepto de crecimiento económico que una cada vez más poderosa corriente de pensamiento, bajo el nombre de descrecimiento, gana adeptos en Europa (especialmente en Francia y España) y apuntala a los partidos verdes en el Parlamento Europeo.

Subraya que al desgastado término de desarrollo, los movimientos sociales de América Latina le oponen el del buen vivir, surgido de los hornos andino y mesoamericano, que se ha extendido como pólvora por toda la región.

En este contexto, agrega el hoy responsable de la política ambiental del país, “llega en México la iniciativa a un gobierno que invoca también una transformación de escala nacional y de carácter anti-neoliberal, que podría generar acciones de avanzada y más allá de los límites de la Agenda 2030”.

Toledo ha visualizado un conjunto de acciones emprendidas ya por el gobierno mexicano para alcanzar al menos 10 de los 17 objetivos de la Agenda 2030, y abatir así la pobreza y dotar a los marginados de vías de salvación:

  • La re-orientación de la política agropecuaria que ahora sí apoyará a los pequeños productores campesinos, abandonados a su suerte por las políticas neoliberales

  • El vuelco hacia la agroecología con apoyo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO)

  •  La soberanía alimentaria y la prohibición de los cultivos transgénicos.

  • El proyecto para reforestar un millón de hectáreas.

Esto se apuntala en el campo de la educación mediante:

  • La creación de las 100 nuevas universidades dirigidas a atender a los jóvenes de regiones remotas y marginadas.

  • El apoyo a las universidades interculturales indígenas.

Y se refuerza con:

  • El compromiso presidencial para evitar la privatización del agua y promulgar una nueva Ley de carácter social.

En el tema energético resalta:

  • La aceptación del nuevo gobierno de utilizar el petróleo sólo para superar la vulnerabilidad por las gasolinas, e iniciar en paralelo la transición hacia la energía solar.