Como en una película futurista, si caminamos por ciertas calles de nuestras grandes ciudades encontramos en una esquina decenas y hasta centenas de personas que intentan pasar al otro lado, mientras otro río humano transita en sentido contrario; vemos multitudes que atiborran los centros comerciales, hacen largas filas para una consulta médica, cobrar o pagar en algún banco, o para entrar al cine o a un restaurante.

¿Dónde y cómo viven tantas personas? ¿De qué se sostienen ellas y sus familias? ¿Viven en unidades habitacionales sobrepobladas donde el agua es un recurso escaso y son fallidos los servicios de energía y de recolección de desechos? ¿Acaso pueblan los cinturones de miseria de la ciudad? ¿O disfrutan de condominios de lujo con alberca, gimnasio, jardines con juegos infantiles y centros de entretenimiento, comerciales y de servicios?

Las ciudades son poliedros de infinitas facetas. Evidencian que el urbanismo plantea una serie de retos, pero ofrece también grandes oportunidades que apuntan a un desarrollo sostenible cuando se procura el bien común.

Con el objetivo de promover el interés en la urbanización y fomentar la cooperación entre los países para aprovechar las oportunidades y afrontar los desafíos que plantea el urbanismo, así como para contribuir al desarrollo urbano sostenible en todo el mundo, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) estableció el 31 de octubre como Día Mundial de las Ciudades, según su Resolución 68/239.

El organismo mundial considera que la urbanización requiere una gestión eficaz por parte de las autoridades nacionales y locales, ya que en la actualidad las ciudades ocupan menos del 2 % del total de la superficie terrestre del mundo, pero producen el 80% del producto interno bruto (PIB) mundial y más del 70% de las emisiones de carbono.

Afirma que “la velocidad y la escala de la urbanización plantean problemas para garantizar la disponibilidad de vivienda, infraestructura y transporte adecuados, y contribuyen a los conflictos y la violencia. Casi mil millones de personas están clasificadas como “pobres urbanos” y la mayoría vive en asentamientos urbanos informales.

El organismo multilateral pone en relieve que es también necesario redoblar los esfuerzos para garantizar que no se deje atrás a las personas que viven en las zonas rurales, incluso en lo que se refiere al acceso a la economía y la sociedad digitales. Y destaca que los pequeños agricultores, los ganaderos y los pueblos indígenas desempeñan un papel vital en la producción de nuestros alimentos y la protección de la naturaleza.

Las prospecciones de la ONU indican que la porción de la población urbana mundial aumentará de 54% en 2015 a 66% en 2050, la media centuria en que probablemente surjan 2.400 millones de nuevos habitantes urbanos en todo el mundo.

El crecimiento poblacional es acelerado: hoy somos más de 7.9 billones de personas y se espera un conjunto humano de 9.7 billones para el 2050 y de 11 billones para fin de siglo, con tendencia a concentrarnos en las ciudades.

Hasta 2009 vivían más personas en el campo que en la ciudad. En la actualidad, alrededor del 55% de la población mundial habita pueblos y ciudades, y se prevé que el nivel de urbanización será de casi un 70% en 2050.
ONU-Medio Ambiente recomienda un cambio drástico en la manera en que entendemos el urbanismo y su gobierno. Eso, explica, incluye diseñar ciudades para las personas, no para los automóviles; permitir a todos el acceso a las oportunidades urbanas; invertir en sistemas de edificios, transporte, energía, agua y desechos eficientes; y capacitar a las ciudades a experimentar y aprender unas de otras.

Estas son algunas de las conclusiones de un próximo informe del Panel Internacional de los Recursos, el foro de más alto nivel para los científicos y expertos que trabajan en el manejo de los recursos naturales.

En el informe El peso de las ciudades, los expertos del panel evalúan la infraestructura, la tecnología, los patrones espaciales y los cambios de gobernanza necesarios para transitar hacia modos de desarrollo urbano socialmente inclusivos, eficientes en uso de recursos sostenibles. Y recomiendan alentar a las ciudades a innovar y experimentar, y también a aprender unas de otras para acelerar esta transición.