Descarga publicación en PDF "La Semarnat frente al glifosato"

En México, los plaguicidas –fungicidas, herbicidas e insecticidas, entre otros– han sido causantes de graves daños a los ecosistemas y a la salud humana. Aunque así lo reportan diversos estudios, su uso sigue siendo frecuente en lugares como la zona norte de Sinaloa, el Valle de Culiacán en el mismo estado, el Valle del Yaqui en Sonora, el Bajío en Guanajuato, la zona productora de flores en el Estado de México, los Altos de Chiapas y la Península de Yucatán. Entre los herbicidas más comunes destaca el glifosato. [2]

Como su nombre lo indica, un herbicida mata las plantas que crecen alrededor de los cultivos. Lo hace mediante el bloqueo de la producción de los aminoácidos esenciales en las plantas, necesarios para la producción de proteínas estructurales y funcionales, entre otros mecanismos. [3] El glifosato es de amplio espectro, es decir, mata todo tipo de plantas: hierbas de hoja ancha y angosta e incluso arbustos y árboles.

Desde que se introdujeron en 1996, el uso de herbicidas en cultivos genéticamente modificados para tolerar dichas sustancias ha incrementado quince veces en todo el mundo. Tal es el caso de cultivos como el maíz, la soya o el algodón, los cuales han sido intervenidos para soportar el efecto del glifosato. De esta manera, al asperjarlo, la planta objetivo no muere sino sólo las plantas que crecen a su alrededor. La mayor parte de los transgénicos sembrados en el mundo tiene esta característica.

En México, según datos de la Encuesta Nacional Agropecuaria realizada por el INEGI en 2017, las unidades de producción total sumaban 32,406,237 hectáreas, entre superficies de riego y de temporal, y de éstas el 60.6% usaba herbicidas químicos. Pese a que se desconoce la cantidad exacta de glifosato usado en México, se sabe que es el químico al que más recurren distintas marcas y presentaciones debido a su accesible precio. [4]

El glifosato ha causado graves daños directos e indirectos a la biodiversidad. Por un lado, las funciones de los insectos en los ecosistemas, en el control de plagas y en la polinización se ven afectadas directamente al eliminar plantas esenciales para la mayoría de dichas especies. Por otro, la demostrada presencia de glifosato en cuerpos de agua superficiales, en aguas subterráneas y en el ambiente marino altera las comunidades acuáticas naturales, y se ha convertido en un factor de desequilibrio en los ecosistemas. [5] Asimismo, Omar Arellano-Aguilar y Regina Montero- Montoya reportan: alteraciones en el ADN de lombrices; daño genético en hígado y branquias, daño genético por estrés oxidante y daño genotóxico de eritrocitos en peces; daño celular, rompimiento de cadenas de ADN y susceptibilidad a infecciones en anfibios; y diversas afectaciones en el sistema inmune de reptiles. [6]

Más aún, por generar problemas de salud y por ser un probable carcinógeno, se han emitido prohibiciones directas al glifosato, o bien se han impuesto restricciones o se han emitido declaraciones sobre la intención de prohibir o restringir su uso. Esto ocurrió en países como Argentina, Australia, Austria, Baréin, Bélgica, Bermudas, Brasil, Canadá, Colombia, Costa Rica, República Checa, Dinamarca, El Salvador, Francia, Alemania, Grecia, India, Italia, Kuwait, Luxemburgo, Malawi, Malta, Países Bajos, Nueva Zelanda, Omán, Portugal, Catar, San Vicente y las Granadinas, Arabia Saudita, Escocia, Eslovenia, España, Sri Lanka, Suecia, Suiza, Tailandia, Emiratos Árabes Unidos, Reino Unido y Vietnam, después del informe de 2015 del Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer. [7]

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Comunicado

Ante esta grave problemática, una de las medidas tomadas por la Semarnat fue la negativa a autorizar 43 solicitudes de importación de diversos plaguicidas: 67 mil toneladas de glifosato ya no entraron a México. La anterior fue una acción de intervención inmediata, exigida por un sector de la sociedad a las autoridades federales, para salvaguardar el bienestar de la población, prevenir daños a la salud y garantizar un medio ambiente adecuado.

El fundamento de la negativa fue el “principio precautorio”. Éste señala que, frente a una eventual obra o actividad con posibles impactos negativos en el ambiente, la decisión política que impida su realización puede tener como base indicios del posible daño sin necesidad de certeza científica absoluta. El principio precautorio ha sido incorporado en numerosos instrumentos jurídicos internacionales, como el Protocolo de Cartagena sobre Seguridad de la Biotecnología del Convenio sobre Diversidad Biológica de 2005.

Ante la evidencia científica, resulta fundamental la coordinación de diferentes actores, tanto del Estado como de la sociedad civil, para implementar una agricultura sostenible, así como una política pública en torno a plaguicidas altamente peligrosos que los defina como tales. Sólo de este modo podremos garantizar una vida sana mediante la gestión sostenible del agua y de los ecosistemas terrestres, así como mediante la conservación de la diversidad biológica.

NOTAS

[1] Ricardo Ortiz Conde es Ingeniero Ambiental por la Universidad Autónoma Metropolitana; Abigail Monroy Sosa es Ingeniera en Agroecología por la Universidad Autónoma de Chapingo, con Maestría en Ciencias en Agroforestería para el Desarrollo Sustentable por la misma universidad.

[2] Fernando Bejarano González, coord. y ed. (2017). Los plaguicidas altamente peligrosos en México. Red de Acción sobre Plaguicidas y Alternativas en México (RAPAM), México.

[3] Klaus Herrmann y Lisa Weaver (1999). “The Shikimate Pathway” en Annual Review of Plant Physiology and Plant Molecular Biology 50, pp. 473-503.

[4] Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC) (2018). El herbicida glifosato y su uso en la agricultura con organismos genéticamente modificados (https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/425676/Informe__Glifosato___Agricultura_OGMs_24.12.2018_agg.pdf).

[5] Comisión Intersecretarial de Bioseguridad de los Organismos Genéticamente Modificados (CIBIOGEM) (2019). Monografía sobre el glifosato (https://www.conacyt.gob.mx/cibiogem/images/cibiogem/comunicacion/MONOGRAFIA_SOBRE_GLIFOSATO_19.pdf ).

[6] Omar Arellano-Aguilar y Regina Dorinda Montero-Montoya (2017). “Glifosato y los cultivos transgénicos en México” en Los plaguicidas altamente peligrosos en México. RAPAM, México, pp. 153-166.

[7] Baum, Hedlund, Aristei y Goldman, Trial Lawyers (2020). “Where is Glyphosate Banned?” (https://www.baumhedlundlaw.com/toxic-tort-law/monsanto-roundup-lawsuit/where-is-glyphosate-banned/).